Mi marido favorito

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Eché mi cola hacía atrás y él subió un poco mi camisón de dormir, empezó a besar mis nalgas y de pronto lamió muy cerca de mi ano, yo me quedé inmóvil recordando lo aseada que estaba y al poco rato lamió, mi ano, lo hacía con destreza,  era realmente delicioso, metió un dedo sin dificultad, luego metió dos.

Mi nombre es Ximena, llevó casada catorce años con un esposo ejemplar y tenemos dos hijos de 13 y 11 años. A principios del 2006 Omar, cambió su actuar y decidió buscarme todos los viernes, era extraño para mí, pues la verdad, era yo quien tomaba la iniciativa, cuando veía que pasaban los días sin tener sexo.

Ahora los viernes son rutinarios, él llega temprano, yo arreglo todo, me acuesto rendida, él mientras tanto trabaja en el computador y a las 10:30, llega al cuarto, cierra la puerta, coloca el seguro, enciende el televisor, baja el volumen al máximo, se lava las manos; esta secuencia me deja completamente despierta. Y empieza dele que dele, hasta que toca. En realidad es agradable, se toma su tiempo, me penetra, se controlaba bastante, es evidente que no quiere terminar, después de varios minutos, se retira y consciente de la maravilla de mis senos, luego vuelve a penetrarme, lo hace como si quisiera conseguir un record, nuevamente se retira y acaricia con su boca mi clítoris y mi vagina.

Yo literalmente, empapada, logro mi orgasmo y trato de recompensarlo, agradecerle de mil maneras, me imagino tragándome su semen, después de una fenomenal mamada y mirarlo estilo película, pero él rechaza con monosílabos todo lo que yo le insinúo y terminábamos siempre en lo mismo, yo en cuatro y él frisando mis nalgas, con su pene, luego esparce con cuidado su semen en mis nalgas y me dice mil piropos. ¡Vas a ver como se pone de hermosa tu piel con estas vitaminas! justifica diciendo lo hermoso de la forma que toma mi cadera en esa posición, lo imponente de la visual, etc.

Resulta que mi hermano, vive en España y piensa regresar por una temporada a Colombia, y nos escribirnos con frecuencia, por casualidad revisé en Internet el historial, y encontré esta página y los relatos leídos, preciso el viernes, revisé los otros viernes y efectivamente, relatos y relatos, leí atenta buscando lo que le interesa a mi maridito, y en todos absolutamente en todos se hablaba de sexo anal, unos bien escritos otros sencillamente horribles. Me acordé de lo ridícula que me sentía en cuatro, y que siempre estaba atenta cuando él tocara de forma diferente mi colita, pero eso nunca sucedía. No me explicaba por qué mi marido ni siquiera me hablaba del tema. No soy una mojigata, si quiere mi colita, la tendría sin ningún problema, pero él nunca insinúa nada.  Me dio mal genio, y durante la semana no podía pensar en otra cosa.

Llegó el viernes y decidí obligarlo de alguna manera a que se sincerara. No le hice ver mis orgasmos y él insistía en las caricias contando que  después de mi orgasmo yo accediera a ofrecerle mis nalgas, las cosas iban de maravilla, yo ya iba para el tercero y él insistía en seguirme acariciando, le insinué que quería un momento arriba y él accedió, logré que me penetrará y empecé movimientos rítmicos y veloces hasta cuando logré un cuarto y delicioso orgasmo con problemita que mi esposo no aguantó y también lo logró, no pudo ocultar su mal genio y me recriminó diciendo que yo ya sabía como a él le gustaba. Que es lo que te gusta, le pregunté, con voz suave.

La forma que toma tu cuerpo, me contestó un tanto desconsolado.  Pues, eso tiene remedio, y con excesiva femineidad me puse en cuatro, abriendo bien mis nalgas, asegurándome que el ano quedara bien expuesto, él se colocó detrás de mí y empezó a besar y acariciar, pasó su dedo pulgar hacía arriba por mi ano, con la voz quebrada por lo que iba a decir, comenté, a veces pienso que quieres algo más, y me da miedo que duela mucho.  No, te preocupes, no lo haría, si tú no lo pides, me contestó con seguridad.

