Mis relaciones con Luz I

Me metí entre sus piernas separando el tanguita, se la metí hasta el fondo, mientras le iba bombeando notaba su mano sobre su clítoris llegando hasta mi polla, la que acariciaba con sus dedos. Ya no aguanté más y solté la leche en su interior, a cada chorro de leche que le llegaba a lo más hondo de su cuevita ella se frotaba con más rapidez y a poco de yo terminar comenzó a correrse de nuevo.

Siempre me ha gustado el sexo, sobre todo, ligar con alguna que otra chica, chica o señora, en ese aspecto no me gusta discriminar, en mis viajes fuera del lugar de mi residencia habitual.

Mi sitio preferido para ligar es Madrid, tanto con chicas o señoras de la capital, como con las que estén en disposición de acercarse a la misma en alguno de mis viajes. También he tenido alguna experiencia con alguna señora de fuera que me he acercado yo a su lugar de residencia o trabajo. Soy un hombre de 40 años al que le encantan las mujeres, de ahí mi auto-denominación de Infiel, creo que no podría ser fiel a ninguna, cada una es un mundo y cada cual tiene su atractivo, unas más que otras por supuesto, pero …  Voy a comenzar una serie de relatos contando mis vivencias de los últimos años, algunos son con las mismas mujeres, con las que he tenido la suerte de repetir experiencias, estos serán realizados por entregas o partes, otros sólo trataran de una relación o encuentro único.

El siguiente relato trata de mi relación con Luz, una chica que conocí una tarde – noche (fue antes de las 10 de la noche), en una disco de Madrid. Estaba tomando una copa cuando la vi bajar las escaleras, no era muy alta, pero tenía un atrayente que me hizo fijarme en ella. Su pelo largo, rizado y con mucho volumen, llamaba la atención, su cara algo redonda con unos ojos muy expresivos y unos labios gorditos que invitaban a comerlos, su cuello no se veía mucho, pues entre el pelo y la ropa quedaba casi oculto. Pero tras de su chaquetilla abierta y su blusa se marcaban unos pechos que prometían bastante, levantados y con volumen, asomando por sobre el escote, marcando la línea de separación de los mismos, e incitando al deseo a cualquiera que la mirase como lo hacía yo en ese momento.

Un poco más abajo su falda, ni corta ni larga, a medio muslo, enseñaba o insinuaba la rotundidad de los mismos, tenía unos muslos fuertes. Pasó a mi lado, se dio cuenta de que la estaba mirando con cara de admiración, un poco embobado (con deseo, diría yo), y se sonrió; pude observar su culo, rotundo y levantado. Me quede prendado, con ganas de profundizar y explorar los recónditos sitios de su anatomía que no estaban a la vista. La seguí con la vista y me fui tras ella hasta donde se decidió a tomar asiento. Me acerqué a su lado y le pregunté si me aceptaba que la invitase a tomar una copa y hacerle compañía.

Entablamos conversación tomamos una copa y, como no podía ser de otra forma, pues deseaba tenerla entre mis brazos, aproveché una serie de lentos para invitarla a bailar, salimos a la pista y pude sentir su cuerpo pegado al mío, sus pechos pegados a mi pecho, su pelo en mi boca, era más baja que yo y su frente quedaba a la altura de mis labios, su perfume me estaba trastornando, a la segunda pieza ya la tenía completamente abrazada, haciéndole sentir que me encontraba súper excitado.  Mi polla se había puesto dura y a cada movimiento del baile se frotaba lentamente contra su anatomía, lo mismo que sus pechos se frotaban contra mi pecho haciéndome sentir su dureza. Creo que la excitación y la insinuación eran mutua, habíamos congeniado a la primera.

Terminaron los lentos y nos fuimos a terminar la copa, entre sorbo y sorbo decidimos brindar por habernos conocido y, en los besos de rigor por los brindis, llegué a besar su boca, no se apartó, más bien se entregó a mis besos, entreabriendo sus labios y dejándome explorar su boca, su lengua, exploración mutua, su lengua penetraba en mi boca, se entrelazaba con la mía y de vez en cuando me la chupaba como nadie me lo había hecho, sus besos tiraban de mi lengua como si me la quisiese despegar (en mis pensamientos más íntimos o en mis deseos, llegué a pensar si esto lo hace con la lengua será digno sentir como chupa la polla), la excitación de los dos iba en aumento y nos habíamos olvidado de donde estábamos, un lugar público y con bastante gente.

