Ojos azules.

¡Comparte!

Alex era un tipo jovial, del tipo que cae bien a todos. Físicamente era de altura media. Alrededor de 1.70 mts. Tal vez un poco menos. Era delgado, de tez ligeramente morena. Agradable a la vista sin duda. Era amigo de Leonor. Una chica de escasa altura, pero sencillamente encantadora. Además de tener prácticamente el mismo carácter, tenían otras cosas en común. Una habilidad para el estudio increíble, y lo más importante, un apetito sexual voraz por los hombres.

América, la mejor amiga de Leonor, era casi salida de una historia holiwoodense: alta, cabello castaño como sus hermosos ojos y muy popular. Tan popular que tenía por novio al galán de la universidad: El objeto sexual de todos, especialmente de nuestro protagonista. Fabio era un superdeportista. Del tipo de Clark Kent en la nueva seria de WB Smallville, solo que mejor. Alto, sobre los 190 centímetros. Piel blanquecina y cabellera negro intenso. Ojos azules y unos labios hermosos. El ejemplar perfecto del sexo masculino. Lampiño de brazos, piernas y torso. Digno de que le esculpiese en mármol.

Un día cualquiera, estaba Alex en casa de Leonor concluyendo con los temas escolares que repasaban sistemáticamente buscando conservar su promedio perfecto. En breve comenzaron a hablar de América y sus aventuras. Leonor no sentía envidia en absoluto, más bien era un deseo incontrolable de conocer a Fabio en la intimidad lo que la hacía confiar a Alex todo lo que América le relataba. Alex, por su parte, albergaba dentro de él un cada vez más grande deseo de constatar todo lo que Leonor contaba, así que valiéndose de su simpatía comprobada y su habilidad mental decidió compenetrarse del mundo del básquetbol. Términos, jugadores, movimientos, etc., etc. No le fue difícil ser un erudito en la material al cabo de aproximadamente 2 semanas.

Con todas sus armas afinadas decidió acercarse estratégicamente a los entrenamientos. Fabio al concluir pasaba un rato extra con el entrenador. Un cascarrabias que conocía claramente el talento del muchacho pero temía que la universidad dictaminara sacarle del equipo debido al promedio descuidado que llevaba en una de sus materias.

Alex observaba desde las butacas. Sin perder detalle de la conversación que a la distancia tenían ambos, hizo un ruido en el momento que creyó conveniente. La estrategia resultó, Fabio lo vio, y luego de saludarlo con el brazo, se le iluminó la cara. Pasó por su mente la idea que Alex quería que pasara. Su sonrisa era hermosa. Dientes bien formados y blancos. En fin, no hay palabras… Nariz y orejas también milimétricamente formadas. Era un, un, un Apolo tal vez. Adonis. Algo único. La máxima creación masculina de la madre naturaleza.

Claramente dejó el galán ver la intención de obtener de Alex la ayuda necesaria. Sabía que la conseguiría, después de todo el muchacho era del agrado de todos. Contrastaba sin duda con el estilo clásico de los eruditos. Repentinamente dio por terminada su charla con el entrenador y gritó.

-Flaco -Como de costumbre todo salía bien para Alex. Así era como le llamaba el número uno de popularidad siempre que quería ser condescendiente con él-. Solo tú puedes ayudarme.

Paciente esperó a que Fabio se acercara. Al cabo de un momento ambos caminaban rumbo a los vestidores.

Saludos amables iban y venían al hasta entonces ajeno al deporte. Cuerpos desnudos bajo la ducha o frente a los casilleros y bien vestidos rumbo a la salida encontraron atención en los discretos ojos de Alex. Él por su lado, feliz de estar ahí no dudó en entablar breves charlas con aquellos que mostraban sus espaldas en un intento por hacerlos volverse. Germán, por ejemplo, otro joven popular entre las chicas y segundo al mando en el equipo sostenía la toalla entre sus dos manos. Alex desvió un poco el camino y le extendió la suya. Claro, como cada plan suyo, este también dio resultado. Germán correspondió el saludo y le dejó ver su entrepierna. Era de aproximadamente 180 centímetros de altura. Considerablemente más moreno que Alex, pero con un trasero retratable. Esto, mis estimados lectores, seguro les sugerirá que sus genitales sofocados en los pantalones entallados, debían dibujarse ligeramente mejor. Como digo, de piel morena y ojos y pelo negro, desprendía u

n olor a limpio, a fresco. Su pene, de aspecto más hosco y cenizo, era efectivamente algo gordo y de una longitud pobre. Acentuada, todavía más, por el prepucio no circuncidado del que asomaba un glande algo más colorido. El vello genital desbordaba abundante hacia las piernas e incluso trepaba por el abdomen hasta llegar a la parte alta del pecho. Detalles todos, que encajaban en el estereotipo latino que de él tenían. Musculoso. Después del instante que le tomó echarle un vistazo de abajo a arriba correspondió la sonrisa de Germán.

No dejó de escuchar las inquietudes de Fabio. Al poco ambos llegaron hasta el casillero del capitán del equipo y comenzó un proceso conocido. Playera, zapatos y shorts volaron en segundos. Alex por poco pierde concentración en espera de la "develación" de ese tesoro humano del que tanto había escuchado a través de Leonor.

