Mi tía Julia

¡Comparte!

Mi tía se dio media vuelta y se colocó a cuatro patas sobre la cama con la cabeza reposando de costado sobre el cojín, su culo era grande y jugoso, por los gemidos de placer que emitía Julia iba a correrse. Yo estaba mareado por la calentura y a punto de explotar por la proximidad del orgasmo.

La mayoría empezáis vuestros relatos diciendo que lo que sigue sucedió de verdad o que la historia que leeremos es real como la vida misma sin daros cuenta que, de este modo, contribuís a que la gente no lo lea como cierto. ¿Qué necesidad hay de desvelar el secreto antes de empezar?

Suelen seguir con descripciones físicas porque un relato erótico debe tener una carga gráfica importante: necesitamos que la imaginación pueda perfilar lo mejor posible a los protagonistas y comentar los rasgos corporales nos ayuda mucho a conseguirlo. De mí os diré que tengo casi 30 años, soy moreno con ojos oscuros llenos de expresividad, alto, delgado y fibroso. Nunca he tenido problemas para gustar a las mujeres aunque, para mi gusto, me di cuenta demasiado tarde de eso. Mi carácter afable y comprensivo me ayuda y tampoco negaré que gusto a bastantes hombres, aunque no sean para nada de mi interés sexualmente hablando. He pedido permiso a mi pene para poder hablaros de él, pero me ha comentado que prefiere que sus datos y medidas no sean publicados, él pertenece a las mujeres que lo deseen porque sabe que no las va a dejar indiferentes, ellas si podrían describirlo.

Para mí, el sexo es lo más importante en mi vida desde que descubrí la magia que encerraba un orgasmo mientras me derramaba sobre una revista erótica demasiado usada. Fue una explosión de placer tan intensa que creía que me faltaba la respiración y que sería transportado al paraíso. Algo cambió cuando besé por vez primera a una chica, entonces supe que mi vida tendría un objetivo básico: seducir a las mujeres. Mi sexualidad ha ido evolucionando, también mis gustos que ahora son más complejos, variados y elaborados.

La historia que aquí os voy a contar pasó hace unos 12 años, fue un verano en la costa brava, en un apartamento de playa pasando las vacaciones con mi abuela y mi tía Julia. Por aquel entonces mis apetencias de chico virgen eran muy claras: quería tocar, lamer y penetrar cuerpos de mujeres maduras sin importarme demasiado su edad ni poner demasiados reparos a su belleza; cada día despertaba con erecciones y, a pesar de mis proezas de onanismo, pasaba empalmado gran parte del tiempo, caliente como el mes de agosto, salido como un perro, guarro como sólo un adolescente puede ser.

La vida veraniega era fácil, mis obligaciones eran pocas en la casa puesto que mi tía y mi abuela se ocupaban de todo mientras los cabronazos de mis padres y hermanos se pegaban el viaje padre por Suecia. Sólo tenía que hacerme la cama, ayudar a poner y quitar la mesa y hacer ver que estudiaba cuando en realidad me encerraba y masturbaba en mi habitación con las bragas y sujetadores de mi tía que cogía del cesto de la ropa sucia y que a veces devolvía manchados de mí. No podía evitarlo. Mi tía Julia me volvía loquito, a mí me parecía el sexo en persona: destilaba deseo y su manera de hablar y de moverse eran de gata, suavidad y sensualidad dentro de un cuerpazo de mujer cuarentona: rubia, ojos azules, rellenita aunque con formas y una mirada inteligente que parecía que estaba adivinando lo que pensabas en ese mismo instante. Sabiéndome desde hacía tiempo el sobrino preferido de mi tiita, ella siempre fue muy dulce conmigo, ignorando que mientras compartíamos techo o en el tiempo que pasamos juntos yo lo que quería era follármela, lamerla toda, darle placer y gozar con su goce.

Me levantaba cuando ella salía de su habitación para verla desayunar vestida con un camisón corto y medio transparente que dejaba entrever tras la tela unos pezones que eran tan grandes y oscuritos. La acompañaba siempre a la playa, renunciando a ir con mis amigos, para verla nadar en bañador de una pieza. La espiaba desde los rincones del piso, desde detrás de las puertas y por las noches salía a la terraza a oscuras para ir a la ventana de su habitación y mirarla mientras leía alguna novela hasta que apagaba la luz. Me fijaba en ella con disimulo cuando planchaba, cuando cantaba, mientras fregaba los platos o cuando cocinaba.

Lo que más morbo me daba era saber que llevaba diez años separada de su marido y que no había tenido desde entonces ninguna pareja, ni amante, ni nada por el estilo, únicamente la compañía de Rufo, el cocker de quien yo estaba tan celoso porque dormía con ella en su habitación. Pensaba que, en cierto sentido, estábamos igual: los dos solos, los dos sin sexo, los dos calientes, los dos receptivos y que ella debía masturbarse tan a menudo como yo. Me gustaba repetirle a menudo lo guapa que era, la trataba con mucha dulzura y me ganaba su confianza para poder cogerle la mano de vez en cuando, apoyar mi cabeza en su hombro mientras mirábamos con mi abuela la televisión.

