MiniRelato de mi sumisa

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Hola, este relato es verídico y es un ejercicio que le pedí a mi sumisa; una corta redacción de al menos una página sobre uno de nuestros encuentros. Si alguien quiere opinar sobre la valoración que debiera darle a mi sumisa por la redacción, adelante, bienvenido sea.

Los hechos son recientes, muy recientes, no han pasado más que unos días. Ni siquiera una semana. Todo esto sucedió en la provincia de Tarragona, en la zona Terres de l’Ebre. Ahí va el relato de mi sumisa:

Aunque era la segunda vez que quedábamos, los nervios no habían desaparecido. Desde el momento en el que había abierto los ojos esa mañana, no había hecho más que desear que fueran las 3 de la tarde para poder ir a verle. El efecto que tenía sobre mí era increíblemente atrayente. Me di prisa en cambiarme de ropa y prepararme cuando terminó la reunión con mi tutora de prácticas a las 2:40.

Esta vez, cuando estuve cerca del portal del edificio donde nos veríamos no dudé ni un instante, le dije que había llegado y al cabo de unos segundos la puerta se abrió. Noté en ese momento como mi pulso empezaba a acelerarse, las ganas de volver a sentir ese placer tan intenso que él me provocaba cuando ejercía su voluntad sobre mí eran inmensas.

Nos saludamos e intercambiamos unas cuantas palabras de cortesía. Yo, como de costumbre, había hecho los deberes y había llevado todo el camino un huevo vibrador dentro de mí, lo cual me había alterado bastante y me tenía con muchas ganas de “más”. Me quité el abrigo y pudo ver que llevaba puesto un sencillo vestidito verde de tirantes que usaba de pijama en las noches de verano. Después de mirarme durante un momento me pidió que me lo quitara y obedecí en el acto, porque en ese instante, lo único que quería era satisfacer todos sus deseos y a cambio, recibir el mismo placer que la propia situación ya me proporcionaba. Siguiendo sus órdenes, fui a buscar el pañuelo que había traído para usar como venda para los ojos, llevaba un sujetador blanco y unas braguitas de puntos amarillos que no tapaban demasiado. Él aún estaba completamente vestido, me puso la venda en los ojos y me pidió que le quitara el jersey…Mi corazón en ese momento estaba a punto de estallar y mi respiración ya era bastante rápida a causa del nivel de excitación al que me había conducido ese escenario. Se lo quité lo mejor que pude y a continuación los pantalones. En el momento que me agaché para terminar de quitárselos, sentí como pasaba a muy pocos centímetros de su miembro y tuve una gran tentación de detenerme ahí y besarlo, pero no lo hice, esas no eran mis órdenes, de momento.

Olía de maravilla. Con cada movimiento que hacía se acercaba a mí y podía sentir como su cuerpo, tan cerca del mío, me hacía enloquecer, su respiración, alguna caricia suelta…simplemente me trasladaban a otro lugar, un lugar realmente excitante y caliente.

Me puse de rodillas y luego a cuatro patas. Él ya me había puesto su cinturón alrededor del cuello a modo de collar, me estaba paseando por aquella habitación, yo era su perrita obediente, y me encantaba serlo. El suelo estaba frío y hacía contraste con lo caliente que sentía todo mi cuerpo a excepción de mis manos y mis rodillas. El huevo vibrador seguía dentro de mí, lo ponía en marcha y lo paraba a su antojo, me llevaba al límite del placer y, cuando estaba al borde de un increíble orgasmo, lo detenía y mi cuerpo se calmaba al instante.

Lo siguiente que hizo fue ponerme de pie y quitarme la venda de los ojos, la luz de la habitación era bastante tenue y agradable. Las órdenes eran arrodillarme debajo de una mesa de madera que estaba en una esquina de la habitación, él se sentó en una de las sillas con su portátil abierto, supongo que haciendo “alguna especie de trabajo”, como un profesor que da una clase a su alumna obediente medita debajo de la mesa. Me permitió acariciar su enorme miembro por encima de los calzoncillos. Estaba tan terriblemente caliente que empecé con besos y caricias con mi mano y termine mordiendo y chupando de la mejor forma que podía por encima de la tela, supongo que le gustaba y que notó mi “desesperación” porque sacó su pene por uno de los lados de los calzoncillos y pude contemplar maravillada toda su longitud y cómo la punta estaba tan mojada que vi caer una deliciosa gota de líquido transparente, fruto de su excitación, que recogí con mi lengua antes de que llegara al suelo. La forma en la que disfruté de poder chuparle la polla fue espectacular, iba intercambiando distintos movimientos y jugaba también con la velocidad, algunas veces lo introducía todo lo que podía, hasta la garganta, aunque ni en sueños me hubiera entrado toda en la boca. Llegó un momento en el que se alejó un poco y se levantó de la silla, dijo que había tenido que parar porque si no, se habría corrido, y una parte de mí deseó fervientemente que eso hubiera pasado, me habría encantado sentir como se corría dentro de mi boca, como su semen bajaba por mi garganta…habría sido tan delicioso. Lo que vino a continuación, fue con toda seguridad lo más increíblemente excitante, intenso y pervertido que he hecho en mi vida, o mejor dicho, ‘que me han hecho’.

