MELIDA I

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He leído muchos de los relatos publicados, algunos francamente me parecen fantasiosos, otros no tanto, con sus dosis de realidad, pero la mayoría me parecen acartonados, como si una sola persona los escribiera, siguen una rutina en la que todos los relatos tienen los mismos pasos: mamada, penetración vaginal y anal, en ese orden.

Lo anterior lo escribo no con el afán de ofenderles, únicamente como una observación para mejorar los relatos y darles mayor versatilidad, yo quiero aportar mi granito de arena contándoles como me empecé a coger a mi cuñada.

Por razones obvias debo cambiar los nombres de las personas y lugares donde sucedieron los hechos, solamente les diré que escribo desde el sureste mexicano.

Todo empezó hace aproximadamente 2 años cuando mi cuñada Mélida; la cual está casada con un doctor y tiene tres hijos, estaban pasando por una etapa crítica económicamente, el doctor no tenia empleo y se dedicaba a jugar béisbol los fines de semana, y cada vez que jugaba llegaba bien borracho y sin ni un peso en la bolsa.

Mélida tiene actualmente 55 años, ojos color aceituna, 1.65 de estatura, complexión delgada, medidas normales, bonitas piernas a pesar de la edad, debido a que hace como 15 años le extirparon la matriz, debe realizar ejercicio diariamente y consumir calcio, camina 5 Km. diarios en su caminadora y está dedicada por completo a los quehaceres del hogar, por las mañanas atiende al hijo más joven, 18 años, el cual sale muy temprano a la universidad y vuelve hasta la tarde.

El doctor en ese tiempo, se iba con sus amigos beisbolistas a un taller mecánico y no llegaba hasta después de las 9 PM; a veces con aliento alcohólico, actualmente trabaja en una paraestatal, y económicamente les empieza a ir mejor. Por esos días yo era administrador de una posta lechera, mi jornada comenzaba a las 4 AM y a partir de las 8 AM tenia toda la mañana libre hasta las 2pm que reiniciaba mi trabajo; sabiendo la difícil situación que atravesaba mi cuñada y sobrinos, y sin ninguna intención, empecé a llevarles todos los días leche y queso, las primeras veces no pasaba, nada mas la llama desde la puerta y salía a recibir el obsequio, así estuve como una semana, entonces se me ocurrió preguntar como andaba la despensa, ella me dijo: -No tengo nada en la alacena.

– Si no te ofende puedo traer algo – le dije.

-Está bien- me respondió apenada – No te mortifiques- le dije poniendo una mano en su hombro – No se que piensa este hombre- dijo. Al día siguiente le surtí su despensa, ella muy agradecida me dijo: -¿Quieres un café? Si no es molestia-respondí.

Lo anterior se volvió rutina, todos los días yo llegaba con algo en la mano, leche, carnes cereales, fruta, etc., y ella me invitaba café, ella aprovechaba esos momentos para platicarme todas sus desventuras.

En ocasiones sollozaba y yo la abrazaba confortándola, después con mayor confianza me platicaba de sus dolencias, por esos tiempos debido a la escasez no tomaba el calcio y empezaron a dolerle las articulaciones, yo comenté lo anterior con un viejo indígena que laboraba en la posta, el cual me proporcionó un preparado de hierbas para friccionar la parte adolorida, hasta ahí todo era una relación de cuñados sana. Ese día llegué y le comenté qué le había conseguido con el viejo -Te lo agradezco, por que me duelen las piernas y los codos -Cuando venga el doctor dile que te lo ponga -A ese no le intereso -Pues dile a los muchachos -Nunca están, siempre esta en casa de los amigos, y no los culpo, si no fuera por lo que tú nos traes, no comerían.

– Pues si no te incomoda yo puedo ponértelo.

Se puso colorada e inhalando fuerte dijo: -Nno sé, me da pena molestarte, ya es bastante lo que haces por nosotros -No es ninguna molestia -Está bien nada más deja que me bañe por que ese preparado debe ser caliente.

Mientras ella se bañaba me senté en la sala a ver los noticieros, hasta ahí por mi mente no pasaba ningún pensamiento erótico. Cuando terminó de bañarse salió a la sala envuelta en un bata que le llegaba a los tobillos, tipo japonesa, su cabello envuelto en una toalla.

Le pregunté si esta lista y por respuesta se sentó en el sofá, subiendo sus piernas, quedando semi sentada, ya antes me hab&iacut

e;a dicho que le dolían los codos, los tobillos, rodillas y caderas.

Empecé masajeando suavemente sus brazos, ella nada más miraba, tardé un buen rato frotando y de pronto me dijo: -Realmente es bueno, se me está quitando el dolor.

-Bien. Empecé a frotar sus tobillos y fue ahí cuando noté, como que Mélida suspiraba y se relajó tendiéndose por completo en el sofá, cerró sus ojos y se puso muy flojita. Yo seguí con mi labor y poco a poco fui subiendo mis manos por sus pantorrillas, para entonces el morbo se me había despertado y mis masajes ya no eran caricias a esas exquisitas piernas; cuando llegué a sus rodillas ella se encontraba como aletargada, sus ojos me miraban de una manera cálida, su boca se veía reseca, su respiración se hacía acompasada, aquello parecía provocarle placer, o ¿era mi imaginación calenturienta ya? Realmente me daba temor seguir subiendo mis caricias, por temor al rechazo o que pensaría ella, sin embargo concentrándome en el masaje levanté su bata un poco más, ella levantó sus piernas y se la coloqué un poco más arriba de donde terminaría una minifalda, ella entrecerró los ojos y con más atreviendo puse mis manos arriba de sus rodillas, era excitante tener ese espectáculo enfrente.

De manera disimulada subí más la bata entonces pude apreciar su entrepierna, traía puesto una pantaleta blanca, tamaño normal, en la que se sombreaba un manchón oscuro, a los lados se podían ver unos pelos enormes de largo, seguí masajeando sus piernas subiendo mis manos, entonces me di cuenta que ella había metido sus manos por las mangas de la bata, que eran anchísimas, y se masajeaba los senos, entonces poco a poco fui bajando su pantaleta, no quería romper el encanto; para esas altura tenia la verga dura como mástil de barco, al sacar sus calzones seguí con las caricias en sus piernas sin tocar para nada la enorme maraña de pelo entre los que ya habían varios canosos, con una mano empecé a aflojar y sacar mis pantalones, cuando estaba en bóxer y camisa, empecé a subir mis manos por debajo de la bata, cuando masajeaba su estómago, sentí como si temblara, continué con delicadeza hasta llegar a sus tetas, que ricas y duras las sentía.

A pesar de su edad y el poco uso, estaban apetecibles totalmente, mientras me despojaba de todo, poniéndome a un costado le agarré su mano y la puse directamente en mi verga que reclamaba atención y ya lloriqueaba de emoción a escurrírseme el líquido pre seminal, con recato al principio y después lentamente empezó a masajeármela de abajo a arriba, mientras yo apoyaba una mano en su hermoso y peludo monte y despacio muy despacio exploraba toda el área bajando hasta sus labios, gordos y peludos, donde me detuve y con un dedo fui abriéndolos, esa boquita estaba totalmente húmeda, sin ningún esfuerzo mi dedo penetró, sentí lo caliente de esa hermosa vulva, poco a poco comencé a deslizar mi dedo, hasta ese momento no habíamos pronunciado palabra alguna, ella jadeaba y empezó a abrir la boca como si se ahogara, con toda delicadeza y sin sacar el dedo besé su boca, ella como que despertó de su letargo abrió los ojos y me miró, yo seguía con mis caricias a sus labios vaginales, ella levantó sus brazos y me abrazó fuertemente diciendo: -Házmelo, házmelo tiene como dos años que no cojo.

