Mi realizacion (II).

El día de mi boda y justo tres horas antes de llegar a la Iglesia, la mejor amiga de mi mujer que además tenia fama de casquivana, vino a mi casa a darme unos detalles de ultima hora y a repasar el tema de las horas a las que debíamos llegar y demás. Yo estaba obsesionado con la idea de poner cuernos a diestro y siniestro. Susana que así se llamaba nuestra amiga, no solo era la mejor amiga de mi novia y futura mujer sino la mujer de Aquilino, mi mejor amigo de toda la vida. La invite a tomar un chupito. Con la tontería y un par de chupitos mas ya tenia la mano entre sus piernas y a los diez minutos empece a cogerle la mano y pasársela entre mis muslos.

Al momento ya había introducido mis dedos en su falda hasta alcanzar su panty y al apartar ésta me encontré con un clítoris húmedo y suave, que acaricié alternando con entradas en su caliente y dilatada vagina, ella también me estaba tocando y mi falo se ponía cada vez más duro. Nos pusimos de pié con un beso de tornillo y la tomé de la cintura, a lo que respondió muy apasionadamente, contorneando su figura, invitándome a acariciarle sus nalgas, sus senos, su ponchita, todo su cuerpo. Disfruté tocándola tanto como ella siendo acariciada. La tela de su ropa pegada a la piel se sentía tibia y exquisita. Comencé a desabotonar su blusa y tomé sus grandes senos. Mis caricias la hicieron gemir de placer, pero aún no me atrevía a desnudarla, ya que no sabía si se iba a presentar mi madre. Ella bajó el cierre de mi pantalón y comenzó a acariciar mi picha, que ya se encontraba tan dura como una roca y comenzando a humedecer mis “gallumbos”.

Me senté en una silla del comedor y ella se sentó sobre mi abriendo previamente sus piernas para quedar en posición, aunque sin habernos quitado la ropa. Dejé caer suavemente su espalda sobre otra silla levantando su falda y apartando su panty, comencé a lamerle su ponchita que comenzaba a segregar dulces jugos. Susana se estremecía con cada contacto de mi lengua en su clítoris. Bajé un poco mi lengua para dirigirme a su ano, que estaba afeitadito y limpiecito. Se lo lamí durante un largo rato lo que le gustó mucho según me dijo. Cuando le introduje un dedo en su ano me indicó que le dolía pero que le gustaba.

Me levanté con ella guindada alrededor de mi y me dirigí al sofá, donde la desnudé, a riesgo de que al llegar mi madre que era la madrina, nos encontrara en plena faena. Ella dirigió su cara a mi pene y comenzó a mamarlo a medida que yo terminaba de quitarme la ropa. Uh… que sensación tan divina, esa boquita suave y mojada alrededor de mi instrumento, entrando y saliendo de forma que no quedaba nada por recorrer, a la vez que acariciaba mis testículos con sus delicadas manos. Estuve a punto de acabar en su boca lo que no quise hacer tan rápido, por lo que tuve que sacarle el pene e introducirlo en su vagina que me esperaba ardiendo.

Mientras la penetraba besaba su boca, sus tetas, su cuello. Al rato me provocó meterle el pene en su culito, que me recibió apretado y suave. Le pedí que se tocara su clítoris y ella respondió inmediatamente. Cuando no pude aguantar más, retiré mi pene de su culo y comencé a bombear semen por sus tetas y su abdomen. El orgasmo recorrió mi cuerpo haciéndome temblar, mi líquido corría sobre su piel morena causando un bello contraste. Su mano derecha tomó parte de mis jugos y se acercó a su boca para saborearlo y gozarlo lentamente. Fue un momento maravilloso.

Apenas tuvimos tiempo de recomponernos cuando llegó mi madre que era la madrina diciendo que estaba el coche abajo.

