No dejes a tu novio solo en casa

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Eran las 3 de la madrugada, y tras haber visto una película solo en casa, estaba aburrido y sin sueño. Mi novia estaba de cena y marcha con las amigas, así que aprovechando que llegaría tarde a casa, me fui al ordenador y me empecé a ver vídeos porno.

Me conecté a un chat erótico de ciber-sexo bajo el pseudónimo “chicomorbo”. Nadie me escribía, así que cambié de sala y me conecté a una de mi comunidad autónoma. Los mensajes del chat general eran casi todos de hombres que buscan chicas para tener relaciones sexuales.

Excitado, escribí: “¿alguien para charla morbosa sobre mi novia?”.

Pensaba que nadie me escribiría, puesto que parecía que todo el mundo lo único que buscaba era un polvo rápido. Me sorprendió que varias personas me abrieran ventanas privadas. Tras hacerme diversas preguntas de control, resultó que todo el mundo lo único que buscaba era tener sexo con mi novia. Desilusionado, pasé del chat y me seguí viendo vídeos porno mientras me masturbaba lentamente. Abrí la pestaña del navegador del chat, y según cerraba ventanas privadas de gente que iba a lo mismo, me sorprendió una de un tal “chicojoven90”. Me había escrito lo siguiente:

Chicojoven90: hola, ¿qué tal?

Chicojoven90: seguro que buscas morbo porque o bien has vuelto de marcha y estás solo y excitado, o bien no has salido de marcha y sí lo ha hecho tu novia.

Me llamó la atención el cambio de diálogo de este chico y le contesté diciéndole que era lo segundo.

Estuvimos hablando un rato, y la verdad es que fue muy amigable. En ningún momento exigió ni pidió nada, tal y como hacían los otros.

YO: ¿te gustaría saber cómo es mi novia?

Chicojoven90: ¡claro! ¿A quién no? Je, je, je.

YO: se llama Sara, tiene 30 años, morena, 170, muy delgada, poco pecho pero bien puesto y culito respingón.

Chicojoven90: toda una perita en dulce.

YO: ya te digo.

Chicojoven90: seguro que se lo está pasando muy bien esta noche de marcha. ¿No crees que es muy posible que algún desconocido habrá intentado ligar con ella?

YO: seguro que sí.

Chicojoven90: qué pena no haber salido de marcha esta noche, je, je, je.

YO: je, je, je.

Seguimos hablando hasta las 4 de la madrugada riéndonos, y excitándonos con las fantasías morbosas que él me contaba. Se presentó como “Kike”, y yo como “Luis”. Le dije que era una pena que mi novia no quisiera hacer un trío, porque sería el candidato ideal. Él me respondió enviándome una foto suya. Se veía a un chico joven, bien cuidado, sin pelo en el cuerpo y muy sonriente.  Me dijo que me la enviaba por si alguna vez mi chica cambiaba de opinión.

Justo en ese momento me llamó mi novia. Se la veía muy contenta y con síntomas de haber bebido más de una copa. Me pidió si podía pasar a buscarla. Le dije que sí.

Le conté la conversación a Kike, y dijo que era una pena, porque hasta se estaba animando para salir de marcha aunque fuera tarde a ver si encontraba a mi novia.

– ¿Por qué no te vienes conmigo a buscarla? – dije sonriendo.

– ¿En serio? ¿Y qué le dirás a ella? – noté el tono de duda en su voz.

– Que eres un compañero de trabajo y que habíamos quedado para jugar unas partidas de fútbol en la consola.

– Ja, ja, ja. Es una locura, pero venga. ¡Me visto pitando!

Intercambiamos teléfonos y me dijo dónde podía pasar a recogerle. Le envié un mensaje a mi novia para avisarle de cuánto tardaría, y que me acompañaría un compañero de trabajo. Me vestí a toda velocidad, y hecho un manojo de nervios me fui al coche y me dirigí hasta el punto de encuentro con Kike. Puntual, supe en seguida que era él al verle sonriente bajo una farola. Se subió en el asiento de copiloto, y nos dirigimos hacia la zona de marcha. Por el camino, le di algunos detalles de mi empresa para mantener la coartada.

Llegamos al lugar de marcha, y a los pocos minutos apareció Sara. Nos bajamos del coche para saludarla. Se acercó a nosotros sonriente con el abrigo sin abrochar a través del cual pudimos apreciar su camiseta gris con toque brillante y escotada, su minifalda negra, sus medias, y sus botas negras de tallo alto.

Para no levantar sospechas, Kike se sentó en asiento de copiloto a mi lado.

–          ¿Pues sí que os habéis viciado, no? – dijo Sara.

–          Sí, je, je, je – respondí.

–          Oye Kike, ¿cómo es que no te conocía?

–          Ya sabes que en nuestra empresa trabaja mucha gente. Íbamos a ser más esta noche, pero al final se rajaron. ¿Qué tal esta noche? – Se excusó él.

–          Muy bien, ja, ja, ja.

En su tono se podía apreciar la alegría que sólo el alcohol puede facilitar.

–          ¿Y sólo habéis jugado a la consola? ¿No os habéis aburrido?

–          Bueno, también he visto porno. – Dije tentando a la suerte.

–          Ja, ja, ja, ¿qué dices? ¿Y Kike mientras jugaba solo?

–          No, a él le he conocido por Internet.

–          ¿Qué? No entiendo nada.

–          Pues eso. Que Kike no es un compañero de trabajo. Le he conocido por Internet.

–          Pe.. pe.. pero… No entiendo. ¿Para qué? – Contestó confundida.

–          Estaba cansado de ver porno y me metí en un chat. Me puse a morbosear y fantasear con desconocidos y le conocí a él.

–          Estoy flipando. ¿Pero de qué hablabais?

–          De ti. De lo cachondo que me pondría verte con otros hombres.

–          Y entonces… ¿qué hace él aquí?

–          Ha venido a verte. Ha sido muy improvisado.

–          Ajá…  – respondió sospechosa.

–          Tengo que decirte Sara que la descripción que me hizo Luis no te hace justicia. – Dijo el aludido.

–          Gra… gracias. Esto es un poco embarazoso. ¿Así que habéis estado hablando de mí?

–          Sí. Y si llego a saberlo antes, me voy de marcha por dónde has estado ja, ja, ja. – Contestó divertido Kike.

–          Je, je, je.

Se produjo un silencio incómodo que terminó en el aviso por parte de Kike de que Sara se había quedado dormida. Ambos nos reímos sin hacer mucho ruido y mi nuevo amigo me dijo que le dejara en su casa si quería. Le dije que no se preocupara, que ya veríamos cómo acababa la noche.

Llegamos a casa y desperté suavemente a Sara. Remolona, se despertó y salió del coche. Se notaba que aquella cabezadita no le había despejado los efectos etílicos, sino más bien todo lo contrario.

Sara se fue directa al sofá y se sentó bastante cómoda, y con aspecto de quedarse dormida en cualquier momento.

Hice una seña a Kike para que me siguiera, y nos sentamos a los lados de mi novia.  Le cogí con cariño la barbilla, y llevé sus labios hasta los míos. Me correspondió el beso con los ojos cerrados y cada vez con más pasión. Apoyé la mano en su rodilla, y fui subiendo hasta esconderla bajo su minifalda. Llegué al volcán que escondía bajo las medias y el tanga y se lo acaricié lentamente por encima de la ropa. Se entregó a mí persiguiendo mi lengua con la suya cada vez más excitada.

Noté la mano de Kike entre mi chica y yo justo cuando le empezaba a tocar las tetas. Me puse nervioso, pero o bien Sara no se dio cuenta, o simplemente le dio igual. La mano de Kike se abría y cerraba como una tenaza sobre los pequeños, pero bien puestos senos. Entre beso y beso podía ver cómo el chico pasaba de apretarlos, a juntarlos y amasarlos por encima de la ropa.

