Mi adorable novia Virginia (XVI): En el bufete de abogados

trayecto

Mi adorable novia Virginia sabía que había contraído una deuda con el prestigioso abogado don Onofre en la comisaría de policía (ver Mi adorable novia Virginia (XII): En la comisaría), pero no quería ni recordarlo. Habían pasado unos cuantos viernes y ella no cumplía su palabra. El abogado, para cobrar sus altos emolumentos, había hecho un trato con mi novia: ella visitaría cada viernes su bufete y así, al cabo de unas semanas, habría saldado su deuda.

Pero Virginia, que se avergonzaba enormemente de lo que había sucedido ese día en la comisaría, no quería ni pensar en ello y decidió que en ningún caso haría lo que el abogado le había pedido. En realidad no había nada firmado y don Onofre no podía denunciarla por eso. Es más, ella creía que si don Onofre la presionara para que lo visitara, ella podía ir a la policía y denunciarlo a él. En algún momento había pensado que podía intentar pagar la deuda de la manera normal, es decir, con dinero. Podía pedirle a su papá el dinero. Pero era una cantidad muy alta y no sabía qué motivo podía dar a su padre; en ningún caso podría contarle la verdad, claro. También estuvo pensando en pedirme a mí el dinero, pero quería evitar a toda costa que yo me enterara de nada y mejor ni mencionarme el tema de la deuda. Yo soy su único amor y de ninguna manera querría disgustarme o perderme para siempre.

El miércoles día 5 de abril, don Onofre llama por teléfono a mi novia:

– Hola, señorita Ibars, soy su abogado y buen amigo don Onofre. Supongo que se acuerda de mí. Han pasado varias semanas y usted no está pagando su deuda. Siento decirle que cada día que pasa, el importe aumenta. Usted me había “pagado” un 10 % de mis servicios y por lo tanto le quedaba un 90% de deuda. Mire, ya ve que hasta ahora no le he recordado sus obligaciones pero un trato es un trato y usted debe cumplirlo.

– Don Onofre, usted sabe que no es un trato justo ni legal. Usted se aprovechó de mí en un momento difícil, sabe que me habían robado el bolso y… bueno, todo lo que pasó en la comisaría.

– Sí, sí, me acuerdo muy bien. Y por eso, precisamente, quiero “cobrar” de la manera que acordamos.

– Bueno, haré lo que pueda para tener el dinero, si le parece, le iré pagando poco a poco. Le haré un ingreso enseguida que pueda.

– No, no, acordamos que usted me visitaría todos los viernes hasta que hubiera saldado su deuda. Así que…

– Jamás haré eso, don Onofre!

– Usted verá, pero si no cobro ya esta misma semana, aténgase a las consecuencias.

– Don Onofre, puedo recoger unos quinientos euros e ingresárselos a su cuenta, mañana mismo, de verdad!

– Jovencita, nada de dinero en metálico. Acordamos el pago en especias. Y espero que cumpla su palabra.

– Nunca, don Onofre, nunca. Y usted sabe que no puede obligarme, es ilegal!

– Qué sabrá usted de leyes? Inocente. La espero este mismo viernes a las ocho, en mi bufete.

– A las ocho? Pero qué dice? Ese día voy a cenar con mi novio, que me invita a un buen restaurante.

– Pues ya puedes decirle que no puedes. Por lo menos hasta las once de la noche.

– No pienso engañar a Juan. Nos vamos a casar pronto, sabe?

– Bueno, yo en eso no me meto. Tu vienes este viernes a las ocho al bufete y no se hable más!

– No, no y no! No lo haré, nunca jamás!

Mi novia cuelga el teléfono muy enfadada. No pensaba ir a ver al abogado por más que le insistiera. Esa tarde recibió una gran cantidad de mensajes al móvil:

“Señorita Ibars, quedamos en el bufete este viernes a las ocho.”

“Virginia, espero con ilusión su primera visita a mi despacho.”

“Cumplirá su palabra. Sabe que soy abogado y tiene todas las de perder.”

“Anhelo que llegue el viernes para verla de nuevo.”

“No dude en venir. Es mejor para usted.”

“Un trato es un trato. Usted sabe que me debe mucho.”

Y muchos más. Ella decidió no contestar al abogado. Ya se cansaría, pensó.

El jueves, la cosa siguió igual. O peor. La llamó continuamente, le dejaba mensajes de voz… El último, ya cerca del atardecer, decía: “Señorita Virginia Ibars, ya me he cansado de que me ignore. Siento comunicarle que se me ha terminado la paciencia. Ahora se dará cuenta que le conviene cumplir su palabra.” Y ya no la llamó más en todo el día ni le envió más mensajes al móvil. Ella al principio se asustó, pero poco a poco se fue calmando y pensó que el tema ya había quedado zanjado. Después de cenar, oye una llamada al móvil y queda aliviada al ver que soy yo, su novio Juan, quien la llama:

– Virginia, hola, amorcito!

– Hola, Juan!

– Cómo ha ido el día, cariño?

– Bien, bien, como todos. I a ti, Juan?

– Bien, pero mira, me ha llamado un abogado, don Onofre Fernández de Blas, y me dijo que mañana debo reunirme con él, para un tema que me interesa, que te conoce y que hay algo que debo saber. Que sin falta vaya a su bufete a las ocho de la tarde, a no ser que puedas ir tu misma para arreglar el tema. No entiendo nada, qué tema? Tú conoces de algo a ese hombre?

– Yo, don… qué? Espera… quizá…

– Don Onofre Fernández de Blas, dijo. Es raro: sabe que soy tu novio, cómo me llamo, que tú eres Virginia Ibars…

– Ya… don Onofre, sí, me suena… de algo… – mi novia no sabía qué decir, estaba sorprendida, nerviosa y asustada.

– Pero le conoces, le has visto alguna vez?

– Yo… no… no sé…  a ver…

– Bueno, da igual, Virginia, da igual, iré a su bufete y aclararé las cosas, a ver de qué se trata.

– No, no, Juan, no vayas!

– Según él tiene algo muy importante que me interesa conocer. Debo ir.

– Escucha, Juan, ya iré yo, seguramente es una tontería, ya iré, no te preocupes.

– No, de verdad, me dijo que fuera yo. Iré y ya te contaré!

– Por favor, Juan, no!

En ese momento, suena un mensaje de móvil de mi novia: “Qué, señorita Ibars, ya decidieron quién de los dos me hará una visita? Por su bien, y el mío, claro, espero que venga usted. Si sigue pensando en casarse con su novio. Si viene él, le voy a contar todo con los mayores detalles. Aparte de mostrarle unas fotos, gentileza de la policía, en las que usted sale muy guapa pero… bueno, no sé si le van a gustar  mucho.”

– Juan, decidido, mañana a las ocho de la tarde iré yo a ver al abogado!

– Virginia, sabes? Iremos juntos y que nos cuente lo que deba contarnos a los dos juntos.

