MI HOMBRIA

Mi primera y única experiencia ocurrió cuando recién terminaba el último semestre en la universidad, allá para el 1989. Acababa de terminar el periodo de exámenes finales y había decidido quedarme varios días más para compartir con otros compañeros nuestros logros y esperar el día de nuestra graduación. Ya era fin de mes y como siempre, Jorge, el dueño de la casa donde yo vivía apareció para cobrar la renta y aprovechó para felicitarme por mis logros y desearme suerte en mi nueva vida profesional.

Jorge, era un hombre de algunos 55 años, alto, fuerte, grueso y canoso, pero se veía muy limpio, varonil y joven para su edad. Siempre estaba solo y en ocasiones comentábamos sobre su vida y algunos hasta pensaban era homosexual por la forma en que los miraba. De mi parte nunca noté nada extraño en su comportamiento ni en sus miradas. Nunca me había fijado en su físico hasta ese día cuando hablamos por más de una hora. Me habló de su esposa, hijas y de sus inversiones. Yo mientras tanto, lo miraba, escuchaba y pensaba en los comentarios de mis amigos. Después de un rato y antes de despedirse el aprovechó para invitarme a tomar algunos tragos en agradecimiento por los 5 años que alquilé su casa. Su invitación, aunque me pareció extraña, la acepté. Realmente no noté ninguna malicia en sus intenciones ni me parecía una persona de la que debía desconfiar. Además pensaba que si hacia algo que no me gustara lo desbarataba a golpes.

Así que acordamos que el me pasaría a buscar temprano en la noche. Llegó a las 7 de la noche. Más temprano de lo que yo esperaba. No estaba listo, así que lo hice pasar y le pedí que me esperara en lo que me duchaba y me cambiaba de ropa. Cuando terminé de ducharme noté que no había una toalla en el baño por lo que le grité que no se asombrara cuando me viera salir desnudo. Lo hice lo más rápido que pude pero me resbalé en el pasillo y caí de nalgas. Cuando intentaba ponerme de pie, me topé de frente con él, que ya había llegado para ayudarme.

Noté mientras me ayudaba que Jorge no apartaba la vista de mi pecho y mi cuello. Por primera vez sentí la mirada de la que hablaban mis amigos. Sus ojos brillaban y su rostro cambió por completo. Ciertamente me sentí acosado, pero él, muy astutamente se las ingenió y con un comentario me hizo reír.

-Con lo duro que estas seguramente no te duele nada – dijo.

Lo cierto es que el golpe fue bastante fuerte y me dolía la cadera, pero me metí a mi habitación, me vestí y salí.

-¿A donde vamos? – pregunté.

-No se. ¿Que te parece si vamos a una barra cerca de mi apartamento de playa? – dijo.

-Me parece bien. Después de todo el que invitas eres tú.

-Yo solo espero que la pases bien. – replicó él.

Llegamos al lugar y hablamos de muchas cosas y en todo momento se comportó como un hombre. Miramos y comentamos sobre las chicas que allí estaban con las que bailamos. Mientras más hablaba con Jorge, más pude ver que era una persona educada e inteligente y de que ciertamente se veía joven y vigoroso. A la vez yo pensaba en su mirada y en como reaccionar si el viejo trataba algo conmigo. No se porqué, pero sin planificarlo había estado pensando en repetidas ocasiones en la forma en que me miró cuando me caí y él me ayudó a levantarme. No se porqué, pero quería volver a sentir esa mirada.

Después de varios tragos, ya yo me sentía en confianza y mis preocupaciones habían desaparecido. El se había comportado muy bien conmigo y sinceramente no sentía ningún temor. Yo paré de tomar porque no me quería emborrachar mucho y él decidió tomarse varios tragos más antes de llevarme de vuelta. Fue un error grave tomárselos pues terminó vomitando en el lugar donde estábamos. Aproveché para sugerirle que nos fuéramos del lugar, cosa que aceptó.

