Mary, la prosti. El jefe de su marido

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El marido escucha los gemidos, imaginando como se come a su mujercita genera un ambiente de lujuria, Mary está llegando al momento culminante, sus gemidos se hacen menos reprimidos el hombre siente como la vida se le escapa en un tropel de semen blanco que explota dentro de ella, la vagina agradece comprimiendo el pene del hombre luego que cesan los latidos de la acabada.

Dejar trascender la vivencias personales, sobre todo esas inconfesables, bajo la forma de un relato de ficción siempre tiene un efecto liberador.   Si bien es cierto que esta historia será relatada a modo de un relato erótico no por ello es menos cierto y auténtico, trataré de volcar en su contenido todo el caudal de realidad y sensaciones dictadas por la protagonista de esta historia, Mary.

Amigos del alma, por eso pudimos platicar de temas que no puede hacer con otros, así nació esta confesión y se gestó la idea de escribirlo.  Sólo me limitaré a darle forma de relato, poner sus sentimientos y sensaciones de modo atractivo y ameno para el lector.  Todo el contenido es totalmente verídico, algunos párrafos serán con su particular gracejo y modo de decir.  Esta mujer seguramente no encaja dentro del estereotipo que muchos tenemos de una prostituta, incluido quien escribe, pero no es su caso, en todo caso rompe el molde conocido, totalmente auténtica, desde besar en la boca hasta sentir, gozar los orgasmos y expresarle a su compañero, al que pagó por su carne todo el placer que ella siente, no le esconde su expresión al placer cuando ella lo experimenta.   Comenzó en esta actividad casi si saberlo, primero fue con el jefe de su marido, a “sugerencia” de éste como forma de conservarle el empleo en la planta donde trabajaba, siguió con él, luego los amigos que éste les presentó y más tarde el ejercicio liso y llano de la profesión.

Desde el jefe de su marido, su primera vez con un hombre que no fuera su pareja, ella misma se ha sentido sorprendida y confesado a éste, que si bien fue una relación forzada por la circunstancias, ella lo había disfrutado, y mucho, se había entregado con el deseo que le provocaba una relación distinta, con la lealtad y sinceridad que siempre caracteriza sus actos le confesó a Carlos, su marido que no lo engañaría nunca, le contó:

-“El solo ha gustado mi carne pero no de mis sentimientos, que era solo unos momentos de calentura y tú tienes todo mi amor”

Bueno ahora comencemos con el relato propiamente dicho: Mary, la prosti, éste es el primero y se llama “Mary, prosti.  Con el jefe de su marido”

Esta es la historia de Mary, casada con Carlos, cuerpo llamativo y exuberante, forma de vivir y sentir como pocos, libertad interior y pureza de sentimientos marcaron su existencia, goza y se deja gozar, no oculta la generosidad de la madre naturaleza, por el contrario la exhibe con estilo y armonía.

La plenitud de sus rotundas y generosas formas, algunos hombres para nada exagerados dicen una “mujer de triple pechuga” para que puedan imaginar el tamaño de sus deseables “chichis” (pechos), es una mujer con sinceridad brutal, real y veraz ciento por ciento sobre su vida y actividad sexual; disfruta y besa en la boca, esa fue la primera revelación que contradice el mito popular de que las prosti no besan en la boca y no gozan, en el cuerpo y sentimientos de Mary no tiene lugar ese tipo de conducta, ella es todo entrega, dar placer a satisfacción a quien “paga por su cuerpo”, no miente ni escatima entregarse en cuerpo y alma, obviamente los disfruta de manera única, pero el sentimiento y el amor son solo de su maridito, esa materia no es negociable, solo se paga con el amor que los mantiene unidos.

Hasta aquí María y Carlos eran un matrimonio joven (27 y 30), sin hijos, con sus más y con sus menos, sufriendo las contingencias y los avatares de la vida cotidiana de cualquier pareja, hasta que un hecho torció el rumbo del destino de su vida y la de su pareja. Mary es una muchacha de buen ver, en ocasiones suele llevarle el almuerzo que su marido olvida, le agrada mostrar sus generosas formas vistiendo de minifalda cortita y un top le agrada el juego de la seducción, mostrar “las carnitas para los lobos” y por qué no, volverlos locos de deseo.  En las últimas ocasiones que acudió al trabajo de Carlos para acercarle el almuerzo, estaba el jefe de él.