Entre morreos y bastantes caricias escapadas (con el fin de aumentar el deseo), decidimos que aquello era mejor terminarlo en la habitación del hotel. Salimos de la disco pillamos un taxi y nos dirigimos al hotel. Por el camino nos olvidamos del taxista y comenzamos con los besos y las caricias. Caricias que ya eran expresión del máximo deseo, ya no había lugar que no intentásemos acariciar todo era válido, éramos dos animales en celo, dos fieras que sólo pensábamos en dar y recibir placer. Nos detuvo la parada del taxi ante la puerta del hotel, que si tarda un poco más no se que hubiese pasado en el taxi, pues ya estábamos comenzando a quitar botones y meter mano a la carne, habíamos dejado las caricias superficiales para pasar a las caricias directamente sobre la carne.

Salimos del taxi intentando que no se notase mucho el desastre que habíamos hecho con las ropas. Nada más entrar al ascensor volvimos a reanudar el desastre, en lo que subió los tres pisos salimos del ascensor completamente desarrapados, en un momento pillamos la puerta de la habitación y ahí comenzó lo más excitante de la noche. Bueno, lo más excitante, no, la culminación de la excitación y el deseo, la pasión que arrastrábamos y que nos había hecho llegar al lugar donde íbamos a desfogar nuestros deseos.

Nada más cerrar la puerta comenzamos a besarnos a comernos la boca, chupadas de lengua, comidas de cuello, comencé tomando la iniciativa y le quité la blusa. Sus pechos pugnaban por salirse del sujetador, si antes me habían parecido de buen tamaño, ahora pude confirmar que realmente lo tenían, se los acaricié sobre del sujetador, buscando sus pezones que estaban duros y se marcaban bajo la fina textura del mismo. Besé la canal que los separaba, metiendo mi lengua en ella, busqué chupar los pezones, todo esto sin llegar a quitarle el sujetador. Mientras la iba chupando y acariciando le solté el broche de la espalda y mis manos se metieron bajo de las copas del sujetador, noté su piel suave, tibia, más bien ardiente, y sobre todo, la dureza de sus pechos, tenía los pechos bastante duros. Normalmente los pechos grandes son más blandos y se caen un poco al soltarlos, estos no, ni se caían ni estaban blandos.

Le quité el sujetador mientras ella me quitaba la camisa, comenzó a chuparme las tetillas a mordisquearme el pecho, mientras mis manos se fueron a su espalda, fui bajando hasta encontrar la cremallera de la falda que tenía puesta, se la solté y la fui bajando poco a poco, centímetro a centímetro mientras acariciaba todo lo que iba quedando libre de ella. Al bajar por sus nalgas aprecié que llevaba un pequeño tanga, muy suave al tacto, según la falda iba bajando por sus muslos yo me fui bajando tras ella. Mientras bajaba recorrí su pecho con mi lengua, su ombligo, el vientre, sobre el tanga le besé su pubis, parecía recortado o con muy poco pelo (luego descubrí que lo tenía recortadito, vamos que llevaba el coño a la peluquería o lo pelaba ella), mis labios recorrieron sus muslos uno al bajar y el otro al subir tras quitarle la falda y dejarla a un lado.

Durante la subida seguí acariciando y besando todo lo que encontraba a mi paso, hasta llegar de nuevo a su boca, que me esperaba ansiosa, entreabierta y deseando que la besase, se notaba que estaba ardiendo de deseo y con ganas de sentirme. Intentó quitarme el pantalón, pero no la dejé, preferí hacerlo a mi manera para evitar que la excitación me jugase alguna mala pasada. En estas ocasiones prefiero ser yo el que lleve la iniciativa y procurar hacerlas gozar al menos de un orgasmo antes de terminar de desnudarme, es algo que funciona a las mil maravillas y que ayuda a quedar bien en todo momento.

Mientras nos besábamos una de mis manos se fue a su entrepierna y comencé a acariciarla, primero sobre el tanguita, por cierto, a estas alturas, todo mojado, empapado diría yo. Luego lo aparté a un lado y metí los dedos buscando su clítoris y los labios del coñito. Estaba tan caliente que no tardó mucho en comenzar a jadear, se le estaba subiendo la bilirrubina, estaba a punto de caramelo. Mientras seguía acariciando su clítoris, le metí un par de dedos y comencé a follarla con ellos, no tardó mucho en explotar en un orgasmo, mientras se contraía apretaba los muslos e intentaba cerrar o aprisionar mis dedos dentro de su coñito, la seguí besando hasta que terminó relajándose y totalmente entregada en mis brazos.