Fabio no dejaba de hablar. En medio del murmullo Alex se sentó en la banca. Una pierna a cada lado como si la estuviera montando. Fabio, finalmente se sentó y se sacó una calceta y luego la otra. Remedó a Alex, quedó con él frente a frente. Sus manos no dejaban de moverse entre las piernas de ambos cicladas en la explicación que repetía una y otra vez. Al cabo de un momento se puso de pié y acto seguido se dobló en dos al tiempo que llevaba abajo sus briefs. El avorazado escrutinio dio comienzo. La descripción más detallada de Leonor palidecía junto a la visión de Fabio desnudo. Mil cosas pasaron por la mente del inquieto Alex. ¡Fotografías, video, esto tenía que conocerlo el mundo! Del vientre de Fabio pendía un pene que se extendía alrededor de unos 12 centímetros midiéndolo desde la cepa así como también alcanzaba una anchura de más de 3, calculó Alex. Y lo más hermoso era la forma con la que esos 2 testículos -afeitados, eso sí, según notó nuestro goloso flaquito- hacían juego con el glande más perfecto que pendiere sobre la faz de la tierra. De un color rosa, terso, perfectamente circuncidado y de punta afilada. Ese tono rosa ascendía más allá del límite del glande hasta la mitad del cuerpo cavernoso de su portador. Y por si esto fuera poco, las 3 piezas que formaban sus genitales estaban coronadas por un espeso bulto de vello púbico de un azabache igual al de su cabellera y vello axilar y del que subían hasta el ombligo algunos cuantos de ellos ahogados en el sudor que durante el ejercicio los cubrió.

-¿Qué opinas Flaco?

La memorización del ejemplar que estaba frente a él exigió toda la capacidad del procesador que tenía por cerebro.

-Perfecto -pronunció como primer respuesta-. Lo que pidas, cuenta conmigo -dijo 3 palabras al príapo de su interlocutor y las otras a la cara, ya algo más en control.

Fabio, dicho sea de paso, tenía en común con los otros 3 personajes de nuestra historia un rasgo clave: Era muy sexual. Las miradas de cualquiera a su cuerpo no le incomodaban y él no escatimaba vistazos a mujeres y hombres por igual. Estaba seguro de sí y así se conducía. No había timidez ni duda en una sola célula de su ser.

Asintió con la cabeza y le dio la espalda en dirección a las duchas. Sobra decir el nivel de excitación que Alex presentaba. Admiró con igual lujo de detalle su espalda. Sus nalguitas tenían una talla perfecta. Algo más blancas que sus piernas o espalda parecían nunca haberse dilatado para dar paso a un mástil del mismo sexo.

Su admiración siguió y siguió mientras Fabio se enguagaba el champú. Echando la cabeza atrás la sacudía al tiempo que se ayudaba con los dedos. Los pocos murmullos del resto de la gente apenas podían distraer de vez en vez al joven Alex. El titán finalmente guardaba silencio. Luego de otra distracción provocada por el alboroto que estaba causando un tipo al que apodaban el "chueco", Alex volvió a centrar su atención en su objetivo. Fabio estaba doblándose para recuperar el jabón que se había caído y ofrecía la visión de su culo descubriéndose. Los lectores sabrán que cuando un cuerpo se flexiona en estas circunstancias, el efecto natural es distanciar ambas nalgas entre sí y exponer el ano. Mismo que, tal como sus bolas, estaba afeitado al ras y de una coloración rosada menos que el glande. Alex se corrió bajo sus pan

talones mientras su pene no dejaba de pulsar. Pequeño detalle. Desfajó su playera y todo listo.

Armándose de fuerza tras el orgasmo desvió la mirada a los pocos que quedaban mientras finalmente interactuaba con ellos en pláticas cortas. Si así podemos llamarle, dio a su miembro un descanso de alrededor de un cuarto de hora hasta que el modelo de modelos cerró la llave y volvió sus pasos hasta quedar de frente a él. Gotas corrían a abajo por toda su piel y en sus genitales las leyes gravitatorias no hallaban ninguna excepción. La imaginación del joven despegó a todos lados tirando del pene que no tardó en hincharse de nuevo sino apenas unos segundos. Tenía que aceptarlo, el genio y la chispa de Alex se veía estrangulado por la desnudez de Fabio.

Extendió su toalla sobre la banca y la montó nuevamente. Subió una pierna al tiempo que se estiraba buscando ropa limpia de su maletín que había dispuesto a un costado de la banca.

¡Cielos, desnudo y húmedo a escasa distancia de él! No tengo palabras para describir eso y Alex tampoco las tuvo. Cual imán, la visión de los genitales de Fabio conectados a la ranura de sus nalgas que se dilató al subir la pierna e inclinarse, atrajo irresistiblemente la mirada del flaco.

Alex, sintió otra vez que de él escapaba un torrente seminal que lo debilitó. Eso es lo que le causaba su interlocutor en reposo. ¡Qué sería la visión de él en todo su esplendor!

Cuando finalmente llegó a su casa, era víctima de un mareo y descansó.

