MIS HISTORIAS CON MI EX AMANTE

¡Comparte!

Hace unos años tuve una amante/novia que era absolutamente increíble en cuestiones sexuales. Gran parte de la atracción que sentía por ella (además de su notable figura) tenía que ver con que no sabía cual sería su límite, hasta donde era capaz de llegar. El relato es bastante largo, pero cubre solo una mínima parte de las aventuras que hemos vivido. Me decidí a escribir en tercera persona para que sea más divertido leerlo, para que parezca una novela. Espero que lo disfruten. Demás está decir que G soy yo y N es mi ex.

A G le encantaba nadar, y era socio del club Comunicaciones, donde practicaba su deporte preferido todos los días del año. G era un tipo de fácil amistad, y eran muchos los compañeros de natación con los que salía los fines de semana a bailar, ver algún partido de tenis (su otra pasión) o, simplemente, a comer una pizza. Pero no todos eran compañeros, sino que también tenía varias compañeras, de las cuales una gran mayoría eran bastante atractivas, ya sea por sus cuerpos o, en su defecto, por sus actitudes. Un día W, quien ya se había transformado casi en un amigo de G, le contó que, desde hacía tres días estaba cogiendo con N, una de las minas más interesantes del club, tanto por su mirada (tenía un no-sé-qué sexual), por su boca grande e insinuante como por su gran culo, que ella no disimulaba para nada, resaltándolo siempre con pantalones y polleras ajustadísimas…por no hablar de las mallas que utilizaba dentro del club: mientras la mayoría de sus compañeras optaban por las enterizas o bikinis de talle más bien standard, N usaba unas tangas que cortaban el aire. Los corpiños apenas tapaban sus bien formadas tetas, y las bombachas eran solo un par de tiritas que dejaban su culo casi al aire y, por delante, llegaban justo a cubrir el comienzo de una concha que, según se advertía, estaba depilada en su totalidad.

Según W, N era una diosa cogiendo…chupaba lo que le pusieran delante, practicaba las más extremas posiciones, tomaba leche y tenía especial inventiva para provocar situaciones calientes. Pero la costumbre que más calentaba a W era que N acostumbraba a contarle, en medio de las cogidas, cómo lo había hecho (o lo hacía, porque, de hecho, W era uno más de un extenso plantel) con otros tipos sin escatimar un detalle. Invariablemente, la cosa terminaba con monumentales acabadas en las cuales ambos aullaban de placer.

Semejante relato en brillo especial en la mirada, como sabiendo que lo pondría en llamas. De más está decirte que las boludas de las minas empezaron a mirarme mal cuando, ya en el camino (fuimos en colectivo) me saqué la remera dejándome solo el corpiño de la malla…y vos ya sabés como son mis corpiños. Enseguida tuve los ojos de todos los tipos sobre mí pero, bueno, qué se jodan ellas, si no se atreven a mostrar nada, se visten de esa manera tan pelotuda. La cuestión es que cuando llegamos, los hombres comenzaron a preparar un asado, y yo me aparecí con una de mis tangas, lo que empeoró más las cosas. Me recalentaba saber que todos me querían coger…sentía un cosquilleo perpetuo que me ponía loca, y me mantenía mojada todo el tiempo. Comimos, jugamos al tenis y, cuando nos pusimos a bailar traté de moverme lo más zafada posible, arqueando mi cintura, abriéndome de piernas… ¡era un escándalo!…estaba causando estragos en el grupo y lo disfrutaba como a la mejor de las acabadas. Ya nadie miraba a su novia…todas las miradas estaban sobre mí. A la noche salimos todos a bailar y ahí ataqué con una minifalda que apenas me tapaba el culo y sin bombacha abajo. La cosa estaba por explotar, tanto para mí como para mis compañeros. Cuando llegó el momento de cenar volvimos al camping en medio de un clima enrarecido. Comimos algo liviano y yo, con toda intención, me fui a caminar sola por la zona. Al rato tenía a L al lado mío, queriéndome abrazar. Cuando se me acercó, lo primero que hice fue guiar su mano hacia mi culo, por debajo de la mini. El, entre sorprendido y caliente, solo atinó a decir me tené

