Mi chico cubano

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Cuando por fin tuve toda su enorme verga en mi culo, comenzó a bombearme, Nico se había convertido en todo un macho dominante que me ponía más caliente que el fuego. Nico me cogía delicioso, me tenía acostado boca arriba con una de mis piernas sobre su hombro sintiendo la presión de su larga verga que aprisionaba mi ya dilatadísimo culo.

Y junto con él, ella se despide, porque toda ciudad se despide cuando sabe que te vas…

Era el mes de junio de hace muchos veranos atrás, estaba recién desempacado en la bella isla, aquella de la cual se han escrito tantos poemas, tantas desgracias, tantas añoranzas: la isla de Cuba. El calor era asfixiante, y podía sentir el salitre en la humedad, aquella tarde mágica de verano comenzaba a ceder hacia los negros brazos de la noche, regalándome un espectáculo de fuegos dorados y carmesí más allá del cielo sobre el mar. Recorría el malecón cubano muy cerca de sus misteriosas y viejas calles, más viejas que el mismo tiempo, y muy cerca de su gente que contagiaba su alegría con sus risas y su acento, un acento delicioso del que puede hacer enamorar a más de uno.

Yo un chico mexicano, con tan solo 25 años, dispuesto a pasar cuatro meses enteros realizando mi servicio social, como psicólogo en un centro de ayuda a personas que carecen de una familia o abusadas físicamente.

Iba paseando por ese malecón mágico, escuchando en mi Ipod el principio de la canción “vuelvo a comenzar” del grupo mexicano timbiriche que dice: “Fue la suerte o el azar el Karma o la casualidad, que nos pusieron justo aquí….parece que el destino tiene un plan” Cuando lo vi: alto y moreno con una playera sin mangas que dejaba ver unos brazos grandes y trabajados por el rigor de la isla, y bajo éstos, unas axilas muy peludas de un vello negrísimo, facciones muy varoniles y rudas pero de una belleza extraordinaria, una barbita de tres días con piocha de chivo, un amplio pecho velludo, cabello negro y muy corto, y unos labios carnosos y deliciosos que invitaban a morderlos.

Este hermoso cubano iba cruzando la calle hacia el malecón con una enorme sonrisa y con un perro blanco muy bonito amarrado a una correa, y yo como idiotizado, me quedé ridículamente de pie sin decir una sola palabra admirándolo, cuando de pronto unos niños pasaron corriendo al lado mío alborotando al perro y tirando encima de mí la soda que venía bebiendo.

-¡Chico pero ni siquiera hiciste el intento de moverte! No te preocupes que el perro no muerde- jajaja ¿lo dices por mi refresco? No importa de todos modos ya casi me lo terminaba. -Ven que te invito otro, aquí mismo cruzando la calle hay una cafetería, ¡para que no digan que los cubanos no somos buenos anfitriones!- lo dijo con la sonrisa más increíble del mundo que tardé unos instantes en reaccionar y aceptar gustoso su invitación.

Llegamos al lugar y el rico Cubano ató su perro a un poste y le dijo: -tranquilo fénix que ya vuelvo por ti chico- ¿fénix? Le pregunté en tono de broma,  -¿no es ese un nombre muy dramático para un perro?- Le pregunté esperando una respuesta igual de simpática mientras esperábamos sentados a la mesera, pero en lugar de eso me respondió muy serio – no chico, ese perro me salvó la vida de un incendio, en el cual me quedé atrapado cuando tenía 20 años, y me rescató de una muerte segura, quemándose las patas, por eso me quedé con él y lo nombre de esa manera-

Yo sin decir palabra me quedé admirando este guapo Cubano que parecía más interesante mientras pasaba el tiempo,  ¡y siento que se sabía así de admirado! Ya que en cada ocasión que podía, ponía sus manos detrás de la nuca mientras conversaba, dejándome ver sus peludas axilas, mientras me sonreía pícaramente, y en el momento justo cuando se me cayó una cuchara al piso, abrió sus peludas piernas y me mostró dos peludos y morenos huevos en medio de su short desgastado y lleno de agujeros. Al incorporarme me dijo de la manera más sexy –disculpa por eso pero no uso ropa interior chico, me hace sentirme más cómodo-  ruborizado y excitadísimo sentí una corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo.

-A propósito me llamo Nicolás pero mis amigos me dicen “Nico” mucho gusto chico- el gusto es mío me llamo Ángel, y mis amigos me dicen “cabrón” – se me queda mirando con una inexpresiva mirada y casi al mismo tiempo los dos explotamos en carcajadas.

Al salir del lugar ya en plena noche, Nico me cuenta que su familia vende verduras en un puesto callejero del mercado local, que le gusta tocar la guitarra y que de vez en cuando también se va probar suerte con los lancheros para pescar algo que vender, – “todo un mil usos”- pensé divertido, y es que con la difícil situación que viven en Cuba hay que hacerle a todo.

Caminamos sin rumbo por espacio de una hora sobre aquél misterioso malecón, platicando de su vida y sus carencias, su tenacidad de salir adelante, sus problemas y sus alegrías, y todo con una sonrisa que me embrujaba y sin dejar de mirarme a los ojos, y yo sintiendo la suave brisa marina recorrer mi cuerpo al lado de este guapo mulato, una extraña sensación empezó a apoderarse de mí, y por un momento imaginé que Nico y yo éramos pareja caminando en una cálida noche de verano y que este sentimiento que experimentaba no era otro que la dulce sensación con la que deben sentirse los enamorados. Le deseaba y deseaba estar a solas con él, no quería confundir las cosas, porque tal vez él solo era amable y no quería nada más que mi amistad, o en realidad era uno de esos “jineteros” que andan a la caza de turistas desafortunados para robarles o sacarles unos cuantos pesos.

Cualquiera que fuera el caso Nico nunca tocó un tema sexual,  y enfilando rumbo a mi hotel,  me acompañó hasta la puerta –hasta aquí puedo llegar- me dijo con una enorme sonrisa – los cubanos no se nos permite entrar a los hoteles, pero me encantaría seguir platicando chico- a mi también me gustaría Nico, pero puedes ser mi guía turística mientras me acostumbro a las calles y a la ciudad, ¿qué dices aceptas?- ¡claro que si chico, estoy a tus órdenes!, Muy bien entonces… ¿podríamos vernos mañana en la mañana y mostrarme la ciudad, claro si puedes hacerlo?-

-Claro chico, yo paso por ti  como al mediodía ¿te parece bien? –si a esa hora entonces nos vemos- le dije mientras subía las escaleras de caracol que daban a mi cuarto de hotel.

Esa noche mientras dormía plácidamente semidesnudo, un ruido afuera de mi cuarto me despertó, sonó como un cuerpo tropezando y luego cayendo y al incorporarme de la cama elevé mis ojos hacia la ventana y vi la figura de un hombre observándome y rápidamente huyendo. Hubiera caminado hacia la puerta muy sobresaltado cuando escucho una suave música como de guitarra proviniendo de la otra ventana que da hacia la calle. En la penumbra de la noche, solo vi la silueta de un hombre con una guitarra y al enfocar un poco más la vista pude ver como me saludaba elevando una mano, al tiempo que guardaba su instrumento retirándose del lugar misteriosamente.

A la mañana siguiente Nico pasó por mí un poco más temprano que de costumbre, con una enorme sonrisa en su guapo rostro me pregunto: -¿estás listo para conocer la Habana chico?- ¡estoy listo Nico!-

Mi alegre chico cubano me llevó a la famosa playa de varadero, un lugar sacado del concurso a la mejor postal veraniega, tomada por el mejor de los fotógrafos, un lugar mágico, cálido y lleno de vida que era un verdadero placer para mis ojos. Nico se quitó la playera y las sandalias y corrió como un niño hacia las cristalinas aguas del mar caribe, su dejo de inocencia me cautivaba, era un hombre de 28 años pero a la vez un niño que no quería crecer ni perder su capacidad de asombro y su alegría,  yo imitándolo, jugué con él en las suaves y calmadas olas de sus playas, y en varias ocasiones su holgado short se retraía y podía ver esos enormes huevos morenos que tanto me gustaban de él.

Pasaban los días y las semanas y Nico me mostraba la ciudad después de nuestras actividades matutinas, conocí su puesto familiar y a su madre, una encantadora mujer cubana luchadora y optimista, que contaba siempre una y mil historias que me tenían embobado, Nico solo tenía a su madre y ambos se las arreglaban para subsistir en la isla, a pesar de sus carencias por ser una familia muy humilde, me invitaban varias veces a comer con ellos o a cenar, eran una veladas fantásticas que quedarán guardadas en mi baúl de los recuerdos felices.

Caminábamos en la arena del mar o sobre el malecón ó en esas maravillosas calles con pequeños callejones que no llevaban a ningún lado,  siempre riendo, y en una ocasión casi dos meses después de habernos conocido, una tranquila noche después de cenar en un pequeño restaurante al lado del mar, Nico rozó suavemente mi mano y quiso tomarla, lo noté muy nervioso y asustado esperando ver cual sería mi reacción, yo de inmediato comprendí su intención, y deteniéndome por unos breves segundos le dije: -gracias; gracias por mostrarme tu mundo, me encanta estar contigo-

Pude notar su rostro ruborizado, y como tratando de encontrar palabras que decirme pero no lo conseguía, y fue cuando me animé a más y le dije: -¿quieres pasar un rato a mi cuarto? Sé que lo tienes prohibido pero a esta hora el guardia esta cenando y sería muy fácil entrar sin que nadie lo notara, ven conmigo por favor, quiero saber que es estar abrazado a ti recostados en una cama-

Él un poco sorprendido por mi propuesta pero a la vez con mucha alegría en su rostro me dijo:

-Ok chico me arriesgaré a pasar a tu cuarto, hagámoslo rápido para no ser sorprendidos-

Ya estando adentro nos sentamos en la orilla de la cama y viendo a Nico que riéndose como un niño que está a punto de comerse un caramelo agachaba tímidamente la mirada. No pude contenerme más y lo puse de pie guiándolo tomado de la mano, y me hinqué entre sus robustas, velludas y morenas piernas.

-¡Hacia tanto tiempo que deseaba esto!- le dije desde mi posición en el suelo y lentamente fui desabotonando los botones a manera de cierre de su short de mezclilla y una maraña de necios pelos apareció ante mí y más abajo el enorme principio del tronco de su verga.

Bajé un poco más los pantaloncillos deshilachados y la enorme cabeza morena de su verga saltó rebotando hacia arriba ante mis ojos.

-¡Wow! ¡Que rica está!- le dije asombrado mirándolo hacia arriba y él con una enorme sonrisa en sus labios.

Un aroma a macho increíble inundó mis sentidos cuando comencé a mamar su rica verga como si la vida se me fuera en ello, pasando mi lengua por todos sus rincones, y tratando de que me cupiera entera en la boca pero era muy grande y gorda, debía medir como 20 centímetros y luego bajaba a sus enormes testículos que ya varías veces había visto, lamiéndolos en su totalidad y jugando con los pelitos negros de su escroto.

Nico con las manos en la cintura se dejaba hacer gimiendo calladamente y mordiéndose los labios.

Cuando de pronto Nico anunció: -¡espera bebé! No quiero correrme todavía, quiero saber lo que es poseerte-

-Ok Nico ¡yo también lo deseo!- terminamos de desnudarnos y Nico me indicó que me acostara boca abajo levantando el culo, dándole la espalda, ahora era Nico quien llevaba el mando y eso comenzó a calentarme demasiado.

