Nuestra primera vez

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Quería tener dos pijas al mismo tiempo. La bombeamos largo rato, los quejidos eran suaves y largos. Cuando sintió que era inminente la eyaculación y su orgasmo, me miró y dijo: Me queda faltando otra pija para mamar mientras tanto. Quedé petrificado. Vaya lo golosa que era mi mujer. Como que tenía hambre de pene.

No es la primera vez que tenemos sexo. No es eso. Es la primera vez que pasa lo que voy a contar. Yo he tenido la mente muy caliente siempre. Y al ver tanta película porno y de leer y leer se me ocurren cosas que a veces durante una sesión de amor con mi esposa le cuento con el propósito de calentarla aún más.

Ella me lleva la corriente. No se si de verdad le gusta pero cuando se lo pregunto, estando ensartada por mi, con sus ojos cerrados me dice que si.

Una de mis fantasías favoritas es hacerle el amor con otro hombre. No puedo siquiera imaginármelo que ella me engañe, pero me imagino permitiéndole hacerlo en mi presencia, con mi participación activa.

Y las cosas ocurrieron para nuestro gusto de la siguiente manera: Estábamos solos en la casa. Mi hijo estaba pasando unos días con su prima en otro pueblo cercano. Compré una botella de piña colada que a ella le encanta y por la noche abrí la botella y le ofrecí. Ella me dijo picarescamente que si quería aprovecharme de ella a lo que le contesté que esa era mi intención. Yo mientras tanto tomaba whisky en las rocas. Escuchamos música de viejo teca y a veces boleros suaves que aprovechaba para bailar con ella. Lucía ella un hermoso vestido azul, de seda suave. Estaba preciosa.

En un momento dado ella se arrodilló y extrajo mi pene de mi pantalón y golosamente se puso a darle lamidas y chupadas que me pusieron a mil. Luego quité las porcelanas de la mesa de centro y allí la acosté, le subí la falda y le corrí a un lado su panty, y le devolví el favor con largas y profundas lamidas. Ella gemía suavemente.

De pronto, no lo esperábamos por la hora que era, alguien tocó a la puerta. Me asomé por la ventana y me asombré al ver allí al ex esposo de mi cuñada, con una maleta pequeña en la mano. Él vivía en Bogotá hacía meses. Le dije a mi esposa que se organizara para atender la visita. Abrí la puerta y le dije:

– Vaya, que sorpresa. ¿Y eso? – Fui a la casa de mi padre y nadie me abrió. De seguro están paseando y no encontré otra alternativa que venir a molestarlos. -De ninguna manera. No es ninguna molestia. Puedes quedarte. Nosotros estamos solos pues mi hijo está en otra ciudad. Puedes ocupar su habitación.

Él fue al cuarto y mi esposa lo atendió ofreciéndole algo de comer, lo cual rechazó argumentando que había comido en el aeropuerto. Entonces le ofrecí un trago de whisky, lo que si aceptó. Pronto nos entonamos y él también bailó con mi esposa algunas canciones y hasta boleros, lo cual me puso a mil pues bailaban bastante apretados.

Ella se sentó en el sofá de frente a él y cada vez que hacía carrillo mostraba parte de sus hermosos muslos y hasta parte de su panty. Noté que él la miraba a veces con descaro. La saqué a bailar y me puse a darle besos bien eróticos. La sentía bien caliente. No le importaba que le tocara sus nalgas cuando la apretaba contra mi pene que hacía rato estaba que estallaba.

Ella en una acción sorpresiva me cogió el pene sobre el pantalón y me lo sobaba placenteramente. Él por supuesto veía la acción. Fuimos al sillón y mi sorpresa fue mayor cuando me sacó el pene y volvió a mamármelo con chupadas espectaculares. Mi concuñado no aguantó y sacando su pene se puso a masturbarse suavemente. Su miembro era blanco y un poco más largo que el mío, pero más delgado. Ella lo miró y siguió mamando. Entonces le dije a ella:

– Creo que tu ex cuñado también necesita una dosis.

Ella me miró como esperando la aprobación y al darla se acercó a la pija de su ex cuñado y comenzó a mamarlo de manera suave, pero con una mano me tenía cogida la mía, para que no me masturbara. ¿Cuales eran sus pensamientos? Yo me quité la ropa y procedí a desnudarla a ella también. Se veía preciosa mamando y mi excitación crecía al pensar que se lo estaba haciendo a otro en mi presencia.

Mi concuñado tampoco se estaba quieto. También se desnudaba de manera rápida. Recordé que el motivo de separación de él con su esposa había sido precisamente el que ella no aceptara tener una relación libre parecida a la que teníamos en ese momento. Sonreí.

Me acomodé entre sus nalgas y busqué con mi lengua y boca su coño húmedo por la emoción. Lo lamí repetidas veces, mientras sentía sus quejidos entre mamada y mamada al pene que tenía en su boca. Luego acomodé mi pene en su vagina y le di mil empujones mientras ella seguía mamando.

Mi fantasía se había cumplido. Cuando ella sintió que se acercaba mi eyaculación me lo sacó y me lo apretó duramente impidiendo la venida. Ella dijo que no quería que me viniera tan pronto. Me indicó que me lo lavara bien pues quería volvérmelo a mamar.

Fui al baño y cuando volví ella estaba acostada sobre la mesa de centro mientras él se la clavaba con movimientos fuertes y pausados. Entendí que yo había cumplido mi fantasía pero faltaba la de ella. ¿Cual sería? Me indicó que le metiera el pene en su boca golosa y siguió mamando con los ojos cerrados, mientras su sexo era llenado por el pene de otro hombre.

Luego me dijo que me acostara en el piso y ella se sentó encima de mí quedando bien ensartada. Después le pidió a su ex cuñado que le penetrara el culo.

Quería tener dos pijas al mismo tiempo. La bombeamos largo rato, los quejidos eran suaves y largos. Cuando sintió que era inminente la eyaculación y su orgasmo, me miró y dijo:

– Me queda faltando otra pija para mamar mientras tanto.

Quedé petrificado. Vaya lo golosa que era mi mujer. Como que tenía hambre de pene. ¿Verdad? Tuve el orgasmo más fantástico de mi vida de sólo imaginar lo que ella decía. Luego nos acostamos los tres en la misma cama, sudorosos, cansados y satisfechos. Me dormí rápidamente.

Me desperté al escuchar los quejidos que daba mi mujer mientras el bellaco de mi concuñado se la volvía a merendar y esta vez sin mi permiso. Yo por mi parte ya tenía suficiente y me volví a dormir. Ella siguió con su faena. Pensé mientras me dormía, que aún faltaba una o varias fantasías.

¿Seríamos capaces de llevarlas a cabo? Quien sabe…

Autor: Javier

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Escrito por Marqueze

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