Yo intuía que ella en algún momento del día se masturbaba, estaba casi convencido, pero no había manera de desvelar ese secreto: ¿lo hacía en la ducha o de noche en la cama? ¿Se limitaba a pajearse deprisa y vestida o se tomaba tiempo para recrearse en su placer? La ropa interior que yo examinaba y olisqueaba a diario no me daba muchas pistas, aunque yo sabía por mi padre que mi tía fue muy activa tiempo atrás, cuando aún no estaba harta de los hombres en general y de que le hicieran daño. Siempre he pensado que no hay imagen más bella que la de una mujer acariciándose y era esa mi principal obsesión tras quince días conviviendo con mi Julia.

La noche del 18 de agosto fuimos a la playa con mi tía para ver la lluvia de estrellas típica de cada verano y yo vi muy claro que ese era el momento del ataque. Envalentonado aparecí en la playa con la mejor de mis camisas, la mejor sonrisa y una botella del cava preferido de mi tía. Ella estaba radiante con un vestido de tirantes negro, cortito, que parecía estar abrazando toda su anatomía cómo y cuándo soñaba despierto. Al darse la vuelta pude apreciar sus grandes senos sujetos y apretados por la tela, empezaba a conocerlos de memoria y ella notó mi atención hacia esa parte de su cuerpo. La falta de sujetador por el contorno tan marcado de sus pezones añadía dureza a la erección que me sobrevino:

-¡Mi cava preferido! Vamos a sentarnos cerca de la orilla que quiero meter los pies en el agua y a Rufo le gusta bañarse.

Ver sus pies desnudos y la forma en que se sujetaba el vestido arremangado no ayudó a que me tranquilizara, los calzoncillos bóxer extendían mi polla tiesa a lo largo de la pernera de mis tejanos y me hacían sentir el calor que desprendía mi rabo. Tras un rato bebiendo cava en silencio, viendo como el perro hacía el tonto con las olas, le dije:

-Esta noche es nuestra… yo… -Jaime, ¿estás bien cariño?- me arrimé más a ella. -Tía Julia voy a besarte… -¿Qué? Realmente no estás bien, será el cava – mientras el chucho empezó a ladrar. -Pero yo te deseo… -Vamos a casa, hace frío y tu abuela estará esperando- Julia se levantó y Rufo se puso a su lado. -La abuela, no se entera, déjame dormir contigo- dije incorporándome mientras la trataba de abrazar por la cintura.-No seas pelma, pareces un niño pequeño.-Tía, yo ya soy un hombre y puedes tenerme cuando quieras.-Ja, ja, ja, para hombres estoy yo, anda campeón, vámonos a casa y te das una ducha fría.

De esta manera abrupta acabó mi intento de ligarla, me sentía estúpido y los efectos del cava me habían dejado aturdido, ¿qué habré hecho mal? pensaba yo, inocente de mí. Al entrar en el ascensor de casa miré a Julia a los ojos y empecé a quitarme la ropa empezando por la camisa y los zapatos.

-¿Qué estás haciendo? -Dijiste que me hacía falta una ducha, lo hago para ganar tiempo y estar en pelotas cuando lleguemos a casa.-Eres muy rebelde, ¡para ya de desnudarte! Mientras bajaba mis calzoncillos, dije: -Tía, esto es para ti, mereces verme desnudo ahora que ya soy un hombre, me has cuidado mucho y quiero regalarte mi cuerpo.

Ella hizo un chasquido con la boca y se dio media vuelta en el ascensor dándome la espalda que acababa con aquel pedazo de culo gordo y prieto que quería penetrar.

-Vístete no quiero estos regalos, tienes que encontrar novia urgentemente.

Ya habíamos llegado a nuestra planta y empecé a vestirme no sin antes advertir que mi tía me miraba la polla por el reflejo del cristal, así de reojo, como quien no quiere la cosa. Entramos a casa, la abuela dormía ya. Bajo el agua de la ducha me sentía un fracasado, incapaz de ligar con nadie, me hice una paja de mala gana y me corrí enseguida. Mientras me secaba mi tía me dio las buenas noches desde el otro lado de la puerta y oí como se encerraba en su habitación.

Salí, me acerqué a su cuarto y puse la oreja sobre la puerta: estaba en silencio aunque con la luz encendida, probablemente leyendo en la cama. Di media vuelta, me dirigí al salón, salí a la terraza y me puse enfrente de la persiana de su habitación. Nunca echaba toda la persiana y tampoco cerraba la ventana ni las cortinas, así que quedaban los agujeritos por dónde mirar y aquél día no era una excepción, quería contemplarla antes de acostarme; al acercar los ojos me sorprendió gratamente lo que vi: estaba echada boca arriba en la cama con sus largas piernas ligeramente flexionadas y llevaba únicamente unas bragas negras muy pequeñas (yo las conocía bien de haberlas tenido entre mis manos y ahora cubrían el mejor tesoro del mundo: tapaban el coño húmedo de mi tía Julia), cuando siempre usaba una camiseta larga muy poco sexy.

