Mi madre y yo

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Acerqué mi polla a su coño, se la metí. La primera sensación fue notar en la polla el tremendo calor de su vagina, y la gran presión que hacía en mi verga. Mi madre se estaba derritiendo, no se lo esperaba, y se corría. El calor de su coño era indescriptible, paré unos segundos mientras le tocaba el clítoris. No me quería correr todavía, pero cada vez aguantaba menos.

Yo tenía 18 años y vivía en casa con mi padre (47 años) y con mi madre (41 años). Por el hecho de ser hijo único siempre había estado algo más mimado de lo normal. Y el apego a mi madre era muy grande. Teníamos mucha confianza en todos los temas, excepto en el sexual. A pesar de que mi madre es aun joven, esos temas siempre le han resultado embarazosos, y las pocas preguntas que le había hecho me las contestaba pasando de puntillas o pidiéndome que se lo preguntara a mi padre. Pero para hablar con mi padre había que hacer una instancia.

Siempre estaba en el despacho o viajando. Y cuando paraba por casa, leía un rato y luego se marchaba a dormir temprano. Esa desatención hacia mi madre fue lo que permitió lo que al final pasó El caso es que por mi carácter algo retraído, pasaba mucho de mi tiempo libre en casa, y eso me brindaba muchas oportunidades de ver a mi madre en diferentes situaciones. De una forma inapreciable me empecé a fijar en ella con ojos viciosos. No se como ocurrió, pero había pasado de no notar su presencia a fijarme en mil detalles que me excitaban mucho. Mi madre es bastante alta, casi 1,80; y es muy grande toda ella. Lógicamente no es una mujer de revista, pero para quien le gusten las maduras, su cuerpo es ideal.

Tiene un culo grande y fantástico, que se mueve de locura bajo la bata de estar por casa. Unas piernas macizas, y hermosas. Unas tetas muy grandes, no sé, quizás una talla 130; siempre se ha comprado los sujetadores en tiendas especializadas. Pelo negro y abundante. En realidad por aquellos años llevaba el pelo corto, pero digo abundante porque es muy velluda. La miraba y no podía evitar el imaginar como tendría el coño. Peludito, negro y seguro que con grandes labios. Algunas mañanas que no iba a clase, me sentaba en el sofá del comedor para leer el periódico. Entonces entraba ella para limpiar y ordenar un poco.

Miraba con disimulo el movimiento de su cuerpo, cubierto solo con una ligera bata. Cuando subía los brazos, la falda dejaba libres sus muslos, y en más de una ocasión sus bragas quedaban ligeramente a la vista.

Mi polla se ponía dura, y mi mente empezaba a fantasear a mil por hora. Me apretaba la polla con disimulo y el placer me volvía loco. Entonces veía sus sobacos sin depilar, y eso aún me ponía más cachondo. Joder que buena esta mi madre -pensaba-. Se agachaba a limpiar la mesita del centro y asomaban sus enormes tetas sin sujetador. Podía ver el bulto de sus pezones en la fina tela de la bata. Y ya no aguantaba más, tenía que ir a mi cuarto y hacerme una paja. El hacerlo en mi habitación con mi madre rondando por casa aumentaba el morbo.

Estar allí, subiendo y bajando mi mano por la polla cuando mi madre podría entrar en mi habitación en cualquier momento, hacía que me corriese como un loco. Un día, decidí limpiar mi corrida con una pequeña toalla de tocador de mi madre, y la dejé en el suelo, al lado de mi cama. Después me marché a clase con el corazón acelerado pensando en lo que haría mi madre cuando encontrase la toalla llena de semen. Por la noche no hubo ningún comentario al respecto, ni mi madre actuó de forma diferente. Intuí que no se había percatado, por lo que desde ese día cuando me pajeaba, (que era muy a menudo), me limpiaba siempre con una toalla de tocador de mi madre.

Así pasaron algunas semanas en las que me parecía notar que mi madre me miraba de forma diferente. Una mañana me dijo que estaría en la terraza tomando un rato el sol, que ya calentaba lo suyo anunciando un caluroso verano. Cuando escuche que abría la puerta de la terraza, salí de mi habitación y fui al comedor para espiarla por entre las cortinas de la ventana. Me puse de rodillas y sin hacer ruido miré. Allí estaba ella extendiendo la toalla en el suelo. Colocó una almohada de esas inflables y preparó el bote de crema solar. Empezó a quitarse la bata y yo ya no podía más. Que buena estaba. La veía en bikini como tantas otras veces, pero ahora mi polla estaba dura, y me la tocaba a través del pantalón de deporte. Estaba caliente, y cuando estoy caliente pierdo los papeles y hago cosas que en otras ocasiones serían impensables.