Pasaron las semanas y la amistad había crecido. Encontraron ser buena compañía el uno del otro. Por doquier se les veía juntos. De hecho los cuatro se estrecharon más. Mientras los caballeros se frecuentaban en pos de nivelar el promedio de Fabio, América seguía detallando los encuentros amorosos a Leonor que a su vez pasaba la voz a su amigo. Alex, por su parte, ardía en deseos de ver a Fabio erigir su pene a mil y más aún, de llegar a algo más íntimo.

En la fiesta de disfraces que se dio al cabo de unos meses la pareja alfa de la escuela vistió ropa española. América lucía radiante como una maja mientras que Fabio portaba el traje de luces que, en línea con la tradición ibérica, orillaba contra su muslo izquierdo el manjar sexual para deleite de todos. Inclusive se dibujaba la silueta del glande bajo la malla azul intenso. Tras de la fiesta, lo que pasó es de todos conocido. Sexo bajo la luz de las estrellas. Si nos enfocamos a nuestra pareja perfecta; Fabio descapotó su mustang negro y lo condujo loma arriba, al mirador. América hacía, mientras tanto, un trabajo oral a su pareja. Al llegar a su destino bastó con levantarse sus piernas, y con ellas la falda, para violentar a Fabio. De un manotazo arrancó el frágil lienzo que llevaba por ropa interior y dejó al descubierto los labios mayores bien afeitados. Carnosos. Jugueteó con los dedos dentro del aparato, que más que reproductor era sexual, de América -que paso a no detallar por no ser tema de nuestro relato-. Ella se estremecía de gozo víctima de los escalofríos que su amante le provocaba. Y enseguida Fabio se deshizo del traje de luces. A la luz de la luna un rocío cálido les cubrió la piel. Muslos, nalgas, espalda. Fabio se abalanzó entonces sobre ella y dejo ir brutal la estocada. El mismo efecto que un film de terror tuvo lugar en la escena: A la distancia un alarido "climaxtíco" se desvaneció en oídos de los vecinos.

Ya pasado un par de meses, tras un partido del que nuestros protagonistas salieron victoriosos, se dirigieron a las duchas. Alex no se cansaba de ver una y otra vez los cuerpos desnudos de sus amigos. Leo también era sujeto de observación. Alto poco más que Fabio y de piel clara, ojos verdes y pelo rubio, tenía un carácter vivaracho y amiguero. Bromista sobremanera. Aprovechaba los momentos de desnudez para propiciar alboroto. Una vez incluso hizo una apuesta con Adrián. Quien perdiera debería salir nuevamente hasta la duela en pelotas. La resistencia que mostró tras la derrota fue en vano. Los compañeros, desnudos también, lo arrastraron hasta las puertas de los vestidores y lo expulsaron cerrándolas tras de sí. Las chicas porristas después de concederle algunas miradas libidinosas atinaron piadosamente a arrojarle sus motas con las que pronto ocultó lo que pudo. Bien, el muchac

ho tenía personalidad propia. Un pene interesante en realidad, considerablemente torcido hacia la derecha. En múltiples ocasiones Alex lo había visto erectarse producto del roce que su portador le causaba con los juegos físicos que frecuentemente tenía con los demás. Ocasiones en que se apreciaba aún mas esa torcedura. Alex imaginaba el placer que debía trasmitir al sumirse en alguna cavidad. Totalmente desinhibida era la personalidad del "chueco", como le llamaban sus compañeros más que por la mano que empleaba al escribir, por esa formación peculiar que mostraba su pene. Desinhibida y digna de atención, decía yo.

Fabio completó el proceso y estuvo listo. Alex, por supuesto no perdió detalle en absoluto. Salieron caminando rumbo a casa del campeón. Ahí habían hecho planes de estudiar, en virtud de que, dado que el convertible no estaba disponible, era la más cercana. Ambos trabajaron eficazmente y elevaron el promedio como nunca. Fabio buscaba ahora graduarse con honores y no desharía la mancuerna que juntos habían formado. Aproximadamente a mitad del camino el cielo cambió. Nubes negras se cernieron sobre el vecindario y una lluvia fuerte se desató. El destino seguía consintiendo a nuestro protagonista. Nada más llegaron a casa y Fabio instó a Alex a quitarse la ropa y a tomar una ducha de agua caliente para posteriormente consagrarse al estudio. Tomó su playera por las faldas y tiró de ella hacia arriba y se la sacó. Lo encaminó al baño y le indicó donde estaban las toallas. Fabio hizo lo mismo. Se dirigió al baño de sus padres -que decidieron pasar unos días en su casa de playa- y se duchó. Al salir Alex del baño encontró a Fabio envuelto en una bata blanca y sentado en el sofá al extremo de la habitación. Había comenzado a ver un film romántico mientras esperaba.

-Flaquito, te quedas esta noche en casa ¿va? -dijo mientras volvía la mirada de la ventana-.

-Claro, pero no es justo, ¿no tendrás de casualidad otra bata? Me apena algo.

-Para que veas que soy cuate -dijo y buscando ponerse en igualdad de circunstancias, ya que no tenía otra, desató la suya, se sacó las mangas de los brazos y expuso nuevamente su desnudez-. Anda, ahora tú -ordenó al tiempo que subía su pierna izquierda sobre la plaza vacía del sofá. Como era usual, sus genitales se extendieron a sus anchas. Sus largos testículos alcanzaban a posarse cómodamente sobre la bata mientras que la punta de su pene hacía lo mismo poco más adelante-.