– No, no, mejor que no. Esto… ahora recuerdo… a sí, le conozco de… de… sí, una herencia de una tía… sí, la pobre murió y…

– Pero que raro que me dijera que fuera yo!

– No, seguro que no me localizó y… se puso en contacto contigo.

– Muy extraño. Lo normal sería que hablara contigo y, si no, con tus padres. No conmigo!

– Ya, pero es que… bueno… la tía… esto… sí, Virtudes no se llevaba bien con mis padres y…

– Bueno, bueno, es igual. Mañana vamos los dos y ya está.

– De ninguna manera, Juan, es cosa mía y soy yo quien debo encargarme.

– Pero…

– Que no, Juan, no se hable más, voy yo sola, mañana viernes a las ocho.

– Vale, vale, mujer, no te enfades!

 

Mi novia estaba decidida a arreglar las cosas de una vez con el abogado. En ningún caso pensaba hacer lo que él quería. A las siete y media del viernes 7 de abril Virginia ya estaba delante del edificio del despacho de abogados Onofre F. de Blas. Había quedado con Juan que cuando saliera iría al restaurante a cenar. A las ocho en punto, entró y subió con el ascensor y entró en el bufete. Ahí estaba el secretario de don Onofre que la hizo esperar unos diez minutos hasta que el abogado salió a recibirla:

– Pase, pase, señorita Ibars, muy amable de visitarme.

– Don Onofre, no se haga el tonto. Vengo obligada.

– Va, hija, no será tanto. Es un placer!

– Un placer… para usted.

– Bueno, bueno, i para usted, Virginia, y para usted, verá como sí.

– No no! Al llamar usted a Juan… bueno, me vi obligada a venir. Estoy muy disgustada y quiero aclarar las cosas.

– Bueno, no se disguste, guapa! Mira, no me hiciste caso y… Pero, oye, cómo vienes vestida así? – la riñe el abogado al verla vestida muy elegante, con un traje pantalón muy discreto.

– Voy vestida como me parece mejor.

– No, no, si guapa si estás, pero, a ver, un trato es un trato. Debes venir todos los viernes vestida muy, muy sexy, tal como quedamos.

– Vengo a hablar con usted y creo que mejor no vestir sexy, sólo faltaría! Mire, como vuelva a molestarme a mí o a mi novio…

– Espera, espera, a ver. Celes! Ven, por favor!

En ese momento aparece el secretario de don Onofre, que le dice:

– Mire, Celes, esta chica tiene una deuda conmigo y no tenía dinero para pagarla. Pero hemos hecho un trato. Dele ropa adecuada y que esté aquí mismo antes de un cuarto de hora.

– Don Onofre, la ropa de…?

– Sí, sí, ya sabe. Y con todos los complementos. Es que no ha venido vestida lo suficientemente sexy.

– Entiendo. Muy bien, acompáñeme, señorita!

– No, no, sólo vengo a hablar con don Onofre.

– Ya hablaremos, ya, luego, después. Acompaña a Celes, guapa. Verás que bien te queda la ropa que te dará.

– Bueno, en fin, vuelvo enseguida a aclarar las cosas. Y así terminamos de una vez.

– Sí, sí, claro, hija.

El secretario y mi novia, entran en un salón con espejos en las cuatro paredes. Abre un armario inmenso lleno de ropa de chica. El muchacho estudia con la vista las medidas de mi Virginia:

– Si le parece, señorita, esta talla mini le quedará muy bien: este top rosa tan pequeño y esta faldita blanca tan corta… A ver, desvístase.

– No, delante de ti? Pero qué te has creído?

– Es sólo para ver si su ropa interior es la adecuada.

– Ya te digo yo que sí que es la adecuada.

– Debo comprobarlo, que, si no, don Onofre se enfadaría con usted y conmigo.

– Que le digo que no!

– Por favor, usted no conoce a don Onofre, cuando se enfada, se enfada mucho.

– Bueno, está bien, no quiero darte problemas, chico! – y se desviste y muestra un sostén negro de encaje y unas braguitas, tipo culote, a juego, con lacitos rojos. El secretario abre los ojos como platos:

– Qué, te parece correcta mi ropa interior? – pregunta mi novia mostrándola por delante y por detrás al secretario.

– Sí, sí, muy bien, está muy bien!

Mi novia se pone el top y la faldita:

– Pero si no me caben! Muestro todo el sostén! Y el culo! Debes darme otra talla!

– Es que a don Onofre le gustan las tallas muy pequeñas!

– Vaya, bueno, qué le vamos a hacer!

– Señorita, también… bueno… debe ponerse también este complemento – y tímidamente le muestra un tapón anal de diez centímetros de largo y cinco de ancho, rematado con un brillante.

– Eh, pero… yo… esto no sé qué es! Un collar? Un broche? – pregunta mi novia simulando no saber que se trata de un plug. La verdad es que de sólo verlo y imaginárselo en su culo, Virginia ya se excita mucho.

– No, es… bueno… es para… a don Onofre le gusta que…

– Ya, ya sé, a don Onofre… va, no mires, a ver si sé dónde metérmelo!

– Debe metérselo en el… el…

– Creo que ya lo adivino. No mires!

– No, no, claro que no!

Mi novia se aparta la parte de atrás de las braguitas, que nota mojadas, y presiona con el “plug” en su ano. Pero es tan grande que no consigue ni introducírselo ni un par de centímetros.

– Debe metérselo todo en el…

– Oye, que hemos quedado que no mirabas!

– No, no miro, es solo que, claro, con  tantos espejos…

– Pues cierra los ojos!

Virginia lame el tapón, abre bien la boca, se lo introduce entero y, una vez bien ensalivado, vuelve a intentar penetrarse el ano con él. Consigue introducírselo hasta la mitad.

– Ha tenido muy buena idea, señorita, con la saliva.

– Que no mires!

– La puedo ayudar. Mire, tengo este lubricante y este consolador. Espere que…

– No te acerques! – ordena mi novia muriendo de ganas de probar el consolador.

– Don Onofre se pondrá nervioso. Ya lleva esperando casi media hora.

– A ver, dame, dame.

– La puedo ayudar, señorita. Mire, ponga los brazos aquí en el sofá, así de espaldas… levante un poco el…

– Que sí, el culo, ten! – se pone en pompa, la faldita le sube y el joven tiene una visión inmejorable del culo de mi novia. Le quita el plug y le rocía bien el ano con vaselina. Luego le introduce el consolador. Casi hasta el fondo.

– Entra muy bien, señorita!

– Sí, ya lo noto, ya, hmmm.

– Le duele, señorita?

– No, no, es sólo que… ay!

El secretario le saca el consolador y, en un momento y sin ningún esfuerzo, le introduce el tapón.

– Oh, le queda muy bien! Le ha entrado todo perfectamente! Sólo se ve el brillante!

– Vale, vale, gracias!

– Le duele, señorita?