Carlos, esposo de Mary trabaja desde hace 8 años en una empresa de distribución de productos alimenticios en el estado de Tabasco y en dos semanas más se realizará un festejo de la empresa que lo tiene como encargado de entregas, se enteró que necesitaban azafatas (edecanes) para la cena y le comenta que su jefe le había dicho si yo querría participar, que tendría una aceptable remuneración y quedaron  en que si él accedía ella aceptaría.

Con el permiso de Carlos se anota, con ella eran ocho las solicitantes, tres días antes del evento serían entrevistadas para darles las instrucciones, en ésta les indicaron que debían atender a la mesa principal, solo conducir a los invitados a la misma desde la entrada y permanecer a sus espaldas por si necesitaban algo, una tarea bien sencilla, y que seguidamente nos darían la ropita y los zapatos que vestirían en la ocasión.  Fueron por la ropa prometida y les entregaron un envoltorio del tamaño de una caja de zapatos, claro está  que en la primera vez les habían pedido el número de calzado, no así de la “ropita” pues era talla única, ella y las demás tomaron la caja pensando en unos shorts o vestidos cortitos, pero… solo les habían entregado el paquete en cuestión,  que, como estaba envuelta ninguna tuvo la ocurrencia de abrirlo, ahí mismo, tampoco tuvo curiosidad por verla cuando regresó a su casa.

Al regreso de Carlos, éste le preguntó si les habían entregado la ropa, respondió que sí, que la había dejado en el tocador. Luego de la cena fue por el paquete, deshizo delante de su marido, había un par de zapatos de tacón alto, como de 18 cm, ella dice se las denomina “pata de gallo” y que usan las “teiboleras”, además había una cajita del tamaño de un estuche de una estilográfica y dentro una tanga de hilo con un mini sostén que solo le cubriría los pezones y la tanga de hilo dental se le metería entre las nalgas, dejando en libertad los pulposos y exuberantes cachetes, corresponde decir que solo cuatro postulantes aceptaron presentarse con esta escueta vestimenta.

Ella fue la más requerida por los ojos masculinos, los silbidos y piropos de los asistentes no se hicieron esperar, tampoco las insinuaciones y propuestas, el jefe de Carlos la examinó sin perder el más mínimo detalle anatómico, obviamente la había reservado para su “exclusiva atención personalizada”, cuestión de poder regodearse la vista y la intenciones como el más sabroso postre de la cena, tampoco hizo demasiado para que no se le notara el deseo que se estaba gestando dentro de él.

Dos semanas más tarde llaman a su marido, Carlos, desde la gerencia de recursos humanos para notificarle que “por instrucciones de la Dirección se hacía un reajuste de personal y que lamentablemente estaba en la lista de los despedidos”, como podrán imaginar esa noche la cena sabía a desencanto y pesar.   El pensamiento de ambos transitaba por los accidentados caminos de cómo afrontar las deudas contraídas, los gastos diarios, pago de los servicios, qué y cómo superar la contingencia, encontrar trabajo debido al desempleo de la zona lo hacía por demás complicado. Con este oscuro panorama, vuelve su marido al trabajo, y es justamente cuando Javier, su jefe, lo llama a su oficina, le sugiere?… que él puede darle una ayudita…

-Carlos tengo que decirte que estos cambios pueden que no te afecten si te reasigno a otro sector en el cual no solo conservarías el empleo, sino también un incremento del sueldo por cambio de categoría.  – Carlos se apresuró a agradecer el favor, pero Rafa continuó diciendo: – Sí… bueno… te lo digo ya mismo, este gran favor tiene su segunda parte.  No quiero parecer un aprovechador de la situación, pero tú sabes que te hago un favor tan especial… pero no puedo quitarme de la cabeza lo impactado que me ha dejado conocer a tu mujercita…  –ahora más entonado siguió: – Todo esto tendría el pago de… (hizo una pausa, tragó saliva) permitirme acostarme con tu mujercita, sería solo por una noche… – Parecía algo más aliviado sacarse ese lastre que pesaba tanto en su deseo como en la expresión, no pasó por alto la turbación de Calos y se apresuró a cerrar el delicado y sensible tema: -Tómate tu tiempo y… mañana me contestas.