s loco, sos una hija de puta. Lo llevé de la mano hacia donde había bastante vegetación, me paré al lado de una piedra y, con una pierna en alto, le pedí que me chupe la concha. Me metía la lengua, pero no tanto como yo quería, entonces le dije Metémela más…hasta el fondo. Entonces él metió su lengua y labios dentro mío haciendo rítmicos movimientos, hasta que comencé a mojarlo de manera espectacular. Le pedí que me meta los dedos en culo, y, tímidamente, me puso la punta del índice. ¡Más, pelotudo!, le ordené, con lo que, con algo de bronca, introdujo dos, que, obviamente, entraron como si nada. ¡Quiero más!, le grité desesperada, así que llegó a meterme cuatro dedos hasta el fondo, lo que me hizo acabar casi inmediatamente, dejándole la cara mojada de una leche casi transparente, que probé cuando me agaché a besarlo. El estaba recaliente, pero yo, bien turra, le dije que teníamos que volver con el grupo. Me decía ¡dale…no me vas a dejar así!…nunca le metí los dedos en el culo a una mina como lo hice con vos… ¡te quiero recoger!. El pobre no sabía como convencerme, pero fui inflexible. Lo estaba haciendo bien a propósito, bien de conchuda, pero bueno…era parte de mi juego…me estaba divirtiendo. A la mañana siguiente, cuando fuimos a desayunar, me di cuenta, por la mirada de los chicos, que L había abierto la boca y les había contado a todos lo de anoche (justo lo que yo quería). En el camping había un puesto de gaseosas, así que yo dejé el pareo con que me cubría y, con mi ya clásica tanga, fui hacia el puesto. Al instante tenía a M y F cerca de mí, insinuándose de manera muy directa (¡y eso que la novia de M estaba cerca!). Les dije que me dejaran de molestar (para actuar un poco, nomás), pero hice que se me caían unas monedas, y cuando me agaché, de espaldas a ellos, con toda intención, me corrí la tirita que apenas tapaba el agujero de mi cul que apenas me tapaba las tetas (como de costumbre). No fue nada sorprendente cuando, al ingresar a la habitación, me encontré no solo a M y F, sino a mis otros cinco compañeros de grupo. ¡Pero…¿cómo zafaron de sus novias?, pregunté haciéndome la boluda y sin amedrentarme lo más mínimo. Partido de tenis nocturno contra equipo local rival, dijo con cara de superado W. Me encantaba ver a siete tipos con ganas de cogerme, pero, desde el primer momento decidí que sería yo quien manejaría la situación, así que, con voz segura exclamé. OK…los veo a todos ahí parados, pero no veo ninguna pija lista para la acción, y mientras hablaba me iba sacando el top y pollera, con lo que los boludos se quedaron anonadados ante tanta decisión. Los hice poner a todos completamente desnudos y, de a uno, les fui chupando las pijas (¡es increíble lo grande que la tenía H!). A algunos les chupé también las bolas. Se armó un concierto de gemidos del cual yo era la única directora y artífice… ¡y eso me encantaba! Lo mejor es que se la daban tan de ganadores y no sabían como comportarse conmigo…todos me obedecían sin chistar…ninguno se atrevía a romper las débiles reglas que yo había establecido arbitrariamente. Una vez terminó la sesión chupadas fui hacia la cama, le ordené a uno que me metiera la lengua hasta el fondo de la concha, a otros dos que me laman los pies, a otros dos cada una de las tetas, a otro que me meta la pija en la boca y al otro restante que, simplemente, mirara la escena y se pajeara. Me obedecieron como niños buenos: en pocos instantes sentí como cada parte de mi cuerpo estaba atendida, provocándome una sensación indescriptible. En instantes, W, que se estaba pajeando anunció que iba a acabar. Le pedí a gritos que me tire la leche en la boca, y así lo hizo. Sus seis compañeros, al ver la escena, comenzaron una serie de lanzadas de leche en cadena que, a mi pedido, fueron a parar todas a mi boca que, en poco rato, estuvo llena de líquido grumoso de diferentes gustos. La sola idea de saber que estaba shockeando a esos siete tipos, que les estaba haciendo pasar por algo que ni siquiera habían imaginado me calentaba y me hacía sentir completamente poderosa. Después de acabar, todos estaban exhaustos, pero yo les dije que no se iban a ir sin cogerme, así que comencé a chuparles nuevamente las pijas de a turnos. Jugaba con mi lengua por sus bolas y, en un par de casos, por sus culos, en

donde metía mi lengua hasta conseguir que tengan una erección notable. Cuando ya hubo unas tres o cuatro pijas paradas me puse en cuatro patas y exigí que me cojan. Los forros comenzaron a darme con tanta suavidad como si estuvieran con sus estúpidas noviecitas (¡ahora sé por qué ellas siempre tienen esa cara de orto!). ¡Cójanme como hombres, imbéciles!, exclamé, y así la cosa comenzó a tomar algo de color, hasta que me agarró H quien, con su gran pija, me dio tan fuerte que me hizo pegar unos alaridos de placer que se habrán escuchado en todos los pasillos del hotel. Ese espectáculo hizo que sus compañeros entendieran por donde venía la cosa, entonces empezaron a cogerme, uno tras otro, con violencia, consiguiendo que acabe tantas veces que no pude contarlas. Sentía que las pijas entraban y salían de mí, y podía advertir los diferentes tamaños dentro de mí. Me encantaba estarme cogiendo a siete tipos a la vez…sentirme tan puta, hacer gratis, tan solo por gusto, algo por lo que cualquier otra mina cobraría bastante plata. En cuanto uno de ellos amagó con acabar dije Quiero que cada uno de ustedes me acabe dentro del orto… ¡ni se les ocurra hace parecía bastante patético escuchar los comentarios de mis siete nuevos amantes, dándose la parte de que habían sido excelentes machos… ¡cuando se comportaron como sorprendidos boy scouts! ¡No sabiendo qué hacer!G había estado escuchando el relato con una atención casi religiosa. Cuando volvió a la realidad advirtió que tenía la pija como un hierro y cierta humedad que se escapaba de su slip por sobre el comienzo de su pierna. Le confesó a N que lo había vuelto loco y la invitó a coger ahí mismo. Como era de esperarse, ella le dijo que no. G insistió un poco, pero no tanto, como para no perder el tipo y quedar como uno de los tontos del relato (justamente, G sabía que si lograba distanciarse de ese tipo de personajes quizás ganaría muchos enteros sobre N). Así como estaban las cosas, G tuvo que volverse solo a su casa, con un dolor de bolas considerable. Una vez en su casa se desnudó completamente y, pensando en la historia recién escuchada, se pajeó violentamente, lanzando no solo un espeso chorro de leche sino también un profundo gruñido, similar al de un oso encolerizado. Luego de eso quedó rendido, con la omnipresente obsesión de coger a N lo más rápido posible.

La situación se le dio a G más rápido de lo que pensaba. Dos días después del encuentro en el bar, una vez que hubo terminado la clase, N se acercó a G con cara de pícara y le lanzó…al final… ¿venís para casa o no?. ¿Cómo?, preguntó G sorprendido. Si…lo que escuchaste…si venís para casa o te vas a ir al mazo. La agarró del brazo y la metió en el primer taxi que encontró. La casa de N era un pequeño departamento en San Telmo. Sin dejarla reaccionar demasiado, ni bien llegaron, G agarró a N por detrás, frotándole la pija sobre la diminuta pollera que cubría el apetitoso culo. N respondió a la señal moviéndose sensualmente sobre la pija ya potentemente erecta. G estaba loco por probar ese culo que había recibido tantos metros de pija en su existencia, así que, levantando la pollera y corriendo fácilmente el pequeño hilo de tela de la tanga, penetró a N por el culo sin que mediara ningún tipo de anuncio. La pija entró fácilmente hasta la raíz. ¡Qué culo…me encanta lo puta que sos!, exclamó G, logrando que N se calentara aun más. Me calienta ser puta…me gusta que me recojan y recibir siempre diferentes pijas, respondió ella con la voz entrecortada por los jadeos. Tras unos minutos de furiosas embestidas, G sacó la pija del interior de N, la tiró sobre la cama y comenzó a penetrarla frenéticamente por la concha chupándole, mientras tanto, sus apetitosas tetas. La concha de N estaba completamente mojada y su dueña comenzó con su notable atributo de relatora: Cogéme…hacéme sentir bien puta…sos el quinto tipo que me cojo en la semana…dame tanta pija como me dieron los otros. A continuación, N comenzó a morder el cuello de G, luego le chupó los dedos, subió con su lengua hasta la unión entre el brazo y el torso. Le gustaba pasar su lengua por cada parte del cuerpo de sus amantes…recorrer senderos poco explorados. La excitación de G era mayúscula, y ya n