– No, so és solo que… ay… hmmm! – se ruboriza mi novia.

– Comprendo.

– Ya está, venga, hmm, vayamos con el maldito abogado!

– Bueno, no, no… don Onofre quiere que esté preparada… mire, también debe introducirse estas bolas chinas.

– Pero dónde, qué es eso? – disimula, ya excitada, mi novia.

– Son, ya le digo, bolas chinas! Se las debe meter en la…

– Ya, ya me imagino, a ver, dame… dame!

Virginia se aparta algo las braguitas y se introduce una a una las tres primeras bolas chinas, las más pequeñas.

– Perdón, señorita, debe meterse más bolas, si no, don Onofre…

– Vale, ya… pero no me van a caber! Con el culo tan lleno… es imposible!

– La ayudo, señorita, no se preocupe! Mire, siéntase en el sofá, así, muy bien. Abra, ábrase más de piernas, así, mire, una bola más!

– Ay!

– Y otra bola para adentro!

– Uy!

– Como está usted tan mojada… no cuesta tanto! Otra!

– Hmm!

– A ver, esta tan gruesa… no sé… quizá no…

– Sí, sí… prueba, chico, prueba… mira, me abro aún más…

– A dentro! Sí!

– Hmm, oh, gracias, ay! – dice sonrojada mi novia, espatarrada ante el secretario de don Onofre, apenas consiguiendo disimular un orgasmo. – Bueno, debo ir con don Onofre, a aclarar las cosas de una vez con él.

– Sí, espere, póngase estos zapatos de tacób y ya está.

– Oh, pero sí son de aguja y muy altos. No sé si sabré andar con ellos. Son muy bonitos!

– Y caros! Le quedan muy bien. Es usted muy elegante. Los zapatos de tacón le levantan el…

– El culo, ya sé!

– Sí, sí, el culo y… queda muy, muy atractiva! Un momento, un momento, el perfume, el perfume! – rocía a Virginia con un perfume muy caro que enamora.

– Gracias, eres muy amable!

– Es mi trabajo, señorita. Y en este caso es un placer además!

– Gracias de verdad! – besa al chico en la mejilla y este queda encantado ante la fragancia que desprende mi novia. Acompañada por el muchacho van al despacho de don Onofre. Cuando mi novia aparece ante el abogado, él asiente, demostrando su aprobación ante lo que ve: el top rosa, de menos de un palmo, apenas cubre una pequeña parte del pecho de la chica y la minifaldita blanca muestra las braguitas; las piernas largas y bien contorneadas de Virginia le dejan sin. Ella, además, anda muy elegantemente y sensualmente sobre los zapatos de tacón.

– Ah, muy bien, muy bien, ahora sí, ahora sí, bravo! Estás guapísima!

– Bueno, gracias, pero, Don Onofre, vamos a aclarar las cosas, usted sabe que lo que me está pidiendo es ilegal. Puedo denunciarlo por eso. en ningún caso…

– A ver, a ver, espera un momento. Date la vuelta! – levanta la falda a mi novia, le aparta el culote – sí, muy bien, muy bien, sólo muestra el brillante! Eso quiere decir que tienes todo el plug dentro! Buena chica! Además te gusta, a que sí! Y te prepara el culo para recibir mi pene!

– No, nunca! – se da la vuelta y se estira la faldita para cubrirse el trasero, inútilmente.

– A ver, a ver… oh! Pero sí tienes casi todas las bolas chinas en tu vagina! Eres increíble, Virginia! Debes estar muy excitada!

– No, pero qué dice?

– Don Onofre, yo diría que la chica… la señorita… bueno… que ya…

– Qué? Serás guarrita! Que ya te has corrido?

– No! Serás chivato, Celes!? – se queja mi novia sonrojada.

– A ver, a ver… pero si tienes la braguitas empapadas! Bueno, bueno, es muy natural. Buen trabajo, Celes.

– Gracias, señor! Es usted muy amable!

– Bueno, que decías que… ah, sí, que querías hablar, no?

– Sí, esto que usted me pide… pues que no… que no creo yo que sea legal…

– A ver, a ver, de acuerdo… ven… – y le saca una bola china.

– Ay, hmmm! Yo puedo… bueno… mirar de pagarle en dinero algo… – don Onofre le saca otra bola china – uy, don Onofre – y otra – hmmm!

– Que decías, Virginia?

– Que… hmmm… por lo que me ayudó en la comisaría… podría pagarle… – el abogado le quita todas las bolas de golpe y mi novia no puede evitar un fuerte orgasmo y eyacular abundantemente sobre los dos hombres que quedan alucinados ante tanto squirt.

– Eres increíble, increíble, Virginia! Por eso te deseo tanto! Basta de charla, ven, voy a cobrar lo que me debes! Ja no aguanto más!

– No, no, por favor!

– Mira, Celes, si quieres puedes quedarte a mirar! Tú te los has ganado y ella se merece un castigo por no haber cumplido con el trato!

– Don Onofre, pero qué hace? – el abogado la voltea, se agacha, huele el sexo de mi novia y se relame de placer!

– Señor, puedo quitarle yo el plug?

– Sí, Celes, y las bragas, va, toda tuya! – el secretario baja delicadamente las braguitas culote a mi novia y ella muestra todo el culo a los dos hombres. Luego huele también el sexo de la chica y le saca el tapón poco a poco. El abogado y el secretario se sorprenden al ver el agujero tan abierto. El chico huele el plug y se muestra encantado con su aroma. Don Onofre baja la cremallera de su pantalón y se saca el miembro viril. Aunque de espaldas, mi novia lo ve e intenta en vano taparse el culo con la minifaldita.

– No, don Onofre, no!

– Bueno, tú decides. Mira como estoy. Y eso sólo de verte y olerte. La verdad es que hace días que pienso en tu ano, desde que te di por el culo en la comisaría. Mira que he dado por el culo a muchas mujeres, pero nunca había estado con una chica con uno como el tuyo!

– No puedo, no puedo hacerlo! Usted no puede obligarme!

– Vale, pues dejémoslo, ahora mismo llamo a tu novio y se lo cuento todo.

– No, eso no!

– Y mira, mira estas fotos, Celes! Qué te parece?

– Oh, pues… que la chica está muy buena… y que… oh, pero, folla con muchos policías… y se nota que ella disfruta y se lo pasa muy bien!

– Así es, así es! Y lo mismo pensará tu novio, Juan!

– Él no debe saber nada, no.

– Celes, llama ahora mismo a este número. Diré que venga y se lo contaré todo. Y lo verá con sus propios ojos en estas fotografías tan… artísticas.

– Por favor, no llames, no, Celes! Le pagaré, le pagaré!

– Pero si nunca podrías reunir tanta cantidad de dinero, es imposible, hija!

– Ya. Es cierto. La deuda es inasumible para mi economía.

– Y además te mueres de ganas que te dé por el culo!

– No, pero qué dice?

