MI PROFE DE MATEMATICAS

Era la cuarta vez que me matriculaba de la asignatura AM, mi bestia negra de la facultad.

Ese año decidí tomármelo en serio y aprobarla en el primer examen. Para eso, decidí acudir a las tutorías. Siempre es bueno que el profesor te conozca, además de hacerme falta personalmente las tutorías.

Mi profesor era en realidad profesora. Tenía unos 26 años, recién salida de la facultad de matemáticas. Era una mujer muy atractiva. Morena con el pelo en semi melena, su piel era lisa y del color del melocotón, tenía unas tetas impresionantes, un culo bonito. Estaba para echarle lo que se dice un buen polvo. Pero era una chica extraña. Era muy simpática, pero parecía no haber disfrutado de su juventud, siempre andaba cabizbaja y pensativa. Estaba recién casada. Eso pensé cuando le oía conversar con otros profesores de su departamento:

– Ahora está en Alemania, y dentro de dos semanas se va a Holanda. No para, nunca está en casa.

Yo le preguntaba dudas al salir de clase, hasta que ella me dijo:

– Hoy no tengo tiempo, pasa por tutorías.

Todo ocurrió la primera vez que fui a su despacho para preguntarle unos ejercicios que me habían dado dolor de cabeza. Llamé a la puerta y la entreabrí:

– Hola, buenas tardes.

– Hola, dime. ¿Que pasa?.

– He hecho unos ejercicios y no me salen.

– Pasa, pasa y siéntate.

Ella se levantó de su mesa, se dirigió hacia mí, me señaló una silla y cerró la puerta con llave. Esto último me extrañó. Ella se percató y argumentó que era para que no les molestasen.

Todo iba bien, yo le preguntaba y ella me respondía con paciencia. Hasta que explicándome un ejercicio de raíces me puso la mano encima de mi pierna. Yo me inquieté y seguro que ella lo notó, pero no me quito la mano. Mi polla empezaba a dar síntomas de querer levantarse.

– ¿Has captado por que tiene raíces en -4 y 7? – ¿He?. ¿Como? .- yo estaba en otro sitio.

Me quitó la mano de encima del muslo. Se levantó y se dirigió hacia el ordenador. Ejecutó el Derive (programa de ordenador) y me mostró la gráfica.

– ¿Ves sus raíces?.

– Sí, ahora más claras.

Volvió a levantarse. Se acercó hacia mí. Me puso las manos sobre mis hombros y se acercó hacia mí hasta que sus tetas contactaron con mi espalda. Su cabeza asomó por encima de mi hombro derecho y su pelo rozaba mi cara. Estaba totalmente empalmado. Estaba tieso y nervioso. Ella estaba para pegarle un polvo, y ese día quería uno mío.

De golpe, se giró y empezó a llorar. Me giré. Estaba apoyada en la pared y sus manos tapaban su cara. Yo no sabía que hacer. Si consolarla o marcharme.

– Jodeeeer. Perdona. Ha sido sin querer. Es que lo estoy pasando mal.

Decidí levantarme y consolarla. Me acerqué a ella. La empalmada se me había pasado al ver el panorama. La tomé de los brazos y ella enseguida me abrazó. Lloró en mi hombro derecho.

– Tranquila, no pasa nada. Nadie se va a enterar.

– Yo te debo una explicación.

– Tú no me debes nada.

– Si….espera . Necesito desahogarme.

Nos quedamos los dos de pie. Ella estaba entre la pared y yo. Cuando lloraba también estaba muy buena.

– Es que mi marido no está en casa, viene un día de Holanda y esta cansado el resto de la semana, a la otra semana se va a Alemania y yo le necesito. No se si ya le quiero o no.

– Me estás contando cosas muy fuertes.

– Es la verdad. Nuestra vida sexual está manteniendo esta maravilla como esposa y no follársela tres veces al día es de ser gilipollas. Me decidí.

Avancé poco a poco hacia ella, la tomé por la cintura. Ella paró de hablar y me miró extrañada. Mi cara se acercaba lentamente hacia su cara. Ella se hizo hacia atrás un poco, dubitativamente. Su cuerpo se pegó a la pared. Yo le seguía de cerca. Al final mis labios contactaron con los suyos

levemente.