Esa misma noche planteó la novedad y el disgusto a Mary.  La muchacha quedó tan desconcertada, no sabía qué pensar, las deudas sumaban, urgían, el silencio se hizo sentir, pero la urgencia podía sobre lo importante.  Carlos volvió sobre el tema diciendo que había quedado en llevarle una respuesta en la mañana, nueva pausa.

-Mirá, si te despiden de la planta no saldremos de esta situación, de todos modos es una facilidad que nos da tu jefe y que si era solo una vez… no se dañaría a nadie… -Pero… ¿tú estarías de acuerdo a consentir?… -Sí…, siempre y cuando tú aceptes.  –con cierto gesto de molesta resignación dijo: – Sí.

Como siempre es la mujer la más rápida en las decisiones y como para cortar con el tema de una vez, le pidió que le comunicara al señor que habíamos aceptado la propuesta “indecente”, esa imagen de la película vino a su memoria pero no quiso decirlo. Esa noche hicieron el amor, era distinto, había un feeling distinto, una sensación de piel que no tenían las otras veces, la situación crítica había conseguido una pasión de intensidad desconocida, seguramente el morbo de la conversación previa tenía mucho que ver en este cambio de actitud a la hora del sexo.

Carlos regresó a su casa temprano, 5 de la tarde, cuando lo habitual es a las 8 de la noche, situación extraña para Mary, pero… solo pasó para comentarle que había platicado con el jefe y que sería esa noche el encuentro acordado, que se estuviera preparada, y se volvió a la planta. Mary quedó con el nerviosismo de ser la primera vez que estaría con alguien que no fuera su marido, mantenerse ocupada, no pensar en ello, bañarse, ponerse fueron actividades que ocuparon su mente, pero igual algo de morbo se hacía sentir, sobre todo cuando ella decide vestirse del mismo modo que cuando fue a trabajar a la cena. A eso de las ocho y media escucha que se abre la puerta, son Carlos y su jefe, está en el dormitorio con todo el nerviosismo de esperar lo desconocido, esperó que su marido volviera a tocar a la puerta por segunda vez:

-Hola, te están esperando mi vida. – la voz le sonó con una ternura distinta.

Abrió y se asomó, enmarcada en el vano de la puerta del cuarto, ataviada como una diosa del sexo, avanzó unos pasos y el señor no salía de su asombro, pero fue verla y levantarse del sillón sin más ojos que para llenarlos con esas carnes que sentía bullir en su afiebrado deseo golpeando sus sienes y haciendo vibrar sus genitales.  Carlos seguía pasmado con la visión del cuadro de morbo en su máxima expresión, sobre todo verla dispuesta y con la libertad y prestancia de movimientos.

Los hombres estaban bebiendo una copa, se acerca al señor, dándole la mano, pero él obnubilado con esa visión mágica solo atinó a dejar que su deseo hiciera la presentación, un beso en uno de sus pechos y se retiro un poco para mejorar y poder abarcar tanta belleza junta.

-Estás tan linda “mamacita”.   Mirá nada más lo que voy a cenar…

El tipo había perdido la noción del tiempo y espacio, nada más que esa mujer le importaba en ese momento.  Dejó la copa y ahí mismo delante del marido la abrazó y la besó con apasionado deseo.  Mary se vio respondiendo sin querer del mismo modo, el hombre le contagiaba toda la calentura y la afiebrada pasión que lo quemaba por dentro. Mary tomó conciencia de cómo y por qué estaba  ahí, y se prestó a cumplir del mejor y más leal modo con el trato convenido.

Rafa, no paraba de abrazarla y acariciarle las nalgas, repite sin cesar: – ¡Estás buenísima ricurita!, ya mismo le quitó ese remedo de soutién y comenzó a mamarle los pechos con increíble entusiasmo.