– Que todos sabemos lo calentorra que eres! Te mueres por un buen polvo!

– Sí que se ve muy caliente la chica!

– Mira, Virginia, ven. Ven, también, Celes. Mira, siéntate en el sofá, guapa. Ábrete de piernas, así, así. Oh, pero qué coño tan abierto, jugoso y bonito! – al oír eso, mi novia, se humedece todavía más. – Pero si estás pidiendo que te follen!

– No, no! No puedo!

– Quiere que la ayude, señorita?

– A ver, Celes, tu mira y no toques!

– Espere, don Onofre, el chico se ve muy amable y cariñoso. – dice mi novia muy excitada.

– Eh? Cómo? Te gusta mi secretario?

– Ha sido muy educado conmigo. Si él quiere, puede tocarme un poco. – se atreve a sugerir, entre avergonzada y pícara, abriendo todavía más sus piernas y sus labios vaginales.

– Sí, yo sí quiero, yo sí quiero! – contesta entusiasmado el joven secretario .

– Quieres que el chico te toque? Sí?

– Sí, por favor! – se abre más de piernas y muestra toda su vulva húmeda y abierta para el secretario.

– Serás guarrita?

– No, no, es sólo que… – dice mi novia tocándose y llevándose el dedo a sus labios, invitando con su gesto a que el joven la acaricie.

– Puedo, puedo, don Onofre?

– Sí, sí, chico, toma, mira, todo para ti! – suplica mi novia muy excitada y húmeda, abriendo con ambas manos sus labios vaginales para el joven.

– Toca, toca, Celes, ja, ja, ja! – ríe divertido don Onofre.

El secretario acerca su mano a la vulva de mi novia que al sentir que la penetra con el dedo medio explota en un orgasmo salvaje, lanzando su jugo sobre el secretario, que se relame sorprendido:

– Oh, pero si apenas la he tocado!

– Hmm, gracias, pero no pares, no, más, mas!

– Y tanto, qué gusto! – dice el joven Celes introduciendo un par de dedos más en la vagina de mi novia.

– No, no, un momento. Para, Celes. A ver, Virginia. Tú debes pagar una deuda. Si no puedo cobrarla, mi secretario dejará de tocarte.

– Oh, no es justo, no ve cómo estoy, por favor! – suplica mi novia agarrando el brazo del secretario para que no aparte su mano de su vagina.

– Si quieres que el chico te siga masturbando, antes debes darme tu culo! Tú decides!

– Es usted una mala persona!

– Tú misma. Tu decides!

– Está bien, está bien, usted gana, estoy muy caliente, ardo de deseo! – accede mi novia, se voltea, apoya en sus codos en el sofá, sube su culo y aparta su faldita.

– Oh, ahora está muy pequeño el agujero! – exclama el abogado.

– Yo puedo ayudar, don Onofre – se ofrece el secretario y se acerca con el tapón anal y la vaselina.

– Ayuda, ayuda, hijo!

Mi novia levanta más el culo y se lo ofrece todo en pompa al joven secretario que, después de olerlo y lamerlo, empieza a masajearlo y a rociarlo con la vaselina. Le introduce un dedo y ella le hace señales para que le meta más hasta que prácticamente la penetra con toda la mano. Entonces mi novia empieza a suspirar. El chico aparta la mano y le ensarta el plug de golpe. Ella no resiste tanto placer y tiene un orgasmo que empapa todo el sofà. El secretario corre a ponerse debajo de la chica y bebe tanto líquido como puede:

– Está tan sabroso! – dice relamiéndose.

Enseguida el abogado arranca el plug del ano de mi novia y la encula. No pasan ni dos segundos hasta que le llena las entrañas con su semen, de tanto deseo reprimido que tenía por ella. Mi Virginia tiene un nuevo orgasmo al sentir la eyaculación de don Onofre en su culo. El secretario Celes no puede aguantar tanta excitación y se saca su pene del pantalón y rápidamente explota sobre mi novia, llenándole de lefa el top y el sostén. Ella no puede reprimir su deseo de saborear el semen del chico y con el dedo lo recoge y lo lame. El abogado al verlo, recoge el semen del culo de mi novia y lo acerca también a la boca de la chica que lo bebe con algún reparo pero ve que está sabroso también.

– Bueno, Virginia, te devuelvo el tanga que me quedé el día de la comisaría. He estado oliéndolo, besándolo y acariciándolo cada día hasta hoy. Incluso, esta noche me pajeé con él, pensando en tu culo. Así que verás que olerá a semen.

– Oh, vaya. Será guarro?!

– Y me quedo con estas braguitas negras tipo culote que llevas. Me encantan, con los lacitos colorados y eso. Vamos, quítatelas, quítatelas! Y ponte el tanguita!

– No puedo ir a cenar al restaurante, con mi novio, con un tanga sucio de su… Pero tampoco puedo presentarme sin braguitas! Y menos con esta faldita tan mini!

– Venga, venga, hija, no seas así. Tú te pones el tanguita lleno de mi semen y yo me quedo con el culote lleno de tus sabrosos jugos.

– No me parece justo para nada, Don Onofre. En fin – dice mi novia quitándose el culote y poniéndose el pequeño tanga, que desprende un fuerte olor a semen- Ya está, ya he pagado la deuda. Me sabe mal haber engañado a mi novio pero, la verdad, no ha estado tan mal.

– Al contrario, Virginia, ha estado muy bien, muy bien. Pero la cuenta no está saldada, para nada.

– Cómo? Pero qué?

– Mira, Virginia! Ya te dije que debías venir cada viernes al despacho, no una sola vez. Si no contáramos que has tardado tanto en pagar el primer plazo, habrías pagado, hoy habrías pagado más o menos un 10% de la deuda.

– Pero en la comisaría ya había pagado otro 10%.

– Sí, es cierto, me diste tu culo allí, como primer pago. Y e encantó, ya sabes. Pero mira, el de hoy no cuenta. Empezará a contar la semana que viene.

– No pienso volver. Nunca más!

– Eso lo decidirás tú. Mira, firmo un documento que hasta hoy me has pagado un… pongamos un 7% de la deuda. Te queda por pagar un 93%.

– Me dijo que ese día ya había pagado un 10%. Es usted un estafador!

– No, soy un abogado, que no es exactamente lo mismo! Si a partir de ahora cumples, yo también cumpliré. Si no… pues bueno, a ver qué dice Juan.

– Juan no va a decir nada porque nunca se va a enterar. De acuerdo?

– Bueno, eso dependerá de ti. El viernes que viene te quiero aquí, puntual, y vistiendo sexy y preparada para mí.

– No, no vendré, no, no creo que venga. Nunca más!

– Tu misma! Mira, te dejo el plug para que veas que tengo buena voluntad. Ah, y te vas con esta ropa que te ha dado mi secretario, para que recuerdes cómo debes vestir en nuestra próxima cita. Muy sexy! Yo me quedo con tu ropa y te la devolveré cuando me hayas pagado el total de tu deuda conmigo.