Una vez. Otra. Y otra. Cada vez más rato juntos. Ella al principio estaba pensativa, pero después le pasó lo que a mí. Su chocho pensó por ella. Rodeó con sus brazos mi cuerpo y lo atrajo hacia ella. Nuestros labios se enzarzaron peligrosamente. Mis manos bajaron hasta su culo, apretándolo hacia mí, para que comprobara mi dura polla. Ella lo comprobó. Se lo noté en sus ojos. También le noté que hacía tiempo que no lo había hecho.

Dio un salto y puso sus piernas alrededor de mi cintura, y sus brazos alrededor de mi cuello. Empecé a buscar una silla con la mano derecha, pues ella empezaba a pesarme. La encontré, no tenía reposa codos y me senté.

Ella estaba encima de mí, moviéndose y sin soltar mis labios de su boca. Al final conseguí quitárselos. Bajé mis labios hacia su dulce cuello, pasando por su barbilla. Quería lamer sus tremendas tetas. Quité las manos de su cintura y las subí hasta sobar sus tetas. Las apretaba y las levantaba. Eran impresionantes. Ella notó mi ganas por disfrutar de sus tetas y se quitó el suéter. Entonces aparecieron sus tetas enfundadas en los sostenes. Le besé el cuello, pero ahora bajando hacia sus pechos. Sus sostenes se cayeron.

Ella se los había quitado y ahora acercaba su cuerpo al mío, poniendo las manos en mis hombros. Me puso una teta en mi boca:

– Vamos…se dulce.

Le chupé y lamí las tetas y los pezones. Ella arqueaba su espalda hacia atrás, hasta que mis brazos la paraban. Cuando me empaché de tetas, la cogí de las piernas y la levanté hacia su escritorio. La senté encima y le quité los vaqueros y sus bragas.

Su chocho era peludo pero bonito. Empecé a jugar con su sexo. Le metí la lengua y lamía sus labios mientras mis manos cubrían sus tetas. Mi lengua golpeaba su clítoris. Su sexo se humedecía cada vez más. Se notaba que hacía mucho tiempo que no hacía el amor. Decidí comérmela hasta que se corriese. Mis dedos pellizcaban sus pezones, mi lengua martilleaba su clítoris y besaba sus labios. No tardó mucho en correrse, gritando apagadamente mientras me cogía de la cabeza.

Ella gemía y mi polla pensaba en meterse dentro.

– Vamos fóllameeee !!!. Vaaaaa.

– Estooo no llevo condón.- a buenas horas pensamientos idiotas.

– Da igual. Tú fóllame.

– ¿Y si me corro dentro?.

– Es que yo quiero sentir tu corrida caliente. Además, ya me apañaré.

Dicho y hecho. Me bajé los pantalones y los calzoncillos de golpe, y mi polla se estiró como si se desperezara. La acosté encima de la mesa, encima de los apuntes y de todo los libros de su mesa. Me puse encima de ella. Si quería un polvo salvaje lo iba a tener. Me adelanté y tomé sus muñecas fuertemente apegándolas a la mesa, le abrí las piernas con mis rodillas y encaré la polla en su chocho.

Se la metí hasta el fondo. Empecé a embestirla suavemente. Ella soltaba el aire bruscamente en cada embestida. Quería mover sus brazos, pero yo los tenía inmovilizados. Mi barbilla como mío. Empezamos a besarnos mientras mi polla se relajaba en su cómodo interior.

Nos relajamos, terminamos de vestirnos, le di dos besos de despedida a sus tetas y a sus labios y nos despedimos.

Nos volvimos a encontrar tres veces más, después de las clases nos íbamos a su piso, cuando su marido cornudo estaba perdiendo el tiempo por Europa.

Pero las demás veces eran más salvajes y sin concesiones al romanticismo.

Aprendió a chuparla y nuevas sensaciones anales.

Después de los exámenes, vi a ver mi nota en su tablón. Había aprobado, un 7, y sin estudiar. Pero había un asterisco rojo al lado de mi nombre. Bajé la vista al final del listado.

* Pasarse por el despacho el viernes 20 entre las 4 y las 8 de la tarde.

Tuve una corazonada. Recorrí la lista y acerté. En total 4 personas teníamos asterisco…seguramente la profesora recuperó todo el tiempo perdido….¿sería el 7 mi nota como amante? De todos modos…nunca he destacado en nada. ;-)

Autor: Narradorxxx

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Escrito por Marqueze

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