ME ENCANTAN LOS HOMBRES MADUROS

Mi nombre es Laura y tengo 22 años soy una chica alegre, dicen que bonita, aunque me considero una chica normal. Soy delgada, pero con bonitas formas debido a que siempre he practicado ballet desde muy chica y la obsesión de mi madre y ahora mía de estar en buena forma física.

La mejor parte de mi cuerpo, debo admitir son mis piernas y mi parte posterior, mis senos son pequeños y no consideraría jamás aumentarlos por medio de cirugía, cabello lacio negro largo, y de piel blanca, bueno, suficiente sobre mí. Mi relato o experiencia sucedió unos años atrás, cuando aún estaba en la escuela y tenía problemas con mis clases de inglés.

Mi madre que siempre ha estado pendiente de mis necesidades, buscó la ayuda de un tutor y la encontró en un señor amigo de mi tía y quien ni corto ni perezoso aceptó darme unas clases hasta que mejorara en la materia antes dicha. El día que por primera vez llegó a mi casa, mi madre lo llevó a un cuarto que usamos para nuestro estudio mi hermana y yo.

Era un señor de 40 años, trigueño, cabello entrecano, ni delgado ni gordito, diría que un hombre de aspecto corriente, Pero muy amable y de maneras educadas. Las primeras clases que recibí, fueron muy buenas ya que con su ayuda pude comprender cosas que hasta ese día eran confusas, su paciencia era muy grande así como su capacidad para enseñar. A mí me comenzó a gustar, lo veía más atractivo cada vez que llegaba, sería que me comprendía, tal vez debido a que era muy dedicado y nunca me recriminaba mi torpeza con el lenguaje que estaba aprendiendo.

Siempre nos sentábamos juntos y yo por la comodidad de estar en casa, recibía mis clases en shorts o en minifalda y algunas veces hasta en bata de dormir. Un memorable día, de estar escuchando lo que me decía o al menos pretender que lo hacía, me puse a observarlo detenidamente estaba muy cerca de mí y sentí su olor a hombre mezcla de perfume y sudor. No me repugnó, al contrario me gustó. Lo miraba embelesada observando sus labios gruesos y sensuales, sus manos fuertes y enormes, pero lo que me atrajo más fue un enorme bulto que se le notaba en su entrepierna. Jamás había visto algo así. Ya sabia lo que era eso tan grande, pero no dije nada, un escalofrió recorrió mi espalda al ver eso.

Desde ese día lo ponía en aprietos al pobre ya que me le acercaba más y en ocasiones dejaba mi mano en el medio de su silla, tratando de tocar ese enorme paquete. No medía las consecuencias para ser exacta, pero me atraía eso que se notaba ahí. El pobre sudaba y lo notaba nervioso, pero una vez tuve el coraje suficiente para tocarlo con el dorso de mi mano. El se dio cuenta, pero no dijo nada, tal vez pensó que fue sin querer, pero dejé mi mano ahí por unos deliciosos segundos y la retiré sin darle importancia al asunto, o al menos eso disimulé.

En la escuela con mis amigas las escuchaba hablar de penes y su diferencia en tamaños y grosor, algunas de ellas se habían atrevido a tocar el de sus enamorados, y yo ni enamorado tenía debido a que mis padres eran muy estrictos, todo esto me llenaba de curiosidad y de anticipación por estar con mi tutor. El no vendría hasta el sábado y yo esperaba con ansias ese día. Por fin sábado, mi madre tenía que salir y se fue temprano, mi padre es agente viajero y pasa muy poco tiempo en casa, solo estábamos mi hermana y la señora que hace las cosas en casa. Una casa enorme y Oscar tenía la plena confianza de mamá y era el único que podía entrar a casa cuando ellos no estaban, así que por fin llegó, yo por ser sábado estaba en bata y tenía debajo solo una tanguita de color amarillo con una flor bordad en el centro.

Lo saludé y esta vez nos dirigimos al segundo piso de la casa donde había una salita y tres habitaciones para invitados, pero que estaba desocupada en ese momento. Siempre antes de comenzar él me preguntaba como me había ido en la escuela que si tenía algún problema en alguna área de nuestro estudio, etc. No, todo bien, le respondí y luego

me mencionó que era su cumpleaños. Me abalancé sobre él y le di un abrazo y me pegué todita contra él, creo que en ese momento decidió aprovechar y mientras seguíamos abrazados, comenzó a acariciar mi espalda, deslizaba sus fuertes manos por ella e incluso comenzó a acariciar mis nalgas, eso me hizo vibrar y estuvimos así por un largo rato. Hasta que el decidió que debíamos comenzar las clases. En ese momento comencé a acariciarme mi rodilla, porque me había golpeado jugando volley en la escuela.

El me vio y me preguntó que cual era el problema, le dije que me dolía, me dijo a ver y comenzó a acariciarme la rodilla, no podía creerlo sus manos acariciaban mi rodilla con ternura, pero a la vez con firmeza, sentía calor y él se notaba muy excitado, sabiamente acariciando, comenzó a subir su mano con cada círculo que hacía y se acercaba lenta, pero deliciosamente a mi sexo. Me sentía totalmente en sus manos y sus caricias me volvían loca, pero callaba, ya que nunca antes había experimentado estas sensaciones. Solo una vez traté de impedir que su mano llegara a mi sexo cuando estaba a menos de un centímetro de mi vagina, pero me arrepentí, porque tal vez pensó que lo rechazaba y dejó de acariciarme urgiéndome a continuar nuestra clase. Pero ya no podía pensar correctamente, estaba muy excitada y él lo notó, me preguntó que si me pasaba algo dije que no. Me dijo ya se, estás tensa, te voy a dar un masaje.