Después de la boda, llegó la comida. Dolores mi novia que ahora era mi mujer estaba radiante. Pasó el banquete y después nos fuimos a la discoteca a bailar. Allí en un momento dado me di cuenta de que Susana se iba sola hacia el servicio de mujeres. Cuando me miró yo creí captar una señal en el hecho y le dije a mi mujer que iba un momento al retrete. Mire a derecha mire a izquierda y me colé dentro del servicio de mujeres.

Allí estaba Susana empolvándose la cara, cuando me vio hizo un gesto entre terror y aceptación ya que hacía como cosa de cuatro horas que habíamos estado follando a to

pe. La cogí de la mano y la metí en uno de los retretes. Le di un morreo en los labios que ella me devolvió casi mordiéndome. Ella me rozaba mi pene erguido debajo del pantalón y yo le metí la mano debajo de la falda, llegando hasta la vagina que ya había visto, y acariciándola, entré en el reino de la humedad y el calor de su vulva. Penetré con uno y después dos dedos, y ella gemía. Saqué la mano y la llevé a mi nariz, sintiendo el fuerte aroma de su sexo. Ella frotaba cada vez más fuerte y empezó a quitarme mi cinturón. Me baje los pantalones y me saque la minga. Le levante la falda mientras ella se dejaba hacer, dejándome ver unas piernas de alucine enfundadas en una medias muy bonitas con liguero y una braga minúscula que arranque de un tirón.

Aún no me chupaba el pene, así que sólo lo tomó con su mano y me lo apretó con una fuerza increíble. Yo le metía con decisión una mano en las senos, en su culo, rozando el ano, entrando la otra mano en su vagina empapada. Me hizo sentar en el inodoro, y levantándose la falda se metió decidida mi miembro mojado, empalándose con placer. En ese momento salió del trance, pareció como un motor al que hubieran dado el contacto y empezó a cabalgar sobre mi como una posesa.

Yo me moría de excitación, y ella forzaba mi miembro hacia abajo para sentirlo más sobre su clítoris. La oí gemir y casi gritar. Le metí un dedo en su ano, y gozó aún más. Olí mi dedo y sentí la mezcla de olores más excitante que había sentido en una mujer. Su sudor me invadía, su sexo era una presencia viviente que saturaba mis sentidos. Sus ojos destellaban cuando se daba vuelta para mirarme. Su boca ansiosa me chupaba los dedos en cuanto rozaban sus labios.

Se calmó breves instantes, manteniendo un movimiento de cabalgata para mi pene, y me dijo:

– Siente cómo me late acá en los ovarios – y llevó mi mano hacia un lado de su vientre. Ciertamente, sentí el latido en ese lugar. Continuó su movimiento y el placer me invadía más y más. De pronto ella se corrió con grandes gritos y espasmos:

– Ya, ya… ¡ No puedo mas!, ahhh ¡ ahhhh ahhh.. yo me voy… ¡Sigue… Sigue!, ahhh, ahhhh, ¡me corro…!. ¡ Asi… Así… Sigue… Sigue…! . ¡ Me corro… Ya… Me corro… por el chochoooo! ¡ ya… ya…. yaaaa….!

Se quedó quieta un momento sentada sobre mi picha a tope de rígida hasta que se salió de pronto arrodillándose junto a la taza del water. Se amorró a mi cipote chupando con una fuerza y voracidad increíbles, hasta que me corrí, se lo tragó todo y me la chupo dejándola limpia como la patena mientras se llevaba una mano a la nariz diciendo:

– Que lindo el olor de tu pene y tu lechecita.

Luego se arreglo el vestido y salimos de allí como si no hubiese pasado nada.

Todo esto solo duro unos minutos y no cruzamos ni una sola palabra jamas sobre el hecho. Unos minutos después volví con todo el grupo y ella estaba en los brazos de Aquilino su marido, mientras este fanfarroneaba de lo hombre que era. Yo por dentro me reía de sus cuernos y aunque aquella sensación me gusto tampoco me sentí realizado.

Autor: Erospopuli

erospopuli ( arroba ) biwemail.com

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Escrito por Marqueze

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