Miradas Furtivas

mirada furtiva

Tengo que confesar que solo con recordar esto que os voy a contar aun me pongo muy húmeda. Aquella tarde tenía ganas de dar un paseo por la sierra; era fin de semana, hacia buen día, algo de calor, y el campo estaba sembrado de un color verde intenso. El olor a hierbas silvestres lo invadía todo. Aquella zona es pura montaña, con todo tipo de flora y fauna, arroyos y una cascada muy bonita, que termina en un pequeño lago, a modo de piscina. El acceso hasta allí es algo complicado, con lo que se tiene que ir andando.

Yo llevaba un pantalón cortito, una camiseta, una gorrita para evitar el sol y unas zapatillas la mar de chulas, casi en plan exploradora; y menuda exploración hice (y me hicieron). Esperaba a mi novio, que venía del trabajo. Habíamos quedado allí más veces, pero nunca nos podíamos llegar a imaginar lo que nos ocurrió aquel día.

Me dedique a coger flores y algunas matas de romero y tomillo, lo cual me encanta, para ponerlas en casa y que deje una fragancia embriagadora. Viendo que mi novio tardaba un poco, decidí acercarme a la cascada para refrescarme un poco. Y mientras me iba acercando empecé a oír ruidos extraños. No podía percibir exactamente ni que eran ni de donde provenían. Cuanto más me aproximaba, más raro parecía todo. Tuve que sortear  varios ramajes para poder ver lo que eran realmente aquellos sonidos. Mi sorpresa fue de asombro y de excitación a la vez. Era una pareja haciendo el amor bajo la cascada. Me quede quieta contemplando la escena. Ella estaba a horcajadas encima de él, cayéndole el agua por la espalda. La chica era rubia, melena  larga, con un cuerpo muy bonito y unos pechos turgentes, no muy grandes, pero que a mí me parecieron un néctar de dioses. El era moreno y fuerte. Sus caras aun no las pude ver bien. No quise hacer ruido para que no me vieran y también para no cortarles el rollo.

Mi excitación era brutal. Empecé a tocarme por encima del pantalón, y aun así notaba el calor y la humedad que tenia. Mi respiración aumentaba y comencé a tocarme los pezones que estaban durísimos. Mire alrededor mía, y como vi que no había nadie salvo “los actores de la escena”, me desnude para no estar incomoda al masturbarme. Humedecí mis dedos en la boca y los metí lentamente en mi ya mojado coño. Cada vez era más fuerte el calor que me invadía.

La pareja cambio de postura, girándose ella en dirección mía, mostrando perfectamente sus ricos senos. Entonces pude ver la cara de ella. Era muy guapa, pecosa y de ojos claros. Y se inicio de nuevo el bombeo de ese macho hacia su hembra. Sus movimientos hacían ponerme más cachonda. Cogí mi móvil y lo puse en silencio, por si llamaba mi novio para que no sonara. Le mande un mensaje diciéndole donde estaba, y que no hiciera ruido al acercarse a la zona (no le di pistas jeje). Seguí mirando a aquellos dos salvajes en plena naturaleza dando rienda suelta a sus instintos. Por unos segundos creí que ella me había visto, no sé si fue imaginación mía. Pero poco a poco supe que sí, me había visto, y seguía cabalgando a su hombre, y le daba igual; es más, estaba más excitada, y yo también. Empezó a tocarse los pechos, mirándome muy lascivamente, como si quisiera que yo la imitara.

Entonces comencé a oír pasos tras mía. Era mi novio. Le extraño que estuviera desnuda allí, pero algo intuía. Le dije que hablara bajito y le mostré el espectáculo. Su cara fue de total asombro, y una erección le sobrevino en un segundo. Rápidamente también se desnudo, y vi que la tenia durísima. Y me puse de rodillas para calmarlo, sin perder de vista al show campestre. Comencé a lamerle su gran capullo rosa, lentamente, penetrándolo en mi boca. El me agarro la cabeza y el ritmo era más frenético. Casi la engullía por completo. Con una mano seguía masturbándome y con la otra me pellizcaba los pezones.

