Mis aventuras (IV)

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Junto a tres amigas, el protagonista disfruta de un “postre” muy especial

Hola, me llamo Alejandro, tengo 19 años, y me gusta mucho el sexo. Estoy ya cansado de tantos relatos que cuentan relaciones tan rápidamente, en las que sólo hay una cogida y todo se acaba, que quiero presentar mis ideas con más originalidad, con más variuedad, para que los lectores de amrqueze puedan disfrutar de sensaciones nuevas. Soy de Buenos Aires, Argentina, y si alguna chica quiere saber más de mí, mi dirección es macho_arg007 (arroba) hotmail.com.

Al otro día nos despertamos muy tarde, lo que era lógico dado lo cansados que nos habíamos acostado la noche anterior. Nos bañamos, esta vez separados, para no tentarnos, y yo me volví a mi casa, no sin antes quedar con ella en que nos veríamos a la nochecita. Así que volví a mi casa, me cambié después de casi dos días de andar con la misma ropa, y me dispuse a pasar la atrde, cuando ya cerca de la noche (serían más o menos la 6:30-7:00), ella me llamó.

Me dijo que tenía una sorpresa para mí, especialmente para mí, recalcando el especialmente. Ello me intrigó, como te darás cuenta, pero a pesar de lo mucho que insistí Laura se negó a decirme de qué se trataba; tan sólo me dijo que ella vendría a mi casa más tarde, y ahí me enteraría de todo.

Tuve que aceptar, porque la curiosidad me mataba, y no tenía alternativa.

Así es que a eso de las 9 sentí que tocaban el timbre de mi casa; deduje, naturalmente, que se trataba de Laura. Pero no fue tan así, más bien me quedé corto: porque se trataba de Laura, en efecto, pero ella no venía sola, sino acompañada. Y sus acompañantes estaban realmente apetecibles…

Eran dos; una se llamaba Belén, y la otra, Natalia. A Belén ya la conocía, sabía que era amiga de Laura, las había visto juntas algunas vez, cuando éramos comapñeros de colegio. En realidad, había visto a Laura con muchas otras amigas, pero si me acordaba de Belén era por uno de sus rasgos especiales: el poderoso par de melones que portaba. La mina era petisa, apenas uno cincuenta y algo, pero, Dios mío, ¡qué tetas que tenía! Eran realmente espectacular, enormes, y daban una apariencia de pulposidad que haía que todos los hombres las deseáramos. Su pelo corto, hasta el hombro, su cara limpia, aniñada, la hacían, si cabe, más atarctiva aún. Vestida con un jean ajustadísimo, y una remera con un voluminoso escote delantero, estaba realmente espectacular.

En cuanto a Natalia, no al conocía previamente, pero no tardó en impresionarme. Era más alta que Belén, mucho más flaca, con unas piernas de ensueño que su minifalda dejaba ver claramente, un culo que (después lo supe) era el más espectacular de las tres, y unas tetas pequeñas, pero firmes, que se entreveían a través de su top, que no llevaba tirantes. De pelo largo, negrísimo, y una mirada provocativa, era realmente toda una invitación a que mi falo se erguiese.

En cuanto a Laura, vestía tan espectacular como de costumbre, con un vestidido celeste corto (cortísimo, en realidad) que dejaba ver sus hermosas piernas (las cuales no me privé de acariciar brevemente al saludarla). Además, el vestido era bastante suelto arriba, por lo que insinuaba todas sus formas más allá de lo necesario.

Casi instintivamente, me di cuenta de que Laura debería haberles dicho algo a esas dos bellezas que eran sus amigas, acerca de lo que habíamos hecho nosotros. En efecto, de otra forma no se explicaba que me hubiera hablado de la “sorpresa” que me tenía, y tampoco que ellas estuviesen vestidas así.

Pero las tres, las muy garciosas, se hacían las que no sabían nada, incluso Laura, que me trataba sólo como un amigo del colegio.

Ninguno de nosotros había cenado; así que pedimos unas pizzas para hacerlo. La velada transcurrió muy agardablemente, aprovechamos la situación para concoernos mejor con las chicas, ya que prácticamente nunca había habaldo con Belén y a Naty no la conocía. Eso sí: las chicas, si bien de vez en cuando me insuinuaban algo sutilmente, no se els escapó ni una palabra con un sentido mayor al de la amistad.

Lo interesante, sin embargo, lelgaría con el postre. Cuando pregunté qué querían, dici&eac

ute;ndoles que tenía epnsado pedir helado, todas asintieron, excepto Laura, que me preguntó si tenái bananas. Le dije que sí.

Así que mientras esperábamos el helado, Laura emepzó a comerse una banana.

Lo hizo con una sensualidad cautivante; eligió priemro la más grande de todas, la agarró con la mano, y deliberadamente le sacó la cáscara con los dientes, para calentarme a mí. Evidentemente, lo consiguió, y más cuando, una vez que le hubo sacado la cáscara, coemnzó a chuparla, y a lamerla, sin comérsela todavía. Y, como es lógico, la miraba obnubiliado; ella me sonreía de vez en cuando, provocativamente. De pronto Naty, que estaba sentado al lado de ella (Belén y yo estábamos de frente que ambas) le pidió probar un poco, y Laura accedió. Ahora eran dos las muejres que lamían aquella afortuanda banana, como si de un pene se tratara, lujuriosamente, aprovechándose para besarse entre ellas. Con gusto hubeise seguido contemplando aquél espectáculo, pero en eso sonó el timbre: era el helado, así que, como dueño de la casa, salí a atender.