– Es usted una mala persona, don Onofre. Cómo quiere que vaya así por la calle? Pero si parezco una…!

– Va, venga, no hay para tanto.

Mi novia se avergonzó ya al compartir el ascensor con un señor mayor que no paraba de mirarle el escote y el culo. Al salir del edificio, unos jóvenes le sonrieron y le preguntaron a ver cuándo cobraba, que estaban dispuestos a pagarle todo lo que les pidiera pero que querían perderse en sus tetas. Ella se sonrojó y les ignoró aunque por un momento pasó por su cabeza que… Es que se les veía tan guapos y cariñosos! Y ella estaba muy excitada al saberse mostrando casi todo su pecho y su culo a todo el mundo. Luego, al caminar por la calle, todos la observaban más o menos descaradamente. Quien sabe cuántos se masturbaron pensando en ella esa noche!

 

El viernes 14 de abril, entre obligada y con cierto morbo, mi novia llegó puntual al bufete de abogados. Tuvo una decepción al ver que no estaba en su mesa el secretario de don Onofre. El abogado la recibió en batín y enseguida se lo abrió y le mostró su pene erguido al verla tan guapa: llevaba una camiseta blanca que, al ir sin sostén, mostraba una parte de los pechos de la chica por los lados y por el escote, aparte de marcar claramente sus pezones erguidos. Al ser tan corta, la camiseta no cubría el ombligo y mostraba la sexy barriguita de mi novia. Y llevaba unos pantalones minishorts que, sin braguitas debajo, enseñaban casi completamente las nalgas de la chica. Ella, sólo al entrar, ya dio media vuelta para enseñar al abogado cómo le quedaban los pantaloncitos.

– Así me gusta, Virginia, hoy sí vienes preparada para el pago, como una zorrita calientabraguetas, muy bien, muy bien. Ya ves que yo también estoy a punto – le dijo sonriendo mostrando su miembro viril, completamente tieso para ella.

Mi novia se bajó el pantaloncito y don Onofre se relamió al ver el brillante, cosa que  demostraba que llevaba incrustado el plug anal. Ella se volteó, se contorneó un poco y, sin mediar palabra, se quitó el tapón, lo lamió y se lo dio al abogado. Éste lo olió y se lo llevó a la boca, contento de su sabor. Mi novia sacó sus pechos por encima de la camiseta, agachó su cabeza, puso sus codos en el sofá y subió el culo para don Onofre, que no tardó en ensartarla con gusto y placer. Ella gimió y eyaculó varias veces, la última sincronizada con el orgasmo del abogado en su culo, agarrándole con fuerza sus tetas.

Al terminar, aún con el semen del abogado en su ano, éste la vistió cariñosamente y la invitó a tomar champagne. La verdad es que Virginia lo encontró muy sabroso.

Cuando se despidieron, don Onofre no le pudo devolver las braguitas culote del otro viernes porque se habría quedado sin ningunas para oler i lamer durante la semana.

– Te espero el próximo viernes, Virginia. Así me gusta que te portes bien. Pero recuerda que siempre debes llevar braguitas para que me las pueda quedar durante la semana!

– Sí, bueno, ya sé, pero pensé que, al tener que ir de pilingui, usted vería bien que no llevara bragas!

– No, si me encanta, la verdad. Si al llegar ya me fijé que llevabas los minishorts algo mojados.

– Es que ya vine excitada, don Onofre. Esa es la verdad.

– Y me parece muy natural! No, si al final vendrás contenta.

– Es sólo una deuda, nada más. Adiós, don Onofre.

– Ya, ya. Adiós, adiós, hija! Hasta el próximo viernes.

 

El viernes 21 de abril, Virginia no pudo llegar puntual al despacho de don Onofre. Si bien entró en el edifico a la hora, en el ascensor coincidió con el hombre mayor del primer día. Se saludaron amablemente pero don Jaime, que así se llamaba el hombre, paró el ascensor a medio camino.

– Pero qué hace? Ponga en marcha el ascensor, que tengo prisa! Por favor!

– Un momento, un momento, tranquila, tranquila, Virginia!

– Eh, cómo, cómo sabe mi nombre?

– Bueno, te he estado observando y veo que vienes cada viernes a esta hora. No creerás que es casualidad que hoy esté precisamente en el ascensor contigo?

– A no?

– No, lo he hecho a propósito. Hablé con don Onofre, un amigo de toda la vida, abogado como yo, y me dijo que eras una de sus sobrinas. Pero he investigado un poco y sé que no es cierto. Eres Virginia Ibars, sé dónde vives, quién es tu novio, Juan, y… bueno, sé a qué vienes.

– Vengo a pagar una deuda, nada más.

– Podría ser, pero sólo hace falta ver cómo vienes vestida, hija.

– Voy como quiero, éste es un país libre! Ponga en marcha el ascensor o voy a gritar.

– No, no, tranquila. Mira, lleguemos a un acuerdo: tú me haces una buena mamada y te dejo ir a pagar tu deuda! Y además no le cuento, ni a tu novio ni a nadie que eres la putita de don Onofre.

– No soy ninguna puta!

– Bueno, si tú lo dices! – ríe don Jaime y mira descaradamente cómo va vestida mi novia: un vestido muy corto y apretado, de color rosa, que deja ver el sostén negro y con la falda tan corta que muestra sus muslos, las braguitas, el liguero y sus medias negras.

– No me dedico a esto, no soy una prostituta, para nada.

– Va, venga, pórtate bien! – el señor mayor se saca el pene del pantalón. Mi novia no ve otra solución que agarrarlo y empezarlo a chupar. Enseguida pasa de morcillón a tieso. Ella quiere terminar rápido y lo lame como nunca nadie se lo había lamido, pero el hombre no eyacula. Ella le baja los pantalones y le toma los testículos y se los acaricia, los chupa también, pero él, totalmente excitado pero sin llegar al orgasmo.

– Muy bien, hija, muy bien!

– Va, córrase ya de una vez!

– Nunca me la habían chupado tan bien!

Ella, para ver si termina de una vez, toma las manos de don Jaime y las mete dentro del escote. Él le agarra fuertemente los pechos y se excita todavía más.

– Oh, que puta que eres!

– No me diga eso!

– Es la verdad! Debes ganar oro con lo bien que haces de puta!

Pero no se corre. Entonces, mi novia se sube el vestido, se baja las braguitas y se empieza a acariciar el sexo. Don Jaime, al ver la vulva y el pubis de la chica totalmente depilado se calienta más y más. Pero ni así. Ella se manosea hasta que llega a un sonoro orgasmo. El hombre se sorprende al ver los chorros y más chorros que lanza mi novia sobre él y no puede aguantar ya la excitación y eyacula abundantemente en la boca de la chica, que tanto semen no puede engullir y sobresale por la comisura de los labios hasta la barbilla, el cuello y el sostén.

