Mi mujer, su amante y yo II

Ella no sabía que decir, ¿como iba a explicarme que se había tragado varias veces el semen de su amante y encima le había gustado? A los dos días llamó a su ginecólogo para pedirle cita y colocar el diu. El morbo iba en aumento y empezaba a tener unos tintes peligrosos.

Como sabéis mi mujer me había pedido otra cita con el que es su actual amante.

Cuando me lo comentó, me enfadé bastante, ya que en un principio esto se trataba de un cosa puntual. No dije nada y estuvimos 2 días sin hablar del tema hasta que hicimos el amor, y volvió a salir. Le pregunté:

“¿De verdad quieres volverle a ver?” me dijo:

“No te voy a mentir, tengo muchas ganas, la otra vez disfruté muchísimo en su casa, es una persona muy inteligente, entiende estos juegos a la perfección”.

Ver a mi mujer tan madura y tan dispuesta a volver a verse con él hizo que me inundara una terrible excitación. Ella se dio cuenta y me preguntó:

¿Te excita imaginarme con él?” le dije que si, y me dijo que cuando quedara con él me contaría todo tipo detalles.

Al día siguiente le llamó por teléfono, y le contó nuestra conversación. Él como siempre se mostró encantando con ella con la idea de tener un nuevo encuentro para el sábado siguiente.

Esa semana, los 3 días antes no tuvimos sexo, porque según ella:

“Quería llegar al sábado con más ganas” y así fue.

Del mismo modo que pasó la otra vez, David se presentó en casa a eso de las 8 a recogerla. Mientras mi mujer terminaba de prepararse, estuvimos charlando un rato.

Me agradeció la decisión que había tomado dejándoles verse un día más. Cuando llegó mi mujer, le dio un beso a David, esta vez en la boca.

Llevaba preparada una bolsa con ropa para el día siguiente. Les acompañé a la puerta y se despidieron de mí. Rápidamente me asomé por la ventana y vi como ya salían del portal cogidos de la mano, lo que me puso a cien.

Al día siguiente, regresaron los 2 a casa a eso de las 11 de la mañana. Yo aún continuaba en pijama. Llevaban una sonrisa en la cara los dos, se les veía llenos, satisfechos. Me dijeron, tenemos que hablar y nos sentamos los 3 en el salón.

Empezó a hablar David y dijo:

” JL, tu mujer no se atreve a pedírtelo, pero entre nosotros hay un química sexual especial” mientras mi mujer miraba al suelo,” Nos gustaría poder vernos de forma rutinaria, no queremos ocultarte nada”.

Me quedé blanco, agradecí su gesto de sinceridad y le pregunté a mi mujer:

“Tú que dices al respecto?” y me dijo con lágrimas en los ojos “Estoy de acuerdo, deseo seguir quedando con David, nunca había disfrutado tanto con un hombre”.

Mi cara decía una cosa y mi polla otra. Tuve una erección terrible, de la que ellos se percataron y por tanto no pude negarme.

David de todos modos, deseaba asegurarse y me preguntó:

“¿Estás seguro?, eso significa que serás un cornudo consentidor”

Volví a asentir y mi polla siguió creciendo. Pero todavía no había terminado la conversación, y me dijeron los dos:

“Si vamos a empezar esto juntos nos gustaría que nos dieras permiso para que Marta se pusiera el diu”

Otro golpe mental que no hizo sino aumentar más mi calentura. A cambio les pedí que siempre me mantuvieran informado de todo y que me gustaba que fueran contando con mi aprobación para dar los pasos siguientes. Ahí terminó la conversación, ella le acompañó a la puerto y le abrazó como despedida.

A solas con mi mujer le pregunté:

“¿Estás segura del paso que vamos a dar?” a lo que me respondió:

“Nunca he estado tan segura de algo en mi vida, es un hombre generoso, morboso, guapo, saca lo mejor de mi en la cama y tenemos muchas ganas de experimentar” y le pregunté:

“¿Que hicisteis ayer”

Me dijo que habían follado con muchísima pasión y que se habían corrido muchas veces. Le pregunté:
“¿Por qué quieres ponerte ahora el diu?” y me dijo:

“No quiero quedarme embarazada, necesito sentirle dentro realmente, a él tampoco le gustan los preservativos, necesito que lo entiendas”.

Seguí con mi interrogatorio y le pregunté:

“¿Cuantas veces se corrió él ayer?” y contestó: “Tres”

Y continué con mis preguntas: “¿Donde se corrió?”

No dijo nada, simplemente miró al suelo, volví a insistir:

“¿Dónde?” y tímidamente contestó:

“En mi boca”.

Casi me da un vuelco al corazón, levanté el tono de voz, y le dije:

“En 20 años que llevamos juntos nunca me has dejado hacerlo a mi y al segundo día se lo haces a ¿él?”

Ella no sabía que decir, ¿como iba a explicarme que se había tragado varias veces el semen de su amante y encima le había gustado?

A los dos días llamó a su ginecólogo para pedirle cita y colocar el diu.

El morbo iba en aumento y empezaba a tener unos tintes peligrosos.

¿Continúo con la historia?

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

0 votos
Votaciones Votación negativa

Un comentario

Dejar un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *