Memorias de una anciana caliente y morbosa

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Mi padre se subía sobre mí con la verga bien parada para masturbarse en mis nalgas, me dejaba bien mojada y no me gustaba, un día le dije que mejor me quitaba los calzones y esa vez me penetró y con él perdí mi virginidad. Como no quería que me embarazara siempre se venía afuera, luego me empezó a penetrar por atrás y por la boca, él me enseñó a mamar la verga y desfloró mi ano.

Hola, me llamo Isabel, pero me dicen Doña Chabe, tengo 58 años y soy de un pueblo que se llama Campo Morado en el Estado de Guerrero, pero actualmente vivo en Cuernavaca. Hasta los 48 años viví con mi esposo y a pesar de que tuve la satisfacción de tener 3 hijas y 4 hijos con él, mi vida sexual fue muy complicada pues varias veces le puse los cuernos, unas veces por necesidad y otras francamente por gusto, pues él no me satisfizo nunca, solo me usaba sin importarle mis necesidades de mujer, aunque eso si debo reconocer que su pene es grande y eyaculaba abundantemente.

Desde joven fui francamente morbosa. Pero mi experiencia sexual empezó con mi padre cuando murió mi madre, en ese entonces yo tenía 18 años. Como el pueblo es muy chico y está muy aislado, mi papá comenzó a usar a mi hermana mayor como su mujer durante un tiempo hasta que se fugó con un señor que iba al pueblo a vender cosas, entonces comenzó a usarme a mí. Mi hermana me platicaba como se la cogía mi papá, así que cuando una noche me dijo que me volteara, me puse en cuatro, pero me dijo que mejor acostada.

Así, en las noches se pasaba a mi cama mientras mis hermanitos dormían, me acostaba de espaldas, me manoseaba hasta que se excitaba, me alzaba la falda y se subía sobre mí con la verga bien parada para masturbarse en mis nalgas, me dejaba bien mojada y no me gustaba, hasta que un día le dije que mejor me quitaba los calzones y esa vez me penetró y con él perdí mi virginidad. Como no quería que me embarazara, siempre se venía afuera, pero luego me empezó a penetrar por atrás y por la boca, de hecho él me enseñó a mamar la verga y desfloró mi ano.

Después como en el pueblo ya había rumores de que mi papá me usaba como su mujer, me fui con el que hasta ahora es mi esposo que es 12 años más grande que yo. Me cogía todo el día, se me montaba y se vaciaba y siempre me dejaba a medias. Después de que tuve a mi primera hija nos fuimos a un pueblo que se llama Apaxtla pues ahí estaban contratando gente para trabajar en la construcción de la presa de El Caracol, pero el primer día fue terrible porque llegamos sin conocer a nadie, entonces él me dejó con una señora que vendía comida desde las 10 de la mañana, total que eran las 8 de la noche y él no llegaba y dejé encargada a mi hijita y me fui a buscarlo.

Resulta que se había emborrachado y se había peleado en el billar del pueblo y estaba en la cárcel. Fui a preguntar por él pero como había roto varias cosas, teníamos que pagar una multa y los daños. Yo no tenía dinero ni donde quedarme, entonces fui a ver al dueño del billar y desde que entré todos me empezaron a chiflar y a decir de cosas porque no era común que las mujeres entraran a ese lugar, pero bueno hablé con el señor y le pedí que retirara los cargos, pero me dijo que no; le rogué y le rogué hasta que me dijo que como era mucho dinero y yo no tenía pues que me portara bien con él.

Yo no sabía que hacer y me quedé un rato ahí parada sintiendo la mirada burlona de todos, pues aunque iba con vestido largo y un chal pues estaba muy joven y no era tan fea; siempre fui delgadita y bajita de estatura pero bien formadita, mis senos estaban bien llenitos y aunque no me pintaba, me salían mis chapitas naturales. Total que como no me iba, el señor aquel me dijo que me esperara tantito y me pasó atrás del mostrador. Yo lloré y lloré y pensé que él me iba a decir que si retiraba los cargos. Sin darme cuenta el billar se fue quedando sólo y al poco rato lo cerraron, sólo estaba el dueño y dos hombres más viejos que él que eran sus compadres. Me habló y me preguntó que que había decidido, yo le volví a pedir que retirara los cargos en contra de mi esposo pero no me hizo caso y entonces me dijo que sólo los retiraba si me portaba bien y le daba las nalgas.

Para eso los otros hombres ya me tenían rodeada y me empezaron a manosear, yo me defendí un poco pero me di cuenta que ya no podía hacer nada y sólo me puse a llorar más fuerte, pero no les importó, me desnudaron, me acostaron en una de las mesas del billar y me empezaron a besar por todos lados, uno de ellos me comenzó a chupar las chichis y comencé a tirar leche, lo que los volvió locos, todos querían probarla y se me pegaban en los pezones uno de cada lado mientras otro comenzó a chuparme el chochito. Ahí ya no me resistí y hasta comencé a acariciarles el pelo y a gemir de placer.