– De verdad que nunca había estado con una puta así que trabajara tan bien! Eres un encanto!

– Venga, va, vístase, por favor y vámonos.

Al llegar al despacho de don Onofre, este se sorprendió de ver a mi novia vestida como una fulana y se lo agradeció:

– Vienes tal y como me gusta. Incluso hueles a semen. Y, a ver, tienes las braguitas empapadas, así, así, perfecto!

– Bueno, es que… yo…

– No, no, todo perfecto. Pero has llegado tarde. Lo siento pero debo castigarte. En primer lugar, hoy te daré por el culo pero no contará como pago. Y, además, ven, ven! Don Onofre tumba sobre sus piernas a la chica, le sube el vestido, le baja las braguitas negras y, con una varita estrecha de madera, le da diez golpes en el culo, que se pone colorado. Ella siente una mezcla de dolor y placer y gime a cada golpe. El abogado se levanta de la silla y la deja tumbada a ella. Se pone detrás de la chica, le huele el culo, le muerde las nalgas, quizá con demasiada fuerza porque le deja marca y despierta unos grititos de mi novia, le introduce varios dedos en el ano, le escupe el agujerito y la encula sin contemplación.

– Hoy no quiero que te corras, Virginia, como castigo!

– Es que no… no quiero correrme con usted. Hum! Nunca. Ay! Hmmm! Ah!

Pero ella, al sentir el pene del abogado que entra y sale con pasión de su ano, no puede evitar más de un orgasmo hasta dejar la silla completamente bañada con sus jugos. Don Onofre no resiste tanto placer e inunda el culo de mi novia en una estruendosa eyaculación.

– Te has corrido, putita caliente! Lo siento pero te mereces otro castigo!

Vuelve a tumbar a mi novia sobre su regazo y le da veinte golpes con la pequeña vara. Esta vez, ella no resiste el placer y el dolor y eyacula abundantemente sobre el abogado.

– Serás cerda!? Eres una marranita caliente!

 

El viernes 28 de abril, Virginia llegó cinco minutos antes al bufete. Ella iba vestida con un abrigo largo y sorprendió al abogado al abrírselo y mostrar que debajo no llevaba nada más que unas braguitas azul celeste de encaje totalmente empapadas. El motivo de tanta humedad no tardó en descubrirse al apartar las braguitas y descubrir que tenía insertadas unas bolas chinas en su vagina y en su ano. Don Onofre se apresuró a arrodillarse entre las piernas de mi novia e ir sacando una a una las bolas, enormes, del culo de mi Virginita. El abogado se relamió al ver tan abierto el ano de mi novia, todo para él. Enseguida se puso tras la chica y la penetró analmente. A cada embestida del pene en el culo de mi novia, él le iba sacando una bola de su vagina, lo que hacía gritar de placer a mi chica y lanzar un chorro de squirt. Al terminar, don Onofre estuvo tan agradecido que le regaló una joya muy cara, un anillo de oro y brillantes. Ella al principio no lo aceptó pero al final se dejó convencer. A mí me dijo que, aunque era un anillo muy resultón, en realidad era sólo bisutería muy lograda.

 

El viernes 5 de mayo fue bastante caluroso. Virginia acudió a la obligada cita vestida con una blusa blanca, con varios botones desabrochados, y una faldita corta de cuadros negros y rosas. Parecía una colegiala. Al verla, don Onofre no pudo esperar a encularla y ella a tener varios orgasmos mientras la daba por el culo. Al terminar, el abogado hizo el habitual cambio de braguitas.

 

Mi novia siguió acudiendo a la cita cada viernes de mayo y el abogado le iba dando por el culo, del que estaba completamente enamorado, ya que era muy acogedor, húmedo y placentero.

 

El viernes 3 de junio, mi novia tuvo una sorpresa al llegar al bufete de abogados. Ella iba vestida muy sexy. Por obligación pero la verdad es que también se gustaba vestida así. O desnuda así, depende de cómo se mire. En el ascensor se aseguró de tener las braguitas húmedas y sabrosas y se las quitó. De manera que se quedó sólo con el vestidito blanco muy ceñido, escotado, corto y transparente. La verdad es que estaba muy bonita y se le veía todo. No llevaba sostén y se podía admirar completamente su pecho y sus pezones bajo el vestido. Al entrar, la sorpresa fue mayúscula:

– Entra, entra, Virginia! Mirad, esta es la cliente de la que os hablé, chicos.

– Hola, señorita Ibars.

– Buenas tardes, señorita.

– Eh… sí, hola, ehem, veo que está ocupado, don Onofre. Si acaso ya vendré otro día.

– No, no, pero qué dices? Cada viernes a las ocho, ya sabes. Nada de otro día. Mira, estos son mis sobrinos de los que te hablé. Te acuerdas?

– Eh? No sé, quizá sí.

– Sí, mujer, Ya te dije que si… bueno, que si un día pagabas la deuda también con ellos, pues que te iba a descontar un 20% en lugar de un 10.

– Ah, sí, no, no… pero yo no…

– Que sí mujer, ya verás, no pasa nada.

– Pero usted me habló de tres sobrinos y aquí hay… por lo menos…

– Bueno, Virginia, es que han venido con sus mejores amigos. Siempre van juntos a todas partes. Son todos abogados como ellos.

– Ya, son diez en total, ya veo. Mire, don Onofre, yo no…

– Señorita Ibars, nuestro tío nos ha hablado muy bien de usted.

– Sí, nos lo ha contado todo. Todo.

– Y claro, teníamos muchas ganas de conocerla.

– La verdad es que es usted muy guapa, señorita!

– Sí, nuestro tío no exageró en absoluto.

Mi novia estaba halagada y al mismo tiempo excitada al ver tantos hombres que no le quitaban los ojos de encima. Se sentía desnuda. Notó que empezaba a humedecerse.

– Yo, no, si acaso ya… otro día.

– Virginia, no digas tonterías. Hoy es viernes y debes pagar tu deuda. Además, veo que vienes totalmente preparada! – dice admirado don Onofre al descubrir que mi novia va sin sostén y sin braguitas, con los pezones rotundos casi atravesando el minivestido transparente. – Mira, hacemos un trato, si accedes a que mis sobrinos y tus amigos cobren la deuda conmigo, te descontaré un 25%, así, sólo en un día.

– No, no, es que yo… – mi novia titubeaba ante la tentación – no sé, si acaso, quizá sólo sus tres sobrinos.

– Hija, no, no vamos a ser tan descorteses con sus amigos invitados.

– Pero es que son siete amigos, más sus tres sobrinos, en total 10! – no apartaba la mirada de los hombres que difícilmente podían disimular un bulto en el pantalón.

– Bueno, no te olvides de mi, niña! – aclara don Onofre.

– Cierto, once!

– Venga, mujer! Va!

– No, no, si acaso usted y sus sobrinos. Nadie más.