Cuando llegamos al auto, noté

que estaba muy borracho y le pedí que me dejara conducir a mí. Cuando vamos de camino me pidió que me detuviera en su apartamento pues necesitaba cambiarse de ropa porque la traía llena de vómito. Nos detuvimos y aprovechó para darse una ducha. No se si fue la borrachera pero se le olvidó cerrar la puerta y cuando me doy cuenta Jorge esta en una posición en la que pude ver su pene. Era grande, grueso, con la cabeza rosada. Lo tenía flácido. Él no se dio cuenta de que yo lo estaba mirando. De momento yo mismo me asombré por estar mirando a Jorge y me levanté del sofá y comencé a explorar el apartamento.

El apartamento era de revista con muchos detalles y un precioso con balcón de frente al mar. El dormitorio también tenía puertas de cristal con una impresionante vista al mar. Me paré en el balcón del dormitorio y mientras miraba el horizonte no dejaba de pensar en el cuadro que había visto minutos antes. Aquel aparato rosado había cautivado mi mente y yo mismo me reprendía por mis pensamientos. Me sentí nervioso y sólo esperaba el momento de irme de ese lugar. Por otro lado me invadía la curiosidad de volver a sentir aquella mirada penetrante e hipnotizante que me había dado horas antes. Pasaron varios minutos antes de que Jorge apareciera nuevamente. Esta vez vestido con pantalones cortos y sin camisa. Se notaba bastante recuperado de la borrachera.

-Disculpa el espectáculo. Tomé demasiado. – dijo.

-No te preocupes. A mi también me ha pasado. – contesté.

-Gracias por acompañarme y por conducir hasta aquí.

-Mejor conducía yo. Tú no estabas en condiciones para manejar. Además la he pasado tan bien que no quería que se dañara la noche por algún accidente en el auto. – dije yo.

-Gracias por cuidarme – dijo el mientras me comenzó a mirar de forma extraña.

Ahí estaba esa mirada otra vez. Su forma de mirar me puso nervioso. Además, verlo frente a mí sin camisa me hacia sentir raro. Sentí su forma penetrante de mirar y por mi mente pasaron mil cosas. Sin quererlo me quede hipnotizado mirándolo a los ojos. No se porqué sentí que con su mirada había tomado el control de mi mente. En ese momento pensé que podía hacer conmigo lo que él deseara. Realmente yo también lo deseé.

-Bueno. ¿Qué esperas?. ¿Nos vamos? – pregunté abruptamente.

-¿No quieres quedarte un ratito? – repostó él.

-Me gustaría, pero no puedo. Además se va a hacer muy tarde y no me gustaría dejarte manejar sólo de vuelta a tu casa. – contesté -Me estás protegiendo otra vez. Dime algo. ¿Qué pensarías de mí si te digo que soy bisexual? – preguntó.

-Jorge no inventes conmigo. – contesté.

-No quiero hacerte sentir mal, pero te confieso que me gustas como hombre. Además la he pasado tan bien contigo que sólo faltaría tenerte para mí por esta noche. – dijo, mientras se acercó y me tomó por la cintura.

Confieso que fui un idiota y no supe como reaccionar. En vez de darle un empujón y sacármelo de encima, me quedé petrificado.

-¿Te gustaría tener sexo con otro hombre? ¿Te atreverías a intentarlo? – preguntó.

-No. No creo y no inventes. Llévame o me voy caminando. ¿Qué carajo te pasa? ¿Dónde está tu hombría?. – pregunté.

-Perdona que te ofenda. No quise molestarte. Sólo quisiera que no pienses mal de mí. No soy tan atrevido como lo fui contigo. Pero quiero que sepas que soy una persona muy discreta y que la sexualidad no tiene nada que ver con la hombría. Soy un hombre, igual que tú, pero tengo la mente suficientemente abierta para disfrutar sin fronteras mi sexualidad. Discúlpame. – dijo.

-Nunca he estado con otro hombre y no me parece bien. – reposté nerviosamente.

-Si alguna vez maduras mentalmente y decides hacerlo te acordarás de mí. – dijo secamente.

