NUEVA EN LA PANADERIA

panaderia

Me llamo Paola, tengo 28 años y soy nueva en la ciudad. Vinimos con mi marido por su trabajo. Es ingeniero y la empresa en la que trabaja lo traslada habitualmente.

Los primeros meses me entretuve arreglando la nueva casa en la que vivíamos pero luego sentí la necesidad de hacer algo. Estaba casi todo el día en casa sin hacer nada. Alberto, mi marido, trabaja todo el día y recién lo veía a la noche. La mayoría de las veces llegaba cansado sin ganas de nada. Solo se duchaba y a la cama. El es algo mayor, mas de 40 años y su energía la utiliza en su trabajo. vuelta

Charlando con mi vecina, a la del supermercado me comentó que había un puesto vacante en la panadería del centro. Tengo habilidades en esos temas pues cuando era chica mi tío tenía una panadería y yo pasaba parte de mi tiempo ahí.

Lo comente con mi marido quien me animó a presentarme y tomar el trabajo.

Me presenté a las ocho de la mañana. El dueño era un hombre alto y algo adusto. Acostumbrado a trabajar. Era de piel blanca tostado por el sol y unos ojos celestes que resaltaban de su rostro duro y serio.

El hombre me pregunto por mis antecedentes . Me dijo que necesitaba un ayudante en la fabricación del pan y de las facturas. Pues se le había enfermado su ayudante. El horario era de 21 a 6 de la mañana. Y que podía comenzar esa noche misma.

Quedamos en eso, le adverti que hacia mucho que no lo hacía. El sonriendo levemente me tranquilizo y me dijo que no había problemas que me enseñaría.

Esa noche llegue puntualmente a las 21 de musculosa y short pues se del calor del horno de la panadería. Me puse le pañuelo en la cabeza y el delantal, Mariano, asi se llamaba el dueño. Me indico lo que íbamos a hacer. Nos pusimos a trabajar cuando se descompuso la maquina de amasar. Justo cuando había que hacer la masa de las facturas.

Me pregunto si me animaba a hacerlo a mano. No podía negarme era mi primer día. Me dio las medidas y los elementos y me puse a amasar a mano. Hacia calor y con la sobada de la masa comencé a transpirar un poco. Mis brazos son pequeños y fibrosos como mi cuerpo. Mi cola es firme y por el canal de mis pechos corría unas gotas de sudor. Mi cuerpo comenzó a mojarse. Mariano se acercó por detrás mientras amasaba y me indicó que tenía que usar mas presión en la masa. Se apoyo a mi cuerpo por detrás y apoyo sus manos en la masa. Cuatro manos pueden mas que dos, dijo susurrando. El calor aumento en mi cuerpo. Su bulto creció detrás de mi cola erquida. Comencé a humedecerme toda y no era transpiración. Era mi sexo que estaba mas caliente que el horno de la panadería. Comenzamos el vaivén de amasar ambos. Yo tomaba la masa por el centro y el por los extremos. Su bulto hacia el moviemiento en mi culito respingón. Intenté sofocar un gemido de placer, pero no pude. Salió claro y suave. Mariano lo sintió. Y el vaivén se hizo más rápido.

Rogué que mi toallita no dejara traspasar el fujo de mi exitación. Mis gemidos iban en aumento. Mariano con una mano llena de harina sobo mis pechos. Y bajo su mano hasta mi sexo sediento de ese hombre rudo y hábil. Ya no pude más giré mi cabeza para buscar sus labios. Me beso apasionadamente. Mientras sus manos enharinadas pasaron de la masa a mi cuerpo sediento de ellos. Me paso las manos por los pechos los amaso firme y suavemnte. Me saco el delantal la ropa. El calor del horno recorrió mi cuerpo. Sus brazos amazaron mis nalgas. Las acaricio y las moldeo a su gusto. Mi vagina húmeda no dejaba de desearlo. Estaba toda enharinada y blanca. El me acostó desnuda arriba de la mesa llena de masa y harina. Mis nalgas la sintieron fresca en ese calor infernal. Tome el cierre del pantalón y se lo baje. Necesitaba beber algo y ahí estaba el elixir mas delicioso. Su verga enorme y firme salto a mi boca. No tuve reparos, no era dueña de mí. La chupé, la lamí, me la metí hasta la garganta. A punto de acabar el me tomo del pelo y retiro mi boca de su miembro. Se puso al borde de la mesa y puso su verga a la entrada de mi concha deseosa de ser penetrada. No aguantaba más. Le rogué que me la meta de una vez. El calor era insoportable, mi cuerpo transpirado. La masa fresca en mis nalgas. El tomo mis piernas y las empujo hasta su miembro. Entró sin dificultad. Comenzó a moverme desde las piernas para delante y para atrás mientras su verga recorría mi sexo hasta el fondo y luego hasta su cabeza, rozando mi clítoris y haciéndome gemir como una perra en celo, como una jauría de perras. Mis pechos estaban duros y mis pezones puntiagudos. El los tomo con sus manos y los apretó mientras su verga se metía hasta el fondo de mi ser. Yo rogaba y suplicaba que siguiera. Los orgasmos se sucedieron unos tras otros mientras mis nalgas sobaban la masa debajo de mí. Sentí su semen salir de su verga hermosa. Pegó dentro de mi produciendo un orgasmo que nunca había sentido antes.

Me abrace a el y lo bese por todo el rostro en agradecimiento de ese momento tan sublime de placer. El me retiro lentamente de la mesa con sus fuerte brazos. Nos pusimos el dalantal sobre nuestros cuerpos desnudos. La masa de las facturas estaba lista con la sobada de mis nalgas mientras el me cogía y dejaba satisfecha. Esa mañana se vendieron facturas como nunca. Todos decían que estaban deliciosas-

Al llegar a casa mi marido que se iba a trabajar me pregunto como me había ido. Excelente conteste yo. Amase como nunca lo había hecho.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

88 votos
Votaciones Votación negativa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *