Mi primera vez

¡Comparte!

De rodillas se fue poniendo arriba de mí. Agarró mi pija y ella fue bajando de a poco. Yo erguía mi espalda. Terminó de bajar. La había penetrado. Lentamente ella subía y bajaba. Después el ritmo se fue acelerando. Sus tetas se movían para todos lados. Ella agarró una de mis manos y la llevó a sus tetas. Yo las tocaba. Estaba en el cielo. No aguantaba más, sólo aguanté un minuto, pero el mejor minuto de mi vida. Acabé con todo dentro de ella mientras le apretaba una teta con mucha fuerza.

Me llamo Sebastián y hace un tiempo en uno de mis recorridos por la red entré a esta página y encontré relatos de una chica conocida por mí. Esta chica se llama Marcela y entre nosotros hace un tiempo atrás hubo una historia que me gustaría compartir con ustedes.

Hace unos tres o cuatro años atrás ella trabajaba en el estudio jurídico de mi papá. Marcela es una joven y hermosa mujer que siempre usaba minifaldas y las contadas veces que la vi me pareció que le quedaban de maravilla, ya que resaltaban sus piernas casi perfectas. No piernas llenas de músculos y muy marcadas, pero sí piernas firmes, bien mantenidas, largas. Remataba esto con un hermoso y parado culo, yo apostaba conmigo mismo a que ese culo sería tan duro como una piedra. Además de esto ella se dejaba ver con unas blusas o camisas muy ajustadas a su cuerpo que amenazaban con sacarle un ojo a más de un mirón con los botones, ya que sus tetas parecían querer explotar.

Le dediqué más de una noche de pajas a su cuerpo en mi juventud. Muy de vez en cuando escuchaba a mi mamá llamarla puta por su forma de vestir, en sus comentarios con sus amigas yo escuchaba clandestinamente el vocabulario sorpresivo de mi madre. Ella decía que estaba segura de que se estaban acostando ella y mi papá, de que antes de empezar a trabajar en la mañana temprano se echaban un buen polvo en la oficina de papá y otras cosas así. No era imposible que pasara, pero yo creía que mi mamá irremediablemente estaba exagerando. Yo veía a Marcela como una joven inocente que no sabía el efecto que podía provocar en los hombres. Ya verán más adelante cómo cambió mi noción de ella. Un fin de semana de verano mi mamá había planeado unas mini vacaciones para toda la familia en una casa que teníamos y que muy poco usábamos. Tenía hasta pileta, pero íbamos muy poco por el trabajo de mi papá.

Finalmente mi mamá lo convenció para arreglar sus cosas y quedar libre dos días y así disfrutar todos juntos. Mi hermana había arreglado con mi mamá para ir con su novio, lo cual a mí no me causó mucha gracia. Mis ganas de ir eran pocas, sólo quería satisfacer a mi mamá y que ella quedara contenta. A unas dos horas antes de salir y terminando de acomodar algunas cosas sonó el timbre de la puerta y me mandaron a atender. Cuando abrí la puerta una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver la figura de Marcela, parada con una carpeta en las manos y apretada contra su pecho. En ese momento deseé ser esa carpeta.

-Hola lindo, ¿está tu papi?- me preguntó con su voz suave. -Ehhh… si, ya te lo llamo.

Di un grito hacia adentro de la casa llamando a mi papá y llegó muy rápido, por suerte para mí porque no sabía qué decirle a ella, no sabía qué manera tenía de comunicarme con ella, me sentía un total idiota. Cuando mi papá llegó salieron fuera de casa y estuvieron hablando casi media hora. Marcela le mostraba la carpeta y seguían hablando sin alcanzar a discutir. Yo no me podía despegar de la ventana. En ese momento el timbre volvió a sonar y cuando abrí era el novio de mi hermana, Pablo.

-¿Que hacés Seba? ¿Cómo andás? ¿Quien es esa terrible hembra que está con tu viejo?- me preguntó. -Su secretaria- le dije secamente. Después me alejé de su lado y volví a la ventana.

Para ese momento mi papá y Marcela ya venían de vuelta. Cuando entraron él le dijo a Marcela que esperara ahí, que ya venía. Casi sin verme se fue directo a su habitación donde estaba mi mamá arreglando algunas cosas. Yo no entendía qué pasaba y lo único que me esmeraba por hacer era sonreírle a Marcela. Al cabo de un rato y después de ofrecerle algo de tomar a ella, volvió mi papá y dijo:

-Todo arreglado. No me puedo quedar y tenemos que hacer esto. Así es que te vas a tu casa, te preparás un bolso con un poco de ropa y te pasamos a buscar en media hora para que vengas con nosotros. Cuando terminemos esto te traigo de vuelta y asunto arreglado.

Mi cara era sólo una sonrisa, no podía creer lo que acababa de escuchar, Marcela tampoco por eso preguntó y repreguntó si era todo tal cual, que qué cosa diría mi mamá y eso. Mi papá la tranquilizó y le dijo que había sido idea de ella y que todo estaba bien. Después de terminar de arreglar como haríamos para buscarla, Marcela se fue a su casa. Yo me había reanimado y ahora estaba más contento que al principio por el viaje. Hacía mucho calor y cuando fuimos a buscar a Marcela mis padres iban juntos adelante, mi hermana Claudia y su novio en el medio de la combi y yo solo atrás en el último asiento. Cuando pusieron los dos bolsos de Marcela atrás me di cuenta de que seguramente vendría a sentarse a mi lado. Me acomodé en el asiento, me puse derecho y en un segundo ya estaba ella saludando a todos, pidiendo permiso y quedándose a mi lado. Como de costumbre yo sonreía y casi nada más.

Ella llevaba puesto un short de jeans que le quedaba de maravilla. Sus piernas a veces estaban abiertas y otras veces cruzadas y siempre mis ojos clavados en ellas, tanto que cuando levanté la mirada vi que llevaba una musculosa que le quedaba apretadísima y que exaltaban sus enormes tetas. Yo no sabía mucho de ropa interior femenina ni nada, pero por el calor y por como se veían sus tetas, tan pegadas a la musculosa, yo pensé que no llevaba corpiño y todo eso me hizo excitar. De a poco fui notando que mi verga fue parándose y no podía hacer nada porque dejara de crecer. Me crucé de piernas, pero no fue suficiente, dejé de verla, pero no podía dejar de imaginarla, miraba el camino y así de a poco se me fue pasando.

Cuando llegamos a la casa lo primero que hice fue ir al baño. Cuando saqué mi pija estaba todo mojada, pegajosa, aproveché para hacerme una paja, pero mi mamá golpeó la puerta para pedirme que me apurara y ayudara a papá a bajar las cosas. Me puse nervioso, así es que no seguí. Salí del baño maldiciendo a Pablo porque me preguntaba qué cosa hacía él que no ayudaba a mi papá. En un segundo me di cuenta la razón, estaba hablando con Marcela, él se reía, pero ella era poco expresiva. Muy enojado me fui a ayudar a mi papá. Cuando terminamos fuimos al comedor y la comida ya estaba lista, servida en la mesa. Busqué a Marcela casi desesperadamente y a Pablo, pero lo encontré con mi hermana en el sillón, así es que me quedé tranquilo. Al ratito llegó Marcela y nos sentamos a comer. Se habló mucho de política y trabajo, cosas no tan lejanas para mí.

Yo tenía idea de estudiar en la universidad ciencias políticas y me gustaba lo que se hablaba. Escuchaba a Marcela y me daba cuenta de que no era nada tonta. El tonto era Pablo, que quería hacerse el interesante ante ella y terminaba siendo la risa de todos, incluso de mí. Terminamos de comer y yo me fui a la pileta para refrescarme. No supe del resto de mi familia, pero imaginé que mi papá y Marcela estaban trabajando ante la atenta mirada de mi mamá. Mi hermana y su novio estarían por ahí besándose. Sentí algo de sed y fui hasta la cocina para buscar algo de tomar. En el camino de vuelta a la pileta me detuve en la ventana grande y mis ojos se abrieron de sorpresa al ver a Pablo y Claudia besándose casi con desesperación, tocándose uno al otro. Una de las manos de Pablo estaba en unas de las tetas de Claudia y la otra en su culo, el cual apretaba con fuerza. Claudia buscaba como loca la entrepierna de Pablo y llevaba la cabeza hacia atrás en demostración del buen trabajo que él hacía.