– Don Onofre, no se preocupe. Ha valido la pena conocer a esta chica tan guapa y simpática.

– Sí, cierto. Nosotros nos vamos y ya está. Ya nos contareis.

– No, chicos! – dice don Onofre – Por lo menos podéis quedaros a mirar. Ya que habéis venido…

– No, de ninguna manera! – protesta mi novia.

– Venga, hija! Por favor! Déjales quedar!

– Señorita, de verdad que si nos deja quedar a mirar, no molestaremos en absoluto. La encontramos tan atractiva que nos conformamos con verla.

– Vale, qué le vamos a hacer!

– Al ataque, sobrinos! – dice don Onofre. Él y sus tres sobrinos se abalanzan sobre mi novia, la besan, le acarician los pechos por encima del vestido, se lo arremangan, le lamen las piernas, le huelen el sexo… Ella, ante tanto cariño, siente que no puede evitar un orgasmo que admira a todos ante los chorros y chorros de líquido que empapan a los sobrinos y al tío. Incluso llega algo de su ambrosía a los amigos que están varios metros apartados. Don Onofre toma a la chica, pone sus codos en el sofá, le sube el vestido, le levanta el culo y la penetra en un santiamén. Mi novia vuelve a experimentar un orgasmo al sentir el pene de don Onofre en sus entrañas. Cuando el abogado termina dentro de mi chica, se pone delante de ella, le baja el escote y saca sus pechos por encima del vestido. Los amigos no pueden evitar un “oh!” de admiración al verlos tan bonitos. Enseguida, el tío empieza a acariciar, lamer i mordisquear los pezones de Virginia. Sus sobrinos, en fila india, van enculando por turnos a mi novia y ella no cesa de lanzar chorros y chorros de placer. Los amigos han liberado el pene de sus pantalones y se masturban ante tanta belleza. Cuando un sobrino acaba con placer en el culo de mi novia, substituye a su tío en lamer, chupar y besarle los pechos. Ella disfruta de sus incontables multiorgasmos.

Cuando todos los sobrinos ya la han enculado, ella mira hacia sus amigos y dice:

– Venga, si queréis, dejo que me deis todos por el culo. La verdad es que me muero de ganas!

Enseguida corren todos como posesos hacia mi novia, que muestra el culo abierto para ellos, lleno de semen que resbala por sus muslos. El que tiene más suerte de llegar el primero la ensarta de golpe y tiene un orgasmo al momento. Igual sucede con el resto de los siete amigos, tan excitados y con tantas ganas y placer que no duran ni un momento. El ano de Virginia rezuma leche. Pero ella no cambia de postura y tiene ganas de más.

– Estoy ardiendo todavía. Alguien quiere repetir? – pregunta pícara mi novia!

Todos corren a ponerse en fila delante de ella, que les chupa el pene, se lo limpia bien, se relame y dice:

– Venga, listo, para el culo!

– Tío, esta chica está tan caliente y tiene el culo tan húmedo y abierto que creo que le podríamos hacer una doble penetración anal!

– Qué te parece, Virginia?

Ella, con un par de penes en la boca, no puede hablar, sólo gruñir, pero asiente contenta. Un amigo corre a juntar su pene al de un sobrino y milagrosamente se pierde en el culo de mi Virginia. Ella suspira y gime de placer.

– Quieres que intentemos darte tres por el culo, todos juntos, niña?

– Sí, sí, por favor, tres pollas! – parece entenderse que dice mi novia con la boca ocupada chupando un pene.

Don Onofre se acerca al culo de la chica, pero no ve muy claro como penetrarla analmente. Ella le agarra el pene y con él se abre más el agujero hasta que se lo puede ensartar hasta la mitad. Entonces, al notarse penetrada por los tres, ella grita:

– Correros, correros los tres dentro de mí, venga, va! – y empieza a mover el culo y a contraer su ano de una manera tan placentera que los tres eyaculan salvajemente en ella al unísono.

– Venga, tres más, va, que la chica está que arde! –dice un sobrino alegremente!

Al terminar sus incontables orgasmos y habiéndola enculado en grupos de tres en tres, mi novia, aún con más ganas de placer, se sienta en el sofá, abre completamente sus piernas ante los once hombres y empieza a tocarse la vulva y a introducirse algunos dedos en la vagina. Saca la lengua y se la pasa por los labios. Se toma un pecho y se lo acaricia. Se besa un pezón.

– Eh, chicos, no veis que la niña tiene ganas de más?

Ella asiente pícaramente, saca la lengua a los chicos, se introduce casi toda la mano en su vagina. La tentación es tan grande que los chicos vuelven a tener el miembro erecto y forman otra cola para follarla por turnos. Ella se mueve voluptuosamente y tiene un orgasmo a cada penetración. Cuando todos han terminado dentro de su vagina, ella empieza a acariciarse sus pechos, los humedece con el semen que rezuma en sus labios, lo saborea…

– Qué, ya está? Nadie quiere follarme más? Yo  todavía estoy que ardo!

Nadie se hace de rogar. Ella está tan abierta para ellos que van como locos a penetrarla. Abre tanto su vulva para ellos que un par de sobrinos prueban a follarla juntos y ella siente tanto placer que explota en salvajes gritos. Cuando los dos sobrinos terminan, dos amigos toman el turno y también le penetran la vagina simultáneamente. Uno de los sobrinos se sienta tras mi novia y aprovecha su culo tan abierto para ensartárselo sin dificultad. Cuando los tres chicos terminan, don Onofre también se sienta tras ella y la vuelve a encular mientras otros chicos la follan de dos en dos por delante.

Ese viernes, don Onofre estaba tan contento que le descontó un 30% de la factura que mi novia le debía. Ella, agradecida, no se olvidó de dejarle las braguitas para la semana.

 

El viernes 17 de junio mi novia no pudo acudir a la cita, pues estaba enferma con la gripe. Aunque don Onofre lo comprendió, el viernes 24 de junio la castigó un poco con la vara y, a pesar de que después la enculó con placer, le dijo que ese día no le iba a descontar nada.

 

El viernes 1 de junio mi novia se quitó la ropa en el ascensor y se presentó ante don Onofre en biquini, muy sexy, con el que mostraba casi todo su pecho y su culo. El abogado le agradecía lo guapa que iba mientras la enculaba. Al terminar, la invitó a comer ostras y a beber champán del mejor.

 

El viernes 8 de julio, Virginia se puso una lencería fina blanca de encaje y un vestidito verde encima. Pero antes de entrar se quitó el vestido y apareció ante don Onofre sólo en ropa interior. El hombre estaba muy satisfecho de la actitud de Virginia los viernes a las ocho. Mientras le daba por el culo, le decía a mi novia que le gustaba lo bien que se portaba.

 

El viernes 15 de julio mi novia tuvo la sorpresa de encontrase con Celes, el secretario, en el bufete de abogados. En lugar de marcharse, el joven se quedó y Virginia le hizo una buena mamada mientras don Onofre la penetraba analmente. El chico, muy majo él, le agradeció efusivamente la felación con un par de besos en las mejillas de la chica.