o sabía qué decir para describir la situación, para hacerle algo nuevo a N. Se puso al costado de ella, le levantó una pierna bien en alto y, luego de meterle la pija violentamente en el culo nuevamente, comenzó a pegarle fuertes palmadas en los cachetes, con lo que N se calentó aun más (si esto era posible). Ya enloquecida, N buscó con su mano el agujero del culo de G y le meti clase de baile a la que iba, me encamé con mis ocho compañeros hombres a la vez (incluido el profesor) y les tomé la leche a todos. Me encantaba que, uno por uno, fueran acabando en mi boca. Notaba que se iban calentando cada vez más…incluso hubo un par que acabaron dos veces. Yo, para que la cosa fuera aun más guarra, no me limpiaba cuando chorreaba algo de leche de mis labios, así que terminé con toda la cara pegoteada, pero era impagable ver la cara de felicidad de esos tipos. Después de semejante relato, G penetró nuevamente a N por la concha, metiéndole la pija con violencia, tal como merecía una puta de su clase. Le levantó las piernas hasta tener los pies (que chupó con ganas) cerca de su cara. Al rato, acabó nuevamente en la boca de N, pegando un rugido potente. Pasaron unos días, y cuando ambos volvieron a encontrarse en la pileta, G invitó a N a un hotel alojamiento. Mientras iban viajando en el colectivo, N relató con ojos encendidos que el martes estuve cogiendo con mi profesor de pintura. Hace años que voy. Tiene casi 60 años, y es un viejo por el que no das ni un mango, pero me calentó mucho que él también me la meta. Me fui a la clase con una de mis minis y sin bombacha. Mientras estábamos tratando de ver una nueva técnica de pincel, levanté mis piernas y las apoyé sobre la silla, bastante juntas, pero se podía ver que no llevaba nada abajo. Noté que C (el profesor) advirtió la movida, y lo empecé a notar distraído. Yo disfrutaba con la situación. En un momento, hice como que me movía para hacer una pregunta y abrí un poco más las piernas, con lo que se me vio aun más la concha, depilada y algo abierta. Correcto y antiguo como es, C no me proponía nada, solo miraba cada vez más. No tuve otra idea que levantar las piernas, apoyarlas sobre el escritorio y preguntarle si no quería meter la lengua dentro de mí. Medio tímidamente aceptó mi indeclinable ofrecimiento. No le chupé la pija (te confieso que me daba algo de impresión, por lo viejo que era), pero me cogió de parado, al lado del escritorio, con unas embestidas bastante respetuosas, que se endurecieron cuando le dije déme más fuerte C, no me tenga respeto, no me lo merezco, porque me gusta que me metan pijas, me la paso cogiendo…déme tan fuerte como quiera…cójame bien. Ni me imaginaba que eras así, dijo un C tan sorprendido como fatigado. Vio…usted pensaba que era un angelito pero resulté ser una puta…bien puta. Ahí empezó a darme más fuerte, tanto que acabó enseguida… ¡y adentro mío! Sentí como un fuerte chorro de leche caliente me entraba y, una vez que C sacó su pija, también empezó a chorrear por mi pierna derecha. ¡Por supuesto que la clase finalizó ahí!. N sabía que estaba poniendo a G a tope, y le gustaba la situación. Pero la cosa no terminó ahí. El miércoles le di el gusto a un pibe que me está jodiendo hace rato. Es el flaco que trabaja en el puesto de diarios que está a al vuelta de casa. Cada vez que paso me habla de mi culo, que de que quiere cogerme, que de la boca, y todo eso, así que, ese día, cuando pasé y me vino con lo mismo de siempre le dije Cerrá el quiosco un rato y veníte a mi casa. No puedo, respondió, ya con otro tono, algo tímido. Si viene el dueño me mata. ¿No era que querías cogerme?… ¡hace meses que venís hinchando las bolas con lo mismo!… ¡ahora bancátela!. Completamente abochornado y con algo de miedo, el pibe (de unos 19 años) cerró el kiosco y se vino conmigo. Llegué, dejé la cartera en la mesa, levanté como vos quiera cogerme, boludo, respondí, y agregué si te calienta mi culo, metéla ahí, no te quedes con las ganas. Al instante, la pija del flaco estaba enterrada en mi orto, que se abrió sin problema alguno. Bastaron un par de embestidas para sentir que los rugidos que significaban que estaba acabando intensamente. La sacó de mi agujero y vi que tenía el forro lleno de leche. Sin dudarlo, lo retiré r