Cuando comenzaron a penetrarme, me acuerdo que le agarré el pene a uno de ellos y se lo comencé a sobar. Esa noche volví a mamar, pues a mi esposo nunca se lo había mamado ni se lo mamé. Total que se dieron un festín conmigo, me la metieron por todos lados y estaban fascinados con mi cuerpo que no dejaban de manosear. Se vinieron todo lo que quisieron hasta que les pedí que ya me dejaran.

Me vestí y el dueño del billar me acompañó a la cárcel para retirar los cargos. Cuando llegamos él quiso hablar a solas con el juez y después me di cuenta de que fue lo que le dijo. Por fin se fue el señor aquel y entonces el juez me dijo que ahora solo tenía que pagar la multa y pues otra vez la burra al trigo, se la tuve que mamar y dejarme coger en un baño pestilente para que soltara a mi esposo, solo que ese tipo me bañó la cara con sus mocos. Total que por fin salió mi esposo y estaba tan borracho todavía que prácticamente lo tuve que cargar hasta la casa de la señora donde había dejado a mi hijita.

En el camino iba entre enojada y contenta, enojada con mi esposo por irresponsable pero satisfecha por haber tenido por fin varios orgasmos. El semen de los viejos del billar me escurría entre las piernas, en la boca tenía un fuerte sabor a semen, mis pechos estaban prácticamente vacíos y la cara la sentía estirada por los mocos resecos, pero el gusto nadie me lo quitó.

Los días siguientes fueron muy difíciles para mí, no teníamos casa, mi esposo no encontraba trabajo y mi hija pues estaba muy inquieta y se me enfermaba mucho. Además yo no quería que nadie me viera, pensaba que ya todos sabían que había estado con aquellos hombres en el billar. Por fin mi esposo encontró un trabajo de peón de electricista, rentamos un cuarto, pero de todas maneras no alcanzaba el dinero. Un día mi esposo había salido a otro pueblo y en la tarde me mandó un recado de que iba a regresar hasta el día siguiente.

Salí a comprar algunas cosas y me encontré al dueño del billar que entonces supe que se llamaba Mardonio y tenía 45 años. Me comentó que mi esposo seguía yendo a emborracharse al billar y me preguntó como andaba de dinero. Le dije la verdad, que andaba mal y me dijo que ya sabía como él me podía ayudar. Pasaron los días y un sábado mi marido se gastó toda su paga en una borrachera, así que el domingo no tenía ni un quinto y la verdad me acordé de aquel señor y lo fui a ver. Ahí me enteré que también tenía una tienda y me dijo que me fuera para allá y que lo esperara.

Así le hice y al poco rato llegó y él mismo me despachó lo que le pedí, entonces me dijo que me pasara a una bodeguita que tenía, acomodó unos bultos de harina, me recostó y comenzó a acariciarme y a besarme y yo también lo besaba, por cierto nunca me habían metido la lengua en la boca y eso me excitó mucho. Tenía además unos brazotes, unas manos grandes con dedos gordos y callosos que me encantaban cuando me los metía en el cochito y en la colita. Como pesaba en ese entonces 50 kilos, pues me cargaba y me hacía como muñequita cuando me cogía y eso me gustaba mucho.

Recuerdo bien su ritual, primero me comía a besos hasta dejarme casi sin respiración, luego me desvestía, me chupaba y apretaba las chichis y se tomaba mi leche y luego me chupaba y la panocha, me metía la lengua en mi ano, me dedeaba de lo lindo y luego me la metía y sacaba durísimo hasta que se salía para venirse en mi cara y luego me ponía a mamárselo hasta que se le ponía duro otra vez y se vaciaba en mi boca. Así me pasé como tres meses. A veces llegaba todavía húmeda al cuarto y mi esposo se me subía y como siempre se vaciaba en mí.

Mi esposo comenzó a preguntarme que de donde sacaba yo tanta cosa y yo le decía que iba a la tienda de don Mardonio a hacer el quehacer. Pero las cosas comenzaron a complicarse pues don Mardonio comenzó a llevar a sus amigos a nuestros encuentros y a veces tenía que hacerlo hasta con cuatro, lo bueno era que me daban dinero, pero además comencé a preocuparme porque aunque les decía que no se vinieran dentro de mí, algunos no se aguantaban y se venían ahí. También comenzó a gustarme mucho esa situación, especialmente mamar una verga o dos mientras otra me la metían.