No podía apartar la mirada del cuerpo de mi madre. Que tetas más increíbles, que grandes eran, y con unos pezones que se adivinaban gordos tras la tela del bikini. Que piernas tan deliciosamente carnosas, rematadas por un culo apetitoso, que se movía de locura. El coño abultaba mucho la braga, y eso me ponía más cachondo. Mientras miraba como se ponía el bronceador, me levanté y fui hacia la terraza, yo estaba totalmente fuera de mí. Solo notaba mi polla dura y unas fenomenales ganas de follar con mi madre. Salí a la terraza y le comenté:

– Hola mamá. Con el calor que hace no se como puedes aguantar. – Bueno, pero luego estaré bien morenita – contestó mientras se ponía el bronceador. – Si lo haces para estar más guapa, no será posible. Ya eres muy atractiva mamá, y no será fácil superarlo.- Mucho me estás alagando tú, bandido. Seguro que quieres algo y por eso me haces la pelota.- Que voy a querer, mamá. No seas tonta. Solo digo lo que veo y lo que siento.

Mientras estaba de pie ante ella, hablando, notaba como la polla se me estaba poniendo morcillona. Así como estaba, sentada en el suelo, se le notaba la raja del coño en el bikini. Veía las tetas moviéndose mientras se extendía la crema; por el pecho, metiendo un poco los dedos por el sujetador, por la barriga llegando a la braga, por las piernas. Parecía que se estaba acariciando. Y mi polla, que si bien no tenía una erección completa, estaba bastante dura.

Estaba intentando ponerse crema en la espalda, y esa fue una buena excusa:

– Mamá, si quieres te ayudo y te pongo el bronceador en la espalda- le dije mientras me acercaba más a ella queriendo que viera el bulto que hacía mi polla. – Ja, ja, ya lo creo que quieres algo hijo. Toda esta amabilidad no es normal en ti. Pero lo voy a aprovechar. Venga ponme en la espalda.

Y mientras me hablaba se puso boca a bajo. Hay estaba su culo precioso ante mí. Me arrodillé y empecé a extenderle el bronceador. Despacio, muy despacio, saboreando todas las sensaciones que sentía al acariciar su piel con mis manos. Me coloque sobre sus muslos dejando su culo ante mi abultada polla y le frotaba la espalda con las dos manos, hacia adelante y hacia atrás hasta el inicio de las bragas. Que cachondo me estaba poniendo; ahora si estaba mi polla totalmente dura, y la apretaba contra su culo, no lo hacía de forma descarada pero seguro que la estaba notando. Al cabo de un minuto:

– Venga hijo ya está. No pongas tanto esmero.

Lo dijo de forma sofocada y queriendo que lo dejara de forma inmediata. Seguro que el contacto con la dureza de mi polla la había hecho sentirse violenta. Me levanté mientras se giraba, y vi como miraba el bulto en mi pantalón de deporte. Fueron unos pocos segundos, pero me puso loco. Salí y me fui a mi habitación para hacerme una buena paja. Tumbado en la cama, con los ojos cerrados recordando lo que había visto, he imaginando como sería follarme a mi madre, subía y bajaba mi mano por mi polla; me pellizcaba un pezón, aún notaba el tacto de la piel de mi madre en mis manos y en mis piernas.

Escuché unos ruidos en el pasillo que delataban a mi madre acercándose. No sabía si iba a espiarme o si se dirigía a su cuarto, el caso es que sin dejar de masturbarme entreabrí con disimulo los ojos y vi como mi madre estaba mirando por una rendija de la puerta. Eso me calentó mucho más. Estaba a punto de correrme, y me dejé llevar, no quise retrasar la corrida; quería que mi madre lo viese. Y así fue, el placer me invadió y me vino el orgasmo. No dejaba de meneármela mientras manchaba la almohada, luego mi barbilla, el pecho. La polla me palpitaba, y seguía pajeándome, ahora más despacio y pellizcándome el pezón. Y mi madre viéndome. Sin lugar a dudas, a sido la mejor paja que me he hecho en mi vida. Nunca había sentido, ni he vuelto a sentir nada parecido.

