Me quedé con su padre

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Hace dos semanas atrás, después de tener sexo, posiblemente uno de los más excitantes de mi vida, Uriel me hizo una propuesta formal: “Emmanuel, quiero que seas mi pareja y yo le pregunté que cambiaba eso si ya teníamos sexo. El me respondió: “cambia la intimidad, la fidelidad y el respeto”. En aquella oportunidad solo atiné a bajar la vista, pero al no rechazarle aumenté su esperanza. Hice mal.

La cama se movía con el apasionado meneo de nuestros cuerpos. Quería devolver en placer la infidelidad cometida contra 44 por mis relaciones con Uriel, su hijo Menor. Había citado a 44 al Sebastiano, nuestro departamento clandestino. Le pedí que no almorzara en su oficina. Lo esperé con la mesa tendida. Había preparado personalmente la comida y había seleccionado el vino que a él le gusta.

Cuando entró: la mesa estaba servida. Avancé lentamente hacia él y lo recibí con un beso largo y profundo. 44 se sorprendió y preguntó: “¿qué celebramos?”. Le respondí “celebramos el amor…. ¿no te parece que debemos festejarlo?” y él, diciéndome: “te amo” me devolvió otro beso.

Almorzamos juntos, los dos solitos, era la primera vez que hacíamos eso en el Sebastiano. Después de una buena comida y excelente bebida: la cama estaba servida.
No hubo sobremesa, y estábamos sobre la cama. Mientras me besaba en la boca, le fui sacando la corbata, le fui desprendiendo la camisa, y besaba febrilmente su velludo torso desnudo.

No quedaba nada de la marca que le había hecho en el cuello con un chupón descontrolado. Lo hice a un costado, le desabroché el cinto, le saqué el pantalón. Con cuidado lo acomodé sobre una silla, y luego me encargue del bóxer que llevaba, lo arrojé hacia el baño. Su pene ya estaba erecto, vaya a saber desde que momento.

Besé centímetro a centímetro su pija, lamí su glande como si fuese un helado, y comencé a entrarlo y sacarlo de mis labios. Solo sentía las manos de 44 tomándome suavemente de los cabellos y escuchaba los gemidos de amor y de placer de ese potro.
También él comenzó a sacarme la corbata, y  con rapidez me despojé de la camisa, el pantalón, y tiré el slip que voló hacia el living.

Los dos estábamos desnudos y  teníamos nuestras vergas al palo. Yo avanzaba en mis caricias,  besos, toqueteos, 44 se limitaba a defenderse dándome besos y lamidas, mimos y gemidos. En la cama, nuestros cuerpos danzaban enamorados. 44 ya no estaba sorprendido, disfrutaba el amor que le brindaba.

Me puse crema en el orificio y me subí sobre los muslos de 44. El me tomó de la cintura, sabiendo que ya se aproximaba la penetración que uniría nuestras carnes. Luego, orientó con una mano su pene y con la otra palpaba mi esfínter. Yo subí lentamente la cola, me abrí las nalgas y comencé a descender suavemente y sentí como su miembro se introducía en mis adentros. Su pija y mi culo eran un balero.

44 es un potro que debía domar. Comenzó a corcovar de arriba abajo y yo saltaba al mismo ritmo que me la ponía y me la sacaba. El me decía frases como: “pendejo de mierda como me haces disfrutar”, y yo le decía: “te amo mi príncipe, te amo papi”. Con el brinco de su pelvis me elevaba hacia arriba y caía atravesado por su falo. En lengua de mi país diría que lo estaba domando (porque es popular en Argentina, la doma de potro).

Le pedí que cuando llegara al orgasmo me avisara, y él cumplió. Me gritó: “voy a volcar”, entonces me abalancé sobre su pene y lo chupé. Volcó caudalosamente y mientras cerrábamos los ojos bebí todo su semen.