En un momento total de calentura Pablo le sacó la parte de arriba de la bikini a Claudia y sus tetas quedaron expuestas. El se las chupaba saltando de una a la otra. Nunca imaginé que mi hermana tuviera esas tetas, nunca me llamaron la atención precisamente por ser mi hermana, pero al verlas al descubierto y siendo presa del ataque de Pablo mi idea con respecto a ellas había cambiado. Bajé mi mano hasta mi pija, estaba dura, miré abajo y el short de baño sobresalía, sólo puse mi mano sobre mi verga, pero no me masturbé. Cuando volví la mirada a la pileta Pablo retrocedía y se subía a la muralla de la pileta. Con un extraño movimiento él se bajó el short. Su pija estaba dura, parada, pero era pequeña. Miré la de él y miré la mía todavía dentro de mi short y sonreí al darme cuenta de que yo contaba con una ventaja sobre él en ese sentido. Pero mi sorpresa mayor fue cuando mi hermana se acercó a Pablo, agarró su pija y se la llevó a la boca.

¡No lo podía creer! Estaba viendo a mi hermana semi desnuda chupándole la verga a su novio en la pileta. Y lo hacía de maravilla. La verga de Pablo no alcanzaba a perderse dentro de la boca de Claudia, pero aún así yo estaba asombrado. Parecía toda una puta. Después de un minuto de estar así Claudia dejó de chuparla y sólo se dedicaba a masturbar a Pablo que la miraba a ella con una sonrisa de oreja a oreja. Mi hermana se mordía los labios y en ese momento Pablo se acercó a ella y la besó. Se dieron un largo beso durante el cual Claudia no dejaba de agarrar la verga de Pablo y él apretaba firmemente el culo de ella. Así semi desnudos salieron de la pileta y se fueron a un rincón del patio, detrás de unas plantas altas y en una esquina de las paredes de la casa. Yo no tenía visión, me di cuenta que lo hacían para que nadie los sorprendiera. Aún así salí al patio sigilosamente y alcancé a escuchar algunos gemidos muy lejanos. Sin dudas era mi hermana.

Me provocaba acercarme más, estaba seguro de que Pablo la había penetrado. Me pegué con la espalda a la pared de la casa y me fui así unos pasos hasta encontrar algún ángulo en diagonal para intentar espiar. Esto lo hacía instintivamente, más allá de que se trataba de mi hermana. Ni siquiera pensaba en lo decepcionados que estarían mis padres si se enteraban de esto. Cuando al final de la pared de mi casa pude ver algo; Pablo tenía a mi hermana contra la pared de frente a él y la estaba ensartando. Con cada embestida ella se levantaba y gemía con mucho cuidado de que nadie escuchara. Yo metí mi mano dentro de mi short y comencé a masajear mi pija, estaba muy mojada y sentía que se me resbalaba de mi mano. De repente vi por la ventana grande que alguien estaba llegando al living. Sin pensarlo fui hasta allá y llegué rápido. Era Marcela. Con una sonrisa hermosa de oreja a oreja me dijo que mi papá preguntó por mí y mi hermana para saber si cenaríamos allí o queríamos salir a otro lado.

Hice de cuenta que iba a la cocina mientras le contestaba y después de eso se fue de nuevo a trabajar con mi papá. Me pareció todo bastante raro y me di cuenta de que me había convertido en cómplice de mi hermana. No quería que la descubrieran, o por lo menos no en ese momento, después me preguntaba si no habría sido mejor que la descubriesen en pleno acto sexual. No me preocupé demasiado. Todavía estaba muy cargado y necesitaba aligerar carga, pero sabía que estaba caliente por haber visto cogiendo así, a mi hermana y no podía pajearme pensando en ella, así es que me puse a jugar con los videos juegos.

Llegó la hora de la cena y de reojo miraba a mi hermana y a Pablo. Estaban ahí como si nada. Mis padres hablaban de lo que se podía hacer mañana y Marcela comía también muy observada por Pablo. Pregunté si faltaba mucho para que terminaran el trabajo con Marcela y Pablo dijo:

-Parece que la estás echando, ¿tenés ganas de que se vaya? Me puse de todo colores y al darme cuenta de la vergüenza que me había dado me puse todavía peor. -No, no es eso. Era sólo curiosidad.

Cada vez soportaba menos a Pablo. Así terminó la cena. Marcela propuso ayudar a mi mamá a lavar las cosas, mi hermana y Pablo se fueron por ahí y mi papá se sentó a ver algo de tele. Cuando estuvo todo limpio Marcela se despidió y se fue a dormir. La idea era que a primera hora de la mañana mi papá la llevara a su casa. Mi mamá y mi papá se fueron a dormir y yo me quedé viendo tele. Busqué casi de inmediato un canal algo porno. Encontré una película y en un minuto ya estaba pajeándome. El ritmo de la película era frenético y sabía que en cualquier momento acabaría. De repente escuché un ruido y me asusté. Era mi papá que iba a la cocina, estaba medio dormido y no me había visto. Apagué la tele y me fui para mi pieza. Cuando estaba llegando mi papá salió de la cocina. Yo estaba con la pija en la mano porque pensaba terminar en mi pieza. Sin pensarlo me metí en la primera puerta que encontré. Al pasar al otro lado la cerré y me quedé esperando a que mi papá pasara.

-¿Qué hacés Sebastián? No lo podía creer. No quería darme la vuelta. Era la inconfundible voz de Marcela. Había entrado a su habitación por equivocación. -¿Qué te pasa? Me volvió a preguntar. -Nada- le dije tratando de disimular.

Sentí que se levantaba de la cama y me agarró el hombro. No podía creer que se moviera tan rápido, en menos de un segundo se había levantado de la cama y había llegado hasta mí. No me quedó más remedio que darme la vuelta. Mi mano todavía estaba en mi verga. Ella se dio cuenta casi inmediatamente y sólo sonrió.

-¿Qué te pasó?- me preguntó.  -Nada. Estaba viendo una película y llegó mi papá- no se cómo, pero le dije todo. Sentía que podía tener confianza con ella. -¿Y te dejó a la mitad?  -Si, sentía que al decirle esto se me incendiaba la cara.

Ella se volvió a su cama. Llevaba una remera bien larga que le tapaba todo. Se sentó en la cama y me invitó a hacer lo mismo. Con toda la timidez lo hice.

-¿Qué película estabas viendo? -No se, cualquiera. -¿Estaba aburrida? -Maso. -¿Por qué no acabaste? -No se. -¿Tenés mucho aguante o no estabas muy caliente? No podía creer la conversación que estaba teniendo con Marcela. -No se, caliente sí estaba. -¿Por qué? Ya estaba en plena confianza.

Seguía con la pija en mi mano como si nada y no me había dado cuenta. Seguro que ella sí se había dado cuenta.

-No se. La vi a Claudia cogiendo con Pablo. -Mira vos. No parecía muy sorprendida. Me decidí a ir más adelante. -Casi seguro que cuando se la ponía a Claudia pensaba en vos. Le gustas. -¿Te parece? -Si. -A mí me parece que es medio boludo.

Pensaba igual que yo. Me sentía cómodo, pero a la vez sentía que el corazón se me aceleraba.

-A mí me cae re-mal. -Si, es medio agrandado, ¿no? -Si- hubo una especie de silencio en ese momento. -Así es que te calentaste con tu hermana. -Si, no se, me calenté de verlos coger. -¿Sos virgen? -Si.

Estábamos muy cerca uno del otro. Seguimos hablando de banalidades un rato más. En un momento ella bajó la vista y me vio que estaba con la pija en la mano. Cuando levantó la mirada otra vez, tenía una especie de sonrisa en la cara. Ahí mismo y casi sin pensarlo me acerqué y le di un beso. Solo se tocaron nuestros labios y volví a mi lugar. Estaba con algo de miedo, más allá de la buena onda que teníamos, estaba seguro que me había zarpado.

-¿Y eso que fue? -Nada, quería hacerlo, perdóname. Es que me gustas.

Si todo parecía un sueño hasta no sabía que sería lo que seguiría. Ella llevó su mano izquierda a mi cara y acercó su boca, me besó. Fue un beso con la boca abierta. Ella mandaba. Ella me besaba. Yo solo tenía la boca abierta y hacía lo mismo que ella hacía. Enseguida entró a jugar su lengua. Sentía pura humedad en mi boca. Mi pija reaccionó apenas yo la había besado. Su mano izquierda bajó hasta mi estómago. Lo acariciaba. Yo estaba excitadísimo. De repente su mano estaba en mi pija. Tocó mis huevos y después me pajeó un poco. Dejó de besarme. Nos miramos. Me sonrió dulcemente. Yo le sonreí. Se agachó y empezó a chupar mi verga. No lo podía creer. Como me la estaba comiendo. Toda. Subía y bajaba. Muy despacio. Me tiré sobre la cama, me desplomé. Por momentos dejaba de chupar y me tocaba los huevos. Yo tenía la mirada perdida en el techo.

