Mis hermanas (II)

¡Comparte!

La confianza que mostramos los tres en el desayuno unidas a la calentura que me producían ya mis hermanas me dieron el permiso para entrar de repente en el cuarto de baño que Ana nunca cerraba por dentro.

Aquel mismo día, el viernes el Viernes por la tarde, mi hermana Ana estaba en el baño preparándose para salir de fiesta. La confianza que mostramos los tres en el desayuno unidas a la calentura que me producían ya mis hermanas me dieron el permiso para entrar de repente en el cuarto de baño que Ana nunca cerraba por dentro. Entré y allí estaba ella recién duchada con el pelo mojado y sólo una toalla enroscada a su cuerpo. Ana se extrañó y yo cerré la puerta tras de mí. La verdad es que con luz me daba corte estar con ella en el baño.

– ¿Qué quieres?.- me dijo Ana.

– Nada. Esto… las tijeras.- y me acerqué al cajón donde estaban guardadas, pero antes de abrirlo fui hacia ella y le agarré las tetas e intenté besarla. Ella me apartó bruscamente y me dio una torta en la cara.

– ¡Tu estas tonto! ¿De qué vas enano? ¡Sal de aquí!

– Pero…

– ¡Que salgas de una puta vez de aquí, enano!

…Y me fui a mi cuarto acojonado. Había perdido el control, pero no entendía nada; primero si y luego no… ¿Qué cojones quería Ana? ¿No fue ella la primera que se metió en mi cama? Pues, joder, eso significaría que querría hacérselo conmigo, no?. Por un lado estaba enfadado pero por otro, el más importante, avergonzado. Me sentía como un enfermo mental que ya sólo pensaba en tirarme a mis hermanas, porque últimamente ni mis amigas ni las chicas de clase me llamaban tanto la atención como ellas. Pero pensé: ¡Qué las jodan!

Esa noche quedé con mis colegas y nos fuimos de bares. Aunque yo hubiera perdido mi virginidad con mis hermanas, he de decir que tenía éxito entre las chicas, pero que era mi timidez lo que había impedido haberlo hecho antes. Así que esa noche, enfadado por un lado con Ana pero crecido a la vez por el hecho de haberme convertido en todo un machito, me creía el Rey. Estuvimos bebiendo minis de cerveza que era lo que se estilaba a nuestra edad, y “entré” a varias tías, pero esa noche no triunfaba, quizás iba muy rápido. Recuerdo una en concreto, era un poco mayor que yo y estaba buenísima, tanto, que nadie se atrevía a acercarse a ella. Yo si me atreví, estuvimos charlando un buen rato, pero cuando la ataqué en serio me dijo que era mejor que quedáramos otro día, una santita por lo visto. Me dejó con la calentura pero he de decir, aunque no tenga que ver con esta historia, que dos semanas después de aquel día, me la estuve follando en el asiento trasero de su ford fiesta.

La noche, como os cuento acabó sin que ocurriera nada y volví a casa. Eran las 12 de la noche, porque aquella era la hora que me marcaban mis padres. Muchas veces me la saltaba, pero no quería estar de mal rollo con ellos otra vez.

Me comí un sándwich y me fui a la cama rápidamente para que entre otras cosas mis padres no me vieran los ojos rojos que traía por la cerveza ingerida. Allí, cómo no, empecé a pensar en mis hermanas, sobre todo en Ana y lo que había pasado en el cuarto de baño. Al ratito ya estaba masturbándome pensando en sus gloriosas tetas y recordando la mamada que me hizo y que yo atribuía Bea. Como todos los tíos me corrí y me dormí. Pero pasaron algunas horas y me despertó unos golpecitos en el hombro. Estaba encendida la luz de la mesilla y Ana sentada en mi cama. Recuerdo perfectamente que llevaba una camiseta de las que se ponía para estar por casa y dormir, porque no utilizaba camisón. Vestía una camiseta larga que le permitía ir sólo con las braguitas por debajo.

– Oye Mateo, que siento lo de esta tarde.

– Ah, no pasa nada.

– Es que tu también… ¿A quién se le ocurre entrar así en el baño?

– Ya, lo siento.

– Anda , dame un beso.

Y se tumbó para darme un beso en la mejilla y un abrazo de hermana. Yo estaba cachondísimo, pero no iba a hacer nada antes que ella. Pero entonces, después del beso se levantó y se fue. La verdad es que no me lo esperaba. Me había dejado mas tirado que una colilla. Pero… volvió a entrar en la habitación, la luz de la mesilla seguía encendida. Se qued

ó junto a la puerta mirándome, los dos estábamos en silencio y juro que mi polla pudo haber reventado en aquel momento de lo dura que la tenía. Me preguntó si podía acostarse allí conmigo esa noche, yo le dije que sí.

