Mis aventuras (II)

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Sigue la historia con la compañera, esta vez en una cogida fenomenal en el baño

Hola, me llamo Alejandro, tengo 19 años, y me gusta mucho el sexo. Estoy ya cansado de tantos relatos que cuentan relaciones tan rápidamente, en las que sólo hay una cogida y todo se acaba, que quiero presentar mis ideas con más originalidad, con más variedad, para que los lectores de marqueze puedan disfrutar de sensaciones nuevas. Soy de Buenos Aires, Argentina, y si alguna chica quiere saber más de mí, mi dirección es macho_arg007 (arroba) hotmail.com.

Acá continúo la primera parte de mi relato anterior, Mis aventuras (I). Si este te gusta, no dejes de leer el anterior, y los posteriores, porque prometo que saldrán muchos más.

Así fue como terminamos (por el momento). Porque, como ya te dije, ambos estábamos sucios de la transpiración, y fue por eso que ella me dijo que se quería bañar, preguntándome si quería hacerlo junto con ella.

Reconozco que en un principio estuve tentado de aceptar; pero inmediatamente se me ocurrió otra idea, que me pareció mucho mejor. Entonces, le pedí que se bañara sólo ella, pero con la mampara de la bañera abierta; yo me sentaría en el piso del baño, para contempladla mientras se duchaba, y de paso le iba pidiendo que hiciera aquellas cosas que le pedía. Laura, encantada por la idea, aceptó darme semejante espectáculo; y yo, también excitado con la idea, empecé a notar cómo mi instrumento empezaba a reaccionar de nuevo.

Fue así que nos incorporamos, y fuimos al baño, ella delante de mí, moviendo su espectacular y desnudo culo enfrente de mis ojos, que se salían de las órbitas ante el espectáculo, porque la colita de Laura no sólo llama la atención cuando usa jeans ajustados, desnuda es aún mejor, y ella la sabe mover de una forma que, ¡Dios mío!, un se tiene que agarrar para no caerse.

Así entramos en el baño. Elegí el mejor lugar para sentarme en el piso, con las piernas extendidas, y con la más maravillosa de las vistas para la escena que esa belleza me estaba por preparar. Ella se metió en la bañera, y empezó a abrir el agua, que al principio salía fría, lo que le hizo ponerse sus hermosos pezones rosados duros otra vez; yo, por mi parte, cuanto más miraba más empezaba a recuperarme. Pero lo mejor estaba aún por venir.

Cuando el agua ya estuvo a su gusto, mi preciosura agarró el jabón, y comenzó a pasárselo por todo el cuerpo, de frente a mí, y lentamente, como yo se lo había pedido; no me gusta andar apurado en cuestión de sexo, prefiero aprovechar cada instante. Ella empezó enjabonándose las piernas, para lo cual se tuvo que agachar, dejando que sus hermosos pechos colgaran al aire, ante mí, en una posición que no había visto nunca, y que me encantó.

Veía a sus ágiles manos pasar por sus hermosas piernas, enjabonando cada centíemtro de su suave y delicada piel, y me excitaba más por el hecho de que ella adoptaba posiciones poco convencionales, que me gustaban por su falta de artificiosidad.

Fue entonces cuando le pedí que se diera vuelta, y se enjabonara por detrás, especialmente en su delicioso y bien parado culito. Ella obedeció prestamente, dejándome extasiado con el fantástico espectáculo que me ofreció: porque no sólo se dio vuelta, sino que también se agachó, y empezó a subirse el jabón por las piernas, para luego frotárselo suave y lujuriosamente por la cola, lo que me puso a mil, e hizo que mi miembro empezara a dar signos de vida. Además, del culo llevaba el jabón hacia su concha, que por la postura que ella había adoptado se veía perfectamente; eso me encantaba. Más me encantó, sin embargo, cuando noté que ella ya empezó a masturbarse por su propia cuenta, sin que yo se lo pidiera, metiéndose el jabón por sí sola, y volviendo a sacárselo.