Aún me tenía agarrado por la cintura. Levanté mi cabeza y ahí estaban sus ojos. Esa mirada infernal y ese rostro de bestia en celo me confundían. El notó que iba yo iba a decir algo y me dio un beso en la boca el cual yo no contesté. Traté de separarme pero no pude. Mientras me besaba yo sentía que me apretujaba contra su cuerpo y pude sentir su bulto apretando en mi estómago. Una sensación de cosquillas en el estomago me invadió y me dio fr

ío y comencé a temblar. El notó mi nerviosismo y me dijo al oído que no me preocupara y que no pasaría nada que yo no quisiera. Continuó besándome la boca y el cuello. Poco a poco fue bajando y mientras desabotonaba mi camisa me besó las tetillas y el estomago. Yo no reaccionaba y sólo temblaba en sus brazos.

-Estás muy nervioso. ¿Te gusta lo que sientes? – pregunto.

Yo no contestaba y sólo temblaba sin saber porqué. Tenía mi mente llena de contradicciones en ese momento. No sabía que hacer, ni como escapar de esa situación. Jorge me desabrochó el pantalón y lo bajo lentamente. Comenzó a pasar su lengua por mi pinga, que estaba poniéndose dura, y me entró una serie de escalofríos que no pude aguantar me caí de rodillas frente a él. Me tomó tiernamente la cara, me miró y me plantó otro beso en la boca. Yo ya estaba caliente y le respondí tímidamente. Me apretó fuertemente contra su cuerpo y se dejo caer hacia atrás, quedando yo sobre él. Con sus piernas terminó de quitarme el pantalón y siguió besándome mientras me apretaba fuertemente las nalgas. Mientras me besaba fue jugando con sus dedos hasta que me tocó el culito. Era una sensación rara, pero la estaba disfrutando. No noté sus movimientos, pero de momento sentí que me pasó algo frío por el culito.

-¿Qué haces? – pregunté asombrado.

-No te preocupes. Es una crema para la higiene. No quieres que sienta tus olores.

-No me vas a penetrar – dije yo mientras traté inútilmente de soltarme de sus brazos.

-No lo haré si no lo deseas. Pero mientras quiero que disfrutes este momento.

-Esto no está bien. – protesté casi murmurando.

-Shhhhh!!! Disfrútalo – susurró en mi oído mientras me introdujo un dedo en el culo.

Ahí estaba yo, temblando de nerviosismo y besando a otro hombre mientras me metía un dedo en el culo. Tengo que admitir que en ese momento me estaba gustando lo que estaba sintiendo. Él lo notó y de un empujón me viro de forma que él quedó sobre mí. Me besó la boca y el cuello y poco a poco fue bajando hasta que se metió mi aparato completo en la boca. Lo chupó y lo masajeó a su gusto. Luego levantó mis piernas y comenzó a chuparme las bolas. Exploraba todos mis genitales hasta que bajó un poco más y me pasó la lengua por mi culo. Comencé a gemir de placer. Nunca había sentido nada igual. Mi mente luchaba pero ya yo estaba entregado a él. Ya no me importaba y sólo quería seguir sintiendo su boca por todo mi cuerpo. Quería sentirme devorado por ese macho. Metió su lengua en mi culo hasta que comencé a sentir un temblor incontrolable en todo mi cuerpo.

-Dime que eres mío. – me dijo y volvió a meter su lengua en mi culito.

-Ummm.. Sigue.. no pares – suplicaba yo mientras gemía de placer.

-Dime que quieres que te haga mi mujercita. – insistió.

-Soy tuya. Has lo que quieras conmigo. – dije yo casi suplicando.

-Te voy a clavar y a destrozar completa. Pídeme que te clave. – dijo mientras seguía metiendo su lengua en mi culito que ya pedía más.

-No. eso no. – protesté yo negándome, aunque sabía que ya estaba todo perdido.

Metió su lengua más profundo dentro de mí y sentí que casi me moría. Gemía como un loco y mi voz había cambiado a un tono de mujer. Gemía como una mujer, actuaba como una mujer. Estaba sirviéndole de mujer a Jorge. Él disfrutaba de mí. Me mordía suavemente las nalgas y metía su lengua en mi culito mientras me masturbaba dándome un placer que nunca había imaginado. Perdí la noción de tiempo y espacio. Estaba entregado a ese hombre. Me tenía a su merced y me estaba dando el mayor placer que mi cuerpo había sentido. Yo me sentía alocado y casi pierdo la memoria.