Volvió a meterse mi verga en la boca. Seguía con movimientos lentos, de vez en cuando aceleraba y me sentía volar. Volví de repente a la realidad porque sentía movimiento de líquido en mi pija. Estaba por acabar.

-Para- le dije. Ella entendió y dejó de chupar. Me levanté. -¿Te gustó? -Claro que si.

Ella se sacó la remera. Estaba totalmente desnuda, no tenía ropa interior. Se levantó de la cama, fue hasta la puerta y cerró con llave. La veía caminar desnuda, no podía creerlo. Se volvió a sentar.

-¿Querés tocarme?

No le respondí. Solo atiné a llevar mis dos manos a sus gloriosas tetas. Eran redondas, hermosas. Eran las primeras tetas que veía y me parecían perfectas. Las estrujaba con fuerza, ella no decía nada. Me agarró una mano y la llevó cerca de su boca. Me empezó a chupar un dedo. Le pasaba la lengua, hacía lo mismo que había hecho en mi pija antes.

-¿Querés coger?- me preguntó.

Tampoco contesté, pero asentí con la cabeza. Se levantó apenas y buscó en el cajón de la mesa de luz. Sacó su bolso y buscó adentro. Tomó un paquetito rojo y lo abrió. Me lo mostró. Era un forro.
-Mejor nos cuidamos- me dijo- ¿Sabes ponértelo? -No. -Bueno, yo lo hago.

Me agarró la pija y me puso el condón con cuidado. Estiró el condón para abajo y también el cuero de mi pija. La cabeza quedó afuera.

-Que roja está- me dijo. No dije nada. Se acostó. -Vení, yo te ayudo. Ponete arriba de mí. No, para. Ponete boca abajo, va a ser mejor para vos.

Le hice caso. Mientras estaba acostado veía como ella se movía y también sus tetas. De rodillas se fue poniendo arriba de mí. Agarró mi pija y ella fue bajando de a poco. Yo erguía mi espalda. Terminó de bajar. La había penetrado.

-¿Estás bien?- me preguntó. -Claro- le dije riendo.

Lentamente ella subía y bajaba. Después el ritmo se fue acelerando. Sus tetas se movían para todos lados. Ella agarró una de mis manos y la llevó a sus tetas. Yo las tocaba. Estaba en el cielo… wuaoooo.

-Ahora no tengas miedo de acabar.

No aguantaba más, menos mal que me lo dijo. Sólo aguanté un minuto, pero el mejor minuto de mi vida. Acabé con todo dentro de ella mientras le apretaba una teta con mucha fuerza. Yo gemía, casi gritaba y ella nada. Ni se inmutó. Se levantó y se acostó a mi lado de costado. Agarró mi pija y sacó el forro. Estaba lleno de leche. Solo había acabado una vez, pero estaba casi lleno. Yo no daba más. Mi pija estaba muerta. Ella la tocaba y no reaccionaba. Obviamente no la había satisfecho. La miré como pidiéndole perdón. Me besó apasionadamente. Me pidió que le pasara el bolso. Sacó unos cigarrillos, se prendió uno y empezó a fumar. Yo no sabía que fumaba. Me convidó y fumé por primera vez. Tosí y ella rió. Terminamos compartiendo el cigarrillo y la cama por una hora más. En esa hora hablamos de muchas cosas. Entre ellas le pregunté sólo por curiosidad.

-¿Mi viejo te cogió? Ella se sorprendió un poco, pero contestó. -¿No te vas a enojar conmigo? -No. -Si, hemos cogido muchas veces. -No lo culpo- le dije. Ella rió…

Después de un buen rato me levanté y me fui. Ella me recordó que nadie tenía que saber de esa noche. Ya sabrán ustedes más adelante si cumplí con esa promesa.

Autor: sebaschotagorda

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.