Mi putita cuñada

La rodeé con mis brazos y comencé a besarla, en un momento mi hermano pequeño estaba despierto, la alcé justo hasta que su sexo quedó encima del mío y la dejé caer mientras me introducía en su conchita. Su cuevilla era estrecha y por cierto ya había sido visitada, eso no me importaba lo que si me importaba era llenar un agujerito estrecho y cálido.

Se llama Rasmia tiene 18 años y es la hermana de mi novia, de ella trata la historia que voy a relatar. Es ella una muchacha morena, chiquita de estatura (como 1″65) con una media melena morena lisa, unas proporcionadas y bien definidas curvas y, una cara de puta que no puede ocultar.

Hacía ya bastante tiempo que no me podía quitar de la cabeza la idea de que si me lo proponía caería fácilmente en mis brazos, esto era así al haberla sorprendido en varias ocasiones espiando en momentos en los que su hermana y yo franeleábamos. Cuando por la noche iba a dejarla en casa si todavía se encontraba despierta, gustaba de observarnos tras los visillos, con la luz apagada, mientras retozábamos en un coche que, tras estas sospechas, me cuidé de dejarlo siempre a su visual alcance.

En cierta ocasión celebrábamos una fiesta en el chalet de sus padres ante su ausencia, su hermana Jasmine que estaba bastante bebida y yo, acabamos en la yerba de la piscina metiéndonos mano. Jasmine que normalmente controla y corta estos excesos estaba, en aquel momento, bastante desinhibida y acabó bajándome los pantalones y mamándome la verga de maravilla, sorprendí la presencia de Rasmia tras unos arbustos mordiéndose el labio inferior y con la mano derecha entre las piernas.

Aquel fin de semana los padres de mi novia no iban a estar por lo que tracé un plan digno de Maquiavelo para comprobar lo acertado de mis elucubraciones con mi cuñadita. En primer lugar dije a mi novia que me iba al monte con unos amigos, seguidamente le sugerí a ella que podía aprovechar para ir a visitar a esa amiga del colegio que tantas añoranzas le traía y, cada vez que contactaban por teléfono porfiaban por verse y nunca cumplían, para mi regocijo hizo la idea suya. Saldría el sábado por la mañana y volvería el domingo a media tarde, la noche del viernes imaginando los posibles, recibí una tremenda erección que acabé conjugando en solitario.

El sábado a las 16″30 me presenté en el chalet y llamé, me abrió Rasmia con cara de sorpresa:
-¿Que haces aquí, no estabas en el monte? – No Rasmi, surgió un contratiempo y lo hemos suspendido – Pues mi hermana está en Zaragoza – Coño es verdad, se me había olvidado por completo- dije con gesto contrariado. ¿Te importa que pase a tomar un refresco? – Pasa -dijo ella- mientras comenzaba a caminar.

Vestía un pantaloncito de color rosa pegado al cuerpo y, un top azul por encima del ombligo. Adiviné por la falta de elásticos que no llevaba sujetador y, aposte por que llevaba tanga. Me dio la impresión de que alguna pecaminosa idea estaba tomando cuerpo en su cabeza, esto era así al ver como se acentuaban los movimientos de su cadera al caminar.

Yo fui al salón, ella vino de la cocina con dos cocas y se sentó en mi mismo sofá, vuelta hacia mí y con una pierna sobre el sofá. Estuvimos hablando de cosas banales hasta que comencé a interesarme por su vida privada, ella me decía que no le interesaban los chicos de su edad, que eran demasiado tontos, que con alguno que había llegado a tontear todo eran charlas.

– ¿Esto lo sabes al compararlo con tu hermana conmigo? pregunté lanzándome al vacío.
Comenzó ruborizándose por completo, pensé haber ido demasiado lejos pero no…

– Tampoco se puede decir tengáis una vida sexual muy ejemplar; cuatro mordiscos, cuatro achuchones y alguna pajita de vez en cuando. Además Jasmine me tiene dicho que todavía es virgen. -Tienes razón Rasmi, no sabes las veces que he tenido que aliviarme la calentura al llegar a casa. Empiezo a pensar que me equivoqué de hermana. Eh Rasmi, ¿te estoy molestando? – No, son solamente cosas que se me pasan por la cabeza. – Eso no lo podemos evitar le dije, mientras pasaba la mano a su nuca, me acercaba y le besaba suavemente en los labios. Esto tampoco lo pude evitar Rasmi.

