Mi hijo es insaciable

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El se me puso encima y me penetró, no se contenía como otros hombres dando primero un ritmo lento para durar más, yo iba a decirle que se pausara, pero estaba tan rico que lo dejé, tuve cuatro orgasmos que hicieron que salgan gemidos de mí, pero el quinto me rompió, grité, gemí, sollocé, me revolqué de placer, incluso se me nubló la vista y se me movió el mundo, fue bestial.

Tengo 40 años, mi cabello es negro y mi tez clara, tengo ojos claros, no muy alta aunque tampoco pequeña, mi hijo es el quien me vuelve loca, él es alto, mide 1.80 m, y tiene 18 años recién cumplidos y esto lo digo sin poses de madre, es hermoso.

Les voy a explicar que es lo que sucede con mi hijo, vivo sola con Sebastián, en un departamento pequeño, por lo que poca o nada intimidad tenemos, al menos de la que normalmente se puede tener en el baño o en el cuarto de cada quien, y a veces ni siquiera en esos. Lo que he descubierto es que se masturba constantemente, la primera vez que reparé en eso fue el día posterior de su cumpleaños.

Me dirigí al baño, el cual se encontraba sin seguro, y entré, más la sorpresa de ver a mi hijo viéndose en el espejo mientras se masturbaba esa verga inmensa me sobresaltó, él por supuesto también, pero llegué justo en el segundo en el que le fue imposible detenerse, unos chorros espesos de semen fueron expulsados con violencia, y unos pocos (al virarse a verme) salieron hacia mi cayendo en mi pantalón y en mi mano.

Por supuesto salí inmediatamente, asustada y ya preocupada por lo que me había tocado ver. Más, ya en mi cuarto, al reparar esa gota de semen en mi mano y sin pensar siquiera opté por lamerlo y me lo tragué, el sabor y ese olor fuerte me extasiaron. Pero un problema de verdad me esperaba, por lo que decidí encararlo inmediatamente, salí a la sala, y ahí estaba mi hijo, que se levantaba para encerrarse en su cuarto, esto fue lo que le dije:

– Mira Sebastián, fue parte culpa tuya y mía, yo porque, no debí haber entrado así, no se de algún modo debo hacer más ruido al caminar, y vos por no correr el seguro, eso sí, y vos lo debes saber, es completamente normal, lo que has hecho y es una manera de desfogarte, no soy yo quien te lo va impedir, pienso que es tu casa y en ella tienes el derecho de hacer lo que te dé la gana, claro sin incomodarte.

Lo que él aceptó de muy buena gana, y siendo un chico inteligente como es lo comprendió y me pidió que olvidásemos todo, a lo que yo estuve de acuerdo.

Esa misma intimidad del departamento nos ha ayudado mucho, y soy bastante abierta y se que me hijo es bastante abierto conmigo, por lo que noto que nuestra relación es especial; bueno los días pasaron y empecé a notar como él iba varias veces al baño en el día, cuando yo estaba, 5 o 6 veces, por lo que al ser el único baño, en más de una ocasión tuve que golpear la puerta y pedirle que se apurara, para entrar y ver primero el papel higiénico en el tacho repleto de semen, segundo el olor inconfundible.

Esa actitud obsesiva fue lo que me preocupó en un principio, dejé que pasasen dos semanas esperando que en definitiva que se cansara, pero no lo hacía, y ya mi preocupación rebasaba mis limites. Les juro que jamás sentí más que la normal preocupación de madre, nada de morbo o excitación a no ser el instinto que llevó a mi boca un poco de su semen, pero lo hice por probarlo, ya que no he tenido relaciones en mucho tiempo, es decir lo comí, por ser semen y no por tratarse de mi hijo.

Así que primero, no fui un día a trabajar, y me dediqué a revisar su cuarto, debajo de un cajón en el fondo de un velador encontrar varias revistas pornográficas, y películas, las cuales debo admitir me excitaron por lo que me masturbé siguiendo el ejemplo de mi hijo. Después de haber comprobado la fuente de sus excitaciones decidí encararlo. Como dije nuestra relación es especial por lo que puedo preguntarle sin sonrojarme muchas cosas.

– Hijo, ¿cuantas veces te masturbas al día? – 4 o cinco (sin duda mentía un poco) – ¿Pero no crees que le va a hacer mal a tu cuerpo masturbarse tanto? – No, si me da ganas lo hago, no es mi culpa. – El otro día, poniendo la ropa, encontré tus revistas y películas, en verdad son buenas pero deberías dejar de verlas un tiempo.- Ya no las veo, me tienen ya aburrido, simplemente en algún momento del día que tengo una erección me calmo masturbándome, ¿que hay de malo?

