ME ENCANTAN LAS GORDITAS

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Hola a todos y todas… Siempre quise escribir una de mis experiencias y compartirla con ustedes, pero hasta ahora apenas me atrevo.

Desde muy joven siempre me han gustado las mujeres grandes: Grandes culos y buenas piernas sobre todo… ¡Ah! me encantan las mujeres que saben que no necesitan aguantar hambre y meterse 30 horas a la semana a un gimnasio para lucir bien, las que se sienten sexy con sus kilos de más (¡y más si esos kilos están en las nalgas!). Debe ser porque soy un tipo delgado, no muy alto, pero la verdad no lo he corroborado con otras personas de mi misma complexión; aunque la verdad, no me interesa.

Volvamos al tema. Trabajo en una compañía que se dedica al mercadeo, soy un ejecutivo de rango medio en la empresa y por lo tanto tengo que estar en permanente contacto con algunos de los supervisores del centro telefónico. Fue así como conocí a Sandra; desde la primera vez que la vi entrar para la entrevista de la vacante de supervisora me encantó: con su pelo claro hasta la cintura, muy bien peinada, una falda hasta abajo de las rodillas muy ceñida al cuerpo y con una abertura al lado de la pierna, con sus zapatos de tacón alto haciendo ver una pantorrilla muy marcada…

De frente era todo un espectáculo con su escote pronunciado (no había como cubrir del todo esas tetotas!) y una mirada y una sonrisa que decían “¡cómeme!”; pero verla de espaldas me dejó paralizado: la cinturita (después me confesó que usó corset ese día) y unas nalgas grandísimas que parecían hechas por un arquitecto… Me estoy calentando de solo describirla… Ese día llegué a casa y me masturbé dos o tres veces pensando en ella.

Debido a nuestro contacto en la oficina logramos alcanzar un buen grado de confianza en estos pocos meses: de saludarnos todos los días de beso en la mejilla, salir a almorzar 2 veces por semana juntos, ella se ríe de mis chistes y me cuenta sus rollos personales, como 2 buenos amigos. Aunque a veces me pongo malo, porque en la oficina no hay reglamento de como vestir y ella casi siempre va con unos jeans apretados descaderados, mostrando siempre parte de sus tangas y de su raya del culo… Es cosa de llegar casi todos los días a casa a pajearme pensando en Sandra y viendo porno en internet.

Un día, después de una reunión con una proveedora, estábamos ella y yo hablando por el Messenger y la conversación fue más o menos esta: “Hey, creo que le gustas a la nueva proveedora…” Me dice, y yo le respondo: “¿por qué lo dices?” “Bueno, noté como te miraba… estaba botando baba cuando le hablabas” “La verdad si creo que la vi mirándome bastante” y me dice Sandra: “ajá, ¿y qué piensas hacer?” y le digo: “Pues nada…” “¿Nada? ¡Estás loco! Es una chica interesante, bonita y tiene muy buen cuerpo, ¡aprovecha!” a lo que le respondí:” pues es una tipa agradable, bastante flaca para mi gusto…” Después de un silencio de algunos minutos me responde: “¿Flaca? yo pienso que esta bien, aquí los chicos del centro telefónico no hacen más que hablar de lo buena que está la tipa que vino hace un par de horas.”

“Pues que se la coma alguno de ellos, no es mi tipo” “Entonces ¿cuál es tu tipo?” me dice ella junto a una de esas caritas matando el ojo. Tragué saliva un par de minutos… “¿Estás ahí?” “si claro, disculpa… Pues mira, me gustan las mujeres grandes, de nalgas grandes de donde me pueda tener” Inmediatamente me dice ella “con razón…” “¿Con razón qué?” “Nada… ¿Es por eso que siempre caminas detrás mío?” La cara se me puso de varios colores, no me creía lo que Sandra me estaba diciendo, le respondí: “ya tú sabes…” y me desconecté de inmediato para ir a una junta con los jefes.

Luego de esta conversación la cosa estuvo normal como siempre, ninguno de los 2 hizo comentarios al respecto hasta un par de semanas después, que estuvo ayudándome a buscar unas carpetas en el archivo de la empresa; un cuartico pequeño, incómodo y muy caliente en el último piso del edificio. Ella buscaba en unas cajas sobre una mesa, tarareando alguna canción y moviendo el culo al ritmo. Yo no paraba de mirarla, de ver como se asomaba el re

sorte de una tanga negra de encajes saliendo de ese culo bamboleante delicioso, ella lo notaba y buscaba como sacarme de mi hipnosis con cualquier pregunta o chiste malo. En un momento yo necesitaba pasar hacia la puerta.

Sandra y su culazo estaban bloqueándome el paso, así que le pedí un permiso, pero cuando iba a pasar, esperando rozarle el culo con mi verga tiesa y mirarle más de cerca esa tanga que no le conocía, ella se gira para quedar de frente y me dice: “espérate, que con tus antecedentes y aquí encerrados no confío” Me sonríe y me saca la lengua yo me puse súper nervioso, pero no se me bajó la verga para nada, todo lo contrario, por lo que tratando de pasar le rayé toda la pelvis con mi aparato, sus tetotas, estregándose contra mi pecho y mientras tanto esa sonrisa y esa sacada de lengua a milímetros de mi cara… Pajeada salvaje esa tarde, pero ya estaba decidido a hacer lo que fuera para comerme esa delicia.