Se quitó la camiseta y pude ver bien aquellas tetas, las mejores que he visto nunca, os lo aseguro. Se metió en la cama y apagó la luz. Me abrazó y pude notar su pecho con el mío, ella lo que notó fue mi polla, que estaba erecta. La rozaba con sus piernas. Se acercó a mi oido y me dijo susurrando: “quiero que me folles bien, pero no podemos hacer ruido. Bea me ha dicho que hiciste que se corriera dos veces, quiero que me folles bien porque luego tengo pensado un regalito para ti”. Lo primero que hice fue coger sus tetas eran muy grandes y las chupaba, lamía sus pezones mientras ella me agarraba la cabeza por el pelo, ella se excitaba mucho y en la oscuridad me volvió a susurrar en el oido:”amor, quiero que me comas el coñito, baja y chúpamelo”. Dicho y hecho, baje y me encontré con el segundo coño de mi vida. Ella abría mucho las piernas y una vez que comencé a lamer su jugoso chochito Ana arqueaba la espalda con pequeñas contracciones, le estaba gustando. Después de dos minutos ella se levantó, se puso sobre mí, se dio la vuelta y… ¡dios! ¡un 69! No me lo creía, yo haciendo un 69. Ella me chupaba la polla como una loca, muy rápido. A veces paraba y me la machacaba con la mano y luego volvía a chupar con la boca. Mi hermanita era una profesional. Estábamos los dos muy excitados, y en un momento se giró para decirme que también le lamiera el culo. Yo no me lo pensé dos veces y allí estaba comiéndole el chochito y el culito, ella no paraba de moverse de placer, mientras le a garraba con fuerza el culo y las caderas y la lamía de arriba abajo. “¡Dios!¡Me corro!” me dijo, su coño estaba empapado. Se quitó la polla de la boca y se acercó a mí, no podía ver su cara en la oscuridad pero me volvió a susurrar con la voz rota de placer: “follame, hermanito, follame bien”. Así que me puse sobre ella, me tapó con la manta, se abrió de piernas y dejó que se la metiera hasta el fondo. La estuve dando un buen rato y cuando ya no podía mas y me iba a correr, ella lo notó y me dijo que le dejara beber mi leche. Se metió bajo las mantas y volvió a chuparme. Mientras me corría no se quitó la polla de la boca, y fue un orgasmo increíblemente largo. Mi hermana se había bebido toda mi leche, y se abrazó después a mi lado. Allí nos quedamos dormidos.

Pasaron a lo mejor un par de horas y me desperté, serían las 5 o las 6 de la mañana. Tardé en reaccionar, pero lo que me despertó era que mi hermana seguía metida en mi cama, y atención, se estaba haciendo un dedo. Lo primero que pensé es que mi hermana era todo una pervertida. Seguía allí conmigo y ahora se estaba masturbando a mi lado. Pensé en hacerme el dormido, pero ya me había excitado, así que lo que hice fue encender la luz para esta vez poderla ver desnuda y gozando de su cuerpo. Me miró, estaba colorada y no le daba vergüenza que admirara su cuerpo mientras jugaba con su coño. Ella me dijo: “no me destapes, mírame sólo levantando un poco la manta. Y pajeate tu también, quiero ver como se la menea mi hermanito. No vale que nos toquemos.” Me gustó el juego y comencé a hacerme la paja mirándola a ella, igual que ella a mi. Miraba sus enormes tetas, y tuve que hacer un gran esfuerzo para no lanzarme sobre ella y follarmela. Ella gemía y debía llevar ya un buen rato jugando con su coño porque estaba a punto de correrse. Me pidió que me diera prisa para que nos fueramos juntos. Yo le pregunté que dónde quería que me corriera y ella me dijo que apuntara a su coño.

– Si te corres sobre mi coño y cae tu leche en mi cosita me corro enseguida, me vas a matar de gusto. Me la voy a extender por todo mi coño, mójame hermanito.

Me puse de rodillas frente a mi hermana abierta de piernas y me masturbé hasta descargar sobre su coñito mi leche. En ese mismo momento ella se corrió también como una perra, extendiéndose todo el semen entre las piernas. Me había encantado aquel juego, ella se lamía los dedos, se acariciaba las tetas. Por lo visto el orgasmo femenino, me contaba ella después, es mucho mas largo que el nuestro. Cinco minutos después de reposar

miró el reloj, se vistió, se acercó a darme un beso y me dijo que habría muchas mas noches como esa, pero que durante el día no hiciera el tonto en casa. Es más, me dijo al oído:

– Y otra cosa, mañana por la noche no dejes pasar a Bea, que quiero volver yo, ¿vale?

Y se fue a su cuarto sigilosamente. Me empezaron a encantar los fines de semana.

He de deciros que la noche del sábado si que fue increíble, la contaré en la próxima entrega porque es muy larga.

Autor: diMateo

dddimateo ( arroba ) hotmail.com

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Un comentario

Dejar un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.