Navidades dominicanas

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Mi mujer Ana y yo pasamos estas navidades en un Hotel-resort de República Dominicana. Allí nos instalamos en un bungalow de lujo para desconectar y disfrutar del sexo. A nuestros años, pasados los 50, nos pone fantasear y realizar aquello que nos venga en gana.

Ana, a sus 52 tacos, se conserva estupendamente, es menudita 1,60, buenas tetas,un culo potente y sobre todo una carita de ángel vicioso que remata con unos labios carnosos bien perfilados. Esa noche decidimos asistir a una barbacoa que el Hotel organizaba en la playa.

El ambiente era genial y el grupo de animadores/as estupendo. Ana estuvo bailando casi todo el tiempo con un pedazo de negro alto, fibrado, con el pecho al descubierto y empapado de sudor. Ella vino a presentármelo y nos tomamos unas copas. Me pareció un tipo muy agradable y veía como devoraba con la mirada a mi mujer. Le propuse que viniera al bungalow para charlar tranquilamente y accedió.

Oswaldo se sentó en el sofá delante nuestro y cuando Ana pasó frente a mí la detuve. La puse mirando a Oswaldo y fui recorriendo con mis manos sus muslos hasta llegar a su coñito mojado. La senté sobre mí, se abrió de piernas y la masturbé suavemente ante la cara de Oswaldo quien me iba mirando como preguntándome qué hacer.

– ven y cómele este rico conejito – le solté al moreno.

Este se acercó y comenzó a chupar su clítoris mientras ella se morreaba conmigo y apretaba la cabeza de Oswaldo contra su almeja. El chico se lo devoró ricamente hasta que se corrió de gusto contorneando su cuerpo ante cada oleada de placer que le provocaba nuestro invitado que seguía disfrutando. Ana se pone muy perra cuando se corre y desea que la follen enseguida así que la puse en pompa y mientras me comía la polla,Oswaldo aprovechó la ocasión y su polla negra se hundió en el interior de Ana provocando un gemido de placer que fue en aumento mientras la embestía con fuerza. Ella se tragaba mi polla como una auténtica zorra.

Me aparté de ella para ver cómo la follaba. Me produce un intenso placer verla gozando mientras jadea, grita y se estremece. Me puse al lado de Oswaldo para ir animándolo a aumentar el ritmo, entonces le agarró las muñecas, las puso a la espalda de ella y mientras yo se las aguantaba éste subió el ritmo hasta reventarla de placer. Retiró su polla y se corrió en la cara de Ana.

Con la lefa de Oswaldo por su cara la puse a chupar los huevos de éste y le obsequiara con un buen beso negro a la vez que yo le follaba el culo. La polla del negro volvió a pedir guerra y se montó sobre él morreándolo para que yo volviera a rellenar su culo y acabar con un espléndido sandwich.

Después nos acostamos los tres para reponer fuerzas y sonó el móvil de Oswaldo. Eran tres amigos suyos que querían saber dónde estaba y mirándome le dije que les invitara a venir. Al cabo de un rato abrí la puerta a tres negros bien plantados. Lo que sucedió después ya podéis ir imaginando. Os lo cuento en otro relato.

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