Estuve un par de días pensando en lo que había pasado, y siempre llegaba a la conclusión que buscando el momento oportuno podría seducir a mi madre. Ahora tenía que decidir como lo haría. Empecé a ser muy atento con ella, intentaba rozarla siempre que podía. Cuando coincidíamos en la cocina, mientras ella fregaba los platos, yo siempre necesitaba un vaso. Me ponía tras ella y pegándome literalmente a su cuerpo cogía el vaso de la estantería de arriba, rozando mi bragueta con su culo, notando a través de la fina tela del pantalón de mi pijama el intenso calor de su culo. A veces, casi siempre, ponía una mano en su costado, debajo de su teta, simulando esfuerzo para coger un vaso de la parte más lejana. Su teta, sin sujetador, caía sobre mi mano. Y mientras, rozaba mi polla, ya muy dura, por su culo. Un día me dijo:

– Ya está bien Andrés, (ese es mi nombre), te pones encima mío teniendo vasos limpios aquí. – No me gusta beber en vasos recién lavados.  – Lo que pasa es que quieres sobarme, ya te he notado últimamente demasiado cariñoso. Y por cierto, ya quería yo hablar contigo de esto. Eres ya un hombre y hay ciertos temas que me incomoda hablarlos – me decía esto en un tono normal, no estaba nada enfadada. – Pero que temas mamá. Yo no sabía que decir. El corazón me latía a mil por hora. Había una parte de mí fuera de sí por la lujuria, y otra parte no dejaba de recordarme que era mi madre, y que desear follármela era muy fuerte.

– No sé que dices por solo coger un vaso- le contesté. – Mira Andrés, cariño, siempre vienes cuando estoy fregando, te pegas a mí. No sé, si tienes algún problema coméntamelo, porque hablar con tu padre es imposible.- No es nada mamá – no sabía que hacer.- Venga hijo. Dime lo que pasa por tu cabecita – y diciendo esto me besó suavemente en la sien. Eso fue suficiente para mí.

– Es que, mamá, me gustas mucho. Eres tan bonita y tan dulce. Me encanta estar contigo. Estaría siempre a tu lado. Siempre estoy pensando en ti. Cierro los ojos y te veo. – le dije con voz suave, mientras le cogía los hombros y ponía mi cara frente a la suya. Muy, muy cerca. Supongo que el sentirse amada y deseada hizo que se dejara llevar por la situación. Me contestó: – Espero que cuando estás en tu cama con los ojos cerrados no pienses en mí. -¿Porqué dices eso? -Por los regalitos que me dejas cada mañana al lado de tu cama.- me dijo mi madre.

Nuestras caras estaban muy cerca, y yo la mantenía cogida por los hombros. Aunque suavemente se los empezaba a acariciar.

– Perdona mamá. Últimamente voy más excitado de lo normal. Siento haberte disgustado. – No hay nada que disculpar Andrés. Pero al encontrar las toallas tan a menudo, me preocupé un poco. – ¿A menudo? – le dije – ¿Encontrar una toallita cada mañana te parece mucho? Entonces más te preocuparías si supieses las veces que me limpio con papel higiénico. – Pero hijo, has de calmarte un poco. No puedes estar todos los días así. – Contigo delante, mamá, es imposible que me calme. – Andrés yo no puedo provocarte eso. Primero porque soy tu madre. Y segundo porque a mi edad no puedo gustarte. – Mamá – le dije acercándome a ella. Casi rozando sus labios con los míos – eres tú quien me pone así. Estás preciosa.

Y la besé. Atrapé sus labios, y sin poder esperar más, abrí mi boca y con mi lengua la obligué a que abriera la suya. Chupaba su lengua con desespero, abrazándola fuertemente. Empujaba el bulto de mi polla contra su coño y lo notaba blandito por su vello. Entonces me movía hacia un lado y hacia otro notando un placer alucinante. Bajé mis manos hasta poder apretar su precioso culo. Coño, que durito estaba y que gusto tocarlo. Empujado mis hombros separó sus labios. Pero continuó muy cerca de mi. Y yo seguía acariciando y apretando su culo.

– Me parece Andrés que nos estamos equivocando. – No mamá, nadie se está equivocando – le contesté intentando besarla de nuevo. Ella apartó ligeramente la cara. -Escucha hijo, esto no está bien.- yo seguía acariciando su culo.