Nuestro nuevo amigo se animó, e introdujo su mano por debajo de la camiseta de mi chica. Fue ascendiendo, y la prenda lo hacía a la par. Al llegar a la altura del cuello, pude ver como el pecho de Sara subía y bajaba agitado atrapado pos su sujetador. Con la habilidad de años de práctica, pasé una mano por su espalda y le desabroché su prenda interior. Ésta calló al suelo, y Kike empezó a jugar con aquellas preciosas tetitas que apuntaban con sus duros pezones al techo.

Mis labios dejaron de ser los únicos en contacto con Sara: Kike bajó la cabeza y empezó a chupar sus pezones. Le apretaba las tetitas y corría rallyes con la lengua alrededor de sus pezones.

Yo seguía masturbándola por encima de la ropa hasta que noté cómo Kike le quitaba las medias. Sobó las piernas de mi chica para acabar tocando mi mano para poder tocarla él también. Era muy morboso besar a mi novia y notarla cada vez más excitada por el calentón que le provocaba aquel, hasta hacía poco, desconocido.

Sara dejó de besarme para, tras una sonrisa etílica, dejarse caer sobre mis piernas. Sus manos jugaron, como si desactivara una bomba, con mi cinturón y cremallera hasta lograr meter su cálida mano dentro de mis calzoncillos. Agarró mi pene erecto y lo sacó a la luz del comedor.

Se echó el pelo hacia atrás e inclinó hacia mi falo. Lo engulló sin lamerlo ni mirarlo, haciéndome una mamada deliciosa. Kike no perdía detalle y seguía enfrascado en la masturbación de mi novia. Notaba la cálida lengua de Sara al entrar en contacto con mi polla cada vez que subía y bajaba su cabeza en su felación. De vez en cuando me acariciaba los testículos sin detenerse ni un segundo en su trabajo vocal.

–          Mmmmm, cariño, qué bien la chupas – le dije con los ojos entrecerrados.

Ella se rio toscamente, con la boca llena, y siguió chupando sin parar.

Kike seguía enfrascado en su tarea de dar placer a Sara. Su dedo índice y corazón rotaban en lentos círculos sobre su clítoris y labios vaginales. Tenía la mano mojada por los fluidos de la chica. Podía notar el calor que emanaba del volcán que tenía entre sus piernas.

–          ¡Qué buena está tu novia! – dijo nuestro amigo mordiéndose el labio.

–          Ufff, y no veas cómo la come – le respondí sonriente.

–          Pues que sepas que está bien mojadita. ¡Mira! – me dijo enseñándome su mano impregnada en icor femenino.

Los dos hombres compartimos una corta risa. Kike resopló y negó con la cabeza para acto seguido desabrocharse los pantalones y terminar de desnudarse sin levantarse del sofá. Nos miró, primero a mi novia y luego a mí, para justo después empezar a masturbarse mientras seguía jugando con sus dedos sobre el sexo de mi chica.

–          Sara, ¡qué ganas de follarte tengo! – dijo Kike con cierta ansia mientras se masturbaba más rápido. Mi chica dejó de chupármela y se giró hacia nuestro amigo.

–          ¿Qué te impide hacerlo?  – le dijo guiñándole un ojo.

Kike me miró con la misma cara que tienen los niños al abrir los regalos en Navidad. Se acercó más a mi novia, y sin dejar de sonreír, golpeó con la punta de su pene sobre los pequeños y mojados labios inferiores de Sara. Ella le correspondió inclinando su cuerpo más hacia él. Kike se relamía y restregaba su polla, más dura que la cara de un político, sobre su coño.

De repente Sara dejó de chupármela. Se sacó mi falo de la boca con un sonido de succión y emitió un gemido. Me asomé por encima de ella y pude ver a Kike recostado y con su pene metido hasta la base dentro de mi chica.

–          Sara, quién me hubiera dicho esto esta noche cuando estaba solo en casa de mis padres….

–          Y a mí que mi novio me vendría a buscar así…

–          Mmmmmm. ¡Qué calentita estás!

–          Toda para ti….

A diferencia de lo que nos tienen acostumbrados las películas porno, Kike inició un mete-saca lento. Disfrutando de cada envite y pegando todo su cuerpo lo máximo posible con el de mi novia. Se la metía hasta el fondo y se deleitaba unos segundos en esa posición. Ambos gemían de forma sincronizada mientras yo me masturbaba viendo como aquel desconocido se follaba a mi novia ante mis narices.

Poco a poco, el ritmo de Kike aumentó. Las tetitas de Sara saltaban como si quisieran despegar de su cuerpo.

Tremendamente excitado, empujé ligeramente a mi chica para llamar su atención y le hice señas para cambiar de postura. Ella lo captó al momento y se giró, ofreciéndome su culito.

Le acaricié suave para seguir apretándole las nalgas al tiempo que ella empezaba a chupársela a Kike.

–          ¡Ohhhhh Dios! ¡Qué bien la chupas! – dijo Kike con la boca abierta.

Su blanco culo tenía marcas rojas del roce y los achuchones que antes le había dado nuestro amigo. Acerqué mi polla lentamente hasta su coño y sin todavía entrar en contacto ya noté en la distancia el calor que desprendía. Apoyé la punta de mi lanza sobre sus labios vaginales. Los noté ardientes y húmedos. No me moví, y Sara, al percatarse, empujó el culito hacia atrás para meterse mi polla poco a poco.

Apreté mis caderas contra su cuerpo y se la metí entera con muchísima facilidad. Estaba muy bien lubricada.

La mano de Sara se movía a toda velocidad sobre el pene de Kike. No sacaba su prepucio de la boca mientras le masturbaba para luego claudicar en marmársela a fuerza de cuello.

–          Saraaaaa, mmmmm. ¡Te daría todas las noches el biberón!

–          ¿Te gustaría correrte en mi boca? – dijo liberando sus labios apenas unos segundos.

–          Ufff, ¡Qué morbosa eres! ¡Sólo con decirme eso ya tengo ganas de correrme!

Mi novia aumentó el ritmo en su felación, introduciéndose la mitad del pene en su boca a toda velocidad. Justo cuando puso sus manos bajo los testículos de Kike, éste empezó a gemir.

–          ¡Aghhhhhh! ¡Me corroooo! ¡Me corroooo!. – Dijo el chico en un rictus de falso sufrimiento.

El primer chorro ardiente llenó la boca de mi chica. Abrió la boca y el semen desbordó por la comisura de sus labios. El resto de chorros impactaron en sus labios y mejillas por igual. Tenía la cara llena de leche, pero aun así le dio unas chupaditas más de despedida. Kike, exhausto, apartó su pene de la boca de Sara ya que no podía más.

Kike se dejó caer pesadamente en el sofá respirando de forma entrecortada. Mi chica se levantó y se fue al baño a limpiarse la cara. Volvió, y tras sonreírme, se montó a horcajadas encima de mí.

Podía notar su aliento apestando a semen sobre mi cara. Sara se introdujo con facilidad mi pene en su interior, y apoyando los brazos en el sofá, comenzó a cabalgarme. Se le notaba muy excitada, porque su ritmo era demencial. No aguantaría mucho aquel frenesí, y le advertí que como no frenara, me correría dentro. Ella se rio con autosuficiencia y aumentó el ritmo.

De forma incontrolable, noté un escalofrío recorrer mi cuerpo desde las rodillas hasta el pecho, y luego un tiró en los testículos. Moví mi cadera como un bailarín, y empecé a correrme dentro de mi novia.

Nos quedamos abrazados unos minutos y nos fuimos a limpiar.

Al volver Kike estaba ya vestido. Le acompañé a su casa en coche, y de camino me pidió el número de móvil de Sara. Se lo di, y volví a casa.

Nada más llegar, Sara me esperaba leyendo en la cama.

–          ¡Mira lo que me ha enviado Kike! – me dijo risueña.

Miré el móvil y pude ver una foto del chico con la polla sacada y semen por encima de la tripa.

–          ¡Ha tardado poco!

–          Sí, me ha dicho que se la ha cascado recordándome y con ganas de repetir.

–          ¿Qué harás?

Sara me respondió guiñándome un ojo y apagó la luz.

–          Creo que la próxima vez no dejaré a mi novio solo en casa…- Al poco tiempo escuché su respiración más lenta.

Se había dormido.

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Escrito por jovenes_alegres

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