-Ahí papi!!!!! – me escuché a mí mismo gritar mientras explotaba en un orgasmo que nunca olvidaré

Jorge rápidamente subió y me chupó la pija limpiándola y saboreando mis jugos. Yo seguía excitado y disfrutando de lo lindo.

-¿Disfrutaste? ¿Quieres más? – preguntó.

-Tú no has terminado. Lo siento mucho. – contesté mientras todavía temblaba.

-Otra vez te preocupas por mí. No te preocupes. Yo la estoy pasando

bien. Tú sólo disfrútalo – dijo -Gracias por la experiencia, pero me siento mal conmigo mismo. – dije yo sintiéndome mal por haberme dejado llevar hasta esa situación.

-Te entiendo. Es tu primera vez. Lo puedo notar por tu forma de actuar. No te sientas mal. El sexo entre dos hombres es un tabú para la sociedad. Nadie lo acepta, pero todos tienen la curiosidad de probarlo y se mueren sin hacerlo por los prejuicios. Sólo los verdaderamente abiertos a la vida se atreven a hacerlo sin tapujos ni prejuicios. – dijo él mientras me miraba tiernamente y pasaba sus manos por mi pecho.

-Posiblemente tienes razón. – contesté murmurando.

Sentí nuevamente su mirada y me estremecí otra vez. Él lo notó y se acostó sobre mí y comenzó a besarme otra vez. Después de mamármelo hasta ponerme caliente volvió a mordisquear mis nalgas y a meter su lengua en mi culito. Sintió lo excitado que me tenía y aprovechó y me puso en posición de 69. Sentí su maceta chocar contra mi cara. Aquel color rosado, aquel olor… Al principio probé con la lengua su líquido seminal. Sentí un sabor algo dulce. Terminé metiéndomelo a la boca. No me cupo completo. Chupé hasta donde pude mientras él hacia lo mismo y me mordía suavemente los muslos y las nalgas. Jugaba con ellas, las apretaba, las besaba, las mordía tiernamente y me pasaba la lengua por todos lados. Me hacía temblar con cada mordisco.

-Tienes unas nalgas bien lindas.

-Me imagino – alcancé a decir con voz entrecortada..

-Quiero clavarte cabrón. Quiero que seas mi puta. – dijo él.

-Eso no Jorge. Disfruta de mí, pero eso no. – me opuse yo.

A él le importó poco mi oposición y me volvió a untar la crema fría esa, mientras me viraba y se acostaba sobre mi espalda. De repente sentí su miembro duro entre mis muslos. Estaba caliente y se sentía descomunalmente grande. Comenzó a frotarlo entre mis muslos y comencé a oír su respiración acelerarse. Estaba sobre mí y su boca justo en mi oído.

-Quiero hacerte mío. Quiero sentirte. Quiero clavarte completita. Eres mi putita.

Su voz me estremecía. Me hablaba al oído y me hacía temblar todo el cuerpo. Sentía electricidad por mis venas. No puse resistencia. Sentí como agarró su enorme pene y lo acomodó justo en la entrada de mi culito. Dio un pequeño empujón y sentí su cabeza tratando de entrar. Sentí una especie de dolor o ardor intenso. Comencé a moverme debajo de él tratando de soltarme pero era inútil. Me tenía agarrado por el cuello y cualquier movimiento que yo hacía él lo aprovechaba para empujar su miembro más adentro de mí. Yo sentía cómo poco a poco me desgarraba. No lo había metido ni hasta la mitad cuando grité;

-No jodas Jorge, me duele mucho. Déjalo hasta ahí. – dije yo.

-OK. No te preocupes mi amor. Te lo dejaré hasta donde tú pidas. – contestó.

Siguió metiendo y sacando la punta de su miembro por un ratito. Yo lo sentía temblar sobre mí, y poco a poco el dolor fue desapareciendo. Ya no sentía dolor. Mi culo se había adaptado al tamaño de aquel animal y ahora sólo sentía placer y muchos deseos de sentirme ensartado por completo. él se movía cuidadosamente sobre mí para no lastimarme. Me besaba la espalda y la parte de atrás del cuello. Se sentía tierno. Yo gemía de placer mientras sentía que ese hombre, poco a poco me iba poseyendo y yo entregado a él. Se me olvidó por completo mi hombría y ahora yo era y actuaba como una mujer. Por momentos sentía que debía devolver todo el placer que este macho me había dado.