Entonces subí un mano y acaricié sus tetas. Estaba desesperado y mi mano se movía de una a la otra con rapidez. Eran muy grandes, y algo caídas como a mí me gustan. Era maravilloso sentir su peso. Pasé mi mano sobre un pezón, y lo cogí entre mis dedos y la tela de la bata. Joder, que gordo era. Se lo pellizcaba suavemente y se endurecía mucho – Dios, hijo, eso no. Por favor no me hagas eso. Ahora tenía la cabeza un poco hacia atrás y había cerrado los ojos. Yo seguía acariciando sus tetas y su culo, y entre besos le decía:

– Tú también tienes un problema y deberías habérmelo explicado mamá. – ¿Qué problema hijo? Además tu padre… – Ese es tu problema – la interrumpí – Si él no ha querido ni sabido cuidarte, yo sí quiero hacerlo. Además es casi como si estuvieras con papá. Y además yo sí sabré hacerte feliz. – No hijo, por favor – le desabroché la bata y se la quité. Solo llevaba las bragas – No hagas eso.

No la dejé continuar. Sabía que tenía que aprovechar la oportunidad, puede que fuese la única. La besé de nuevo, metiendo mi lengua en su boca y chupando su saliva. Que rica estaba. Mis manos tocaban sus tetas. Los pezones los tenía muy excitados, y las aureolas eran preciosas, grandes y oscuras; eran un sueño de tetas. Las tocaba, las besaba, las mordía, me encontraba en el paraíso. Mi madre empezó a acariciarme la espalda. Me bajé el pantalón del pijama como pude, y me apreté contra ella. Ahora mi polla estaba pegada a su coño.

A través de sus bragas notaba lo caliente que lo tenía. Desprendía un calor que me hacia volver loco. Me separé un poco de ella y cogiendo una de sus manos la llevé hasta mi polla.

Mi madre la agarró y estuvo quieta. Solo le daba ligeros apretones, como disfrutando de su dureza. Entonces moví mis caderas un poco. Ella con la otra mano me detuvo, y empezó a hacerme una paja. Suave y lenta. Yo bajé mi mano y acaricié su coño. Metí los dedos entre el elástico y lo toqué. Era realmente peludo, y me enloquecen los coños peludos. Llegué a la entrada de su vagina. Acaricié sus labios, eran grandes, tanto que los acaricié como si fueran campanitas. Con el dedo buscaba su clítoris. Si aquí está, duro y mojado. Tenía el coño realmente mojado.

Mi madre seguía pajeándome. Una mano en mi polla y la otra acariciando mis huevos. Ella había decidido seguir hasta el final – pensaba yo.

Me puse de rodillas y le bajé las bragas mientras besaba su coño. Ella se apoyó en el mármol de la cocina. Con mi lengua golpeaba y chupaba sus labios vaginales. Metía mi lengua entre ellos hasta la entrada de su coño y subiendo un poquito lamía su clítoris. Mi madre solo suspiraba y empezaba a dejar ir ciertos quejidos. Yo seguía chupándole el coño, y le metía la lengua dentro, todo lo que podía. Mojando mi cara por sus jugos y mi saliva. Tenía el chocho empapado. Con mis dedos le tocaba el clítoris, mientras seguía metiendo la lengua dentro de ella.

– Ohhhhh, coño, joder – dijo suavemente – me estoy corriendo hijo. Estás haciendo que me corra. Que gusto, que gusto – y me apretaba el pelo.

Me puse en pie y la besé. Tenía mi cara mojada de su coño, y ella con la lengua me chupaba, y me besaba…

– Me gusta mamá. – Espera, déjame un momento – me dijo apartándome.

Se arrodilló y empezó a pajearme otra vez. Tenía la boca muy cerca, notaba su respiración en mi polla. Poco a poco, con la punta de la lengua me acariciaba el capullo, cada vez más rápido, hasta que se la metió en la boca. Era increíble. Yo agarré su cabeza y ella la movía hacia delante y hacia atrás, moviendo su lengua sobre mi verga. Como me la chupaba, me estaba follando con su boca, me estaba llevando al cielo y casi me despisto, faltó muy poco:

– Para, para, mamá por favor, para un momento.- le dije – Ven.

