Me hizo delirar

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El cuerpo muy bien formado de Rodolfo, con su verga enhiesta aflorando, se resaltaba en el espejo. Nos acostamos y comenzamos a besarnos nuevamente, apreté esa enorme pija con mis muslos, y con movimientos como si estuviéramos cogiendo, sentía resbalar su poronga, hasta la base de mi culo.

Después de varios mails intercambiados con Rodolfo, quedamos en tener un encuentro…

Hacía meses que había recibido un mensaje contándome, lo mucho que le había gustado un relato mío. Como acostumbro a contestar todos los correos que me envían, el intercambio continuó, nos conocimos mutuamente por esta vía. Supe que Rodolfo tenía 57 años, que tenía una vida muy activa, que era casado, que le gustaba la idea de tener relaciones con una persona como yo, que sería su primera vez.

En fin nos fuimos conociendo tanto, que el día en que coincidimos en un bar céntrico para una cita, nos reconocimos mutuamente. Rodolfo, es dueño de un estudio contable, muy buena posición económica y que oh! Casualmente, tenía un departamento “de soltero” en la misma cuadra del bar donde nos encontrábamos.

Acepté su invitación de conocerlo y hacia allí nos fuimos. Una tarde con mucho frío, era especial para estar bien acompañado y este hombre de 1,90 de estatura, fornido de contextura, agradable al trato, y con un evidente deseo de tener sexo, era la conjunción ideal para esa tarde. Ni bien llegamos y ya despojados de nuestros abrigos, me abrazó de repente y comenzó a besarme muy apasionadamente, respondí a sus besos y caricias con la misma intensidad. Por su altura, mis brazos se abrazaron de su duro cuello, mientras sus manos acariciaban mi cola.

No tardamos muchos en que nuestras ropas, quedaran esparcidas por el suelo, nos tiramos en un amplio sillón y mientras admiraba la muy buena complexión física de Rodolfo, sus labios se posaron en mis pezones, endureciéndolos más aún. Mis manos automáticamente, se dirigieron a su enorme pija que abultaba casi hasta hacer reventar el bóxer amarillo que todavía tenía puesto. Nos separamos solo unos instantes, para sacarnos su bóxer y mi bombachita blanca que para la ocasión llevaba puesta.

Su enorme verga, quedó apuntando al techo, erguida, venosa y dura…bajé hasta ella y comencé a chupar esa gloria de poronga. Me deleitaba devorar ese enorme glande, del tamaño de una ciruela, mientras mis manos aferraban el mástil duro y ensalivado. Los dedos de Rodolfo, iban penetrando mi culito, ya rendido a su voluntad. Paramos un rato nuestra tarea y nos dirigimos al dormitorio, allí una enorme cama con un gran espejo en la pared de cabecera, oficiaban de único mobiliario con sus correspondientes mesitas de luz y un plasma.

El cuerpo muy bien formado de Rodolfo, con su verga enhiesta aflorando, se resaltaba en el espejo. Nos acostamos y comenzamos a besarnos nuevamente, apreté esa enorme pija con mis muslos, y con movimientos como si estuviéramos cogiendo, sentía resbalar su poronga, hasta la base de mi culo.

Volví a chupársela, en posición de 69 mientras yo se la chupaba, él perforaba mi ano con su lengua y dedos. Cuando ya eran tres los dedos que entraban y salían con facilidad, me puse en cuatro y casi le ordené,

-Metémela toda, ¡por favor!

Sentí su glande apoyarse en mi esfínter, con mi cabeza apoyada en la almohada, mi culo en pompa, aferrándome de mis caderas, empezó a penetrarme. La cabeza de su verga, fue literalmente devorada por mi goloso ano, muy despacio, tratando de no lastimarme, pero firmemente, me la fue enterrando toda, hasta el fondo, cm a cm, hasta que sus huevos chocaron con los míos. Por unos instantes se detuvo con su miembro adentro mío, como esperando que se amoldara. Yo solo, empecé a moverme, primero en círculos, luego hacia delante y hacia atrás…luego él, tomó las riendas de la situación y el mete y saca comenzó a realizarlo con firmeza.

Un verdadero placer, Rodolfo me cogía como un verdadero maestro, me retorcía de placer. Su poronga, era un pistón aceitado que entraba y salía de mi hoyo con dureza pero con firmeza.