Cuando regresé, Alura y Naty tenían cada una uno de los extremos de la banana en la boca, y se la estaban comeindo; el espectáculo era magnífico.

Pero me hice como si no pasara nada, y me dispuse a servir el helado.

Ahí la situación se tranquilizó un poco, pero sólo por un breve lapso. Apenas había Naty probado bocado, cuando Laura le preguntó qué tal estaba; y su amiga, por toda respuesta, agarró un poco de helado con el dedo y se lo puso en la boca. Laura le chupó el dedo con fruición, y le pidió más; así fue que las dos empezaron a untarse los dedos con ehlado y a chuparselos mutuamente, meintras que yo me concentraba en Belén. Ésta había pedido helado de limón, y yo de chocolate, por eso me preguntó si podía probar el mío. Completamente excitado, le dije que por supuesto, e hice lo mismo que había ehcho Naty, tomé un poco con el dedo para llevárselo a la boca. Tuve la buena suerte, sin embargo, de que el helado se me cayera del dedo, para ir a parar a sus hermosas tetas. Le dije que no se preocupara y, totalmente excitado, le levanté el helado con el dedo para llevárselo a la boca; ni qué decir tiene que aproveché el momento para tocarle alevosamente sus hermosos pechos. Cuando le pregunté qué tal había estado, me dijo que el helado más o menos, pero la sensación de frío en sus tetas era inigualable.

Fue así que, ya completamente excitado, le dije que se tendiera sobre la emsa, boca arriba; ella me obedecío en el acto. Entonces, le bajé el top y el corpiño que tenñia abajo, pudiendo finalmenet contemplar esos preciosos senos, con un pezón enorme y duro, y una aereola extremadamnente grande, justo como tanto me gusta. La besé un ratito, pero enseguida tomé un poco de helado y se lo coloqué en los pezones, para acto seguido lamérselos, mientras ella gemía de placer. Mientras, Laura y Naty, que ya se besaban apasionadamente, dirigieron cada una una mano al cuerpo de su amiga, y empezaron a acariciarlo, Laura en sus piernas, por encima del jean, Naty en una de sus tetas. Yo seguía con mi obra, colocando helado en cu cuerpo y comiéndolo, y Belén aprec´ñia disfrutar tanto que las otras dos pronto me pidieron que les hiciera lo mismo.

Ganas no em faltaban, pero decidí que mejor sería disfrutar yo un rato con esas tres hermosas mujeres, antes de hacerlas disfrutar a ellas. Por eso les dije que con mucho gusto, pero que antes las tres tendrían que desnudarme, acariciermne y lamerme todo elc uerpo, y usarlo como un inmenso pote de helado, hasta hacerme acabar; recién ahí yo comenzarái con ellas.

Aceparon al unínsono; les dije que fuéramos al living, donde estaríamos más cómodos. Hasta allí me siguieron, Belén y Naty ya sin top ni corpiño, y Laura con la tela del vestido corrida a los costados, de forma que msotraba sus pechos. Me desnudaron lentamente entre las tres, aumentando aún más mi excitación, pasando sus delicadas manos a lo largo de todo mi cuerpo, mis piernas, mi pene, mi torso, besándome con pasión, hasta que Nmaty dijo que era la hora de comer el postre, y me tendieron boca arriba en el suelo, para pasar a untarme helado.

Fue una snesación maravillosa, sentir el helado por todo mi cuerpo, enfriándome un poco,

si ello era posible… Y después vino lo mejor, sentir los albios de todas ellas recorriendo de nuevo mi cuerpo y limpiándomelo, el palcer era indescriptible; pero lo mejor todavía faltaba, porque deliberadamente les pedí que dejaran mi miembro para el final. Ellas obedecieron, y siguieron recorriendome el cuerpo con sus elnguas, a veces untñandome helado en más de una ocasión. Hasta que, fianlmente, Naty se cansó y dijo que tenía ganas de probar otra “banana”, a lo que las otras dos asintieron, y yo también, pues me encontraba al borde de la eyaculación.

Sólo tuve duerzas para pedirles que me lo chuparan las tres al mismo tiempo, a lo que asintieron: así que Belén se colocó a mi derecha, Laura a la izquierda, y Naty enfrente mío, para empezar a hacerme una mamada sensacional.

Me incorporé levemaente, para ver lo que hacían. El espectáculo d ever a esas tres bellezas peleñandose por tener un pedazo de mi falo en su boca era fantástico. A veces me lo chupaban las tres, a veces sólo una de ellas mientras las dos restantes se besaban, y a veces incluso transaban las tre smientras una de llas me peteaba. Fueron minutos maravillosos, geniales, los mejores que había pasado hasta entonces, la situación era realmente única… Hasta que no aguanté más y largué toda mi leche, tratando de cubrir pr igual las caritas de las tres, que recibieron mis disparos con alegría, para acto seguido pasar a limpiarse mutuamente, lamíendose y chupándose los rostros, proporcionándome otro magnífico espectáculo gracias al cual mi falo comenzó a recuperarse. Pero lo que pasó desde enconces, es otra historia.

Autor: Alejandro

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Escrito por Marqueze

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