Se quitó la toalla y la arrojó cerca de la cama. Fabio no tenía en realidad intenciones de estudiar, se sentía preparado y desvió el tema a propósito del film.

-¡Flaquito, eres todo un hombrecito! -dijo con una buena dosis de sorpresa. Al hacerlo, claramente interrumpió su idea inicial, que a continuación expresó-: ¿Qué me dices de Leonor? ¿Cómo anda tu relación con ella? -preguntó luego de ver la erección que su interlocutor estaba comenzando a experimentar. Era la primera vez que le veía desnudo, y como era su costumbre, no tuvo empacho en registrarle con detenimiento-.

No era tan flaco como lo creían. De hecho lucía interesante. Músculos delgados pero bien formados. Su cabellera era algo rizada y el vello púbico no era tan abundante sobre el pene que en ese momento estaba pasando por una metamorfosis. Cada segundo vencía la fuerza de gravedad y se alargaba. Cada segundo el glande iba dejando atrás la piel del prepucio hasta que quedó completamente descubierto y se inyectó de un color menos pálido que antes. De alrededor de 15 centímetros, tendía a doblarse hacia la izquierda. Y sus bolas de tamaño regular se contrajeron un poco. A Fabio le pareció buen ejemplar. Nada superhumano pero tampoco debajo del promedio.

-Vaya, veo que solo pronunciar el nombre de Leonor causa una reacción en ti -dijo mientras levantaba la mirada a los ojos de Alex.

-No tanto -respondió con un tono desganado.

-¿No? ¡Mírate, estás prendido flaquito!

-En realidad ella no me atrae -continuó en ese sentido y tras una breve pausa reanudó. Su estrategia era osada como nunca, pero algo le decía que funcionaría-. Me gustan más los hombres.

-¿Neta? -preguntó Fabio con total asombro-. ¡Qué chingón flaquito! ¿Alguna

experiencia? ¿Alguna pareja? Nunca lo hubiera imaginado. -Decía la verdad. Y todo un nuevo orden de ideas desfiló por su mente.

-No, ninguna hasta ahora -se acercó al sofá y esperó a que Fabio bajara la pierna para sentarse.

Profundizaron más en el tema en una conversación que duró poco menos de media hora. La erección de Alex seguía punzando y no paraba de mirar los genitales de Fabio. Las piezas del destino estaban acomodándose una vez más para Alex.

-¿Quién te gusta? Haz hecho tanto por mí que tienes que dejarme ayudarte. Tengo algunos amigos…

Le dijo animadamente buscando recompensarlo de alguna manera. La mirada del muchacho le dio la respuesta.

-¿Yo? -su cerebro no atinó a nada, se acercó a él y al cabo de un breve momento expresó-: ¡Chingeasumadre! ¡Hoy voy a compensarte, faltaba más! -se puso en pie al tiempo que llevó su diestra a su pene y comenzó el ejercicio de acariciarlo-. Espérame tantito.

Caminó hasta un armario junto al escritorio y buscó en un escondite en lo alto. Seguido por la mirada de Alex, encontró lo que buscaba, un aparatejo que iba a usar para hacerle un enema.

-Esta va a ser una noche especial flaquito -dijo ahora dirigiéndose al baño. Al llegar a la puerta hizo una señal para que se acercara y le entregó el aparato. Nuestro flaco se encerró en el cuarto de baño, sacó el producto de su empaquetado y leyó las instrucciones de uso. Fabio, mientras tanto permaneció esperándolo nuevamente sobre el sofá. Ahora viendo un film gay que conservaba por si acaso. Masajeaba como antes su miembro que mostraba un tamaño, aunque flácido todavía, algo más extenso.

Al cabo de un tiempo Alex salió. Su pene había perdido tamaño víctima de la operación a la que se había sometido pero parecía recuperarse. Se sentó junto a Fabio y lo observó expectante. Finalmente después de alrededor de 6 meses estaba a punto de presenciarle una erección, así como de ser penetrado.

-¿Te gusta flaquito? Te la vas a pasar chingón, te lo prometo -Aumentó el volumen del televisor para incrementar la excitación. Nuevamente Alex estaba a mil-. Se hincó entre las piernas del flaco y arrastró su lengua por ambos muslos hasta su pene. El flaco estaba encantado. Lo cubrió todo de saliva. Era un experto. Bajó hasta sus bolas y las chupó también.

Sin pedirle permiso empujó las rodillas del muchacho hacia arriba y expuso su culo. Confiado de que había usado el enema correctamente alargó su mano izquierda hasta la mesa en la esquina del sofá y regresó con gel multipropósito. Exprimió algo de él sobre su mano y untó un poco alrededor del culo recientemente irritado de Alex. Con su habitual aplomo metía y sacaba un par de dedos de él. Alex entrecerraba los ojos dejándose llevar por el experto.

Ahora conocía algo nuevo de Fabio. La naturaleza electrizante de su toque. Cada vez que ponía algo encima del flaco era contagiado de lo que él sentía una deliciosa descarga de electricidad.