No quería correrme todavía. Aguantaría al máximo para que cuando me corriese le pudiera dar mucha leche. Y además en recuperarme tardo un rato, no podía permitir que se enfriara. Era mi oportunidad y no la iba a dejar pasar. Quería follármela, no que solo me la chupara. La tumbé en la mesa de la cocina y le abría las piernas. Acariciaba su chocho. Estaba muy mojado. Empecé a chuparla de nuevo, rápidamente con cierta violencia. Mi madre con los ojos cerrados, me agarraba la cabeza.

– Sigue hijo, que gusto. Hacía ya tanto tiempo….Oh me voy a correr, joder, me voy a correr…

Entonces me levanté, y acercando mi polla a su coño, se la metí. La altura de la mesa era ideal para follar. La primera sensación fue notar en la polla el tremendo calor de su vagina, y la gran presión que hacía en mi verga. Mi madre se estaba derritiendo, no se lo esperaba, y se corría. El calor de su coño era indescriptible, paré unos segundos mientras le tocaba el clítoris. No me quería correr todavía, pero cada vez aguantaba menos.

– Fóllame hijo. Siiii… metemelaaaa… no pares…jódeme… fóllame…ooohh me voy a correr otra vez….. Me viene, siii, me viene… – Oh mamaaaa, que gusto. Me encanta tu coño. Me encantan tus tetas – y le mordía los tiesos pezones – Me encanta tu boca, y tu lengua y tu saliva – entonces la besaba con fuerza.

Tenía que parar, solo unos segundos. Ella me pellizcaba los pezones, mirándome a los ojos. Buscando mis expresiones. Eso me calentaba aún más. Entonces decidí no esperar más. Empecé a follármela con fuerza, besándola. Ella me dijo muy suavemente al oído:

– No me lo eches dentro cariño, sácala cuando te vayas a correr. – Oh mamá, déjame que me corra dentro… – Aaaah, Andrés… no… Aaaah, ooohh, que gusto, no…no te corras dentro. No tomo nada y me puedes preñar. – Venga mamá, déjame que te eche toda ni leche. Solo para ti, toda…No voy a aguantar mucho… – No hijo, mi amor, sácala. Más adelante si, pero ahora….no, creo que estoy ovulando y me puedes preñar…

Ya no podía aguantar más, necesitaba correrme, y sin hacer caso a mi madre me dejé llevar. Ahora solo pensaba en correrme dentro de su chocho caliente, sin importar las consecuencias.

– Toma mamá, que me viene…me viene – y apretando mi polla bien dentro de su coño, me empecé a correr. Que gusto – Ooohh mamá, mamá, que gustoooo…toma mi leche dentro de tu coño. – Noooo, sácala Andrés…ohhhhh, cuanta leche estás soltando, me vas a preñar… Aaaah, por favor….que caliente está, mi niño…siii, me has dejado llena. Espera, espera mi amor, ahora no tengas prisa por salirte de mi, ya no importa. Siente como late mi coño…¿Lo notas?

Es por ti, hijo mío, me has hecho disfrutar de verdad. ¿Notas que caliente está? Me ha gustado mucho, pero escucha cariño, si te digo que te corras fuera, me has de hacer caso, solo nos faltaba que me dejaras embarazada. Si me prometes que me obedecerás te aseguro que lo pasaremos muy bien los dos. Tenemos mucho pendiente… – Te lo prometo, te lo prometo, si, te lo prometo… – Ja, ja, ja, vale hijo…Uuummm, parece que te sientes cómodo dentro de mi – me dijo al notar como mi polla estaba dura de nuevo.

Esas palabras suyas y el calor de su coño fueron suficientes. Empecé a entrar y salir de su chocho – Espera un poco hijo, sácamela y túmbate en la mesa, así, ponte boca arriba.

Luego ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la entrada de su coño. Su peludo y negro coño. Empezó entonces a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más…

Salud para todos.

Autor: Andres

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Escrito por Marqueze

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2 Comentarios

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  1. que historia mas cachonda, te felicito Andres por tener una madre asi de hermosa y que la puedas disfrutar, la proxima vez que te la cojas tomate unas fotos y enviame aunque sea una.

  2. Que historia mas interesante creo que de haber tenido una madre tan hermosa como la tuya yo hubiera hecho lo mismo, ya que cojerse
    uno a su propia madre me parece de lo mas exitante. si te atreves la proxima vez que te cojas a tu madre tomate unas fotos y mandamelas para conocer lo atributos de tu madre y pajearmela viendolas, y cojerme a mi esposa pero sin dejar de pensar en tu historia. [correos NO permitidos en comentarios – eliminado por la administración R.M.]

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