Sus manos, aferradas a mis caderas, me marcaban el ritmo de la cogida. Por momentos, la sacaba toda y la enterraba en mi orto de golpe nuevamente. Yo arqueado me dejaba hacer, estaba totalmente transportado por el placer que esa verga me estaba proporcionando. Mientras no paraba de cogerme, me cuenta que una cámara en un rincón de la habitación, estaba grabando todo, para que después viéramos lo que hacíamos…no me importó, seguí disfrutando de esa poronga. De golpe la sacó por completo y me puso boca arriba, mis piernas se depositaron sobre sus hombros y mi culo, ya totalmente abierto, quedó a su disposición. Su verga entró y salió innumerable cantidad de veces mientras ahora masajeaba mis pezones con maestría. Estaba totalmente transportado, me sentía una hembra totalmente dominada por el placer.

Cambiamos de posición otra vez y me volví a poner en cuatro, como un perrito, Rodolfo de atrás me ensartó enseguida, en el espejo de la cabecera de la cama, podía ver con facilidad, como su poronga enorme, se perdía dentro de mí y volvía a salir y la metía con vehemencia.

Hacía más de media hora que me estaba cogiendo y la pija de mi amante seguía dándome placer hasta hacerme delirar… Cuando me la sacó se paró delante de mí, y agarrándome la cabeza, me la metió en la boca, me dejé hacer y su meta y saca era cada vez más rápido, sentí tensarse ese gran instrumento nuevamente y el semen comenzó a brotar con fuerza dentro de mi boca primero y en mi cara los últimos chorros, espesos y abundantes, chupé su pija hasta limpiarla, deleitándome con el sabor de su leche en mi boca mientras me pajeaba hasta acabar yo también y caer exhausto en la cama. Mientras fumábamos unos cigarrillos, reponiéndonos de la agotadora cogida, me preguntó si quería ver la grabación de lo que habíamos hecho. Un dale por respuesta y prender la tele y vernos haciendo lo que hacía minutos no más, estuvimos practicando, nos volvió a encender.

Mi mano en su pija, moviendo de arriba hacia abajo, sintió como crecía nuevamente. Esta vez, se la chupé con más ahínco que la anterior. Mostrándome a la cámara con la verga de Rodolfo, entrando en mi boca todo lo posible. Me acosté boca arriba y tomando mis piernas, hasta alzarlas, le ofrecí mi culo nuevamente. La penetración fue instantánea, su verga se deslizó hasta el fondo de mi orto y el meta y saca comenzó nuevamente.

Si, efectivamente, me sentía una puta en manos de un verdadero semental, sentía los pezones que me ardían por los pellizcones que me daba y eso me gustaba, más puta me sentía.

Me volvió a poner en cuatro y me volvió a coger en esa posición. Ahora, sus movimientos eran más intensos y con mayor fuerza. Sentía toda esa verga en plenitud, entrar y salir, la sacó y me hizo ponerme con el culo apuntando a la cámara, la tele en directo y así vernos como me daba pija, pude ver mi culo, totalmente dilatado y eso me calentaba más, al punto que empecé a acabar sin tocarme.

Rodolfo me seguía dando verga, como al principio y yo seguía disfrutando. Me encantaba verme en la tele como me cogía y como ese pedazo enorme de carne dura, salía por completo y volvía a entrar.

Ya no tuve más noción del tiempo, disfrutaba a pleno, como me estaba garchando. Cerraba los ojos y me sentía una hembra en plenitud, los abría y veía en la tele como me estaba cogiendo. Cambiamos de pose varias veces más y siempre garchándome con la misma intensidad.

Hasta que siendo montado como un perrito otra vez, comenzó a acelerar los movimiento y sentí como su poronga se hinchaba más aún, anunciando su próxima acabada…abrió bien mis nalgas y mi hoyo, totalmente abierto, quedó a su disposición y su poronga, comenzó a disparar sus espesos lechazos nuevamente, entrando en mi culo con una excelente puntería…ver y sentir la leche entrando en mi orto, me hizo acabar otra vez. Los dos caímos cansados en la cama.

Luego de un rato de descansar, nos fuimos a dar una ducha, sentí al levantarme como la leche se derramaba por mis piernas, me encantaba esa situación, de ser una puta bien cogida.

Ya en el dormitorio, le pedí a Rodolfo ver la última cogida otra vez. Mientras la veía me deleité chupándole la pija hasta hacerlo acabar nuevamente y no parar de hacerlo hasta dejarle la poronga limpita nuevamente, deleitándome con ese néctar preciado de su leche tibia y cremosa.

Ya cambiados, y tomando un café, quedamos en repetir otra tarde como la de recién nuevamente, estábamos los dos satisfechos y encantados de que nuestras vidas se cruzaran.

Autor: Trabi

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Escrito por Marqueze

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