ápidamente, lo puse sobre mi cara, abrí la boca e inclinándolo suavemente, tomé la leche que estaba acumulada en el plástico. El flaco no podía creer lo que veía y se le volvió a parar. Comenzó a pajearse, me tiré en el piso y se acomodó sobre mi cara. Empecé a chuparle el culo ¡y me dio aun más leche!, que me tragué toda. Con estos relatos, G estaba que no se contenía. Ni bien traspasaron la puerta el hotel, comenzó a toquetear a N por debajo de la diminuta pollera, incluso antes de que el encargado pudiera atenderlos. Cuando les asignaron la habitación (en el tercer piso), N directamente se había sacado la pollera, así que iba con su tanga por los pasillos. Un conserje la vio y no pudo dejar de fijar la vista en ella. N lo advirtió y, pese a que el tipo tenía pinta de mozo gallego de bar, le dedicó una mirada altamente erótica. Una vez hubieron traspasado la puerta, G atacó decididamente a N, apretándola contra una de las paredes de la habitación, dándole ardorosos besos de lengua mientras metía casi violentamente los cinco dedos de su mano derecha en la ya mojada y abierta concha. N gemía y se arqueaba de excitación. La mano de G entraba y salía violentamente de la carnosa vulva que, con las acabadas que ya N estaba teniendo reiteradamente, se mojaba aun más y más, potenciando la lubricación y la apertura, hasta permitir la entrada de la palma entera de la mano, consiguiendo un auténtico fist fucking. ¡Acabá, puta!, ordenaba G con la voz entrecortada por la excitación. Vi la mirada que le hiciste al gallego ese en las escaleras… ¿no me vas a decir que te calentaba?, preguntó G con los dientes apretados y una mezcla de curiosidad, violencia y sorpresa. Siiii, respondió N, aunque algo ida por los sucesivos orgasmos. Así y todo, aclaró jadeantemente me calienta porque es horrible, jamás una mina como yo se cogería algo así. Una escena entre él y yo sería completamente bizarra, y eso me pone loca. Algo sorprendido por la declaración, pero también muy caliente, G bajó a la concha, metió la lengua en ella y se tomó la abundante leche de N, que le llenó la boca y el mentón de un líquido semitransparente de gusto algo dulzón. Observando la escena con lascivia, N aun parada- arqueó bien las piernas en forma de U, y le siguió restregando la concha a G en la cara, que ya lucía completamente mojada de leche. ¡Tomátela toda, hijo de mil putas, te quiero llenar de leche!, dijo G enloquecida. Seguidamente, G comenzó a castigar el apetitoso culo con fuertes palmadas. N se calentó aun más con esa mezcla de dolor y placer. Luego de unos instantes, G se paró y metió su pija violentamente dentro de la concha de la mojada chica, consiguiendo que ésta se moviera de un lado a otro, arqueándose voluptuosamente. No pasó mucho tiempo más y G sintió que iba a acabar. Sacó la pija del caliente agujero, se pajeó un poco y acabó sobre su mano izquierda, que quedó absolutamente cubierta de leche. Acto seguido, le frotó la mano por la cara a N, embardunándola completamente. Ella recibió con placer la ofrenda, lamiendo todos los restos con su caliente lengua. tartamudeó el muchacho. Estoy trabajando.

-Ya sé, pero… ¿te vas a perder esto?, dijo N mientras se daba vuelta, se agachaba levantando el culo y abriéndose la concha con la mano libre hasta dejar ver un interior rosado con algunos detalles blancos, dada la leche que aun le quedaba a raíz de sus acabadas. ¡Vamos, tocáme, metéme la mano!.

El chico con aguantó más, cerró la puerta de la habitación y mirando a G como para pedirle permiso (recibió y confuso asentimiento como respuesta) comenzó a meter sus dedos en la ya abierta concha. ¡Dale, meté más!, dijo N casi con desesperación, a lo que el chico puso cuatro, luego cinco y, al ver que la vulva cedía, toda la mano entró dentro del cuerpo de la chica, que ya deliraba de placer. Al ver la escena, G comenzó a pajearse con fuerza. N acabó ruidosamente mientras taconeaba contra el piso. Se dio vuelta para besar al recién llegado con caliente pasión, mientras le desabrochaba el pantalón y le bajaba el slip, descubriendo una pija larga y no muy gruesa, ya completamente rígida. N puso el miembro en su boca y lo chupó casi desesperada, consiguiendo que su dueño comience a gemir apasionadamente. La lengua bajó hast

a las bolas y luego fue a parar al culo, que no estaba todo lo limpio que G hubiese deseado, pero en ítem fue pasado por alto dado el alto grado de calentura general. Sin poder aguantar más, el morocho tomó a N por debajo de los brazos, la incorporó, la puso de espaldas a él y empezó a cogerla estilo perro. La chica se estremecía, caliente por tener una nueva pija dentro suyo, y, básicamente, por estar brindando semejante e inesperado espectáculo a G, que seguía pajeándose, aunque ya se había parado.

-¡Acostáte de espaldas en el piso!, casi ordenó al empleado un G muy caliente y algo ofuscado.

El muchacho obedeció, con una pija rígida que exhibía restos de la leche de N.

A continuación, hizo que ella se ubique de espaldas al muchacho y pidió que empiecen a coger en esa posición. De esta forma, la concha de la ardiente chica quedó, abierta y ensartada, bien expuesta ante los ojos de G, que, observándola, siguió pajeándose como un poseso. A los pocos instantes se acercó a la pareja e introdujo él también su pija dentro de la trajinada concha, sintiendo inmediatamente el roce con el miembro del recién llegado, lo que le causó algo de impresión pero también aumentó su calentura. En medio se semejante doble penetración, N solo atinó a proferir una mirada pervertida que calentó aun más a G, quien, junto al empleado, comenzó a moverse violentamente, consiguiendo que la concha ceda, sorpresivamente, para recibir a los dos duros miembros sin problemas y con un bombeo profundo y constante..

-¿Te gusta lo puta que soy?, preguntó N a G, mirándolo fijamente.¿Viste como me trago cualquier pija? -¡Nunca imaginé que eras tan, pero tan puta!…me recalentás, respondió un G enloquecido.

Al instante, N gritó endiabladamente, haciendo notar su feroz acabada. Al escucharla, G también sintió que su leche llegaba, así que se retiró de la concha y acabó sobre las bolas del morocho.

-¡Vení y chupá la leche!, ordenó G a N.

La chica se paró inmediatamente, dejando a su flamante amante de espaldas en el piso, sin saber qué hacer ante semejante situación. N lamió la leche de G derramada en las bolas de empleado mientras, con la mano derecha, lo pajeaba rítmicamente. Aun con la boca llena de leche, volvió a meter la lengua en el culo del morocho quien, casi automáticamente, vista. Solamente estábamos divirtiéndonos un poco, aclaró.

-Pero usted, Ramos, está en horas de trabajo, no es momento de diversión. Retó el gallego al chico, que no supo que decir.

-Vení…relajáte un poco, le dijo N acercándose al recién llegado, mientras le frotaba el culo por sobre la bragueta de un pantalón de modelo francamente espantoso y antigüo.

-Disculpe señorita, pero lo que usted me propone yo lo hago solo en privado, Aclaró el gallego, aunque poco convencido. N no respondió, pero siguió frotando su culo desnudo y apetitoso por la bragueta del señor.

-Creo que voy a tener que hacer algo, porque si no, ustedes van a pensar que soy un puto, dijo el viejo, con una mezcla de resignación, machismo y calentura.

-¡Ramos!… ¡vaya enseguida a continuar con sus obligaciones!, ordenó al chico, que salió de la habitación presuroso. Enseguida me voy a hacer cargo de esta puta, aclaró, mientras N se abría cachetes y concha con sus manos, siguiendo su frotación contra el hombre.

El gallego se bajó los pantalones, dejó al descubierto un calzoncillo grande y largo, de modelo geronte, y, por entre la bragueta, sacó una pija mocha y gorda, que metió rápidamente en la concha de N, tomándola de los hombros y dándole duras embestidas. No comenzó a jadear y gritar rápidamente. G miraba la escena mientras se hacía la paja. En realidad, ya estaba pasado de tanto espectáculo extremo, pero otra parte suya disfrutaba al máximo con tales situaciones.

-¿Sos un yiro vos que te gusta tanto la pija…me vas a cobrar?, dijo el gallego algo agitado.

-No…me encantan las pijas, que me llenen toda…respondió N ya loca de ardor.

-¡Querés que te llenen…yo te voy a llenar!, exclamó el gallego mientras acababa dentro del cuerpo de N quien, al notar la leche fluyendo dentro suyo se retiró repentinamente (por suerte, recordó, no estaba en días fértiles) y fue a chupar la leche que quedaba en la pija del galleg

o, dejando su culo apuntando hacia el techo, con la concha chorreando leche. Al ver la escena, G interrumpió su masturbación y se metió de lleno en la concha de N dándole sonoras embestidas contra el culo. Bastaron pocos empellones para que G también acabe dentro de la concha de la chica, que ya estaba inundada por las dos leches. Ante la situación, N, con la boca chorreando leche del gallego, acabó profundamente, emitiendo un sonoro grito que se escuchó en todas las habitaciones del piso. G se retiró del interior de la chica, metió la mano dentro de la inundada concha, mojó sus dedos y los introdujo dentro de la boca de N, que chupó el líquido con fruición.

-¡Joder!… ¡que habías sido puta!, exclamó el gallego mientras se subía los pantalones. ¡Por lo menos los haces gratis!… ¡pasen por caja a retirar el importe del turno y vuelvan cuando quieran! Dijo que gallego entusiasmado y un arranque de nobleza económica poco habitual en él.

Al llegar a su casa, después de tanta movida, G se encontraba francamente aturdido. N había superado ampliamente sus expectativas….sencillamente parecía no tener límite.

Por varios días, N no apareció por el club ni cruzó llamadas con G ni con W (que también seguía formando parte del plantel sexual estable de la chica). Hasta que una noche, mientras G hojeaba algunas revistas en su cama (con el último de Mick Jagger como música de fondo) suena el teléfono: era N, con voz gatuna y otra historia para contar.

-Si…ya sé que estuve un poco borrada, pero anduve haciendo de todo…Noooo…no solamente cogiendo, aunque tuve bas la mano izquierda. Al rato me saqué los pantalones (no llevaba bombacha, así se me marcaba la raja de la concha) y le pedí que me chupe el culo. Obvio que no se hizo esperar. Empezó a pasarme la lengua por el orto mientras me tocaba el clítoris. Le pedí que me meta los dedos en la concha, así que al poco rato ya la tenía llena con su mano, que me pajeaba (a mi pedido) violentamente. Le pregunté si quería que le chupe el culo y me dijo que sí, así que lo hice sentarse sobre mí y le metí la lengua hasta el fondo. Enseguida lanzó un fuerte gemido y comenzó a pajearse con fuerza. Se colocó encima de mí y me la metió en la concha, que ya estaba chorreando por mis acabadas. Yo le abrí bien las piernas, alzándolas con los pies apuntando al techo y le decía que me coja, que me la meta hasta el fondo, que me hiciera lo que quisiera, que me gustaba todo.

-¿Todo te gusta?, dijo P.

-Si, respondí, ¿qué querés hacer? -¿Te mancarías coger con dos tipos?, dijo, con los ojos encendidos. Siempre me pareció que te gustaba la arenga, agregó.

Ante semejante propuesta, no pude menos que sentir algo de ternura, porque fue formulada tipo ¿llegarías a ese límite?…¡el corderito no sabía con quién estaba tratando! Con mi habitual turrez respondí -Me bancaría coger con 50 tipos si querés…

P creyó que lo estaba jodiendo y me preguntó si hablaba en serio. Cuando le dije que era absoluta verdad mi propuesta noté que se sintió algo aturdido. Me acabó (le pedí que fuera en la boca) y me solicitó que espere en la habitación. Al rato llegó con 7 u 8 de los que estaban en la fiesta, que venían con cara como de pillos. P me volvió a preguntar si aun mantenía mi palabra y le dije que sí, que no había problema. Yo seguía desnuda en la cama y abriendo las piernas incitante ante los recién llegados, mostrándoles mi concha mojada y completamente depilada. No había pasado un minuto cuando comenzaron a manosearme entre todos…algunos me chupaban las piernas, otro la concha, otros dos las tetas y me iban poniendo las pijas en la boca, para que se las chupe. Al rato uno me empezó a coger por la concha, y luego se fueron turnando. Yo iba sintiendo los diferentes tamaños y formas de las pijas adentro mío, y eso me ponía loca.

