Mi doctora

mi doctora

Me llamo Javier, tengo 18 años, soy un chamo normal de 1,72 de estatura delgado pero con un cuerpo bien formado gracias al Futbol que practico. Esta historia comienza el día que me tocó ir a mi consulta de rutina con el doctor Garcías; el Dr. Garcías era un señor de unos 60 años que siempre me había atendido, era algo así como mi medico. Aquella mañana llegue como a las 9am al consultorio y me llamo la atención que no hubiese nadie en la sala de espera. Fui donde la enfermera y me dijo que ya me atenderían. Pasaron como 15 minutos y la enfermera me dice que pase que me toca mi turno. Sonreí para mis adentros; no había nadie más…
Cuando entro al consultorio me encuentro con una chama como de 24 años. Cuando ella ve mi cara de sorpresa me comenta que su padre había enfermado y, ella para no suspender las consultas de su padre, estaba haciendo la suplencia por esa semana. Como la mayoría eran de consultas de rutina y aunque ella era especialista en problemas gástricos, no habría problema en atender las rutinas de su papá.
Yo me puse nervioso, no me gustaba nada que una mujer me hiciera aquella revisión médica y menos una chama tan bella como aquella que me ponía mas nerviosos todavía. Me indicó que me sentara. Me senté en una de las dos butacas enfrente de la mesa y oí como la doctora se me presentaba, después de decirme que se llamaba María Gabriela, me hizo una larga serie de preguntas acerca de enfermedades, hábitos, etc. para comparar con la historia medica que ya tenia en sus manos; algunas de ellas bastante directas y humillantes para mí, como la de cuándo había sido la ultima vez que había realizado el acto sexual, para mis adentros pensé en mentirle, pero deseche la idea de inmediato, le contesté que nunca había tenido relaciones con las chicas. Ella posó sus ojos sobre mí y continuó con sus preguntas, al cabo de unos minutos acabó, puso todo mi historial en la carpeta y me dijo:
– Anda tras ese biombo y te desnudas completamente – dijo: señalando una esquina de la habitación – Doctora, -dije yo – No me llames doctora, llámame María Gabriela – acotó ella con cierta sencillez…
Me dirigí tras el biombo y me quité toda la ropa, como me lo había indicado y salí. Cuando me vio me señaló la camilla, hacia donde fui y me tendí.
Ella comenzó su revisión de forma normal, durante bastante rato y después con sus manos palpando mi cuerpo por diferentes lugares, me llamó la atención que no utilizaba guantes para nada, sino que lo hacía con sus manos desnudas. Me hizo separar las piernas y palpó el interior de mis muslos, yo cada vez estaba más incomodo con sus tocamientos; tomó mis testículos suavemente, los sopesó, los apretó, se sintió rico, mi pene empezó a cobrar vida muy rápido y ella lo notó. Yo me quería tapar cuando ella me dijo:
– No te preocupes, la excitación es algo normal en los hombres. Su voz sonaba más dulce y más sensual, por lo menos eso me parecía a mí. Sus dedos acariciaban mis testículos de arriba abajo, mi placer aumentaba en esos momentos, la piel de mis testículos estaba más arrugada que nunca por la tensión y la excitación. En ese momento en que mis pensamientos volaban, siento que agarra mi pene con una mano y comienza a acariciarlo, aquello era como una masturbación, yo cerré los ojos y me deje llevar… el placer me invadía, sentía la sensación de estar en el paraíso.
– Nunca te habían hecho algo así – Nunca – dije yo controlando como pude, mi voz – ¿Sabes que estás muy bien dotado? Tienes un hermoso pene – Umm…..
– Lo que me sorprende es que no hallas estado con ninguna chica todavía, ¿Te haces pajas a menudo? – me preguntó de repente – Sí, algunas veces – contesté yo – Así, ¿Prefieres el sexo en solitario? ¿O te gusta más como te lo hago yo? – Sí, prefiero lo que me haces tu – Ven – me dijo
Tomo mi mano y nos trasladamos aun gran sofá de piel que había en el consultorio. Me pidió que me sentara en aquel sofá. Mis pensamientos fluían sin control como si aquella situación hubiese sido planificada. Me sentía extraño, pero me encantaba lo que sucedía.
Sentí el contacto de la piel del sofá en mi cuerpo desnudo, lo que me hizo erizar. Ella, con un encanto impresionante, se paró delante de mí, regalándome aquella mirada que desbordaba mis sensaciones. Había lujuria y deseos en ella. Empezó a desabrocharse la bata. No creo que en mis mejores fantasías, ni en mis más ardientes pajas me había imaginado una situación como aquella. Era un sueño y lo estaba viviendo. No quería despertar o acaso solo imaginaba la situación en mi mente.
Se abrió la bata completamente y puede contemplar aquel cuerpo, era la primera vez que veía una mujer desnuda en persona. La observé de arriba hacia abajo. Su cara era de autentica lujuria, un cuello hermoso que se erguía por encima de la perfecta curva de sus hombros, sus senos eran generosos e inspiradores, sus pezones apuntaban hacia delante excitados y erectos, su vientre era terso y plano, su ombligo apenas un pequeño y perfecto huequito, la curva de sus caderas era lo mas soñado que había imaginado, un monte de Venus muy bien cuidado, estaba tapizado con una pequeña flecha de vello que apuntaba al mismo centro de su sexo, y su sexo escondido entre aquellos muslo tan bien formados.
María Gabriela sabía que yo estaba disfrutando de su belleza, por ello me sonrió mientras lentamente se giraba y me dejaba ver toda su hermosa espalda y el relieve impresionante y cautivador de sus nalgas. Eran preciosas aquellas nalgas, jamás me habría imaginado algo así. La tentación, la lujuria, la desesperación me invadían. Ella sabía lo que estaba haciendo…
No soporte y acaricia aquella nalgas, me sentía extraño, pero deliciosamente extraño. Mi timidez había desaparecido. Ya no había rastros de esa timidez. La atraje hacia mí. Quería tocarla, sentirla. La senté en mis piernas y atraje sus labios para besarlos. Lo quería hacer desesperadamente, ella abrió su boca y me ofreció su lengua, húmeda, caliente y tierna; el beso, duro mucho tiempo, no se cuanto, pero fue eterno para mi. Sentir sus calidos labios y su tierna y caliente lengua jugar con la mía, fue algo inimaginable para mi. Siempre había pensado que un beso era solo un preámbulo al sexo. Ese día estaba aprendiendo. Si hubiese tenido tiempo de pensar, seguramente me habría preguntado que había pasado con el sexo, pero hasta ese momento lo más importante era aquella situación de lujuria que estaba viviendo y que me parecía un sueño. Lo más importante en ese instante inolvidable para mi, era que mi más grande sueño se materializaba y lo estaba disfrutando. Que mas podría haber después de aquello – me preguntaba.
Ella también estaba disfrutando de la situación, pero más segura de si misma, tomo mis manos y las colocó en sus senos. Y con cara de inocente ángel dijo: Son tuyas tócamelas. Puse mis manos sobre aquella piel tibia y fresca y pude apreciar su dureza – Nunca has tocado a una mujer. ¿Verdad? – me preguntó – ¿Por qué, lo hago mal? – dije yo angustiado por la duda – Hazlo así – empezó a pellizcarse suavemente los pezones mientras gemía. Ahora te toca a ti.
Con suavidad comencé a seguir sus consejos, me gustaba tocarlos, acariciarlos. Si hasta ahora no lo había hecho, deseaba perpetuar aquel momento. Pudo oír sus gemidos los que trate de acallarlos con un tierno beso, ella me ofreció otra vez su lengua, la deseaba también. Ahora el beso fue avasallador. Me sentí entregado; estaba entregado.
– Chúpame los pezones amor – me dijo atrayendo mi cabeza hacia ellos. Aquella palabra, me llenaba por completo. Creo que no habría momento mas perfecto para llamarme “amor”; irreal tal vez, pero único. Quieres que te los chupe así… -Si, lámelos, así, con tu lengua, qué placer, sigue no te detengas, son tuyos, siéntelos. Después de dejarle sus tetas bien remojadas ella me volvió a besar y me dijo – ¿Te gusta? – Sí, mucho… – respondí yo
Acarició mi cara y con aquella mirada que me enloquecía, me miró directamente a los ojos y me dijo: Ahora quiero que hagas algo por mí. Se bajo de mis piernas y se sentó en el sofá, abriendo sus piernas, y ofreciéndome aquella fruta prohibida hasta ese momento para mi.- Ven, arrodíllate aquí.
No quería parecer desesperado, así que baje lentamente hasta ubicarme frente a esos hermosos muslos que me estaban ofreciendo la oportunidad de conocer, acariciar y disfrutar de aquello tan deseado por mi en cada noche de ensueño; de placer solitario; de esperanza vacía. Me arrodillé entre sus piernas y por primera vez pude ver aquellos labios de su sexo brillantes por la humedad; pidiendo a gritos ser auxiliados; desesperados como yo, solo que ellos no ocultaban nada de timidez. Se veían perfectos, húmedos, calientes, excitantes, capaces de complacer y de dar pasión; de colmar deseos.
– No tuvo que decir nada más… Todo estaba dicho. Pasé mis dedos por sus húmedos labios mientras el olor a sexo me embriagaba; aquel olor que había soñado y que deseaba conocer. María Gabriela gemía en susurros y se contraía adelante y atrás – Mete tus dedos, así, muy bien, sácalos y mételos. – Cogió mi mano guiándome. Ya no podía mas, ella también estaba desesperada. Casi en son de suplicas, quitó mi mano y atrajo mi cabeza hacia el centro de sus muslos:
– Ahora chúpamelo!, chúpame el coño!, cielo, fóllame con tu lengua. – Sentí aquel sabor de su sexo en el momento en que mis labios hicieron contacto con sus labios vaginales, me sabía a gloria, quería no solo chupárselos bien, sino que ella gozara al máximo y se sintiera en la gloria también. Enterré mi lengua hasta donde pude, hasta donde dio alcance. Aquella sensación era increíble. Sus jugos estaban por todas partes. Sabía que lo disfrutaba.
– xD, qué bien lo haces… – Ya no aguantaba, pero como pudo se levantó un poco y después se desplomó gimiendo de placer, gesticulando cosas que yo no comprendía. Sus líquidos inundaban mis labios. Estaba fuera de sí, apretó mi cabeza contra sus muslos, impidiendo que yo me apartara, obligándome a beber el néctar que salía de su sexo, mientras culminaba su orgasmo. Ahora estaba agotada, suspiró, se relajo un poco, y se arrodilló delante de mí y me dio un largo beso, después lamió toda mi boca y mi barbilla. – Cariño – me dijo – me has hecho sentir mujer y de que forma, y eso se merece una recompensa, ven. – Me llevó al lado del sofá, sin quitar su linda mirada de mí, y se arrodilló delante de mí. Mi pene quedó a pocos centímetros de su boca. Hasta ese momento todo había sido maravilloso, pensé que ya no podía haber nada más delicioso entre nosotros dos. Que equivocado estaba. Y como me alegro de haberme equivocado.
– Creo que deseo hacer esto desde que vi tu pene. Colocó su mano sobre la cabeza de mi pene y separo la piel que la cubría. Aquella sensación fue inesperada. Siempre había hecho aquello, pero que diferente cuando lo hacia una mano diferente. Besó mi piel y con su lengua comenzó a recorrer todo mi pene, mirándome a los ojos. Con su otra mano acariciaba mis testículos. La sensación que sentía y la vista que tenía de aquella situación eran espectaculares. Ella arrodillada chupándome el pene y eso me excitó tanto que, ya sin inhibiciones de ningún tipo, tome su otra mano, se la chupé y la acompañe hacia el centro de mis nalgas, ella al principio no pareció entender, pero después pudo mas su lujuria y se pasó la mano por su vagina y buscó la entrada de mi ano. Pude sentir su dedo presionando, hasta que entró la punta – ¿Te gusta? – Sí, sigue, mételo mas, quiero tu dedo entero. – Lo fue metiendo lentamente, mientras mi pene desaparecía dentro de su boca. Le movía rítmicamente su cabeza. Era como un sueño, el placer salía desde mis testículos y llegaba a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo, cuando su dedo acarició mi próstata en círculos, una explosión de placer recorrió mi cerebro y bajó hasta mi pene que a estas alturas se había hinchado hasta limites desconocidos por mi, mi leche salio disparada hacia el interior de su boca, a cada contracción de mi polla, ella lamía mi prepucio desde el interior. Fue sacando suavemente su dedo de mi ano, dejándome temblando hasta que me acerqué al sofá acostándome sobre el. Pasaron unos segundos cuando sentí que ella se acostaba a mi lado, y me acariciaba la espalda.