Cogió una cuerda muy larga de su mochila e hizo un nudo alrededor de mi muñeca, en la mano izquierda con una agilidad y una técnica bastante impresionantes, entonces me inclinó encima de la mesa, ambas manos puestas en el borde que quedaba delante de mí. Parecía bastante experimentado mientras pasaba la cuerda por debajo de la mesa y ataba mi otra mano también, inmovilizándome, con toda la parte superior de mi cuerpo pegado a la madera, sin poder moverme, indefensa, expuesta. Mi cabeza estaba en blanco, todo lo que podía hacer era, sentir, dejarme llevar, estar a su disposición y complacerle en todo lo que quisiera hacerme. Sacó algo más de su mochila, pero no pude verlo, puso el huevo vibrador en marcha y de repente sentí como una especie de látigo golpeaba contra mis nalgas. El dolor que provocaba era tan intenso como excitante y, sumado a la vibración que continuaba haciendo su efecto en el interior de mi vagina me iba acercando rápidamente a un orgasmo inmenso. En una situación así, las órdenes siempre eran las mismas, no podía correrme sin su permiso, pero, Dios, cómo aguantar esa dulce tortura sin correrme. Mientras seguía con los azotes sus palabras entraban dentro de mi cabeza como un dulce néctar que alimentaba aún más ese incontrolable placer, quería correrme, quería correrme con su polla dentro de mí, follándome duro, sin contemplaciones…Mis deseos se hicieron realidad. No recuerdo en qué momento el huevo vibrador salió de mí, pero sí recuerdo perfectamente cuando entró Él. Tampoco sé el tiempo que pasó desde que empezó a follarme hasta que un increíble orgasmo recorrió todo mi cuerpo, pero desde luego, no debió ser mucho, y, así, fue como tuve uno de los orgasmos más intensos e increíbles de toda mi vida.

Soltó todas las cuerdas que me mantenían pegada a la superficie de madera y fue cuando me di cuenta de lo tensa que había estado hasta ese momento. Una increíble sensación de paz y satisfacción estaba reinando dentro de mí. Me llevó hasta la cama y me indicó que me tumbara boca abajo, se puso encima de mí, apoyado sobre mis nalgas, y empezó a acariciar y masajear mis hombros, mi cuello, mi espalda, mis brazos. Era mágico. Sentía sus manos, grandes, pero, a la vez, suaves y delicadas recorriendo todo mi cuerpo y juraría sin temor a equivocarme, que fue el momento más placentero y exquisito que he tenido en muchísimo tiempo. No puedo decir cuánto rato estuvimos así, para mí el tiempo se detuvo en el momento que sus manos entraron en contacto con mi piel, me entregué completamente a sus caricias, a su voluntad, no tenía ningún miedo, ningún problema o preocupación, solo podía concentrarme en sus movimientos y en las sensaciones que me provocaban.

Después de eso, hubo un rato más de diversión antes de despedirnos. No entraré en detalles, prefiero guardármelos para mí. Tuve otros dos maravillosos orgasmos que terminaron proporcionándome un agotamiento realmente exquisito. Nos despedimos en el portal, me indicó que saliera yo primero, y que no mirara hacia detrás, él saldría detrás de mí y vería como me alejaba, sin poder volver la mirada en ningún momento. Fue extraño sentirme observada de esa forma, pero no puedo negar que me fui a casa con una sonrisa que estuvo en mi cara durante todo el camino.

Nota para el profesor: No he explicado el resto de nuestro encuentro porque esa parte no solo implica un placer físico, sentí muchas más cosas que prefiero guardarme para mí o, en todo caso, decírtelas a ti en alguna ocasión.

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