MARTA Y EL CONSERJE

Después del encuentro en mi casa Julio y yo estuvimos varios días sin hacer nada, yo estaba mosca pues sabiendo de su necesidad por eyacular a diario me preguntaba con quien lo estaría haciendo. Pregunté a Alicia y me dijo que ella también hacia días que nada, nos pareció muy raro a las dos, pensamos que se pudiera estar viendo con el repartidor así que decidimos espiar cuando viniese, así lo hicimos pero el muchacho entro y salió sin que el conserje ni siquiera apareciese.

Que crees tú? Lucia.

No se es muy raro podría tenernos a las dos cuando quisiese, y que caramba que tanto tu como yo estamos de muy buen ver.

Sabes, lo que tenemos que hacer es espiarle.

Como? No lo sé pero estarás de acuerdo que aquí pasa algo.

Y así lo hicimos disimuladamente y por turnos nos dedicamos a seguir al portero, a veces de lejos a veces de más cerca, en una ocasión coincidí cuando él salía de la escalera de emergencia que baja de la terraza donde esta la piscina, estaba rojo como un tomate me saludó de una forma muy nerviosa y con la excusa de que le estaban esperando salió corriendo al ascensor, me extrañó muchísimo y aunque se supone que lo debía seguir, me pareció más interesante subir a la piscina por la escalera, así lo hice y nada más entrar en el rellano de la escalera oí como se cerraba en el piso de arriba la puerta de la piscina.

Subí corriendo y entré en la terraza, me quedé quieta observando quien estaba por ahí e intentando descubrir quien acababa de entrar, varios jóvenes jugando en la piscina, algunas vecinas, casi todas hablando entre si a excepción de dos, una es una señora que vive en el primero de unos 55 años bastante, como lo diría yo, señorona, como muy estirada y cerca de ella la hija de la vecina de arriba, Marta de 18 años, una chica que se pasa el día leyendo, siempre con un libro en las manos y saca unas notas de excelentes para arriba, es rubia, delgadita unos pechitos aún por formar, ni alta, ni baja, detrás de sus gafas unos ojos azules de mirada profunda e inteligente observan el entorno de forma silenciosa, jamás he conseguido mantener una conversación mas o menos larga con ella pues muy tímida.

En fin quien podía ser? Quien acababa de entrar? No me cuadraba nadie, o lo más seguro es que todo hubiese sido una coincidencia sin más importancia así que me acerqué a donde estaba Marta y la señora la saludé y ella como de costumbre respondió con escueto gesto, tomé un tumbona y me puse enfrente de Marta.

¿Hola Marta como estás? Bien aquí leyendo un poco.

Jolin chica devoras los libros, ¿cuantos lees al mes? ¿Al mes? No se, como dos o tres a la semana.

Uff que pasada, es estupendo que tengas esta afición.

Si pero a veces siento que me paso.

¿Por que? Porque leo mucho y casi no se hablar.

Marta llevaba un bikini amarillo y sin querer miré su entrepierna y a pesar de ella estar completamente seca la parte baja de su bikini estaba mojada, no sé si ella se dio cuenta de que yo me había fijado o si se dio cuenta en ese momento pero se levantó de golpe y se tiró a la piscina, al salir me fijé en que realmente el crecimiento le había sentado muy bien y que se le estaba poniendo un tipito monísimo, sus pequeños pechos marcaban unos pezones duros, grandes y tiesos por el frío del agua, ella acercándose a mi me dijo: Que fresquita está, me seco y voy para casa.

Se estiró y cuando estuvo seca enrollándose un pareo transparente se levantó y despidiéndose de mi se fue. Yo pensativa, preguntándome incrédula si podría ser ella me auto contestaba diciéndome que no, imposible este angelito de 18 años con sus gafitas, me levanté y me fui para casa, tomé el ascensor y al llegar a mi piso una imagen como un flash cruzó mi mente, Marta había bajado por las escaleras y no por el ascensor, me dirigí rápidamente hacia las escaleras y entré, nadie, no hab&ia

cute;a nadie, claro pensé quien quieres que haya, ese sexto sentido que tenemos algunas no me dejaba en paz así que empecé yo sola a subir despacio llegué hasta arriba y cuando estaba justo delante de la puerta de la piscina y apunto de darme la vuelta pensando estás loca, me giré allí estaba, otra puerta ni me había fijado era la de la sala maquinas del ascensor, pegué la oreja en el frío metal y nada, los ruidos de la piscina apagaban cualquier otro, entonces recordé que en una reunión de vecinos se había acordado hacer una copia de todas las llaves del edificio y que cada uno tuviese por lo menos una de cada por sí acaso.