Luego avancé con besos hacia los testículos y de allí comencé a besar su orificio, él se puso de costado y a manera de cucharitas, me pegué a él, le lamí sus musculosos brazos, y mordí dulcemente los cabellos de su nuca. Lo abracé y le frotaba mi pene en sus glúteos. 44 me preguntaba “¿qué te sucede? ¿Por qué estás tan apasionado, tan cariñoso?”, yo le decía mareado de amor: “quiero amarte y demostrarte que te amo”.

Mis dedos comenzaron a hurgar su culito, le miré de reojos y él cerraba sus bellos ojitos verdes mientras con una mano le iba colocando en su agujerito mi verga embadurnada de crema hidratante. “¡ay!” dijo 44, pero la inyección ya estaba puesta, mi pene estaba adentro. Lo bombeé suave, luego más rápido y finalmente era un poner y sacar mientras sentía que las manos de 44 apretaban de dolor las mias, y mi leche fue a parar bien adentro de su cuerpo.

Luego lo puse de frente y le miré fijamente a los ojos. Pensaba en silencio: “te he elegido nuevamente. Otra vez apuesto por vos, Nuevamente saliste ganando…porque te amo”. Pero eso no podía decirle. 44 no sabía nada que desde hacía tres meses tenía una relación a sus espaldas, y nada más y nada menos que con su hijo menor. Él no imaginaba que acababa de dejar a Uriel.

Uriel se parece físicamente a su padre: altos, delgados pero marcados, con traseros redondos, piel bronceada natural, ojos verdes, sonrisas permanentes y dientes perfectos. La diferencia está en sus cabellos: 44 los tiene castaño, cortados, y lacios y Uriel rubio, ensortijados y largos. Otra diferencia es la edad, mi amante tiene 44 y es casado, y Uriel tiene 18 y es soltero. Otra diferencia: uno es el padre y el otro es el hijo.

Ni el padre sabe que me acosté con su hijo, ni el hijo sabe que soy el amante de su padre. Nadie sabe nada: solo 44 y yo por una parte. Sólo Uriel y yo por la otra.

Hace dos semanas atrás, después de tener sexo, posiblemente uno de los más excitantes de mi vida, Uriel me hizo una propuesta formal: “Emmanuel, quiero que seas mi pareja y yo le pregunté que cambiaba eso si ya teníamos sexo. El me respondió: “cambia la intimidad, la fidelidad y el respeto”. En aquella oportunidad solo atiné a bajar la vista, pero al no rechazarle aumenté su esperanza. Hice mal.

Después de hacerme esa propuesta, Uriel comenzó a comportarse como si fuéramos novios. Me iba a buscar a los lugares donde frecuento: me buscó en el gimnasio, en mi casa, y tal fue la sorpresa cuando el domingo apareció en la misa a la que concurro con mi familia, siendo que somos creyentes y él como su familia no lo son.

Me buscó en el colegio donde trabajo (soy flamante profe en Historia y logré conseguir 10 horas cátedras), y un día me hizo una escena de celos con un joven colega de esa escuela. Una semana después de la propuesta y ante los gestos de Uriel fui arrepintiéndome de haber avanzado tanto con él.

El martes pasado, le pedí que no tuviéramos sexo. Le dije: “quiero que conversemos, contame acerca de tu vida”. Uriel aceptó y mientras caminábamos fue descubriendo ante mi toda su intimidad, su pasado familiar, su infancia. Confieso que llegué a conmoverme en distintos momentos, porque realmente aprecio al hijo de mi amante.

Me dijo: “cuando te conocí iba a cumplir los 15, te tenía bronca porque te hiciste amigo de toda mi familia menos de mi. Me tratabas como un pendejo y no te quería tener cerca. Pero con el tiempo me fui metiendo contigo. A los 16 creo que estaba enamorado de ti. Aguanté estos dos años porque tenía miedo. Nunca lo había hecho con nadie y temía también tu rechazo.

El día que me masturbé en tu habitación mientras vos fingías que dormías, yo me di cuenta y eso me animó a buscar la ocasión de tenerte y esa oportunidad llegó la noche en que festejábamos el cumpleaños de mi padre. Esa noche fuimos los últimos en dormirnos, y luego aparecí en tu habitación.