-¿Te gusta flaquito? -preguntaba como si se tratase de un masaje-. Te encanta, apuesto a que te encanta. -Para decepción de Alex, los genitales de Fabio todavía no llegaban a la condición de erectos. Tal parecía que el amo del sexo y del placer no estaba gozando tanto como concedía. Su miembro ciertamente colgaba menos libremente que de costumbre y sus bolas pendían adelante y atrás pero nada más.

Con una ventaja de algo más de 20 kilos de peso sobre Alex, Fabio era dueño de la situación. Con movimientos firmes y algunas cuantas palabras lo hizo volverse boca abajo hasta hincar sus brazos sobre el asiento del sofá. Sus nalgas descubrían algo mejor la forma del culo ahora más brillante producto de la sustancia que Fabio había untado. Incansable Fabio metía y sacaba de él los dedos al tiempo que llevaba su mano izquierda al pene de Alex y del pene a sus muslos, caderas y nalgas. Finalmente ambas manos azotaron un par de veces sus nalgas, dejándolas marcadas. Alex gimió. Llevó su lengua al culo y comenzó de nuevo. La conciencia de esto fomentaba más y más la excitación del flaco.

-Pinche culito rico que tienes, mi flaquito -se retiraba un poco y decía Fabio comprometido con la noche que le re

galaría a su compañero. Y arrastraba sus dientes por el interior de las nalgas y le ofrecía al culo ser penetrado una vez más por su lengua-.

De un jalón lo puso sobre la alfombra y con otro movimiento lo dejó boca arriba. Caminó unos cuantos pasos nuevamente hacia el armario y regresó con un pene de plástico de 2 cabezas. El gozo que Fabio estaba dándole no tenía límites y a pesar de eso, la visión de él desnudo caminando por la habitación le provocaba escalofríos. Desde abajo tenía otra perspectiva el movimiento cadencioso que mostraba el pene todavía flácido de Fabio pero la hermosura de la perfección de su cuerpo abrumaba sus sentidos. Se hincó sobre él, tiró de sus piernas hacia arriba y le ensartó el juguete de plástico. Increíblemente Fabio contaba con todo tipo de elementos. Alex ni se interesaba, ni hizo ninguna pregunta con relación al porqué de esto. Simplemente gozó.

Fabio se agachó y comenzó a trabajar, simultáneamente con el culo, la verga del flaco, quien por su parte, no desaprovechó la oportunidad de comenzar a succionar el miembro del galán que reaccionó lentamente alongándose otro poco.

Al cabo de algo más de 2 minutos Fabián lo hizo venirse en su boca. No dejó derramarse ni una gota. Y tras abrir la boca más la boca, se tragó el pene enteramente. Al tiempo que se lo retiraba, se ocupada de dejar excepcionalmente limpia la superficie de este.

Continuó manualmente el trabajo con el juguete en el culo mientras que Alex alcanzaba nuevamente control de sí y reanudaba su trabajo con el pene de Fabio.

Se detuvo.

-¿Te gustó flaquito? Me encanta como gozas. Descansa tantito, ve a ese negrote que está en el film en la tele. -le dijo mientras daba unas cuantas palmadas en las mejillas del flaco muy a la Al Pacino-. ¡Qué no daría porque me ensartara esa vergota el güey! -continuó y por primera vez lo besó un par de segundos-.

Se puso en pié mientras pronunciaba algo como para sí mismo.

-Sexo, sexo, sexo -en forma precipitada. Y nuevamente repitió muy a la mexicana-: ¡Chingeasumadre cómo! -Y finalmente remató con una voz emocionada y participando ahora sí a Alex-. Hoy somos bien putos flaquito… ¿No?

Caminó sin esperar respuesta nuevamente hacia el armario.

No cabía duda que estaban retribuyéndole su paciente esfuerzo y dedicación. Suspiró. Yacía horizontal en la alfombra, y su cabeza, recargada en los pies del sofá, favorecía el registro visual de toda la habitación así como del objeto de su placer. El cuerpo desnudo de Fabio firmemente sentaba una y otra pierna en su andar. La mano izquierda de Fabio había retomado las labores de masajeo a las que estaba sometiendo a su pene. Del tipo de las películas porno. Alex hasta entonces ignoraba el propósito de la operación y no preguntaría en ese momento.

Tal vez el lector conozca la respuesta. Este humilde narrador calcula que esa labor, que parece de bombeo sobre los genitales, es con el propósito de no dejar ver los penes flácidos de los studs en momentos de inactividad. Juzgue usted.

El flaco admiraba las formas sólidas del cuerpo masculino de Fabio. Especialmente ese par de nalgas blancas y límpidas.

Fabio salió del baño. Su izquierda continuaba trabajando sobre el pene. Las bolas se mecían con apariencia tan o más alargada que antes con el vaivén de la mano. Tomó nuevamente el pomo multipropósito -y de aspecto sugestivo- y untó una generosa cantidad de su contenido ahora en su ano y se clavó brevemente un par de dedos. Una idea torcida lo hizo compartir con el flaco el juguete. Se acostó sobre la alfombra y entrelazando con él las piernas se ensartó el otro extremo.

-Permiso flaquito. ¡Qué rico! -gimió mientras el cuerpo plástico del aparato se hundía a través de él.

Movimientos retorcidos de Fabio iban acompañados de gemidos de ambos. Y el pene de Fabio comenzó a inyectarse finalmente. Finalmente abandonaba la condición desganada y comenzaba a alongarse.

Caprichosamente Fabio adoptaba posiciones duras. El juguete buscaba acomodo entre ambos y en esa búsqueda les provocaba cierto dolor. Ambos lo expresaban más como placer.

Sobra decir que el cerebro del flaco estaba bloqueado. Desde hacía rato no h

abía salido de su boca palabra ininteligible y se limitaba a comunicarse por medio de gemidos y gesticulaciones. Nada más necesitaba hacer o decir.

El colorido juguete quedaba sepultado entre ambos mientras Fabio embestía al flaco con el peso de su cuerpo y lo aprisionaba contra el mueble. El contacto de sus nalgas, igual que el de sus manos y lengua, descargaba al cuerpo frágil de Alex torrentes eléctricos. Fabio era experto del placer y se valía de artimañas para hacer de la experiencia algo fuera de lo común. Entre el golpeteo de los cuerpos, las bolas de ambos sufrían los impactos. Especialmente las de Fabio para abandonar la zona de choque en la cual se encontraban. Y con sus piernas presionaba a un lado y otro las de él. Alex sin querer, encontró en la eyaculación un alivio.

Cargas de semen se vertieron sobre su abdomen.

Fabio, apenas vio esto, terminó el juego. Apretó con su culo el juguete y liberó a Alex. Se puso en cuatro y se acercó al miembro del flaco. Ambas manos recuperaron el semen al tiempo que, poco a mordidas, poco a chupadas, Fabio iba de los testículos al pene de Alex y de ahí al abdomen donde sus manos recogían el grueso del semen. Regresó al pene, y estrangulándolo, consiguió exprimirle las últimas gotas que también succionó. El intenso trabajo anal de ambos no había dado descanso al miembro erecto que para entonces ya se encontraba hipersensible. Cada caricia era respondida por un gemido irritado.

-Todavía falta flaquito -pronunció serenamente. Con toques eróticos lo incorporó le tocó la frente con la suya. Después se retiró y se puso en pié.

Un milagro había ocurrido. Los ojos del flaco se abrieron a más no poder. El cuerpo divino de Fabio que seguía cómodamente ensartado por un extremo del pene plástico ostentaba ya una erección perfecta. Bastó el tiempo que Fabio estuvo compartiendo el juguete junto al flaco para conseguirlo.

Aunque Alex no pudo percibir esto, y este humilde narrador no debería intervenir, no puedo dejar de hacer mención al lector de la imagen que debió producirse precisamente en los momentos en que Fabio sorbía el líquido viscoso que Alex había arrojado: Hincado sobre sus rodillas y codos, casi reptando como lo haría algún dinosaurio ahora extinto, pero albergando tras de sí un juguete con el que hacía ya un rato se había empalado. Alrededor de unos casi 20 centímetros volaban horizontales por el culo de Fabio y vaya que parecían ser parte de su disfrute. Tanto que no daba muestras de querer quitárselo.

Alex quiso sobreponerse cuando presenció el milagro en cuestión e intentó dosificar el orden en que pretenciosamente buscaba memorizar las formas del cuerpo de su amigo. Aunque se enfocaría como era obvio en los genitales de Fabio, no podía dejar de notar la silueta robusta que se erguía imponente frente a él. ¿Cómo describirlo? Se preguntaba Alex. Blancas piernas fuertes soportaban el resto del cuerpo. En ambas, pantorrillas y muslos eran soberbios. Entre ellas, algo más atrás se vislumbraba la punta plástica de un chillón color amarillo del pene que todavía lo ensartaba. Y sobre el estrecho abdomen estaba el prominente pecho que culminaba en los hombros. Fabio había llevado una mano a su negra cabellera sobre la nuca y observaba al flaco. Un abanico de brillante vello axilar negro se abrió entonces ante sus músculos dorsales. Alex estaba colmado con esa visión y todavía debía repasar concienzudamente el mástil del hombre. Se atrevió a bajar los ojos.

Una verga de longitud de algo más de 22 centímetros punzaba precipitadamente bajo los alborotados vellos púbicos. El glande tan solo era alrededor de 1 centímetro más largo que el de cualquier otro. Sin exagerar el flaco calculó que alcanzaría unos 5 centímetros. Después lo verificaría. Y raramente convidaba su vivo color rosa con el extremo contíguo del tallo de la verga de Fabián. Increíblemente el par de testículos habían encogido casi nada. Pendían aún aproximadamente unos casi 10 centímetros. Arrugados cueros constituían la bolsa del escroto que los contenía. "Un manjar", se repetía el flaco una y otra vez, "un manjar". Subió nuevamente la mirada y notó ahora el aspecto arqueado de la verga, mitad blanca, mitad rosa. Semejante a