Por primera vez en toda mi vida le vi los pechos: eran de un tamaño muy grande, me parecían enormes y sobre todo muy redondos, quedaban iluminados por la lámpara de la mesilla de noche y parecían brillar porque la piel estaba muy blanca. Estaban un poco caídos y los pezones destacaban por ser muy oscuros y anchos, cada pecho parecía ir hacia un lado distinto acabando en una puntita muy salida y rugosa, seguro que estaban rebosantes de leche para mi boca juguetona. Empecé a respirar tan fuerte que temí ser descubierto, mi corazón latía a toda máquina para enviar toda la sangre disponible hacia mi polla que se hinchó rápidamente, nunca la había tenido tan gorda. Disfrutaba como nunca con lo que veía, me sentía terriblemente sexual, y me imaginaba con esos pezones en mi boca, tan largos como un dedo meñique, pensé que quizás mi tía Julia estaba excitada por haberme visto desnudo en el ascensor cuando, de pronto, ella envolvió su pecho con la mano derecha y entreabriendo sus dedos empezó a apretar su pezón izquierdo y a pellizcarlo, pareció crecer más y entonces se dedicó al otro pecho…

Que visión, mi tía sobándose las tetas que parecían ahora más grandes apretujadas de aquella manera que casi debía hacerle daño, pero que la ponía cardíaca porque abría y cerraba sus piernas mientras realizaba suaves movimientos con sus caderas de Marylin Monroe. Al rato se colocó entonces ladeada de manera que pude verla más de frente justo cuando hundió una mano en las braguitas, la removió como si hurgara, la sacó y se la llevó a la cara para oler los húmedos dedos, yo creía estar soñando, ella estiró las piernas y las elevó y con un rápido movimiento levantando el culo se quitó las bragas y las posó sobre su estómago. Yo me pellizcaba y agradecía mi suerte, sentía las pulsaciones en las venas de mi pollón.

No podía apreciar bien su coñito y, por mucho que me esforcé en tratar de cambiar de puesto de vigilancia, la mejor perspectiva que tuve me permitió ver que era muy peludo, rizado y de un color castaño oscuro como el de los cigarros, no alcancé a verle los labios ni el agujero del culo. Se movió lentamente como narcotizada por el sexo y su pierna izquierda flexionada tapó su sexo, fue entonces cuando cogió las bragas negras, las desenredó y desplegó las parte de la toallita para pasarla suavemente primero por un pezón y luego por el otro, con movimientos circulares y mucha sensualidad. Acercó la mano derecha con pulso firme hacía la entrada de su vagina y debió hundir cuatro dedos en su coño que salieron untados de flujo transparente y los secó contra sus tetazas.

Yo creía percibir su olor a sexo, olor a pan acabado de hacer, sabor de lujuria. Cuando acabó, sus pezones brillaban por los juguitos con los que habían sido bañados. Deslizó una mano desde el pecho, pasando por su ombligo, hasta llegar a su peludo del pubis… una vez allí la mano se puso vertical con los dedos muy tensos y empezó a subirla y bajarla cada vez con mayor frecuencia. Los movimientos eran precisos y podía escuchar el sonido de su flujo, estaba empapada y cerraba los ojos cada vez más rato. Abrí mis calzoncillos bóxer y dejé mi polla libre, estaba caliente, hermosa y se me marcaban mucho las venas, tuve que empezar a masturbarme lentamente, sin prisa, pero sin pausa, estaba siendo testigo de lo mejor que me podía pasar sin importarme lo más mínimo que alguien pudiera verme desde los edificios de enfrente.

Julia seguía haciéndose un dedito aunque yo no podía verle el coño, su cuerpo cada vez estaba más tenso y arqueado y sus pezones se erguían mirando al cielo, creo que tanto ella como yo estábamos a punto de corrernos. Mi tía se revolvía de gusto mientras yo pensaba en lo puta que podía llegar a ser y en que un día de esos iba a follármela pasara lo que pasara, sin importarme las consecuencias, estaba decidido: la violaría. Mi tía se dio media vuelta y se colocó a cuatro patas sobre la cama con la cabeza reposando de costado sobre el cojín, su culo era grande y jugoso, por los gemidos de placer que emitía Julia iba a correrse. Yo estaba mareado por la calentura y a punto de explotar por la proximidad del orgasmo, en cuanto mi tía empezó a correrse y a tener contracciones yo empecé a sacar mucho semen y a sentir el orgasmo más deseado de mi vida: parte de mi leche salió disparada hacia la ventana, otro chorro me llegó hasta la barbilla y el cuello y el resto se derramó en la terraza.

Estoy seguro que ella me oyó, soy un hombre bastante ruidoso cuando me corro y me fui a la habitación con una sonrisa en los labios: había conseguido una victoria, pero faltaba la batalla final.

Autor: Jaime

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Un comentario

Dejar un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.