NO ME ATREVO A VOLVER A CASA.

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Vinka

Un sonido agudo y persistente en mis oídos me hizo recordar que quizás había exagerado con la ingesta de champán en la fiesta mas o menos intima con que en mi familia habíamos celebrado el compromiso oficial de mi hermana Paula con Felipe. No habíamos celebrado el matrimonio con la pompa merecida por cuanto ese era el deseo de los novios y la precaria situación económica de mi familia no permitía gastos mayores.

Así las cosas, tampoco había viaje de luna de miel y la feliz pareja seguramente en ese mismo momento, se entregaba a los placeres legítimos del sexo en el cuarto de mi hermana, allí a pocos metros de mi cuarto al final del largo pasillo que era el eje de la construcción de mi casa.

Cuando el ruido se fue disipando en mi cabeza logre abrir los ojos y penosamente pude ver la hora en el reloj de mi mesa de noche. Eran las cinco de la mañana. Luego comenzaría a amanecer Ayudada por esa luz tenue, pude ver una silueta humana en el marco de la puerta. En un primer momento atribuí la visión a una consecuencia de mi insipiente borrachera, pero no tuve oportunidad de mayores análisis porque en seguida la figura avanzó resueltamente hasta mi cama y me di cuenta que la figura estaba desnuda y que indudablemente se trataba de Felipe, el flamante esposo de mi hermana Paula.

Instintivamente habría gritado, pero tenia la conciencia suficiente como para dimensionar el escándalo que desencadenaría en mi casa, de modo que enderezándome en la cama me contuve pensando que seguramente algo le había pasado a Paula y Felipe requería mi ayuda, pero cuando examine con cuidado a mi cuñado las intenciones de su visita quedaron absolutamente claras. Felipe me estaba presentando una erección brutalmente real y la expresión de su rostro estaba empapada de una sola manifestación. Deseo.

Al recordar ahora lo sucedido, me parece simplemente descabellado, pero las cosas sucedieron tan rápidamente como las narro.

Paralizada por la visión y la audacia del hombre, me quedé un momento paralizada sin darme cuenta que yo también estaba desnuda y que Felipe tenia en ese momento una visión monumental de mis tetas que eran mi orgullo.

El hombre actuó con la rapidez y la precisión que otorga seguramente la experiencia. Era un hombre de unos cuarenta años. maduro y de una seguridad aplastante. Antes que yo pudiera decir nada se metió en mi cama y me abrazó con firmeza pero con cierta dosis de ternura montándome sin que yo opusiera la menor resistencia.

Lo más importante para mí en ese momento, era que no se desencadenara el escándalo puesto que toda mi familia había tomado lo del matrimonio de mi hermana con algo extraordinariamente hermoso.

En que momento mi actitud pasa de la prudencia a la franca cooperación, no lo se. Seguramente mi cuerpo de mujer madura estaba respondiendo a los estímulos poderosos que significaban el hecho que Felipe me acariciara los pechos y mamara mis pezones con deleite de hombre excitado y sobre todo el sentir entre mis muslos ese cilindro ardiente y húmedo que buscaba con ansias mi entrada para consumar sus lúbricas intenciones.

A los pocos segundos el hombre me tenia totalmente dominada y solamente por no saber donde poner mis manos, yo había terminado por abrazarlo, de modo que casi simultáneamente percibí que su lengua buscaba la mía que no se le resistía y su miembro poderoso entraba en mi separando las paredes de mi sexo haciéndome sentir cada centímetro de su longitud presionando sobre mis paredes que comenzaban a latir tímidamente.

El hecho que este hombre audaz me estuviese haciendo lo mismo que seguramente había hecho a mi hermana segundos antes, en lugar de parecerme espantoso, ocasiono en mi una ola de calentura desenfrenada, por cuanto estaba claro que a mi edad no tenía en mis planes casarme y nunca había tenido ninguna pasión desatada sino únicamente experiencias de estudiante y aunque no era virgen estaba muy cerca de esa condición.

Esos pensamientos me llevaron a entrar en el intercambio con una disposición que me era desconocida. Bajo el peso de su cuerpo tuve conciencia del mío y empecé a entregarme de una manera descarada, moviéndome con una sabiduría que me llegaba en ese momento, separando mis piernas para abrazar las suy

as, dejando que el me recorriera en forma impúdica, que me penetrara golosamente por todas partes sin negarle nada y cuando la luz del amanecer inundó mi cuarto éramos un par de cuerpos sudorosos que en silencio habían dejado sobre mi cama todas las marcas mas promiscuas de una pasión sexual desaforada.

Ese día domingo permanecí en mi cuarto hasta cerca del mediodía sin atreverme a pensar en lo sucedido, lo único que tenia claro era que ni muerta seria capaz de dar a entender lo que había sucedido. Me iría con ese secreto a la tumba. Yo no seria capaz de destruir la felicidad de mi hermana.

El día transcurrió absolutamente normal. Los nuevos esposos parecían inundados de felicidad y de ternura de modo que hasta llegué a pensar que lo sucedido era quizás el arranque desbordado de un macho sobreexcitado que en forma un poco inconsciente corre en búsqueda de la hembra fácil y cercana y esa hembra en este caso había sido yo.