También había empezado a gemir. Entonces le pedí que se diese vuelta de nuevo, y que me mostrase cómo se masturbaba. Ella lo hizo, ya totalmente fuera de sí, metiéndose y sacándose el jabón con gran rapidez, mientras con la otra mano se acariciaba frenéticamente el clítoris.

Estaba tan excitada, que no me hizo caso cuando le pedí que parase un poco, que todavía le faltaba

mucho por acariciarse, y se acabó estrepitosamente.

Pero era tal el estado de excitación previo en el que estaba, que se recuperó con gran rapidez, parándose enseguida, y empezando a pasarse el jabón ya no por las piernas, sino por su hermosa pancita, subiendo lentamente desde su pubis hasta sus pechos; llegó a ellos y comenzó a frotarles el jabón con lujuria, deteniéndose especialmente en sus pezones, que continuaban erectos. Jugaba con el jabón y con ellos, recorriendo suavemente su aureola, y gimiendo de placer. Estuvo así un rato, hasta que yo, ya excitado por completo, empecé a acariciarme mi miembro. Ella, dirigiéndome una mirada de lujuria, me preguntó ¿puedo?, y yo le dije que sí, que podía, pero que antes se sacase todo el jabón y viniese hacia mí para que hiciéramos de nuevo el amor.

Dejó entonces que el agua hiciese correr los restos de espuma que le quedaban; para sacárselos de allí donde estaban más profundamente ubicados, su hermosa conchita y su fantástico culo, debió pasarse la mano, y era tal su excitación que comenzó a tocarse de nuevo. Le pedí que no se acabara, que viniese hacia mí para disfrutar ambos…

Me obedeció pronta, ya dominada totalmente por el deseo y la lujuria. Completamente mojada, tanto por el agua como por sus flujos femeninos, se acercó hacia mí, que estaba sentado en el suelo con una mano acariciando mi falo.

Le pedí que se sentara encima mío, para que me cabalgara. Ella lo hizo, sentándose en mi miembro, que no tuvo dificultades para penetrar en lo más profundo de su intimidad. La situación era sumamente excitante, no sólo por el estado en que nos hallábamos los dos, no sólo por la belleza de ese cuerpo que me obedecía todo sin titubear, sino por la situación de hallarse ella completamente empapada de agua, y yo totalmente seco. Sentir sus manos húmedas, al igual que sus muslos, mientras ella me cabalgaba, mientras yo le acariciaba sus bamboleantes senos que se resbalaban de mis manos, era una situación que no había experimentado nunca. Tan resbalosa estaba ella, que me daba la sensación de que no podría agarrarla nunca; pero era tan fuerte sentir a cada momento que podía alcanzarla, que podía volver a poner mis manos una y otra vez en sus zonas erógenas, que empecé a acelerar el ritmo de mis embestidas. Ella me cabalgaba con delirio, con una velocidad increíble, mientras su hermosas tetas se movían incontrolablemente, excitándome aún más, y provocándome –si ello era posible- más ganas aún de cogerla.

Estuvimos así un rato largo, en una embestida feroz y descontrolada que ambos recordaríamos por mucho tiempo. era una sensación única, fantástica, esa de sentir su cuerpo húmedo contra la aridez del mío, ver sus senos bambolearse a esa velocidad, sentir mi miembro introducirse y salir tan rápidamente de la intimidad de ella… Terminé por largar un chorro de esperma, como era de esperar por la excitación del momento, en su interior. Nunca había experimentado una cogida como esa, había sido una experiencia sencillamente excepcional, tanto para mí como para ella…

Pero esta vez sí que los dos terminamos rendidos, sin posibilidades –ni ganas- de pararnos de nuevo. Quedé así sentado, con ella encima mío, mi pene en su interior, por largo tiempo. En vez de bañarnos, habíamos terminado por ensuciarnos más. Pero había sido una experiencia maravillosa y, lo que era más, esa noche aún teníamos pensado salir. Pero lo que sucedió en esa ocasión, lo dejo para el relato que viene.

Autor: Alejandro

macho_arg007 ( arroba ) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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