Me encanta el sexo II El Regreso

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Parejas liberales, Trío, Sexo en grupo. Las experiencias vividas en los últimos tres días habían cambiado por completo nuestras vidas. Nos sentíamos mucho más unidos y con mucha más confianza que antes.

Luego de descansar parte de la tarde, decidimos emprender el regreso a nuestro hogar. Las experiencias vividas en los últimos tres días habían cambiado por completo nuestras vidas. Nos sentíamos mucho más unidos y con mucha más confianza que antes. Lo cierto es que se había desatado en mí una sensación de “calentura permanente”, o sea que desde esos días vivo deseando tener sexo en todo momento y en cualquier situación. Enterado mi esposo de mi nueva “sexualidad”, decide convertirme en una máquina de sexo y poder realizar todas sus fantasías, por supuesto que yo no me voy a oponer nunca.

Para el viaje en auto, como hacía bastante calor, me había vestido únicamente con una solera muy cortita, amplia y escotada, de esas que tienen toda la espalda descubierta y solamente adelante cubre un poco los senos, pero si me inclino hacia algún lado, permite ver mis senos que por la excitación constante se ven muy grandes y duros. La faldita es tan corta que solamente de ir sentada permite ver hasta el nacimiento de mis piernas.

Alberto lleva remera y short deportivo, por lo que cualquier cambio en el estado de su pene es fácilmente visible para mí.

Apenas comenzamos el viaje de retorno, me inclino hacia él y comienzo a tocarle el pene, hasta que lo saco fuera del short y se lo comienzo a chupar. Esa es una cosa que a él le gusta mucho, pero no es fácil hacerlo acabar.

Estaba ya anocheciendo cuando vemos un grupo de muchachos haciendo auto stop en la ruta. Es bueno aclarar que por esa ruta pasa muy poco transito, y menos de noche. Pasamos por ellos y Alberto me consulta sobre si para y los recogemos. El caso es que son seis y si bien nuestro auto es bastante espacioso, para que entren todos deberemos viajar bastante apretados. Nos da un poco de pena imaginarlos solos en la ruta durante toda la noche, por lo que decidimos parar y preguntarles hacia adonde viajan.

Legan corriendo hasta nuestro auto que había parado unos quinientos metros delante de ellos. Debido al calor y la caminata, todos viajan de short y remera, menos dos que viajan sin ella.

Les consultamos hacia adonde viajan y nos dicen que simplemente han salido a hacer verano y van para cualquier balneario del este, por lo que les quedan como setecientos kilómetros por recorrer.

Me bajo para ayudarlos a acomodar sus mochilas en el porta equipajes del auto y se quedan mirándome de boca abierta y veo como sus bultos se agrandan solamente con observarme agacharme y acomodar las mochilas. Mientras los demás se acomodan en el asiento trasero, dos de ellos me ayudan a hacer espacio entre nuestro equipaje y aprovechan para echarme una mirada a fondo y yo aprovecho para rozar “casualmente” sus bultos con mi cola, entonces un de ellos, se apoya también casualmente, apretándome contra el auto fingiendo un tropiezo. Yo le respondo empujando hacia atrás con mi cola y nos pedimos disculpas mutuamente.

Cuando vamos a acomodarnos nos damos cuenta que solamente quedaba espacio para dos y apretados. Alberto al ver la situación dice que alguien va a tener que viajar sentado en las piernas de otro. Por ser la más liviana y la última en subir, me sacrifiqué y me ubiqué en las rodillas de dos de los chicos que iban sentados atrás.

Para ponerme más cómoda, me recuesto en el pecho del chico que me llevaba en sus rodillas y siento perfectamente en mi culo y mi conchita la fuerza de la erección del chico.

Le pregunto si no le duele que me siente sobre él y me dice que le gustaría acomodarse mejor. Por eso levanto mi culo un poco permitiendo que todos vean mis bombachas al abrir totalmente mis piernas. Él se acomoda y me siento nuevamente, pero me dice que le molesta un poco porque la tiene muy dura, igual que todos los demás. Yo me siento en el cielo, siete hombres con las pijas duras deseándome.