Esa noche quise cerrar mi cuarto con llave, pero en el momento mismo que me disponía a hacerlo un impulso proveniente de alguna parte sensible de mi cuerpo me lo impidió y la puerta permaneció accesible.

He de reconocer que desde ese momento comenzó el insomnio de la espera por la llegada del macho.

Yo no sabia si él habría de venir a mi cuarto, pero sin duda ahora no solo lo esperaba sino que lo deseaba descaradamente. Me había preparado conscientemente, había perfumado el lecho como me imaginaba habría de gustarle y estaba dispuesta a entregarle cuanto me pidiera y a satisfacer todos sus caprichos, de modo que cuando entró en mi cuarto me arrojé en sus brazos y lo llené de besos. Mis manos recorrieron su cuerpo desnudo y casi de inmediato encontré mi objetivo, grueso, duro, caliente y tenso hasta la desesperación y sin poder contenerme me arrojé de rodillas a sus pies llenándolo de besos, aprisionándolo en mi boca mordiéndolo con pasión tierna llenando mi paladar con sus suavidades y adormeciéndolo entre mis pechos.

Las horas de esa noche se transformaron en minutos porque los placeres y los orgasmos transformaron mi tiempo y me sentí inundada de sus manjares mientras todas mis bocas latían desesperadas. Y yo gritaba y el no me hacia callar porque al parecer habíamos roto todos los limites de la prudencia y esta pasión traicionera se había hecho desesperadamente malsana y desvergonzada porque lo único que nos importaba era el placer desmedido. Y tan intenso fue nuestro encuentro que al final el sueño nos rindió.

Seguramente fueron solamente algunos minutos y luego desperté sobresaltada. Felipe desnudo respiraba a mi lado profundamente dormido y en ese momento escuche pasos en el pasillo.

Estaba aterrada y lo único que se me ocurrió fue saltar de la cama y correr hacia la puerta para impedirle la entrada a mi hermana pues estaba segura que era ella.

Dejé pasar unos minutos después de los cuales los pasos desaparecieron. Fue entonces que salí cuidadosamente al pasillo para acercarme al cuarto de mi hermana. Lo único que podía darme tranquilidad seria cerciorarme que ella dormía y no se había percatado de la ausencia de su marido.

Me detuve sudorosa frente a la puerta del cuarto de Paula, el corazón me latía apresuradamente y por mis muslos corrían los hilos calientes y espesos de los líquidos con que Felipe me había inundado.

Escuché la voz de Paula que seguramente hablaba dormida, luego su respiración agitada, sus movimientos que parecían mover la cama luego unos quejidos profundos y angustiados y me di cuenta que era presa da una pesadilla. Decidí a entrar a fin de impedir que al despertar se diera cuenta de todo.

Abrí la puerta y la pesadilla quedo ante mis ojos.

Las dos mujeres desnudas, la una sobre la otra, con su muslos entrelazados se besaban desesperadamente mientras sus manos recorrían sus nalgas y sus vientres buscando los rincones mas escondidos.

Yo jamás había visto ni en películas eróticas, ni en revistas de ese tipo algo que pudiera superar a la belleza promiscuamente infernal de esas mujeres amándose de la forma como lo hacían, porque era indudable que en medio de la casi violencia con que los cuerpos se buscaban, había en el abrazo una ternura cautivante y caliente que me dejó paralizada y ardiendo.

Yo no sé si mis hermanas se habían dado cuenta de mi presencia, pero si así er

a parecían ignorarla o mejor dicho mi presencia no alteraba para nada ese ambiente de erotismo sin fronteras en el que estaban inmersas.

No podía ser de otra manera, me daba cuenta que ellas habían pasado el limite del mundo común y se amaban con la libertad de quien ha superado la realidad pacata. Tenia que admitir que ahora las encontraba hermosas y lo que hacían cautivante. Cerré lentamente la puerta del cuarto y me fui acercando al lecho. Toda la pasión aquietada durante el susto, se me fue despertando ahora de manera distinta como obedeciendo al llamado incestuoso de la situación que ahora tenia ante mis ojos y fue así como desnuda nos unimos las tres formado una especie de raro animal autosatisfaciéndose, llenándose de caricias primarias, de besos nuevos, de orgasmos triples y de sabores extraídos de nosotras mismas y que esparcíamos por el cuerpo de alguna de las tres sin saber cual de ellas era.

Aprendí esa noche que el cuerpo de una mujer se puede transformar en una instrumento de pasión desaforada al mismo tiempo que en una fuente de ternura caliente. Así nos sentíamos. Allí , mis pechos recibieron de otros pechos las caricias mas enloquecedoramente excitante y mi sexo fue tocado de formas desconocidas.

Las palabras no nos bastaban para expresar nuestras sensaciones y en medio de los susurros inventamos palabras nuevas, algunas groseras y descomedidas y otras de una suavidad inefable y pecadora que ahora al evocarlas me estremecen cuando en la oscuridad de mi lecho las pronuncio calladamente para acompañar mi soledad.

Solo había pasado tres días en mi casa.

No me atrevo a volver.

tetma100 (arroba) yahoo.com

Autor: Vinka

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Escrito por Marqueze

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