la forma que adopta el cuello de los caballos cuando sus amos a galope tiran violentamente de las riendas haciéndolos parar como si en ello les fuera la vida. Y también notó el grosor. Sin querer sacar al lector del ambiente en que estamos, era, en términos generales semejante a un pepino, como de aproximadamente 22 x 5 o un poco más. Con sus muy obvias excepciones: Una, por ejemplo, que del extremo emanaban sustancias transparentes que se antojaban ser engullidas. Alex finalmente se convenció de que no había nada de anormal en esos genitales y que, en todo caso, el cuerpo de Fabio debía medir algo así como unos 40 centímetros más y pesar el tanto correspondiente para que mantener la proporción, pero estaba convencido también que él no sería el promotor de dicho cambio. A sus ojos era perfecto. En contraste con la silueta del hombre de color del film por el que Fabio había gemido antes. Aunque ciertamente el negro ostentaba una verga más negra aun, si eso fuera posible, y tal vez 2 centímetros más larga, lo cual era meritorio para entregarle algún tipo de reconocimiento, también era cierto que en términos generales él estaba muy por debajo de nuestro Adonis.

Fabio se dobló un poco hacia la izquierda buscando otra dosis del aromático gel lubricante. Vertió de él y comenzó a embarrarlo a lo largo del cuerpo cilíndrico de su verga. Las miradas de ambos se encontraron y Fabio rompió el silencio del momento.

-¿Qué quieres flaquito? -preguntó tratando de complacer aún más a quien complementó la imagen que el campus tenía de él con un aire intelectual. Conocedor de los síntomas que los actos sexuales conllevan sabía que debía concederle algo de tiempo para recuperarse. Llevó ambas manos bajo los brazos de Alex y lo levantó y puso sobre el sofá. El muchacho se hizo hacia adelante y lanzó una mordida a los genitales. Reparó en los pliegues que se formaban a ambos lados del frenillo de Fabio pero la sensación de impulsos electrizantes que Fabio le transmitía lo hicieron atender el asunto de otra manera. Ocupó sus brazos en rodearle las nalgas a lo cual respondió con clara emoción. Tal parecía que el grandote era algo más receptivo a este tipo de caricias. Había llevado sus manos a su cabellera y agitaba ligeramente su cabeza y arqueaba a atrás su espalda queriendo con ello desprenderse de la excitación que ahora el flaco estaba provocándole. Se escuchaban gemidos de ambos por sobre el sonido del film que todavía estaba reproduciéndose.

Retrocedió algunos pasos y tiró del brazo del flaco que se puso en pié. Ahora él, con mucho cuidado, se sentó en el sofá mientras daba instrucciones. Alzó sus piernas y las abrió en V. Sus nalgas dilataron un poco y ofreció el juguete plástico al muchacho que a continuación se hincó y acercó su boca. Con su lengua acariciaba alrededor de él mientras sus manos iban locas desde sus nalgas hasta sus largos testículos y verga. Bajaban, iban por los costados, tocaban sus pezones y finalmente el abdomen. El juego también incluía retirarle el consolador e introducirle unas cuantas veces los dedos índice y medio tal como él se lo hubiera hecho antes. Se los retiraba y le obsequiaba unos cuantos besos y le volvía a clavar el juguete. La lengua del flaco parecía corta a Fabio, que no podía sino compararla con la estaca de plástico amarillo o el "ébano de carne y hueso" del film. Fue paciente sin embargo. Conocía las artes del sexo mejor que nadie y sabía que ambos terminarían ampliamente colmados.

-Con tres dedos, flaquito por favor -suplicó Fabio como siempre, con talante masculino. Esto era, a juicio de Alex, el rasgo más sorprendente de él: Su virilidad presente siempre-. Toma, usa más de esto. -le entregó el pomito con la derecha.

Pocos minutos después Fabio llevó su mano al juguete frente a los ojos expectantes de Alex, se lo arrancó del culo que ya presentaba un aspecto rojizo e irritado y lo aventó por ahí. Un orificio de aproximados 3 centímetros de diámetro comenzó a cerrarse lentamente. Fabio sostuvo la posición un poco más como dándose tiempo mientras él mismo se acariciaba la parte trasera de sus muslos, acercaba sus manos a sus nalgas alcanzando pellizcar con la punta de sus dedos el par de testículos que com

o siempre todavía mostraban ese aspecto largo -el lector perdone esta aclaración, pero en esta característica, más que algo malo, hay algo bueno. Ahí tiene que los toros sementales de todo rancho ganadero tienen un par de huevos largos hasta casi el suelo. Y son, repito, los sementales. Retomando-: Tras repetir esto un par de veces, y mencionando el apodo de su joven amigo ininterrumpidamente bajó sus piernas.

-Flaquito, flaquito, flaquito… -Ambos se pusieron de pie. Agachó un poco la cabeza y lo besó. Llevó las manos a las mejillas de Alex y suavizando el toque, deslizó la yema de sus dedos por el pecho, abdomen y las detuvo en la cintura. La obstinación de las vergas de ambos complicó el contacto de sus pieles. No lo besó mucho. Dio un último beso y tocó su frente con la de él.

Lo condujo hasta la cama. Dueño del físico esbelto de Alex, lo hizo agazaparse hincando sus rodillas abiertas al extremo de esta. Quedó a la altura adecuada. Fabio de pie calculaba alcanzar perfecto a empalar nuevamente al flaco ahora directamente. Con todo, el apetito del rey de la universidad extrañaba algo el juguete del que se había deshecho. Dio pocas instrucciones. No dejaba de tocarlo por todos lados mientras tanto.