Ponía pasión en la brutal mamada que le hacía imposible controlarse, metía la cabeza entre las tentaciones de carne, engolosinado de tal modo que transmitía a Mary toda su calentura, comienza a sentir gusto, aprecia la sensación de los labios húmedos y febriles en sus tetas.

Tal vez fuera la sensación de sentir hacerlo con un extraño, el señor de 42 años estaba “sacado” se desprendía como podía de sus ropas, era un lobo hambriento que no podía soltar la presa.  La pasión lo había superado, le urgía hacerla suya, desaparecido todo sentido de prudencia y pudores, nada más que sus ganas era lo que existía ahí y ahora.

En un santiamén quedó desnudo, el marido de Mary hacía de mudo espectador del increíble acto de deseo y desenfreno de su jefe, la verga del hombre se paró rapidísimo, se la muestra, si bien no era muy larga era lo suficientemente gruesa y cabezona para hacer sentir el sexo a una mujer que estaba llegando a niveles intensos de calentura.

-¡Anda, dale unos besitos!

La mujer se arrodilló delante de su macho, la besó,  paseó la lengua por toda su extensión, la toma en sus manos, acaricia y comienza a agitarla, sin dejar de mirar al señor en los ojos, controlando cada gesto, cada movimiento. Los besos se hicieron más intensos y húmedos, la boca se le llena de saliva, algo se escurre por la comisura de sus labios, el hombre aprecia el gesto y la calentura lo conmueve y sacude.  Sentía una agradable sensación de ternura, verlo excitado, brutalmente expresivo, como si estuvieran solos en el mundo, sin saberlo ella había saltado a otra dimensión, otra vida, otra forma de ver la vida, otra forma de disfrutar del placer de la carne, otra forma de gozar y hacerse gozar.  Este hecho marcó un antes y un después en su vida, jamás renegó de esta forma de vivir y sentir el sexo, convertirlo en una forma de trabajo placentero.

Rafa había podido transmitirle su calentura, contagiado de modo inusual mientras sacudía el miembro en su boca, sentía como su entrepierna comenzaba a sentirse caliente y mojadita.  Sin poderse contener por más tiempo, el hombre la jaló de los hombros y la levantó, luego tomada del brazo dijo él:

-¡Vamos a la cama amor! –mirando al marido que seguía de pie observado el fogoso espectáculo como si fuera otra gente y no su esposa, siguió diciendo: -Llegó el momento Carlos, me  voy a comer a tu esposita, nos vemos mañana.

Entraron al dormitorio, el señor casado ahora trastornado por las voluptuosas formas, los instintos primarios del deseo habían aflorado, una fiera para el amor.   Los colores le habían subido al rostro, los ojos abiertos incrédulos se llenaban de carne  trémula, dispuesta a poder hacer todo lo que su fantasía había pergeñado en esas noches de febril calentura: la hora había llegado.  Le quitó la tanga y se la colocó, a modo de trofeo de guerra en su cuello, la acostó en la cama, ella se abrió de piernas para mostrarle todo lo que se comería.

Como un poseso se volcó sobre esa boca vertical, besos calientes y luego le dio lengua, una fogosa y alucinante lamida que la hicieron sentir ricas sensaciones, por momentos atenazaba la cabeza de Rafa, hasta que se dejó acomodar sus piernas sobre los hombros del hombre para poder comerse la conchita con más comodidad.

Rafa se desprendía de su historia, se vuelca sobre la hembra, llena la boca con su boca, lame, chupa, muerde, nada es suficiente, aprieta, estruja, toda su vida jugada en este instante.   Es una brasa, la mujer siente la piel del hombre caliente, sudada, fregarse sobre la suya, nervioso, ansioso, alucinó desde que la vio semi desnuda en la fiesta y perdió la razón, ahora la tiene toda para sí.  Ella se gradúa de hembra con un hombre que no es el suyo, aprende el leguaje del macho con el deseo urgente.