– ¿Espero te halla gustado la primera mamada que te hacen? – Mucho, Hasta ahora solo había podido imaginarlo, pero me quedé corto…
– ¿Más que todas esas pajas en solitario que te hacías, verdad? – Lo que me ha gustado es que has vencido tu timidez y me has guiado para darte mas placer, Me encanta que no te detengas en reconocer lo que te gusta y que seas capaz de entregarte y recibir con igual intensidad. Se que no es fácil para un hombre reconocer que le gusta tener algo metido en su culo cuando folla, y eso me ha puesto muy, muy caliente. – Ahora me da algo de pena – dije yo avergonzado – Eso lo arreglo yo – me dijo.
Con una habilidad inusual, se incorporó en el sofá, se sentó a mis pies y me abrió las nalgas. El agujero de mi ano libre no hizo sino disfrutar y por instinto flexioné mis rodillas para levantar mi culo. Pude sentir su lengua dentro de mi ano y empezó a subir y a bajar por el, cada vez que pasaba por mi agujero un gemido profundo salía de mi garganta, me notaba completamente mojado por su saliva, empezó a trazar círculos con su lengua directamente en el ano. Aquello me estremecía sobre manera. Nunca imagine que se podría sentir tanto placer por allí. Pero también aprendí que las mujeres saben como dar placer cuando quieren…
– No pensé que me gustaría hacer esto, es la primera vez que lo hago y me encanta chuparte el culo – me dijo
La sensación de placer me embargaba, mi pene todavía adolorido se excito de inmediato, como pidiendo mas acción…
– Quiero que me folles!. Métemelo hasta el fondo!. – Mis pensamientos se nublaron. Aquello todavía continuaba, hasta donde se podría pedir más… Me coloque boca arriba y la deje hacer… necesitaba que siguiera enseñándome.
Ella tomo mi pene suavemente; lo acarició, lo beso, logró que se pusiera duro de nuevo. Claro que no le costó mucho. Cuando estuvo bien parada, flexionó sus rodillas hasta rozar mi cabeza inflamada con sus labios vaginales. Gimió, cerró los ojos, y se dispuso a bajar por aquel hierro candente, con deseos desaforados de aprender, de disfrutar de gozar… Yo notaba el fuerte calor de su coño en la punta de mi guebo; ella bajó suavemente hasta el fondo, flexionó más sus rodillas y se sentó encima de mí. Yo podía sentir mis testículos apretadísimos entre mis muslos y su hermoso culo y podía sentir mi guebo por primera vez surcando aquellas paredes vaginales. Ahora estaba en otro paraíso. Aquello no se comparaba con nada hasta ahora. La sensación de sentir el roce interno de aquella vagina y de saber que mi pene estaba ahí, dentro, me hacia delirar. No había palabras para describir lo que sentía. Pero era lo máximo. La miré a los ojos y estaba pérdida, ida, en otro mundo. Cuando vio que la miraba de manera lasciva, llevó uno de sus dedos a mi boca y yo se lo chupé llenándolo de saliva.
– Acaríciame las tetas, amor. Humedécete los dedos. Esta es la postura que más me gusta, mientras me follas, me estoy haciendo una paja. Y con mi otra mano, me estoy dando placer por detrás, a mí también me gusta jugar con mi culito, es rico. – Era muy cierto, sus dedos jugueteaban con su clítoris y me imaginaba su dedo clavado totalmente en su hermoso culo. Sus movimientos se hacían más rápidos. Sus jadeos y suspiros crecían en intensidad, mientras mis manos seguían jugando con sus calientes y tiernas tetas. De repente se quedó muy quieta, y pude notar como su hermoso y tibio coño se cerraba y se abría alrededor de mi pene, aquello era espectacular, los dos gritamos de placer en un orgasmo mutuo, nos corríamos juntos, mi guebo se contraía, expulsando más leche, mas de la que en mucho tiempo había botado. Hasta que se quedó seco, los dos nos quedamos muy quietos, alargando la sensación de placer. Mientras ella con sus contracciones en su coño me hacía divagar…. Me abrazó fuertemente manteniendo la postura y me besó. Con su lengua exploraba toda mi boca, mientras yo podía sentir como mis testículos se llenaban de nuestros jugos… era un caudal de jugos que recorrían todo mi pene, mis testículos y mis muslos, hasta llenar el sofá. Yo podía sentir todo aquello y quería mas… esta experiencia me había llenado pero quería mas…Era un adolescente que acababa de tener el mejor sexo de su vida pero quería mas todavía…
Espero no tener que explicarles porqué esta doctora se convirtió en mi preferida después de este día… o si?
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