Por eso le ayudo y la libero de su encierro y me sorprende lo larga y dura que es…, entonces le digo que se quede quieto que yo me voy a acomodar para que no le duela. En eso veo que dos más ya han sacado las pijas para afuera y están masturbándose lentamente. Eso me anima y me quito la bombacha al tiempo que los otros me quitan la solera y me dejan desnuda. Me meten mano por todos lados y yo lentamente

me acomodo la pija del chico en mi culito y lentamente me voy sentando hasta que siento que la tengo toda adentro.

Los demás quieren participar pero estamos muy apretados por lo que les digo que se tranquilicen que el viaje es largo y comienzo a cabalgar sentada en esa larga y dura pija durante unos tres minutos hasta que siento que se descarga totalmente dentro mío al tiempo que tira con fuerza de mis tetas a tal punto que tengo miedo que me dañe.

Me desclavan de este chico y me dejan caer encima de otra pija, igual de dura pero mucho mas gruesa que se me clava también en mi dilatado culito….

Le pido a Alberto para detenernos en la ruta y a los pocos kilómetros lo hacemos.

Tiramos varios sobres de dormir en el pasto y solamente con la luz de la luna como cómplice, me entrego a mis siete machos que mi hacen de todo. Me cogen como una perra, en cuatro patas, mientras me hacen chupar una pija. Me sientan en una pija y me ponen otra en el culo, me la sacan del culo y me ponen dos pijas en la concha, me ponen una pija en la boca y me llenan la boca de leche. Después me ponen dos pijas en el culo y vacían en él sus testículos.

Ya no puedo más y se los digo. Les digo que basta pero no me hacen ningún caso, me pongo a llorar y a gritar porque realmente me duele. Entonces uno de ellos me pega una cachetada con tanta fuerza que me sangra la nariz. Eso los excita mucho más y cuando Alberto quiere reaccionar, lo agarran y lo atan.

Realmente esa situación me da mucho miedo, y sentirme indefensa me hace acabar en medio de gritos y espasmos. Todos se ríen y nuevamente me dan pija por todos lados, turnándose para acabarse en mi culo, concha y boca.

Cuatro horas después, y como veinte orgasmos, me siento realmente destruida, no puedo más, ellos tampoco, pero me dicen que van a desatar a Alberto y que lo tengo que hacer acabar o van a comenzar todos nuevamente.

Comienzo a chupársela, y cuando la tiene bien dura me ponen boca abajo y hacen que me la ponga en el culo, que estaba súper irritado y me dolía hasta hacerme llorar.

Le pido que me lo haga suave, pero uno de ellos se coloca detrás de Alberto y de un golpe lo penetra haciéndole pegar un grito y cae sobre mí. Las embestidas que recibe son tan fuertes que me saca el aire. El chico se acaba en el culo de mi esposo y su lugar es ocupado por otro, mientras a mí me levantan, me ponen en cuatro patas y uno se me coloca debajo para cogerme la conchita.

No puedo más, ver a mi esposo penetrado y disfrutando de su violación, y yo penetrada doble, hace que tenga un orgasmo muy fuerte, que termina en convulsiones y lágrimas. En ese momento siento que el tercer violador de mi esposo se acaba y Alberto también, dándome fuertísimas embestidas que provocan que mi dolorido culo comience a sangrar por el desgarro que me producen. Así quedamos un rato, tirados en el pasto, muertos de cansancio y doloridos.

Cuando nos despertamos ya es de día y de los chicos ni noticias, se habían ido. Quizás temiendo una denuncia por parte nuestra. La realidad es que nos lavamos, nos vestimos y sentados como pudimos emprendimos el viaje de regreso a nuestro hogar.

Autor: Atractiva

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Escrito por Marqueze

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