Sentí de pronto algo húmedo en mi culito y al volverme vi que Nico me mamaba el culo hincado en el suelo y con una mano se pajeaba lentamente su enorme y moreno falo. Yo me retorcía de placer y bufaba enloquecido, Nico se daba cuenta y de vez en vez me mandaba una nalgada fuerte y sonora en el culo. De pronto se incorporó y me dijo que me pusiera de lado, cuando siento la cabeza de su verga intentando perforarme el culo, mientras con una mano sostenía una de mis piernas en el aire y con su boca mordisqueaba mi cuello.

Cuando por fin tuve toda su enorme verga en mi culo, comenzó a bombearme, Nico sabía como hacerlo de una manera riquísima y ahora se había convertido en todo un macho dominante y mandón que me ponía más caliente que el fuego. Nico me cogía delicioso, me tenía acostado boca arriba con una de mis piernas sobre su hombro mientras acariciaba mi cadera, mis nalgas y mi pecho, al tiempo que mordisqueaba unos de mis pies, se acercaba más a mí y me besaba restregándome mi propia pierna sobre mi abdomen y pecho sintiendo la presión de su larga verga que aprisionaba mi ya dilatadísimo culo.

Cuando se levantaba yo lo miraba a los ojos con ternura y pasión desenfrenadas, era ya mi macho, cogiéndome y ahora yo era suyo.

Tanto escándalo debió atraer al botones del hotel, un hombre de unos 30 y tantos años, mulato muy moreno y velludo con una blanca sonrisa, que resaltaba por el color de su piel, y que en varias ocasiones sentía su mirada en el culo cuando me alejaba caminando frente a él, llevaba un rato observándonos escondido en unos arbustos tras la ventana, mientras se sobaba el paquete, yo fingía que no lo veía ya que no quería ser interrumpido de esta riquísima cogida que mi macho me estaba dando.

Le regalé una sonrisa rápida y volví a concentrarme en Nico, sin darle mayor importancia a nuestro espía fisgón.

Luego Nico se separó de mí y tomó mi lugar y me dijo que me montara sobre él pero la pose fue bastante inusual y diferente pero al mismo tiempo cachonda: Nico se acostó boca arriba con las rodillas flexionadas y elevadas dándome la visión de su culazo lleno de ensortijados pelitos negros, como si me estuviera pidiendo que fuera yo el que lo penetrara, y eso pensé pero ¡qué equivocado estaba! Nico adoptó esta posición tan solo para ensartarme en su morena y larga verga y apoyar mis manos sobre sus rodillas, al tiempo que empezó a penetrarme durísimo tanto que hacía elevarme unos centímetros en el aire, yo cabalgándolo y él arremetiendo su cadera contra mis nalgas.

De vez en vez ponía sus manos detrás de la nuca y me enseñaba sus pelos negrísimos de sus peludas axilas, esto me ponía tan cachondo que quise venirme en varias ocasiones.

-¿Te gusta mi vida? Esto es lo que necesitabas un macho hecho y derecho que te hiciera el amor como se debe, ¡y no pendejos que no saben cogerse tan ricas nalgas que tienes! Ahora pásame tu lengua por mi pecho que ya es tu pecho y por mis sobacos que ya me dí cuenta como te gustan mis pelos-

No pude resistirme y me fui encima de esos sobacos peludos pasando mi lengua una y otra vez al tiempo que escuchaba como este machazo gemía como loco de una manera tan masculina que me daba un morbo impresionante.

Luego volvió a incorporarse poniéndome acostado boca arriba de nuevo y me la metió de un solo empujón tan salvaje que me habría hecho gritar de dolor si no fuera que me encontraba totalmente dilatado y excitadísimo. Con una mano alcancé sus huevotes y los manoseaba y apretaba sintiendo sus necios y largos pelos que nacían de su relajado escroto, muy cerca de su verga que estaba dura como el acero.

-Mi vida voy a darte tu lechita ¿quiere su lechita de su macho mi bebé?- me dijo poniendo su sobaco derecho sobre mi cara mientras arremetía su verga con más fuerza. -Siiiiiiiii, ¡dame tu leche papi por favor!- fueron las palabras que alcancé a decirle debido a que me puse a aspirar el masculino aroma de su peluda axila y a lamer cada parte de su sobaco, cuando sin tocarme comencé a tener el mejor de los orgasmos.