Ahora era su momento, me comenzó a besar y chupar las tetillas, mientras desabrochaba el pantalón, repitió lo mismo que yo había realizado, me fue chupando y besando por todos lados hasta las rodillas, mientras me quitaba el pantalón, luego subió y comenzó a mordisquearme la polla y a chuparla sobre del slip mientras me acariciaba los huevos. Al par de minutos ya me estaba bajando el slip, comenzó poco a poco mientras pasaba la lengua a todo lo que quedaba libre. Primero el capullo, limpiando y sorbiendo el líquido pre seminal que había ido soltando de la excitación, la verdad es que tenía el slip tan mojado que parecía que me había corrido de tanto líquido que había soltado.

Fue bajando hasta llegar a los huevos, luego volvía a subir pasando la lengua alrededor de la polla hasta llegar al capullo que lo metió en la boca, comenzó a chuparla con fuerza, mientras terminaba de quitarme el slip. Se notaba que quería devolverme el favor, pero mi intención iba más lejos, se la quité de la boca y cogiéndola bajo los brazos la puse de pie, comenzamos a besarnos mientras abrazados como estábamos nos tiramos sobre de la cama. Me puse un preservativo y me metí entre sus piernas separando a un lado el tanguita, de un solo envite se la metí hasta el fondo, con lo mojada que estaba sabía que no le iba de hacer daño, por eso no tuve muchas contemplaciones, aparte de que estaba a punto de correrme y no quería que esto sucediese antes de metérsela bien metida.

La comencé a bombear, lentamente, alargando lo que era una corrida inminente, pero con la intención de que pudiese volver a gozar (hay veces que se consigue y otras que no), me tenía cogido por la espalda y me apretaba con fuerza contra de ella, se notaba que la quería sentir bien dentro, como en esta posición yo no le podía acariciar el clítoris, cogí una de sus manos y la dirigí a él. Acaríciate, le pedí, mientras le iba bombeando cada vez más rápido, notaba su mano que iba en venía sobre de su clítoris llegando hasta mi polla, la que acariciaba también con la punta de sus dedos.

Ya no podía aguantar más y comencé a soltar la leche en su interior, a cada chorro de leche una embolada que le llegaba a lo más hondo de su cuevita del placer, ella se frotaba cada vez con más rapidez y a poco de yo terminar comenzó a correrse de nuevo, el aguantar un par de minutos con la polla clavada hasta el fondo, mientras ellas se acarician algunas veces es suficiente para que terminen, si están lo suficientemente excitadas y con ganas, como era en esta ocasión. Nos quedamos un rato abrazados hasta que se fue aflojando y se salió de dentro de su cuevita. Me dirigí al baño a tirar el condón y darme una ducha mientras ella se quedó tendida, completamente desmadejada y plenamente satisfecha en medio de la cama.

Tras la reparadora ducha me regresé a la habitación encontrándola igual que la había dejado, desmadejada y con una cara de satisfacción increíble, creo que no era para tanto, pero se ve que tenía muchas ganas y que había disfrutado con las dos corridas. Me tendí a su lado y comencé a besarla, a acariciar sus pechos, buscando otro nuevo polvo, pero no me dejó seguir, se levantó y recogió su ropa dirigiéndose a la ducha, se duchó rápidamente y enseguida apareció vestida. Me extraño tanta rapidez y le pedí dos minutos para vestirme y acompañarla.

Según me contó en lo que esperábamos el taxi para regresar a su domicilio, llevaba unos meses de abstinencia y sin poder gozar de un hombre. Era casada y su marido llevaba varios meses trabajando fuera con lo que no había follado desde hacía tiempo, esa noche había decido que no podía esperar más, que necesita de un hombre que la hiciera gozar. Ahora entendí el motivo de haber ligado tan rápido y marcharnos al hotel con tanta premura, tenía que regresar temprano a casa, la canguro que había contratado, sólo estaba hasta pasada la medianoche y no podía tardar más.

Lo había pasado estupendamente y ella también, le pedí su teléfono para poder contactar en otra ocasión. Después de esta nos hemos visto en varias ocasiones, pero eso serán otros relatos, el de hoy termina aquí.

Espero les haya gustado y por lo menos haya sido amena su lectura, a la vez que les saque un poco de deseo, excitación y ganas de poderlo hacer realidad, de probar cosas nuevas y excitantes.

Autor: Infiel

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Escrito por Marqueze

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