Qué tal, era obvio, que le correspondía a él y no a mí. La batalla estaba planteada, si no tiene el valor de pedirlo, sencillamente no lo tendrá, aunque conociendo a mi marido la pelea no era fácil de ganar.  Me di vuelta, para enfrentarle, pero su pene erecto me cautivó, me abrazó y me penetró un buen rato, terminó de nuevo y se durmió.  No pude dormir, pensando que quien había logrado esa nueva erección era mi virgen y expuesto ano. El siguiente viernes, fue genial, todo previsible, yo le esperaba sin ropa interior y con sábanas nuevas, estaba rigurosamente aseada, y me aseguré de comentar que estaba haciendo una dieta que consistía en comer solo frutas los viernes.

Después de hacerme sentir muy bien, me colocó en cuatro y volvió a pasar su pulgar de abajo hacía arriba, deteniéndose un poco en mi ano, yo traté de no contraerlo, penetró mi vagina, lo sacó y colocó su semen en mi espalda, lo esparcía suavemente. Se durmió y yo no pude conciliar el sueño fácilmente, en realidad quería que hiciera lo que tanto quiere, pero me sentía culpable, de algo que era responsabilidad absoluta de él. Pero, tendría que aprender, no puede obtener lo que no pide, eso era claro.

Los siguientes días, no podía pensar en otra cosa, que no fuera cómo lograr que se decidiera y me lo dijera de forma clara y explícita. Después de varios viernes iguales, se me ocurrió una genial idea, el domingo los niños salieron a ciclo vía con sus primas mayores y nos quedamos solos en casa, aproveché y le dije probablemente, tenía una pequeña herida, causada por una uña traviesa, y que era necesario que me mirara porque él era el único culpable. Así que a los pocos segundos, estaba yo con mi cola al aire y él, mirando mi ano a plena luz del día; no tienes nada, pero te ves preciosa me dijo. Aprovecha y colócame un poco de crema (mi rey), a ver si se me quita la molestia. Logré que introdujera un dedo, y le dije –no duele- introdujo un segundo dedo y no dije más. Terminamos haciendo el amor, pero ese día tampoco fue.

En el trabajo, una compañera llevó un disco de chistes verdes, realmente era muy grosero, nos reíamos en algunos casos por cumplir, pero era evidente que algunas lo encontrábamos subido de tono, en esas llegó la jefe, y con unas cuantas palabras, fue necesario suspender los chistes y colocar música. Apenas se fue, dijo la paisa, no le pongan cuidado la pobre es una amargada, porque no se la comen ni por el culo. Que no, y por qué creen que la tiene de jefe, contestó, otra. Y mi marido, no me da ni las gracias, dijo mi amiga.  Todas hicieron comentarios de todo tipo, lo que pude entender es que todas estaban familiarizadas con el tema. Apenas pude interrogué a mi amiga, y con tranquilidad me dijo que si uno no se lo daba, ellos lo buscarían en otra, o en el peor de los casos en otro, en esas pasó el bus y me tocó despedirme.

Estaba un poco lleno y yo estaba cerca a la registradora, un tipo se subió y descaradamente aprovechó y me tocó las nalgas, con calma, decidí esperar que pasaba, pero él tenía que seguir, yo no me moví y me coloqué lo más cerca de la registradora, fueron más de cinco quienes aprovecharon, incluso un joven se acomodó y posó su dedo un buen tiempo, tocándome de manera totalmente grotesca, el chofer me invitó a sentarme en la cabina, y algo me dijo de lo abusivos que son. Esa noche, mientras mi esposo cenaba, le comenté que había visto, como molestaban a una señora que llevaba un pantalón ajustado, me dijo, que ellas también les gustaba, eso pienso le contesté porque ella no se movía.

Empezó a molestar, tocándome y decía:  ¿se lo arrimaban así?, no solo la tocaban con la mano, pero por mucho tiempo, colocó su mano y molestó tanto que me calenté, y  eché mi cola hacía atrás y él subió un poco mi camisón de dormir, empezó a besar mis nalgas y de pronto lamió muy cerca de mi ano, yo me quedé inmóvil recordando lo aseada que estaba y al poco rato lamió, mi ano, lo hacía con destreza,  era realmente delicioso, metió un dedo sin dificultad, luego metió dos y me preguntó si me dolía, no dije nada, volvió a besar y a lamer; ¡este culito será mío hoy!

Yo pensaba, que en la cocina no era el mejor sitio, de pronto se despertaban los niños, no sabía y se me iba a escapar un grito, no había condones a la mano, ni vaselina o mi rey, pero no podía poner ningún pero, colocó su verga y con destreza la empujó poco a poco, si dolió, pero se decidió y sigue siendo mi marido favorito.

Autor: Ximena

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Escrito por Marqueze

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