-Aahhhhhhhhh ¡mi vida! ¡mi nene! ¡Mi bebé! ¡Aquí esta su lechita! Ahhhh- solamente pude sentir sus convulsiones de placer mientras metía su verga en mi culo de una manera furiosa, y sus gemidos se ahogaban con los míos.

Luego de tan delicioso orgasmo caímos rendidos en la cama, Nico aún con su gran verga enterrada hasta los huevos en mi adolorido culo, mientras me acariciaba el cabello y me regalaba besos en el cuello y boca.

Estuvimos así por espacio de media hora, platicando calladamente, riendo de tonterías, regalándonos besos de antología y caricias interminables en medio de los susurros propios de la noche, nuestros aliados fueron el viento cálido, los grillos y la luna.

Recostados en la cama admiraba el increíble cuerpo de Nico, sus profundos y expresivos ojos negros, su mechón de vellos en el pecho y su cara hermosa y ruda mientras acariciaba su flácida pero no por esto pequeña verga. Luego de un gran silencio Nico por fin dijo: -bebé esto ha sido el mejor sexo que he tenido en toda mi vida, era cierto lo que dicen por ahí- ¿y que es lo que dicen por ahí Nico?- que el sexo sabe diferente cuando lo haces con alguien a quien quieres-

Lo miré con infinita ternura mientras acariciaba su cabello, y él me miró con su increíble sonrisa y me dijo: -Ángel, ¿quieres andar de novio conmigo?

No podía creer lo que Nico me estaba pidiendo, iba a articular palabra cuando de pronto escuchamos que alguien tocó la puerta y nos habló, se identificó como el gerente del hotel y nos pidió salir.

Asustados y sin saber que hacer o responder Nico se vistió rápidamente e intentó salir por la ventana que daba hacia la calle, cuando los golpes en la puerta se hicieron más fuertes, terminé de vestirme y al volverme vi a Nico con un pie en la ventana mirándome angustiado, con una indescriptible tristeza y añoranza en su rostro salté y se perdió en la oscuridad.

Abrí la puerta y el gerente junto con el botones fisgón, entraron rápidamente husmeando los alrededores del cuarto.

-Dígame joven ¿quién más estaba con usted?- na-nadie- contesté un poco asustado –no lo niegue por favor, ¿sabe usted que es ilegal lo que usted y ese rebelde enemigo de la revolución estaban haciendo? -No sé a que se refiere, fingí demencia mientras el botones me miraba con una sonrisa maliciosa. -Ok, no podemos hacerle nada a usted, pero esos rebeldes tienen prohibida la entrada a los hoteles serios y honorables como este, espero que este incidente no vuelva a repetirse o tendré que remitirlo con las autoridades, ¿le quedó claro joven?

Mi contestación fue una mueca y la cabeza casi asintiendo, los dos hombres se encaminaron hacia la puerta y al salir el gerente el botones regresó inmediatamente y me dijo:

-¿Ves esas luces allá afuera? Y al volver vi las características luces de una patrulla de la policía encendidas- son la policía y van a atrapar a ese amante tuyo, yo fui quien le informó al gerente de lo que estaba pasando y  ¿sabes chico? Yo podría ir a decirle a la policía exactamente quien es y donde vive Nicolás-

Un frío recorrió mi cuerpo en ese momento y pregunté: -¿cómo sabes quien era el hombre que estaba aquí?- porque es mi vecino- contestó con una sonrisa burlona – y si no haces lo que yo te diga puedo ir a delatarlo.  Al decir esto comenzó a desabotonar su camisa de uniforme, y a descubrir un pecho peludísimo de vello negro ensortijado. -No, ¿qué está haciendo? ¿Qué es lo que quieres lograr?- Le pregunté francamente asustado. -Ya lo verás chico– fue su respuesta maliciosa con una sonrisa sarcástica en los labios.

Continuará…

Autor: BABYBOY

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Escrito por Marqueze

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