De repente la pareja paro de follar y empezaron a hablar, señalando la zona donde estábamos mi novio y yo. Nos sonrieron y nos invitaron a que fuéramos con ellos. Nos recorrió un escalofrío de vergüenza y excitación a la vez. Pero no nos echamos atrás, y nos unimos a ellos. Ella se levanto y se dirigió a nosotros. Sin previo aviso empezó a comerle la boca a mi novio y a masajearle la polla. Yo no sabía qué hacer, pero al momento la chica cogió mi mano y me la puso en su coño, y paso su boca a la mía, besándonos de forma bestial. Mi chico cada vez estaba más duro. El otro tipo nos miraba y se iba masturbando lentamente, para no perder su rigidez. Y así ella nos indico que nos tumbáramos con ellos, de lado; ella se tumbo de espaldas a su chico, penetrándola desde atrás, y nosotros hicimos lo mismo, de cara hacia ellos. Y empezamos a follar. No hablamos, no dijimos palabra ninguna, nos dejamos llevar por el deseo. Mi novio empezó a bombearme fuerte, con grandes sacudidas. Ellos hacían lo mismo, y la chica siguió besándome, tocando mis pechos, amasándolos; mis manos pellizcaban sus pezones, para ponérselos mas duros aun. Seguimos un rato así, hasta que ella se levanto y se puso encima de su chico, hincándose bien su polla hasta el fondo de su coño. Y le comento a mi novio si quería follarle el culo. No se lo pensó dos veces. Y metió sus dedos en mi coño chorreante y uso mi flujo para lubricar el precioso culo de la chica. Y de un golpe la embistió, dando ella un grito de dolor y placer. Estaba siendo empalada por dos hombres llenos de deseo y lujuria. Me puse delante de ella, agarre su pelo y acerque su boca a mi coño, empezando a saborearlo y lamerlo con todas sus ganas. Me temblaban las piernas del gusto. De vez en cuando el otro chico alzaba su cuerpo para lamerme el ano, y de pronto introdujo un dedo en mi culo. El placer que sentí me hizo tener un orgasmo muy intenso.

Al notarlo la chica, hizo señas a mi chico para que se saliera de su culo. Ella se levanto y me llevo hasta su macho, sentándome encima de él, incrustando su enorme polla en mi culo. Podía notar mi ano totalmente dilatado y entro de una vez. Y comencé a cabalgar sobre él. Mi novio se puso de pie delante mía y penetro mi boca, follandomela sin piedad. La chica agarraba mi cabeza y la empujaba para que me tragara entera la polla de mi novio. Mi excitación había alcanzado cotas inimaginables. Entonces mi novio se aparto y, agachándose, penetro mi coño. Nunca había sentido dos pollas a la vez dentro de mí. Los movimientos eran más y más violentos. Ahora la chica su puso encima mía y cogió mi pelo para que me comiera su coño. Su sabor era muy rico. Estaba disfrutando como nunca, al igual que mi novio. Las embestidas se sincronizaron, y poco a poco se iba notando que quedaba nada para que estos dos machos descargaran sus efluvios.

Yo ya me había corrido varias veces, y la chica se corrió en  mi boca, gimiendo con todas sus fuerzas. Entonces el chico nos indico que nos incorporáramos. Ella y yo nos colocamos de rodillas, delante de ellos. Empezaron a meneárselas muy rápido; mientras, nosotras nos tocábamos mutuamente y lamiéndonos las manos para saborear nuestros flujos. Y los chicos avisaron que iban a correrse. Mi novio fue el primero, y se acerco a nuestras bocas y repartió su semen entre las dos. Al poco, el otro comenzó a correrse también, dejando nuestras caras resbalosas  y nuestras bocas saciadas. La lengua de la chica y la mía empezaron a luchar por ver quién era la más guarra por llevarse la lefa de nuestros chicos.

Acabamos todos extasiados de tanto sexo y placer. Todos nos metimos en el pequeño lago para limpiarnos, y así nos despedimos de ellos, sin decir nada, solo saludando con la mano, y alejándonos de una experiencia inolvidable, y que antes o después repetiremos.

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