Entre mí, pensaba, claro un joven de 18 años, que cada vez que se le para se masturba, no es raro que se masturbe constantemente.

– Mira temo que estés volviéndote un poco obsesivo, así que te propongo una cosa, cada vez que te entre ganas, me lo dices y nos ponemos a conversar de cualquier cosa, ¿está bien?, en verdad no creo que sea correcto que te masturbes tanto.

Entre las cosas que me daban vuelta a mi cabeza, estaban el no tener dinero para pedir consejo a un sexólogo, el impedir que se masturbe tanto, y que esto se le pasaría cuando encuentre novia, así que yo con mi plan, podía al menos aminorar un poco sus masturbaciones y de lo tercero, ya que no creo en prostitutas ni hacer de casamentera se tendría que encargar él.

Al día siguiente mientras veíamos una película, me dijo: mami, estoy con ganas. Lo cual comprendí inmediatamente, por lo que le conversé de mi día en el trabajo, el de él en la prepa, hasta de política.

Poco a poco me di cuenta que eso no resolvería nada, ya que se ponía más nervioso y extrañamente excitado, veía claramente como sobresalía su polla del pantalón de pijama. Pero él por complacerme en ese día me dijo que no se masturbaría, pobrecillo, su polla no aminoraba un poco.

Por lo que así se fue a acostar, y yo también, ya así en la cama, me di cuenta de mi error, así que entré a su cuarto que aún tenía la luz encendida, lo que vi fue peor que lo del baño. Él estaba sentado en la cama con las piernas abiertas mirando una Playboy, masturbándose intensamente, me vino a la memoria lo del baño, y reparé en su vergaza que es bastante larga y gruesa, él no paró, dijo entre jadeos,- por favor, sal.

Pero entré, me senté a su lado, le tomé la mano, parando su accionar y con el tono más maternal posible le dije. – Di me hijo que es lo que quieres, alguna cosa te falta. Que te masturbes tanto puede ser frustración por algo más. – Quiero dejar de ser virgen, pero no con una prostituta, pero soy muy torpe con las mujeres, me dijo casi en sollozos.

El espectáculo de su verga, el casi llanto de mi hijo y las ganas de ayudarlo en ese instante provocaron que me abriese el camisón, enseguida quedé desnuda, me incliné en su verga, que apenas me entró y que lastimaba las comisuras de mi boca, y le di una mamada espectacular, solo paré un instante para decirle:

– Goza lo más que puedas, y si quieres gritar hazlo, esta es tu casa.

Él debía estarse masturbando ya largo rato pues salió un borbotón de semen en mi boca, lo que tragué, y los que me excitaron más al oírlos pasar por mi garganta.

Enseguida él se me puso encima, y me lamió los pechos, me besó el culo, y se entretuvo largo rato en mi vagina, dándome un placer inmenso, su inexperiencia no se notaba, y me penetró, no se contenía como otros hombres dando primero un ritmo lento para durar más, yo iba a decirle que se pausara que así es mejor, pero estaba tan rico, que lo dejé, cual fue mi placer.

Mi sorpresa al cabo de varios minutos al notar que no acaba y que seguía con el mismo frenesí, tuve cuatro orgasmos los cuales hicieron que salgan pequeños gemidos de mí, pero el quinto me rompió, grité, gemí, sollocé, me revolqué de placer, incluso se me nubló la vista y se me movió el mundo, fue bestial.

Tras mi orgasmo mi hijo se detuvo dejándome gozar, lo que había hecho. Luego él me confirmó mis sospechas, que había terminado más de una vez, sino que esperaba, el hermoso, que yo terminara. En verdad es un buen amante.

Después como supondrán dormí con él, el resto de la noche, y al amanecer hicimos el amor una vez más, le dije, que en vez de masturbarse, lo hiciera conmigo, hasta que se consiguiese una novia, de quedarme embarazada no me preocupo, pues hace tiempo que tengo la T.

Estoy esperando que se canse, así como esperaba que se canse de masturbarse, pero me hace el amor 4 o cinco veces al día, y no miento ni un poco, supongo que es la vitalidad de sus 18 años. Ahora pienso cuando él se canse, acaso me cansaré yo.

Me asusta eso sí el resultado que tuvieron las cosas, pero disfruto inmensamente y mi hijo también.

Autor: Felipe

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Escrito por Marqueze

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