Se paró y se puso tras de mí y comenzó a acariciar mi espalda, sus manos me volvían loca, creaba corto circuitos en mi piel por sobre la delicada tela de mi bata cada vez que me tocaba, sus manos comenzaron a acercarse a mis senos por detrás, con movimientos circulares se acercaba cada vez mas de mi espalda; a mis tiernos pechos hasta que acaricio mis pezones, lo dejé hacer, estaba loca, lo confieso, pero ya no podía detenerme. Apretaba mis pezones suavemente, y por primera vez en mi vida gemí de placer, no contento con estarme acariciando ahí, donde no debía, bajó su mano hasta tocar mi sexo y tuve que ahogar un gemido aún mayor que brotó desde el fondo de mi alma. Tomándome por los hombros me levantó y quedé frente a él o casi frente ya que era más alto y me besó en los labios mordiendo mis carnosos labios con su enorme boca, succionando los míos, abriéndolos para dar paso a su lengua casi me ahoga, jamás me había besado nadie y mucho menos así.

Estaba gozando sensaciones nuevas, sus manos acariciaban mi trasero levantado la tela de mi bata hasta que sus manos estrujaron mis nalgas y me pegó contra su cuerpo y pude sentir su pene contra mi vientre, caliente, enorme y palpitante. Me tomó en sus brazos y me llevó hasta un enorme sofá que teníamos en esa sala. Me sentía protegida en sus brazos, me depositó suavemente en el sofá y se echó sobre mí besando mi boca y yo respondiendo a su besos lo mejor que podía. Me quitó la bata y comenzó a dibujar mi cuerpo con sus labios, me besó el cuello, mis pechos, me lamió los pezones y me hizo delirar, mientras seguía su camino hasta mi ombligo y luego bajó lentamente hasta mi sexo, donde se dirigió a mis muslos y los chupó y besó a su antojo, la vista se me nublaba, estaba asustada, pero muy excitada.

Apartó la tela de la tanguita y comenzó a lamer mi vulva. Creí volverme loca, sentí corriente eléctrica que se desplazaba desde la base de mi cabeza y recorría todo mi cuerpo y se concentraba en mi sexo con cada lenguetazo que me propinaba, mi vientre se convulsionaba involuntariamente y una sensación de orinar me invadió, pero era muy placentera dicha sensación. Después se levantó y me obligó a sentarme, se quitó el pantalón y su ropa interior y por fin pude ver al monstruo, era un pene más oscuro que su piel, largo, y muy grueso rodeado de venas, jamás había visto uno y me pareció monstruoso. Podía ver como un hilillo de líquido claro brotaba de él, quería tocarlo, y Oscar tomando mi mano la llevó hasta que lo rodee con mis dedos y no pude abarcarlo.

El quería que lo pusiera en mi boca, no sabía que hacer, me dijo que lo lamiera suavemente y así lo hice, era duro, pero elástico a la vez, sin sabor alguno, solo por el líquido claro que le brotaba, de un saladito agradable, trat&ea

cute; de abrir mi boca lo más que podía y ponerlo dentro, solo pude abarcar la punta y mi profesor tomándome por mi cabeza comenzó a hacerme a subir y bajar la poca distancia que podía contener. Sus fluidos manaban sin parar y tuve que detenerme porque quería penetrarme. Mi profesor sabía que yo estaba virgen y como caballero que es, volvió a lamer mi sexo lubricándolo aún más de lo que ya estaba. Se acostó de espaldas y me dijo que yo me pusiera sobre él, que lo cabalgara y que fuera yo quien dirigiera la penetración, para evitarme dolor excesivo.

Así lo hice puse la enorme cabeza en la entrada de mi vagina y me deslicé sobre ella, pero no entraba, seguí tratando, pero era difícil, hasta que la punta de ella entró suavemente en mi cuerpo. Me dolió, pero mi excitación era tal que decidí seguir adelante. Empujé suavemente a mi propio criterio y siguió penetrando en mí con dolor y placer entremezclados, era delirante, mi profesor estaba disfrutando enormemente lo mismo que yo. Fue doloroso, pero al final el placer me invadió y chillé como poseída, sus besos mitigaban el dolor mientras me penetraba y sus caricias aumentaban el deseo por tenerlo dentro de mí totalmente, sus manos acariciaban mi espalda, mis nalgas, las abrió para que su dedo tocara mi entrada prohibida y así dándome placer entre el dolor me hizo mujer.

Estallo dentro de mí y sentí como un río de lava ardiendo me llenó por completo, su pene estaba dentro de mí y podía sentir con mi vagina sus venas gruesas y su palpitar dentro de mí eso me provocó otro orgasmo y caí sobre su pecho llorando. Fue mi segundo orgasmo, ahora con mi experiencia se que fue un orgasmo, de los muchos que gocé con mi profesor de inglés. Le entregué mi más preciado regalo y él a cambio me volvió una mujer ardiente. Me enseñó los placeres del sexo anal y las diferentes posiciones para disfrutar de nuestro amor. Por cuatro años disfrutamos el uno del otro y no me arrepiento. Yo me enamoré de él, pero era casado, yo lo sabía y no me importó. Aún lo amo y lo recuerdo, pero disfruto el sexo con hombres maduros, porque son mejores.

Pueden escribirme para amistad y si son maduros mucho mejor.

Autor: Laura Blondericka (arroba) homail.com

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Escrito por Marqueze

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