Ella lejos de molestarse se vino a mis labios y comenzó a besarme con ansia. Después de estar un rato en esas funciones decidí llevarme por las elucubraciones de la noche anterior, me levanté y le ofrecí mi mano diciéndole me acompañase. La llevé hasta la cocina apoyándola en la mesa al tiempo que comenzaba de nuevo a besarla al tiempo que ella me rodeaba con sus brazos, en un momento la cogí por las axilas y la senté sobre la mesa.

– Si me vas a parar hazlo ahora -le dije. – Eres idiota contestó riéndose.

Le subí el top y se lo saqué, ante mi saltaron dos magníficos pechos, una 95 haría falta para envolverlos, con grandes y rosadas aureolas y, tiesos pezones. Me dediqué un rato a sobarlos masajearlos y mordisquearlos mientras ella acentuaba su cara de golfa. En un momento la empujé de los brazos suavemente tumbándola sobre la mesa, que visión tan atrayente la de aquel joven cuerpo abandonado a mis lujuriosos deseos, a mis sensuales caricias.

Seguí acariciando sus pechos, bajé despacio hacia su vientre que acaricié con las puntas de mis dedos. La tomé del pantaloncito tirando de el hasta sacárselo, ante mis ojos apareció un tanguita rojo empapado en la zona de su sexo, separé sus piernas y hundí mi cabeza apartando el tanga ¡oh sorpresa! la morbosa de ella va completamente depilada.

Le saqué el tanga y comencé a comerle primero sus labios, luego el clítoris, ella se movía y jaleaba cada vez más fuerte. Introduje dos dedos primero, tres después y jugué con ellos dentro mientras le seguía comiendo el clítoris.

Era cuestión de tiempo, al cabo de no mucho sentí como se envaraba, encorvaba su cuerpo y me obsequiaba con una corrida espectacular, su sexo parecía una fuentecilla. Se quedó un momento desvencijada, respirando hondamente.

Al momento siguiente me preguntó que deseaba me hiciese. Le sugerí cambiar de sitio y ella estuvo de acuerdo, me saque los pantalones subí a la mesa y me tumbé en ella. Rasmi me fue acariciando, tocando, mordisqueando mis tetillas, bajó una mano y la metió en mi slip agarrando a mi hermano pequeño mientras seguía bajando sus labios.

Al momento me sacó completamente el slip, tomó mi miembro y acercó su boca a el, le pasó primero la lengua, lo besó después he, inmediatamente comenzó a tragárselo, entra-sale, entra-sale, me daba unas sorbidas que me volvían loco.

En un momento estaba listo y se lo dije, ella siguió, siguió y me fui en su boca, algo increíble, mi semen resbalando por la comisura de sus labios, ella esparciéndolo por su rostro mientras decía:

– Pues no sabe mal oye, demasiado caliente quizás. Le sugerí darnos un baño en la piscina y ella aceptó. Fuimos desnudos, tal y como estábamos, tras un breve momento, cuando sentí que podía responder me acerqué a ella. – Todavía tenemos algo pendiente Rasmi.

Ella sonrió y se acercó a mí preguntando que era. La rodeé con mis brazos y comencé a besarla, en un momento mi hermano pequeño estaba despierto, la tomé por la cintura y la alcé justo hasta que su sexo quedó encima del mío momento en el que abrazándola la dejé caer mientras me introducía en su conchita.

Su cuevilla era estrecha y, por cierto ya había sido visitada, era esto algo que no me importaba lo más mínimo. Lo que si me importaba era lo que en ese momento estaba haciendo que era llenar un agujerito estrecho y cálido. ¿Habéis follado alguna vez dentro del agua?

Aconsejable total, tu compañera se vuelve ingrávida y manejable, el control de la eyaculación es total, una gozada vamos. Aquella noche me quedé a dormir allí estableciendo una complicidad con mi cuñadita que prometía dar mucho de si…

Autor: Felixali

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Escrito por Marqueze

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