El siente que ha llegado el momento, se monta sobre ella entre sus piernas y se la dejó ir hasta el fondo, responde ella rodeándolo con sus piernas, una hiedra de carne aprisionando a ese hombre que la penetra en forma salvaje.  Diría ella, fue un “lindísimo metisaca” una y otra vez, con vehemencia y brutal deseo, entraba al fondo y sacaba para volver a repetirlo produciendo maravillosas sensaciones en la cueva pletórica de jugos y deliciosas sensaciones.

-¡Estás rica, estás sabrosa!

Repetía sin parar de moverse en la conchita, disfrutando a la mujer de su vida, sin haberlo considerado siquiera gozan el particular entorno, el marido del otro lado de la puerta escuchando los gemidos, imaginando como se “come a su mujercita” genera un ambiente de lujuria, el morbo lleva la libido de ambos a niveles máximos.  Mary está llegando al momento culminante, sus gemidos se hacen menos reprimidos el hombre siente como la vida se le escapa en un tropel de semen blanco que explota dentro de ella.   Varios chorros riegan el interior, la vagina complaciente agradece comprimiendo el pene del hombre luego que cesan los latidos de la acabada estrepitosa de Rafa.
Descanso breve, tomados de la mano, en silencioso recogimiento hasta que el deseo vuelve por sus fueros, ella siente como comienza a pararse nuevamente y sin decir demasiado la va guiando para que se coloque a cuatro patas, de perrita desea colocarla, sólicita accede y se abre completamente, levanta el culo, se lo coloca bien empinado para recibir las caricias.   Extasiado, acaricia besa y juega a morder esas nalgas que lo ponen tan excitado como no guarda registro.

-Estás culona, pinche puta, bien nalgona como me gusta.

Pasaba de los elogios a la grosería sin parar, era su forma de expresar como apreciaba esas “carnitas” ofrecidas en banquete al príncipe, esa noche era toda suya, y “nadie me quitará lo bailado” repetía. Ella volvió a excitarlo empinando y moviendo el culito, Rafa tomó el miembro como si fuera un ariete y fue directo al centro de la vagina que se exponía como nunca, ofrecía el brillo jugoso de su interior, levemente abierto esperando la embestida que no se hizo esperar demasiado.   Se la hundió desde atrás con renovados bríos, ¡hasta el fondo! De un solo envión. La penetra con enjundia, con ganas y vehemencia, nalgueaba con fuerza mientras la incita a moverse más y mejor, sigue nalgueando.

-¡Así puta! ¡Así perra mía! ¡Así yegua, mueve las ancas!

Montado sobre ella, tomada de las ingles, la sigue penetrando y nalgueando con fuerza y pasión descontrolada.   De pronto lo sintió irse, dejarse perder en una “ida estrepitosa”, los latidos de la verga dejando salir el deseo dentro de ella acallaron los gemidos de la hembra que instantes antes había comenzado a sentir el ahogado grito del orgasmo opacado por tamaño despliegue de la pasión del hombre que la montaba.

El reparador descanso llegó para dar un poco de paz al exigente derroche de energías.
Salieron del cuarto, ella contuvo con una toalla el desborde de producto de Rafa que se escurría de la vagina y comenzaba a surcar sus muslos, en la sala ya no estaba Carlos, había ido al otro cuarto, tomaron las copas y volvieron a la cama.

Los tragos abrían un impasse en la actividad sexual, fue un momento casi de ternura, de contención de ella hacia el hombre que mostraba su faceta más intimista, acariciaba la mano y se llenaba los ojos con esa carne que lo había hecho disfrutar como ninguna, decía y parecía no mentirle.

-Con esta cola (palmea suave) puedes hacer mucho…

Ahora es el tiempo de Mary, casi enternecida por los gesto de Rafa, manejando la ansiedad, comienza a mamarlo, acariciando y dejándolo entrar en su boca, lamiendo el glande que reluce de jugos, los prueba para sentir el sabor salado de algún resto del semen que broto momentos antes de ese “ojo mágico”, acompaña el movimiento de la pelvis de señor pugnando por entrar hasta el fondo de su garganta, deja enredar los dedos de sus manos en sus cabellos tomarla con fuerza y acompañar el vaivén.