Pocos días después, el viernes, fue la fiesta de fin de año de la compañía, nada serio, nada elegante ni formal; solo los empleados, algunos con sus parejas tomando y bailando en un garito local. Yo estaba bastante prendido, no borracho, pero si algo mareado, muy animado hablando con todos hasta que sonó una canción que yo se que a Sandra le gusta, precisamente la que estaba tarareando esa tarde en el archivo. Me acerqué a ella: “¿bailamos?” “¡Hay claro galanazo! Encantada…” y salimos a la pista. Era una bachata suavesona, yo no tengo la más remota idea de bailar bachata, pero la abracé con firmeza y empecé a pasearla por toda la pista. Ella estaba hecha un postre con su maquillaje, unos jeans nuevos que me dijo iba a comprar para la fiesta, muy descaderados y muy apretados, como a mi me gustan y una camisa de escote, también ceñida y destapada en la espalda.

“Estás espectacular… como de costumbre, pero hoy ¡estás de infarto nena!” Se rió “¡gracias!” mientras me acariciaba un poquito la parte de atrás de mi cuello. Me pegué más a ella y no me rechazó, en ese momento ya mi verga le golpeaba su zona pélvica, podía sentir que ella se calentaba, su cara se ponía colorada y el corazón a mil, estuve a punto de hacer una maniobra, no se tocarla más directamente, besarla… Que se yo, estaba ya tomado hasta que me dijo al oído: “tú sabes que eres la persona que mejor me cae en la oficina, un verdadero amigo y quiero hacerte un regalo de navidad, pero no sabría que darte… No me gusta regalar cosas por regalar, ¿sabes? así que siempre pregunto a la gente más cercana que le gustaría de navidad…

Cuéntame, ¿qué te gustaría que te regalara?”. No pensé nada en ese momento, solo abrí la boca: “regálame unas tangas tuyas” Se rió “¿y tú para qué quieres unas tangas mías? ¿Eres travesti? ¿Te las vas a poner?” “No, quiero específicamente las que tienes puestas ahora, pero no las laves porque las quiero para olerlas, lamerlas y restregármelas en la cara mientras me pajeo pensando en ti” Se quedó callada un par de segundos, como sin creer lo que le acababa de pedir, me da una palmadita suave en la mejilla y me dice: “eres un borrachito muy atrevido” me dejó solo en la pista…

El lunes no quería ni ir a trabajar, estaba apenado con ella, llegué y seguí derecho a la oficina del jefe a discutir algunos reportes, sin saludar a nadie en la tarde ella me entregó un paquete de regalo, le agradecí y fui a mi oficina, ahí lo abrí y era un CD de bachata, con su canción favorita y una nota que decía, “No es lo que querías, pero espero que te guste y algún día lo volvamos a bailar juntos, un beso… Sandrita”. En fin, el día transcurrió normal.

Esa tarde al llegar a casa saqué el CD de mi maletín cuando debajo del paquete vi una bolsita que no recordaba tener ahí dentro: Cuando estuve fuera de mi oficina, “Sandrita” puso una bolsita de tela muy fina dentro de mi maletín, la abrí y salió un aroma que no había olido antes, pero inmediatamente reconocí, ¡eran sus tangas negras! Las saqué de la bolsa, las olí y las saboree como un poseído, me las pasé por toda la cara, me desnudé y comencé a pajearme con ellas en la nariz. Me corrí varias veces y exhausto me quedé dormido. Más tarde en la noche sonó mi celular, era ella… Ya sabía a que estábamos jugando: “Hola… ¿te gustó mi regalo?” “Muchísimo, pero me gustaría que me ense&nti

lde;aras a bailar bien este ritmo” “Cuando quieras” “Si quieres puedes pasarte por aquí ya, tengo una botella de vino enfriando en la nevera” Le dije “¿no es muy tarde? ¿No estarás muy cansado?” “Para nada… “Voy en camino entonces” me dice y corta la llamada.

Unos minutos después suena el timbre de mi casa, era ella, vestida solo con una bata de dormir “espero que no te importe, cuando te llamé estaba a punto de acostarme y como me dijiste que me pasara ya, pues no quise perder tiempo…” La tomé de la mano y la besé en esa boca deliciosa, le quité la bata y quedó solo en tangas… ¡Que visión!: esos muslos gruesos y esa cadera enorme, sus tetas grandes y firmes de aureola grande y pezón tieso. Caí de rodillas y comencé a besar sus pies, tobillos, piernas, pantorrillas, a lamer sus muslos hasta llegar por detrás a sus nalgas. Mi lengua y nariz jugaban libres entre ellas mientras que con una mano le acariciaba el chocho y la otra las tetas, ella solo gemía y se retorcía de placer. La tumbé en la cama y comencé a comerle el chocho y el culo con propiedad…

¡Me encanta ir allí abajo! más que cualquier cosa. Se corrió un par de veces en mi boca y me pedía a gritos que la follara, así que me subí sobre ella y comencé a metérselo con fuerza, ella se mordía las tetas, gritaba como loca y me metía un dedo por mi culo, ¡creí que me iba a morir! Me vine dentro de ella a mares y luego me tumbé a su lado. Me dice “¿me limpias por favor?” Yo no le entendí, “¡claro que si!” Iba al baño por un poco de papel, pero ella me detuvo, me empujó con fuerza y se sentó sobre mi cara. Mi boca quedó a la altura de su ano y su chocho los que lamí con delicia tomándome la mezcla del sudor de su culo, su leche y la mía mientras ella se movía sobre mí masajeándose el clítoris con mi nariz, gimiendo y tarareando la bachata que le gusta.

Follamos toda la noche, al final nos bañamos juntos y le volví a comer el chocho y el culo. Luego ella se fue a su casa y ahí comenzó una relación bastante fuera de lo común entre ambos.

Pronto les contaré más experiencias con Sandra, de como una vez fuimos descubiertos en el cuarto de archivos… Pronto, en otra ocasión.

Autor: DaddyD

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Escrito por Marqueze

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