Bajé a casa en una exhalación busqué y rebusqué rápidamente hasta que las encontré volví a subir corriendo y con cuidado fui probando hasta una abrió la dichosa puerta, entré y cerré tras de mí, una pequeña escalera de caracol conducía al piso superior con sigilo fui subiendo y cuando mi cabeza asomó lo que vi no fue otra cosa que a Don Julio enculando a la mosquita muerta de Marta, aquel cabrón se estaba follando a diario y creo que varias veces al día a aquella chica de 18 años, me quedé sin que me viesen y caliente como pocas veces y acariciándome observaba como Martita asida a una barandilla con sus piernas estiradas y abiertas recibía la enorme tranca del conserje, me parecía mentira que en aquel culo pequeñito entrase y saliese el tremendo pollón de julio como si nada, ella entonces dijo:

Fóllame más fuerte, más, hasta el fondo, más rápido, más.

No puedo más mi niña estoy roto, lo hemos hecho tres veces hoy.

Fóllame y calla quiero tu leche.

Vaya con la intelectual, que pasada, yo no pude contenerme más y me vino un orgasmo de esos que te tiemblan las piernas y casi te caes al suelo, casi al mismo tiempo Marta se la sacó del culo y de rodillas con sus gafitas puestas empezó a chupar tan majestuoso instrumento hasta que explotó en su boca y sacándola dejaba que los abundantes chorros de semen cayesen sobre su cara manchando sus cabellos y sus gafitas claro, aún estaba degustando las últimas gotas cuando yo decidí hacer acto de presencia.

Bien……. muy, pero que muy bien.

Ahhh Lucia, madre mía, mira es que yo….

Calla.

No pretendía hacerle pasar un mal rato, así que me acerqué y ella aún de rodillas empezó a cambiar su cara desencajada por una cara de sorpresa al ver que yo me arrodillaba a su lado y con mi lengua empecé muy lentamente a limpiar los restos de semen de sus mejillas al tiempo que los dedos de mi mano se colaban en su vagina y con la otra meneaba la fláccida polla de Julio, ella no tardó en comprender y enseguida cerró los ojos y se dejó hacer, sus manos buscaron al principio tímidamente y después con decisión mis pechos y mi sexo, al desnudar mis senos los miró un instante y se lanzó sobre uno chupando y succionando con fuerza al tiempo que me metía sus dedos en mi vagina para sacarlos completamente mojados y mirarlos para acto seguido metérselos en la boca y saborear mis jugos.

Aquella niña era una viciosa incontenible, los orgasmos se sucedían la cara de placer de Marta era algo especial entre vicio y locura, a todo esto el sufrido conserje estaba con su imponente rabo duro como una piedra mientras yo lo seguía pajeando y cuando con un gruñido anunció que se corría, por cuarta vez esa mañana, Marta y yo empezamos a chupar una por cada lado hasta que como de costumbre y con grandes cantidades se corrió en nuestras caras dejándonos completamente empapadas y cuando acabamos de limpiar su polla con nuestras lenguas yo dije:

Muy seco está usted para lo mojadas que estamos nosotras, no cree?

Se acabó de desnudar y sin mediar palabra y ante la mirada de total extrañeza de Marta, se estiró en el suelo, yo tomé a Marta por los hombros y la levanté colocándola encima de Julio con una pierna a cada lado yo también de pie en la misma posición frente a ella comencé a acariciarla al tiempo que yo hacia lo mismo, cuando un chorro de pipi salió de mi concha para ir a parar encima de Julio, Marta abrió una boca y unos ojos de incredulidad yo entonces apreté más su conchita y le dije suéltate, a él le encanta, y cerrando los ojos empezó en un principio muy flojito un hilo de orín a salir de su vagina pero cada vez más fuert

e hasta que al final un buen chorro de pipi mojaba no solo a julio si no también a mí pues usando sus dedos dirigía como una experta aquel chorro hacia mi sexo y yo notaba como el caliente liquido chocaba contra mi vientre para caer después mezclado con el mío encima de Julio.

Al acabar aquel encuentro quedé con Marta para comentar algunas cosas, como por ejemplo que vivíamos en una comunidad y que no era justo que si el recibo era igual para todos los pisos solo ella utilizase los servicios de portería.

Autor: Lucia

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Escrito por Marqueze

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