No es momento de acabar, merece sentir sus enormes tetas apretadas sobre el miembro ensalivado, apretadas aguanta los enviones del macho, no parece que momentos antes se había acabado dos veces, aprieta sus nalgas y no puede resistir demasiado a la mamada.  Se fue dentro de la boca de la mujer que no soltó su presa hasta dejarla bien limpia y haberse degustado el semen de su hombre. Lo miró a los ojos mientras terminaba de digerir la leche masculina, se dijo a si misma: -Este tipo sí me tenía ganas.

Durmieron juntos, hasta el otro día, una noche plácida luego de una agitada relación. En la mañana, Mary preparó el baño, se cruzó con el marido, el beso fue primero, la mirada y la sonrisa lo segundo, luego la pregunta casi obligada del esposo:

-¿Ya todo ha pasado? -Sí, no te apresures, todo está resuelto.

En ese momento salió el jefe y la pareja de la noche se metió a bañar, enjabonadas  y mimos mutuos ponían el broche a una noche de pasión y sexo sin control. Carlos había preparado el desayuno, los tres juntos, ¡sí los tres juntos!.   Ella desnuda entre sus dos hombres ya vestidos, si se le antojó ser Sonia Braga en Doña Flor y sus dos maridos, en ese momento el jefe dijo:

-Ya está todo arreglado, “ahorita” que llegues te presentas en la Dirección y le dices que te mando yo para el puesto.  Ya está arreglado y saben de qué se trata. -Carlos se fue rumbo a sus nuevas tareas, mientras Rafa terminaba el desayuno.

Mary había sabido sacar lo mejor de su hombría, lo hizo sentir el macho de la creación y ella misma sentía un placer inimaginable, se sentía bien consigo misma, no sentía a ese hombre que se había aprovechado de la situación, por el contrario sentía casi una deuda de gratitud por haberla hecho experimentar a otro hombre y de ese modo, tan excitante, algo que jamás olvidará.

En estas cavilaciones la encontró la despedida del señor, pero sintió deseos de pagar esa deuda, ahí mismo, nuevamente se hincó delante del hombre, desprendió el pantalón, bajó el bóxer y comenzó a acariciar, masajear y mover la verga, para proceder a darle una soberana mamada que lo dejó exhausto cuando se fue dentro de la garganta de la muchacha que volvió a sentir ese agradable sabor, ahora más salado que en la noche.  Tragó, limpió y guardó el objeto que la hizo más mujer esa noche.

Los hechos sucedieron tal como se relataron, luego en la intimidad de su hogar se habló del tema con su marido, sin ocultamientos, ella le confió que el jefe solo había gustado de su carne pero no de sus sentimientos, que esos viven en el corazón de su marido.   Solo había vivido un momento de calentura entre ella y Rafa, sólo había entregado “sus nalgas” y nada más.

-¿Dime, has sentido gusto y placer al hacerlo? -Claro, no quiero engañarte, sí sentí placer y gusto de hacerlo, me calenté mucho cuando me sentí acariciada y deseada.  No voy a negar que siento real gusto de sentir la verga en la vagina o en el culo, los disfruto de verdad, pero tan solo fueron momentos, luego tú vienes a mi mente y a mi corazón.

Seguramente no todos comprenderán los sentimientos de Mary que disfrutó y sigue queriendo a su maridito, ahí debe haber sido cuando se despertó esa vocación de ser prostituta.

El jefe la siguió cogiendo pero ahora en otra etapa de la relación, regalos en forma de ropa y dinero fueron la forma de pagar sus servicios femeninos, más tarde le presentaría otros señores.

Así comenzó la historia de Mary, una prosti con principios y sin engaños, besa en la boca, tiene orgasmos y disfruta del sexo como pocas, por eso Mary es única, o al menos, distinta de muchas. Contarlo una forma de desahogo, sin pecado y sin culpas.

La historia se sigue escribiendo y si les ha interesado seguimos mostrando la historia de Mary, la prosti.

También nos gustaría conocer su opinión, ¿y por qué no? Conocer de sus experiencias personales en esta forma de vida, las espero en mi correo.

Autor: Luganes

Correo: [email protected]

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Escrito por Marqueze

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