 

El viernes 22 de julio, Virginia no acudió a la cita porque don Onofre estaba de vacaciones, así como el viernes 29 y el viernes 5 de agosto. El siguiente viernes 12 de agosto y el otro, mi novia y yo, con nuestras familias, estuvimos de vacaciones y claro, tampoco pudo ir.

 

El viernes 26 de agosto, don Onofre castigó a mi novia por no haber hecho la visita durante tantas semanas. Le dijo que no le iba a descontar nada por la sesión de ese día y, además, le golpeó con la vara, cosa que hizo que ella estallara en continuados orgasmos.

 

El viernes 2 de septiembre, mi Virginia acudió a la cita vestida de monja sexy, cosa que no terminó de convencer al abogado y la castigó con la vara y sin contar la sesión.

 

La cosa se complicó el viernes 9 de septiembre. Al entrar al edificio, el ascensor no funcionaba. Mi novia iba vestida con un top blanco que enseñaba el ombligo y una faldita negra muy corta y ajustada, con unas medias blancas por debajo de la rodilla y tacones muy altos. Al llegar al séptimo piso, un vecino abrió la puerta y la invitó a entrar:

– Por fin has llegado, ven, ven, ya está todo a punto.

– Eh, cómo dice? No, yo…

– Mirad quién ha llegado!

– Oh, pero qué guapa es!

– La verdad, no esperaba yo que… por ese precio… la chica estuviera tan, tan buena!

– Sí, es todo un pivón!

– No, yo… iba a…

– Tranquila, guapa, tranquila! Ven, ven, pero que guapa!

Los trece hombres, todos vestidos elegantemente, levantaron la copa hacia la chica y brindaron:

– Por la chica de compañía más guapa que jamás hemos conocido!

– No, yo no, yo no soy…

– Toma, toma, bebe champagne, bebe. Es del mejor que hemos bebido.

– Sí, en tu honor!

Todos, incluida mi novia, beben el champán.

– Hmm, la verdad es que sí que está muy rico!

– Pues claro! Va venga, empecemos. Mira, ven, ponte esta diadema con las orejitas. Tú, pequeña, arrodíllate, va, camina como un gatito, ya.

– Yo, no…

Los caballeros abren su pantalón y se sacan el miembro viril. Mi novia abre los ojos como platos. Ellos empiezan a masajearse.

– Va, gatita, ven a buscar tu lechecita, venga.

Mi novia, sorprendida y al mismo tiempo tentada, sigue el juego, se arrodilla y, como una gatita, va de pene en pene sorbiendo y relamiéndose: – Miau! – incluso dice juguetona.

Al cabo de unos minutos:

– Ven, ven, que la leche está… ay… a punto… ven!

– Ella maulla muy sensualmente y saca la lengua en actitud de querer beber a leche.

Todos estrechan el cerco a la gatita y empiezan a eyacular sobre ella, que intenta alcanzar tanto semen como puede.

– Te ha gustado, niña?

– La verdad es que estaba muy sabroso! – dice empapada, relamiéndose.

– A ver, ven, ven, hija!

Los hombres se abalanzan sobre mi novia y empiezan a acariciarla, besarla, lamerla… Le quitan el top, se sorprenden al ver que no usa sostén y que no lo necesita al ver sus pechos bonitos y rotundos. Le bajan la falda, le admiran el culo sólo cubierto por un minitanga, que arrancan al momento. Ella queda sólo con las medias blancas por debajo de las rodillas. Todos se admiran del sexo depilado de mi novia y se alegran al verlo tan húmedo y caliente.

– La chica está a punto!

– Sí, te has calentado al mamarnos la polla, eh?

– No si se nota que es puta, puta!

– No, yo no… – dice mi novia intentando cubrir en vano su sexo, su culo y sus pechos.

– Ven, puta, guarra, cerda!

– A ver, nada de palabras soeces ni insultos, eh! Somos unos caballeros!

– Sí, ella es… digamos que una amiga, eh? Verdad, niña?

– Sí, no soy ninguna puta!

– Ya, pero caliente sí que estás, verdad?

– Sí, eso sí. Al ver tantos… penes… y tan sabrosos…

– Mira, ven, ven, todos son para ti!

– Gracias, qué amables! – dice mi novia acercándose a los trece hombres andando como una gatita en celo y maullando.

Uno de los caballeros se tumba bajo mi novia y la penetra fácilmente. Otro se coloca detrás y la encula en un momento. Los dos señores se mueven al unísono tras Virginia, hasta que ella y ellos tienen un gran orgasmo. Después los demás hombres se van turnando en grupos de dos, de tres y hasta de cuatro, cuando dos penes penetran a mi novia por la vagina y otros dos la enculan. En todo momento ella tiene un pene, como mínimo en la boca, y un par en las manos. Algunos prefieren follarle las tetas.

Cuando termina, no encuentra las braguitas por ningún lado. Le sabe mal porque don Onofre se va a disgustar si no le trae las bragas para la semana. Llega muy, muy tarde al bufete del abogado y este la castiga con la vara aunque luego la perdona al ver que va tan de puta, oliendo a semen y a hombre. Mientras la encula y le llena el culo la llama puta, ramera, guarra y de todo.

 

Al cabo de un par de viernes más, don Onofre considera que la deuda ya está pagada. Ella, como agradecimiento por su honradez, le dice que igualmente irá de vez en cuando a verle, y de hecho, no pasa mes que no acuda a que le den su ración por el culo. Siempre viste muy sexy y provocativa, ahora ya por costumbre y por gusto que por obligación.

En algunas ocasiones, se encuentra allí a los sobrinos, con y sin sus amigos, en otras al secretario… Una vez don Onofre le presenta a unos socios ricos y ella aprovecha que son unos caballeros guapos y amables para mostrarse muy cariñosa, caliente y acogedora. Ellos en agradecimiento le regalan joyas caras, que aunque ella rechaza al principio, al final decide aceptarlas. A mí me dice que son baratijas. Al cabo de un tiempo, un viernes vuelve a coincidir con el vecino mayor y se ve obligada a hacerle una mamada. Como no había manera de que se corriera, tuvo que hacerle una cubana y dejar que el hombre le tocara el culo, le introdujera todos sus dedos en él hasta que el hombre no pudo resistir más. Hace poco, un viernes que acudía al bufete, no llegó a entrar porque los trece caballeros ricos del séptimo la volvieron a entretener con sus juegos y amabilidades hasta bien entrada la madrugada. Ella hizo de gatita en celo para ellos, que se lo agradecieron con mil y una atenciones.

En fin, que mi novia descubrió, por azar, un entretenimiento que le permitía saciar en algo su apetito sexual hasta que perdiera su virginidad conmigo en el matrimonio y fuera toda para mí sólo.

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