Te juro que fue la primera vez que había tenido sexo con alguien. Y esa primera vez será inolvidable, no solo porque gocé, sino porque me di cuenta que estaba enamorado de ti. Vos querías justificarte diciendo  que estabas borracho, pero yo me di cuenta de que estabas excitado y que también me amabas.”

Ese martes quedé asustado porque descubrí que Uriel estaba realmente enamorado de mí, y comencé a sentirme culpable, porque yo no podía corresponderle. Uriel es libre, soltero, joven y hermoso. 44 es casado, está comprometido con una familia y un entorno, me lleva 20 años. Pero yo lo amo, estoy enamorado de él: ese es el punto decisivo.

Este fin de semana, me encontré nuevamente con Uriel. Estábamos solo en la cabaña de su tío. Fuimos a limpiarla. Fui con el propósito de hablar nuevamente. Pero cuando llegamos y quise comenzar. El me interrumpió diciéndome: “no me vengas a decir que hoy tampoco tendremos sexo”. Sin dejarme contestar me tomó de las muñecas y me hizo retroceder contra la pared, me aferro los brazos en alto y sus labios se precipitaron sobre los míos que solo atinaron a pretender aclararle sobre mi decisión.

Su lengua ingresó en mi boca y su bulto refregaba mi bulto. Luego sin darme tiempo a nada me arrebato la remera y comenzó a lamer mi cuello. Soy débil para esas situaciones. Nuevamente cedía al impulso de ese muchacho que tiene el don para convertirse en fuego cuando él quiere y de incendiar lo que tiene a su paso, y yo estaba frente a él.

Mientras  se sacaba la ropa me pedía que me bajara los pantalones. Demoré. Dudaba. El ya desnudo, me bajó el short que tenía y el calzoncillo también. Ya seducido dejé que él siguiera, y siendo dueño de una magia increíble, comenzó a besarme todo el cuerpo. Sus cabellos largos me hacían cosquillitas mientras sus carnosos labios invadían todos mis sentidos.

Me puso los pies sobre sus hombros y comenzó a hurgar mi orificio. Una vez dilatado, yo estaba como desvanecido. Gozaba de ese ímpetu extraordinario del hijo menor de mi amado. Exteriormente estaba pasivo, pero todas mis entrañas despertaban activas cuando el miembro de Uriel comenzó a avanzar sobre las paredes de mi esfínter.

Al poco tiempo estaba ensartado, y él como un huracán irrespetuoso me culeaba como si fuese la última vez. Sus manos de niño grandote me alzaban de la cintura, mientras mis piernas se arqueaban sobre su cuello. Uriel jadeaba y explotó. El volcán hacía erupción y la lava salía a borbotones del cráter de mi culo. No pudo derramar bien adentro, así que sentí como su semen se desparramaba por mis glúteos y goteaban al piso.

Le dije que me hiciera la paja. Uriel extrañado me preguntó: “¿no vas a penetrarme? ¿No vas a disfrutar mejor que una paja?” Le llevé su mano a mi verga y le incentivé a frotármela. Así lo hizo. En segundos, Uriel estaba entregado a pajearme. Una masturbación excelente. Le saqué las manos cuando iba a eyacular y ante su mirada desconcertada, le rocié su cara con mi semen.

No fue por desprecio, fue por calentura. Luego le di la espalda y le pedí que se lavara la cara. Limpiamos la cabaña. Fueron dos horas en silencio. Cuando terminamos. Me fui al patio y me apoyé en un árbol. Uriel se acercó y antes que me hablara le dije: “Uriel, me resulta difícil esto que voy a decirte. Eres joven, eres hermoso, y hay quienes estarían dispuestos a amarte de la manera que quieres que te amen. Yo no puedo amarte así.

Siento que te hayas enamorado. Pensé que lo nuestro no iba más allá de una calentura. Pero yo también comencé a sentir cosas para la cual no estoy preparado. Hoy venía dispuesto a no tener sexo. No quiero seguir alimentando tu expectativa. Aunque te duela tengo que decirte que no quiero seguir esta relación. Es por tu bien. Esto pasará y conocerás otra gente.