Mientras tanto, iba chupando y pajeando con las manos de a dos pijas, y algunos me acababan en la boca (otros en las tetas). Sentí que uno o dos salieron de la habitación, pero a los cinco minutos fueron llegando más y más, hasta que la habitación se convirtió en un gran quilombo. Era un mar de pijas que entraban y salían dentro de mí. Me ubiqué boca abajo frente a uno de ellos, que comenzó a cogerme por la concha mientras otro me la puso por el orto (

alguien me lo abrió utilizando la leche que me chorreaba por el estómago como lubricante). Así fueron pasando por mi culo hasta que perdí la cuenta. Les pedí que me acaben adentro, así que al poco rato tenía el culo tan lleno de leche que se abría como una concha súper lubricada. En un momento, dos me agarraron por debajo de los brazos, como sosteniéndome, y otro me sostenía la cabeza. Empezaron a pararse frente a mí acabándome en la boca. Comencé a sentir chorros de leche sobre mi lengua que llegaban casi sin parar…era una vorágine eterna. ¡Ya no sabía si entraba más gente a la pieza o no!… ¡fue como perderse en el tiempo! Después de una hora y pico la cosa fue disminuyendo hasta que se fueron retirando todos, menos mi amigo, que permaneció conmigo, aun shockeado por el suc clásicas polleritas diminutas y tacos bastante altos. Ocurrió la típica: dos flacos comenzaron a seguirme desde un auto. Me decían de todo, guarradas tipo como te cogería toda, te chuparía la concha hasta que acabes y cosas por el estilo, hasta que, en un impulso de bronca (ya que eran particularmente insistentes, puesto que ya había llegado hasta Pueryrredón y Santa Fe y todavía jodían), calentura (no dejaba de perturbarme el imaginarlos haciéndome todo eso) y desafío (estaba segura de que no eran tan zarpados como decían), los miré con intención, me acerqué al auto y les pregunté si tenían un lugar para irnos. Me dijeron enseguida que sí, así que me subí al auto (del lado de adelante, mientras el otro se ubicó en el asiento de atrás) y tomamos rumbo del departamento de uno de ellos (que se notaba, eran de guita), por la zona del estadio Obras. Durante el viaje, el que estaba atrás (M) comenzó a acariciarme las tetas por sobre la remera que llevaba. Al ver que yo no ponía resistencia comenzó a meter la mano por debajo. Para facilitarle la cosa me la saqué directamente, haciendo que B (el conductor) se pusiera francamente nervioso, por la calentura y por el compromiso legal que significaba tener a una persona desnuda en un auto en circulación. El me pidió que me ponga de nuevo la remera y lo increpó a M para que me deje tranquila, pero yo me negué a vestirme (si eran tan guachos que se la banquen) y seguí con mi actitud rebelde (incluso, en algunos momentos le puse la mano sobre la pija a B, hasta que llegamos a destino. Solo para evitarme problemas acepté ponerme la remera para bajar del auto, pero subí al ascensor moviendo el culo como un auténtico yiro, al punto de que el portero no me sacaba los ojos de encima. Al rato me encontraba con ellos dos en un piso alto (se veía toda la ciudad) y con bastante lujo. Me preguntaron si quería tomar algo, pusieron música tipo chill out y comenzaron a elogiar mi culo y mis piernas mientras se bajaban gruesas rayas de merca. Les dije que se les mostraría todo mi cuerpo y comencé a improvisar un rápido strip tease. Mirándome fijamente, sacaron sus pijas de entre las braguetas y comenzaron a pajearse. Yo me les empecé a acercar alternativamente, frotándoles el culo (ya desnudo) por encima de las pijas, o chupándoselas de a poquito. La cosa fue poniéndose insostenible hasta que uno de ellos me agarró de la cintura y me hizo quedar sentada sobre su pija, comenzando a cogerme con fuerza, ambos sentados, yo de espaldas a él. El amigo se paró, se desnudó completamente y empezó a jugar con su pija sobre mis tetas, para, finalmente, metérmela en la boca. Fueron unas pocas embestidas y el que estaba parado acabó, llenándome la boca con un chorro de leche bastante abundante. Instantáneamente se agachó y me dio un amplio beso, recuperando su propia leche en la boca. A continuación besó a su compañero apasionadamente, mientras éste seguía cogiéndome con fuerza. Enseguida, el que me cogía anunció que acabaría así que me quitó de encima de él y comenzó a lanzar chorros de leche, que su amigo capturó con su boca apasionadamente. El que estaba sentado me pidió que fuera con ellos, y entre los tres compartimos la leche en nuestras bocas. La situación me calentó, pero descubrí que no estaba con tipos corrientes, que eran bisexuales y quizás algo más. Luego de hablar un par de trivialidades, M se levantó y sacó de una caja un consolador de proporciones gigantescas, largo y gruesísimo. Comenzó a jugar con el en mi concha y

me preguntó metérmela por la concha, dándome empellones realmente violentos. Mi concha ensartada y con las piernas bien abiertas justo estaban frente a M, que seguía con el enorme aparato clavado mientras miraba nuestra escena casi desorbitado. En eso se para, deja el dildo de lado, aspira otra raya de merca y viene como un toro hacia donde estábamos nosotros. Metió su pija con fuerza dentro de mi concha, ya ocupada por el miembro de B. Ambos tenían rabos de tamaño mas bien grande, así que me pusieron en un franco apuro. Sentía como los dos me bombeaban, entraban y salían de mi cuerpo sin ningún tipo de compasión. Yo gritaba a un volumen notable, pidiendo que me cojan, que me revienten, acabando casi constantemente. En eso M se retira, me pide que me pare, me agarra de la cintura, me apoya boca abajo contra un mullido sillón y empieza a cogerme por la concha con fuerza. A B lo había perdido de vista. Al poco rato vino viene con lubricante anal, que M empieza a pasar por mi culo para meterme la pija sin preguntar siquiera si yo lo deseaba. Lo que realmente me impresionó es que, al toque, B empezó a coger a M también…así que habíamos formado una especie de trencito bisexual que se balanceaba a un ritmo potente y sostenido. Yo acabé varias veces por adelante mientras me metía los dedos en la concha y le daba de tomar la leche a M, que seguía bombeando dentro de mi culo hasta que sentí su leche caliente llenándome. Al mismo tiempo B acabó en el culo de M, quien me obligó a lamerle la leche del agujero de su amigo. Yo cumplí con la orden saboreando el líquido viscoso y caliente, mientras B, aparentemente ya repuesto, comenzó a discar el teléfono inalámbrico y se retiró hacia otra parte de la casa. Al regresar tenía los ojos más vidriosos y malditos que de costumbre. Yo pedí algo para tomar (y bajar toda la leche que tenía en la boca y garganta, que, la verdad, ya no sabía si pertenecía a B, a M o a mí misma). Además, tenía leche chorreándome del culo y la concha, por lo tanto pedí ir al baño para lavarme un poco. Cuando volví al living, los dos tipos estaban tomando unas rayas de merca impresionantes. Al verles la cara noté que ya estaban perdiendo el control de la realidad. Sonó un celular y M salió inmediatamente del depto. Cuando llegó, lo hizo acompañado de tres tipos de su misma onda (o sea, algo modernos, algo pervertidos, con plata y algo gay también). B, que estaba al lado mío sentado en un sillón, rodeándome con el brazo dijo -¡Vieron la putita que tenemos para hoy!… ¡no saben cómo coge! -Por lo menos tiene buenas tetas, dijo uno con una cicatriz en la cara y peinado hacia atrás, mirándome fijamente.