Aquella confesión me enardeció y sin más preámbulo busqué el clítoris, estaba duro y bien parado, fui besando sus hermosas tetas las mordisqueaba las apretaba con mi otra mano y poco a poco fui bajando hasta llegar a donde iniciaba aquella enorme mata de pelo, los tenía enormes de largos, olían riquísimo, fui bajando mis caricias hasta llegar a su clítoris, lo agarré entre mis labios y se lo succioné empecé a meter un dedo en su vagina, mientras no me despegaba de aquella pepita fabulosa, ella solo gemía -si, sssi hazme lo que quieras, cógeme, cógeme, métela, métela. Empecé a sentir como sus piernas se contraían, me jaló del cabello pegándome más a su peluda vulva y empezó a contraerse plenamente a tiempo que decía.

-ya, ya, ya mi amor, me vine, me vine. Entonces subí a su boca y empecé a besarla, en los labios en la comisura en sus ojos, aquello le desató nuevas oleadas de placer y solo se retorc&ia

cute;a murmurando incoherencias.

Estando así me acomodé encima de ella y fui colocando la punta de la verga en sus labios recién chorreados, y lentamente la apoyé en la entrada, sin dejar de besarla y acariciarle los senos se la fui introduciendo milímetro a milímetro, cada movimiento mío desataba oleadas de placer en ella que se revolvía como serpiente en brama, no se cuantos orgasmos tuvo, pero llegó un momento en que sentía la verga tan dura que me dolía, empecé a bombear con más fuerza y ritmo al poco rato ella volvió a retorcerse y a gritarme -métela, métela papito Entonces empecé a acariciarle las nalgas y poco a poco mis caricias fueron acercándose al agujero negro, sin embargo al intentar acariciar el redondel, me quitó la mano diciendo entre suspiros.

-no no por ahí no, es sucio. para no romper el encanto me concentré en su vagina que rezumaba de jugos y sin más se la saqué totalmente bajando de inmediato a mamar aquella vulva peluda que le chorreaba néctar por todos los pelos, ella empezó a gemir y al ver que se acercaba otro orgasmo dejé de mamársela y le clavé la verga de golpe, ella empezó a contraer sus músculos vaginales y a abrazarme fuertemente clavando sus uñas en mi espalda provocándome inmenso placer y eyaculando en su interior con una fuerza y emoción que sentía la forma como su vagina se llenaba de mi leche.

Quedamos abrazados uno encima del otro, después de reponerme un poco, levanté mi cara ella aún tenía sus ojos cerrados y empecé a besarla por toda la cara, ella se despertó del letargo y ronroneaba como gata en celo, y así sin salirme y con la verga ya media flácida, empezó a mover sus caderas a un ritmo muy lento, nos seguimos besando, mamaba sus tetas se las mordía y nuevamente empezó a contraer sus músculos vaginales yo estaba totalmente asombrado mi verga respondía nuevamente y en poco tiempo le inundé nuevamente de leche su rajita, después de eso ella me empezó a acurrucar en su pecho, en la misma posición que estábamos.

Nos levantamos y le dije- -Fue maravilloso, gracias. Mientras la besa tiernamente en los labios.

-Estoy apenada no se que me pasó. Me decía -Tranquilízate, es natural, dos años sin carne humana es mucho.

-Gracias, agradezco tu comprensión.

-No te preocupes yo estaré aquí cuando me necesites Y tirándose a mis brazos dijo susurrante -Si mi amor quiero mi lechita diaria, pero de este- agarrándome la verga flácida y riéndose pícaramente.

-Báñate por que estás oloroso, mientras yo acomodo todo-me dijo finalmente.

Así fue como me empecé a coger a mi cuñada, más adelante si este relato los gusta les contaré como mi cuñadita le agarró gusto a mamarme la verga ya que jamás a sus 55 años lo había hecho y como por fin logré desvirgarle ese culito que aun con sus años apresa de lo lindo.

Autor: xincognito

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Escrito por Marqueze

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