Eres bello y estoy seguro que no faltaran oportunidades. Debes conocer  más gente. Yo fui tu primera vez, pero si no detenemos esto terminaremos heridos los dos.”
Uriel me tapó la boca con la mano y me interrumpió: “¿estas enamorado de otro?”. Era peligroso decirle la verdad, pero no se que me pasó y le dije “si”.

El me preguntó: “¿tu ex compañero de facultad?” y no quise seguir mintiéndole, lo aparté de mi y le respondí: “no importa con quien”. Regresé a la cabaña y después de caminar unos 30 metros me di vuelta y él estaba en el mismo árbol, su frente apoyada sobre el tronco, un brazo sosteniéndose de él y el otro caía derrotado.

Uriel estaba llorando. Respeté su dolor y entré a la cabaña, me vestí, cerré la casa y lo esperé en el auto de mi madre. Regresamos como la última vez: en silencio. Cuando llegamos a su casa y bajó del auto, se fue a mi ventanilla. Me miró fijo, lo miré expectante. Me dijo: “no está dicha la última palabra”, se dio vuelta y entró sin volver nuevamente el rostro y la mirada. Cuando la puerta se cerró, arranqué, regresaba con el corazón en la mano.

Hoy me refugié en el amor de 44. Acaba de regresar a su oficina. Tomé la computadora y comencé a escribir. Las lágrimas de Uriel lo ayudaran a madurar y posiblemente en la vida tenga que llorar todavía. Yo siento alivio. Me tranquiliza no estar traicionándole.
Hoy pregunté a 44: “si tuvieras una oportunidad con un chico o una chica ¿qué harías?” y él me respondió: “nunca oculté que tengo oportunidades y vos fuiste testigo de algunas de ellas. Emma: en mi vida no quiero tener otras oportunidades que aquellas que me dan tu amor”. Y curiosamente con el mismo gesto de su hijo me tapó la boca suavemente con su mano y me dijo: “y no compares con Salomé. Ustedes son irrepetibles para mí y no son competencia. Emma, te amo: hoy no podría dejarte y menos reemplazarte”.

No se que pasará en el futuro. No se cuál será el comportamiento de Uriel. Siento que he cerrado un capítulo en mi historia. Mi amor por 44 se expresa de manera contundente y con renovada apuesta.

Autor: Emmanuel

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Escrito por Marqueze

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6 Comentarios

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  1. fuiste muy valiente de tu parte haberle dicho que no a Uriel, él no merece estar contigo, y bueno, está enamorado porque fuiste el primero, ojalá se consiga alguien mejor que tú, alguien libre y que engañe a nadie, eso es ser ruin, porque tú le tienes a 44 tannnnn enbobado, ponte en su lugar, que pasaría si se entera que lo engañas con su hijo, él también se pondría mal y diría tanto tiempo mentiendome con ese joven, arruinando mi matrimonio, la vida de salome para que me engañe con alguien de mi propia casa??
    tu no amas a nadie, por algo te habrán violado, usas esa excusa para que los demas te tengan lastima.

  2. No se si te llegó el 1º comentario, quiero darte gracias. Hay gente que me escribió a mi correo coincidiendo, otros disentiendo e inclusives irritadospor mi actitud con Uriel. Gracias facu. Un abrazo. Emma.

  3. Gracias Facu…hay gente que me escribió al correo coincidiendo con mi decisión y otros disentiendo e iclusive algunos irritados por mi actitud con Uriel. Gracias Hasta pronto. Emma

  4. este es segundo comentario que hago, nose que pasa con esta mierda que no lo veo publicado….
    te decia que estoy re enganchado con tu historia y estoy impaciente por el proximo relato, te mando un abrazo. FACU de jujuy

  5. EmmA: hermano estas hasta las bolas con 44. mas que nunca tengo ganas de saber como sigue tu historia. UN PLACER SEGUIRLA. FACU de Jujuy

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