Yo sentí una energía rara, como que estos tipos no eran como los come yogur con los que acostumbro a andar, que estos eran pesados en serio. En un solo movimiento, B me tomó por las manos, mientras los otros me apresaron las piernas. Me ataron de las muñecas, y me obligaron a chuparle la pija a cada uno de ellos. Eso no era nada, y hasta me gustaba. El problema vino cuando uno de los recién llegados me enterró el súper consolador en la concha, haciendo que la misma se me dilate mucho más de lo que hubiese pensado. Empezó a bombearme con fuerza mientras yo empezaba a sentir dolor. Intenté patalear, pero M me redujo fácilmente. Yo estaba medio de costado sobre el sofá. Sin mediar ningún tipo de prolegómeno, otro de los nuevos me la metió por el culo. Así yo me encontraba empalada por una súper pija sintética por un lado, y con otra de carne en mi agujero trasero, ambas bombeándome a ritmos destructor.

< yo pataleaba, aun con las manos atadas....¡era la primera vez que hacía un doble anal!. Después de intentarlo varias veces pudo meterse también él dentro de mi orto, machacándome junto a su compañero, hasta que los dos me llenaron de leche caliente entre gritos y gemidos de todas partes. Cuando terminaron, lo confieso, el culo y la concha me dolían de tanta penetración, y había un olor a leche en el ambiente que transformó el elegante recinto en un tugurio mal aseado. Pero ahí no terminó la cosa...los cinco se pusieron a tomar merca intensamente. Yo amagué con vestirme, pero me di cuenta que la cosa no daba para eso, así que intuí que lo mejor era quedarme tranquila. B se paró con los ojos enrojecidos, puso un tema de música disco y me pidió que baile. Yo, algo aturdida, comencé a moverme, al principio algo tímidamente, pero luego entré en calor e hice todo tipo de movimientos eróticos, tocándome las tetas, chupándomelas, metiéndome los dedos en la concha y abriéndome el culo. Mientras, los cinco tipos, con la mirada fija en mí y algo perturbados por la merca comenzaron a hacerse la paja de forma contundente, mientras elogiaban mi cuerpo con palabras zarpadas. M fue el primero en acabar, y lo hizo sobre el plato en que tomaban merca, dejándolo cubierto de un líquido viscoso. Los otros fueron imitándolo hasta lograr una suerte de sopa de leche masculina que me hicieron tomar hasta la última gota. Pese a que la cosa se había tornado bastante vandálica, confieso que llegué a disfrutar al sentirme tan puta, de que esos tipos me habían usado a su antojo, y habían desahogado en mí sus deseos mas morbosos. Después de la última acabada ya no les quedaba ganas de más (y a mí tampoco, lo confieso) así que me ordenaron que me vista y me dejaron ir. Al bajar, presentí que el portero ya estaba completamente al tanto de todo lo que me habían hecho (y más aun si escuchó los gritos que se emitieron en ese departamento).Así, rota como quedé, me olvidé de coger por unos días, pero, bueno, ya te estoy extrañando, dijo N por el tubo, con voz de gata en celo. G, con el relato que había escuchado, se había puesto caliente como un oso, manoseándose la pija, absolutamente rígida, aunque aun no había acabado.-¡Voy para tu casa!, dijo G casi con desesperación.-No... Hoy no, dijo N, desmoralizando completamente al muchacho del otro lado de la línea. Hoy tengo que hacer unos llamados y acomodar algunas cosas. Veníte mañana, tipo siete de la tarde.Demás está decir que G contó las horas para que llegara el momento. No se bancaba los deseos de cogerse a N con toda la furia.Cuando, finalmente, N abrió la puerta de su departamento, G la pudo ver con un infartante equipo color negro de tacos altos, medias de red con portaligas (sin bombacha) y tan solo dos pequeños círculos que le cubrían los pezones de sus bien formadas tetas. Estaba maquillada y una gruesa bincha le moldeaba el pelo, dándole un toque sixtie.-¡Qué bien que estás!, exclamó G, gratamente sorprendido, pero también algo desesperado por el deseo irrefrenable de acabar dentro de la chica.-¿Viste?... ¡hoy me vine con todo!, respondió ella complacida y consiente de su seducción, exagerando un poco los ademanes. Pero lo de hoy va a ser diferente...tengo algo muy especial preparado para vos, aclaró.Casi sin escucharla, G quiso acariciar el desnudo y firme culo, pero N se apartó y anunció: -Hoy vos vas a estar acá dentro, en el ropero. Mientras hablaba señaló una de las puertas del ropero que ocupaba toda interior de su concha depilada, que G miraba con obsesión.Al poco rato suena el timbre, por lo que N fue confinado a su escondite involuntario.Grande fue la sorpresa cuando el que entró a la habitación era W, su compañero de natación, a quien N recibió con besos, abrazos y todo tipo de insinuantes gestos.-¿Cuándo vienen los otros?, preguntó W mientras acariciaba, desde atrás, las tetas de N.-Dentro de poco, espero, porque ya no aguanto más las ganas de coger, respondió N entre suspiros.Al cabo de unos instantes vuelven a tocar el timbre. Esta vez era P, otro compañero de natación con quien ni en sueños G hubiera relacionado con N. Pero lo más sorpresivo era que venía con ¡H!, el propio profesor del club...¡esto ya era demasiado!...¡qué bien se lo habían tenido guardado!H era un cincuentón que se había pasado toda la vida haciendo deporte (principalmente natación), así que su físico estaba marcado y en excelente estado, pero G jamás pensó que lo vería en semejante situación.Todos elogiaron el cuerpo de N, quien, casi inmediatamente, se encontró rodeada por los tres hombres, que comenzaron a manosearla con ganas.H, que estaba detrás de la chica, se agachó, le hizo abrir un poco las piernas y comenzó a lamerle la concha, que ya estaba mojada. P arremetió con las tetas, mientras W hurgó en una bolsa que había traído y sacó un temerario látigo de cuero.