Un día todos quisieron hacérmelo por atrás y me dejaron muy adolorida y me salía sangre cuando iba al baño, hasta tuve que pedirle a Don Mardonio que me diera dinero para ir al doctor, un viejito que se aprovechó de la ocasión para dedearme hasta que me hizo tener un orgasmo. Pero lo peor fue cuando comenzaron a ir a buscarme a mi cuarto y don Mardonio comenzó a mandarme recados. Además siempre que iba a la bodeguita esa, hacían bromas de mi esposo y don Mardonio me decía ya que habían terminado todos, que me fuera a mi casa para que mi marido me removiera el atole y cosas así.

El colmo fue cuando dejé de reglar, me imaginé muchísimas cosas y entonces de plano le dije a mi esposo que me regresaba al pueblo. Así fue que me regresé y efectivamente estaba embarazada, yo tenía el temor de que mi hijo no fuera de mi esposo, pero cuando nació mi segunda hija, afortunadamente es la que más se parece a él.

Después de tener a mi hija, mis días se pasaban cuidando a las niñas, lavando, haciendo comida y yendo por leña al campo. Mi esposo iba cada quince días y la verdad yo ya estaba acostumbrándome a tener relaciones sexuales, así que comencé a masturbarme, primero con mis dedos y luego buscaba cosas para hacerme penes como plátanos, botellas y cosas así.

Por ese entonces mi papá ya se había llevado a vivir a la casa a una muchacha, pero todavía me buscaba y me lo hizo varias veces ya estando casada; a él también le gustaba mamarme las chichis y tomarse mi leche, que afortunadamente me alcanzaba también para mi hija, pues a la mayor ya le había quitado el pecho. Un día conocí a un ingeniero que llegó al pueblo a revisar unas minas, me lo recomendó el comisario municipal para que le diera de comer y al tercer día ya me estaba enamorando. Yo le expliqué mi situación y como no podía meterlo a cualquier hora a la casa, acordamos vernos en la noche en una barranquita, así que desde ese día comencé a tener relaciones con él. Era un hombre joven pero más grande que yo, cuando yo llegaba al lugar convenido, él ya tenía puesta su colchoneta en el piso y ahí me acostaba para que me besara y me cogiera.

A él le gustaba desvestirme mientras me besaba y manoseaba toda y ya desnuda me chupaba toda, desde los dedos de los pies hasta la boca y claro, las chichis y la panocha. Hacíamos mucho el 69, me encantaba porque él me lamía la vagina y el ano y lo hacía muy bien. Realmente él me enseñó a mamar la verga, me iba diciendo cómo con mucha calma y le encantaba que se la apretara con la garganta. Al principio me costaba trabajo y hasta me daban ganas de vomitar cuando me la metía toda, pero él me dejaba de tarea comerme un plátano sin morderlo y deshacerlo con la garganta, así aprendí a mamarlo y créanme que muchos hombres deben habérselo agradecido, sin saberlo. Le excitaba mucho verme mamándosela y me decía que como tengo la boca chica, la apretaba muy bien. Cuando la tenía toda adentro le gustaba que le lamiera los huevos con la lengua y que le mordiera el tronquito, cosa que hago hasta la fecha cuando se la mamo a alguien.

Un día se extrañó porque ya que me había venido y me tenía a punto de vaciarme otra vez, le pedí que me la metiera en el culo. Me dijo que nunca lo había hecho porque ninguna mujer lo había dejado, entonces me acomodé, le tomé la verga y me la fui metiendo poco a poco, se puso feliz y me llenó de semen el intestino como nadie me lo había hecho. A veces llegaban a buscarlo otros ingenieros que iban de Iguala y como tres o cuatro veces llegó con ellos a nuestra cita, solo que no les gustaba hacérmelo entre todos y me lo hacían uno por uno.

Así pasaban mis días en ese tiempo; en las mañanas llegaba mi papá a buscarme, y entonces se ponía a mamarme las chichis, decía que iba a desayunar. Luego yo se la mamaba y ya que la tenía bien dura, me hincaba en la orilla de la cama para que me cogiera por delante y por atrás donde siempre se venía. Tal vez les parezca raro, pero aunque lo veía como mi papá, también me gustaba lo que me hacía como hombre, yo creo que lo arrecha se lo saqué a él. En la tarde llegaba a comer el ingeniero y a veces me metía debajo de la mesa para mamársela y para que no nos vieran mis hijas, en las noches me iba a esperarlo a la barranquita para disfrutarlo todo y los sábados llegaba mi marido y me ocupaba todo el día.

Luego mi esposo consiguió un trabajo en Chilpancingo y ahí viví muchas cosas más, pero eso se los contaré después.

Autora: Chabelita

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Escrito por Marqueze

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4 Comentarios

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  1. hola señora que buen relato soy de guerrero tambien , y me soprendio este relato espero tener noticas suyas

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