-¿Me regalarás tu hombría? – preguntó en voz baja.

-¿Eso quieres? – pregunté.

-Sí, quiero hacerte mío, pero no quiero que te sientas mal. Quiero que disfrutes tú también.

-Ya lo estoy disfrutando – dije.

-Ahora disfrutarás más. – dijo.

-Dale Jorge, hazme tu mujer. Destroza mi hombría. Me tienes loco. Jódeme ya papi.- dije yo.

En eso, puso sus manos y me apretó por la cintura y dio un empujón. Sentí como mi pobre culito se desgarraba mientras ese animal entraba triunfante por mis intestinos. De un segundo empujón terminó de clavarme por completo.

-Ahhhhhhhh!. Grité m

ientras sentí esa puñalada.

-Así quería tenerte putita. Que culito tan rico tienes. Apretadito como me gustan.

Un tercer empujón terminó de meter los pocos centímetros que quedaban fuera. Me sentía lleno. Casi no podía moverme. Sentía una mezcla de dolor profundo y de placer que me tenía casi desmayado.

-Ahí papi!. Me tienes bien clavado. – fue lo único que pude decir.

Él comenzó sus embestidas. Lo sacaba casi completo y después se dejaba caer sobre mí, clavándome ese puñal hasta lo más profundo de mis intestinos una y otra vez. Mi culo ya no presentaba resistencia. Aquel animal entraba y salía con una fuerza brutal. Sentía como ese hombre se apoderaba de mi hombría con cada bombazo que me daba. Me abría las nalgas, ponía su maceta en la entrada de mi orto y se dejaba caer sobre mí mientras bombeaba furiosamente.

-¿Qué se siente ser mujer? ¿Qué piensas de tu hombría? -Bien rico papi. Soy tuya. Jódeme como quieras. Lléname de ti. – contestaba yo.

Él seguía con su furioso mete y saca. De momento sentí que casi me muero. Comencé a temblar y él me haló y me puso en 4. Metió su miembro bien dentro de mí y juro que lo sentí en el estomago. Sentí que él comenzaba a gemir fuerte y a temblar también. Eso me excitó más aún y comencé a moverme para atrás. El me clavaba con furia, me halaba el pelo, me gritaba puta. Yo estaba a punto de reventar.

-Clávame papi!. Así.. así.. así – gritaba yo mientras él me clavaba más y más profundo.

-Toma puta… esto es todito tuyo puta chula. – respondía él.

-Clávame papi.. clávame duro.. Préñame – le rogaba yo.

En eso él aguantó la respiración y me dio como tres o cuatro clavadas que las sentí desde los intestinos hasta el fondo de mi alma.

-Ah.. ah.. ah.. – me oí gritar -Ahhhhhhhhh – lo oí gritar a él, mientras explotaba en un orgasmo y temblando se vaciaba dentro de mí.

Sentí como su leche me llenaba los intestinos. Sentí lo rico que se siente tener un hombre clavándome y llenando mi culito de su leche.. de su hombría.

-Si.. si.. si papi!. Préñame.. ah.. ah.. ahhhhhhh… exploté yo también en otro orgasmo casi simultáneo.

Fue exquisito. Nunca imaginé que llegaría a disfrutar tanto del sexo como lo hice esa noche. Después de un rato nos levantamos los dos, fuimos al baño y nos lavamos. Le pedí que me llevara. En el camino casi no hablamos. Cuando llegamos a mi hospedaje, me dio las gracias y me dijo que lo llamara cuando quisiera. Nunca lo llamé. Días después me gradué, regrese a la casa de mis padres y nunca más supe de él. Sólo queda el recuerdo tierno de cómo perdí mi hombría y fui su mujer.

Desde entonces me casé, tuve hijos y recientemente me divorcié. Decidí escribir aquella experiencia porque desde mi divorcio no he dejado de pensar en repetir esa experiencia que me ha dejado marcado. Pienso que ahora estoy más preparado para disfrutarlo.

Si te gustó mi historia déjamelo saber…

Autor: Darío dario66 (arroba) gmail.com

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Escrito por Marqueze

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