-¿Esto era lo que querías?, le preguntó a N con ojos de deseo.-¡Sí!...dame con todo...como el otro día, respondió la chica, que, parada pero reclinada hacia adelante ya le estaba chupando la pija a P, mientras H seguía trabajando en la concha, metiendo la lengua hasta profundidades notables, mojándose la barba con la leche de la chica.-¡Déjenme un poco, muchachos!, dijo W abriéndose paso, por lo que sus dos compañeros se abrieron. N se colocó con las manos y piernas abiertas, apoyada contra la pared que justo tenía de frente mío. W agitó el látigo y atestó un sonoro golpe en el culo de la chica, que se inclinó un poco para adelante acusando el golpe.-¡Reventáme, hijo de puta!, exclamó N con lujuria y bronca.W volvió a blandir el látigo sobre el semidesnudo cuerpo, aunque esta vez el golpe cayó sobre la espalda, siguiendo con una serie de azotes notablemente potentes. P y H miraban la escena con satisfacción, mientras se sacaban la ropa. P pidió tomar las riendas y profirió él también unos latigazos sobre el cuerpo de N, lo mismo que el profesor H, por lo que la chica quedó surcada por rojizas marcas. El tratamiento había desatado el salvajismo de N, que moría de ganas por ser penetrada sin compasión.-¡Quiero pija!... ¡cójanme, putos de mierda!, gritó arrancándose una media con bronca.W tomó del pelo a N, la hizo arrodillarse y la obligó a chuparle la pija. Luego llamó a P y, aun manejando la cabeza de la chica desde el cabello le obligo a que le chupe la pija a su compañero, y luego las bolas. H se acercó a la escena y también metió la pija en la boca de su alumna, que, así, tuvo tres pijas bien paradas en su boca a las que, alternativamente, iba pajeando con sus manos. Al rato, N se sacó las pijas de la boca y dijo -¡Quiero chuparles el culo a los tres, agáchense! Los tres tipos obedecieron. N fue metiendo su lengua en el orto de los tres, mientras su calentura estaba llegando al extremo. Aún no contenta, bajó su cara más al nivel del piso y comenzó a chupar los pies de H, saboreando bien los dedos, mientras, con retirando, con su mano derecha, la pija que tenía en la concha y metiéndosela con firmeza en su apetitoso orto, que se abrió sin problemas para recibir al duro miembro, que comenzó a entrar y salir rítmicamente. P comenzó a gemir de placer, mientras H también abrió su trasero a W, quien lo enculó con verdadero interés. Así, con los ortos llenos, tanto N como W gritaban como locos. Después de un rato de bombeo y multitud de palabras obscenas, los cuatro acabaron despidiendo notable cantidad de leche: la de P y H quedó dentro de los culos de N y W, respectivamente, mientras que la de N fue chupada por W casi en su totalidad ya que, al advertir que la chica acababa, corrió a meter su lengua en la empapada concha. De paso, cuando P retiró la pija del culo de la chica, W se la metió en la boca, recogiendo el resto de leche que aun quedaba en el miembro. Como era de imaginar, G, aun escondido detrás de la puerta, tenía la pija a punto de estallar, así que no tuvo más remedio que pajearse violentamente, a tal punto de que no pudo evitar hacer ruido cuando su mano, involuntariamente, golpeó contra la puerta del placard. Los cuatro cogedores yacían exhaustos cuando oyeron el ruido.-¿Qué fue eso?, preguntó P con algo de preocupación.-¡Nada!...debe ser de al lado, contestó N algo nerviosa.-¡No!...es acá adentro, agregó W mientras abría la puerta del placard, descubriendo a G con cara de desesperación y la pija dura como un roble.-¿Qué hacés acá?...exclamó W, entre sorprendido e irritado. ¿Sos forro vos?... ¿por qué te escondés así?, agregó.-...Ideas de N, contestó G, realmente abochornado.-Si...quería que nos viera coger sin participar, aclaró N, algo decepcionada porque su juego había sido interrumpido, perdiendo algo de interés en la velada.-¡Pero tiene algo muy interesante ahí!, contestó el profesor H con una entonación algo afeminada que todos le desconocían hasta el momento.Inmediatamente, H se paró, se acercó a G (que ya había salido de su escondite) y se colocó de espaldas a él, agachándose hacia delante y ofreciendo su culo. ¡Dale, metémela!, casi ordenó H, para total estupor de todos...principalmente de G quien, aprovechando su erección magnífica, hundió su miembro en el orto del profesor, que cedió sin problema alguno. N, P y W contemplaron el espectáculo algo grotesco, por cierto- de G ensartando a su maestro de natación, quien cerraba los ojos y aullaba en medio de un profundo éxtasis.-A qué hemos llegado, dijo P por lo bajo, un poco indignado al ver a su honorable maestro ensartado de esa manera. De repente se escuchó un grito implacable proferido por G, quien, en ese preciso momento llenaba de leche el culo de su profesor que, casi inmediatamente, comenzó a acabar con su pija, también parada. Viendo la leche que empezaba a brotar, N no pudo contenerse y fue a tragársela, recogiendo con su lengua lo que había caído en el piso, pies y piernas del cincuentón.Al rato, los cinco amigos del deporte charlaban sobre trivialidades mientras compartían unas cervezas y escuchaban un suave disco de chill out.G no quiso volver a pensar en sexo por los 20 días siguientes, por más que escuchó, levemente, el comentario de que sus compañeros del club habían participado de un gang bang junto a N en el vestuario de hombres de la entidad...Autor: Serga1602 serga1602 ( arroba ) hotmail.comPara hacerme llegar tus comentarios, sugerenciaso si deseas colaborar con esta página, por favor, envíameun E-mail a webmistress (arroba) marqueze.netWeb: https://www.marqueze.net

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

Escrito por Marqueze

¿Te gustan nuestros relatos? No olvides compartir y seguir disfrutando :P

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.