Corrió al sofá y volvió de él con el pomo plástico del gel trasparente en una mano y el juguete en la otra. Colocó uno sobre la cama y nuevamente exprimió el otro en sus manos. Fabio se hincó un instante sobre la alfombra y quedó frente al culo de Alex. Lo impregnó del oloroso gel y enseguida lengüeteó dentro. Tres segundos le habrá tomado esto y no demoró más. Repartió el resto del ungüento en su verga y la embutió. Parecía que otra personalidad había aflorado del noble Fabio. Una más violenta empaló inclemente el culo de Alex. Gemidos de satisfacción de uno eran contestados por otros lastimosos del otro, pero como en todos los asuntos del sexo, el dolor se torna placer. Alex azotaba sus brazos sobre el colchón casi desesperado. Fabio ignoró todo y se corrió dentro de él.

Exhalaron. Más que un gemido pareció un suspiro. Un respiro.

Al retirar la verga, poco de semen salió con ella. Fabio vio esto y, tal como cuando Alex se corrió sobre el sofá, ardió en deseos de engullirlos. Los genitales de Fabio, urgentemente comenzaron a debilitarse tan pronto como eyaculó. Fabio, en lugar de agacharse, tomó a Alex de las caderas y lo levantó. Quedaron haciendo un 69 aunque no clásico esta vez. Alex estaba literalmente suspendido por Fabio mientras este, haciendo a un lado el obstáculo que el pene nuevamente erecto representaba, procuraba lamer o succionar lo más que pudiera del semen embarrado en el exterior del flaco.

El flaco, aunque de cabeza, tenía frente a sí, la visión de los genitales de Fabio en condiciones nuevas. Los testículos nuevamente pendían poco más largos mientras que la verga, desganada y vencida por la gravedad, había adoptado una posición prácticamente vertical. Considerablemente más enrojecida y casi totalmente flácida, tal como constató cuando se la echó a la boca. El flaco calculó que el badajo mediría alrededor de 17 centímetros, es decir, se habría contraído 5 y casi doblaba en largo a los testículos arrugados del hombre. No quiso gastar más en asuntos tales como esos y decidió disfrutar de su postura y de la condición de los genitales de Fabio mediante el uso del sentido del gusto.

El noble Fabio, al terminar de consumir lo que pudo del producto de su eyaculación, devolvió al flaco a la cama. El tiempo de espera había sido suficiente y seguro ya estaba en condiciones de penetrarlo. La idea de cambiar de escenario se apoderó de él, tomó la bata que estaba en el sofá con una mano y salió de la habitación.

-Alcánzame flaquito, si es que puedes -el comentario no fue tanto por la habilidad que tuviera el flaco para el deporte, sino por las condiciones de agotamiento en que debía encontrarse-.

Los deseos del flaco todavía no terminaban de extinguirse y claro que lo siguió llevando consigo el gel multiusos.

Las más de 50 pulgadas del televisor de la sala exhibían un nuevo film, ahora de corte heterosexual, pero con tomas generosas de los miembros masculinos. Alex notó por cierto que el protagonista del film que parecía ser "ho

me made" sostenía entre su mano una verga nada excepcional, pero eso sí, con la punta del glande respingada hacia arriba. Como pellizcada. "Benditas malformaciones", repitió en silencio concediendo que una característica como esa no necesariamente debía considerarse una malformación.

Atravesó frente al televisor hacia las puertas del jardín que Fabio había dejado abiertas. Caminó desnudo bajo la luz de las estrellas que tras la lluvia habían vuelto a su sitio en el firmamento sin encontrar a su presa. Apenas llevaba 2 pasos de vuelta dentro de casa cuando oyó un grito estentóreo que lo hizo soltar el pomo y un abrazo fuerte y precipitado lo sujetó por detrás.

-Flaquito, flaquito. Somos bien putos. Pero me encanta esta noche. -Dijo anticipando que no faltaba mucho para concluir como si la comenzaba a echar de menos. Cruzó su brazo izquierdo sobre su pecho y su derecho se dirigió al rostro y finalmente lo sujetó del cuello. Mordisqueó un segundo la oreja de Alex y concluyo recargándose sobre su cabellera.

Por instantes parecía que ese apetito que Fabio traía siempre a flor de piel en relación con los asuntos sexuales intentaba fraguar en una variante de amor. No era así. Fabio y Alex sabían que no era así y nunca se dejaron engañar por el espejismo.

La noche avanzaba inexorable y tarde o temprano tenía que terminar.

Lo soltó y regresando al jardín le recordó el pomo. Colocó con cuidado la bata sobre la mesa metálica algo fría y todavía húmeda por la lluvia, se sentó sobre ella, abrió las rodillas y apoyó sus pies en los respaldos de 2 sillas que había alineado para ese propósito. El flaco ya conocía el método. Exprimió el pomito y untó la porción, primero en el culo de Fabio y aprovechó para clavarle un par de dedos dos segundos y luego en su miembro. Mientras lo hacía, contempló el miembro en semi-reposo de Fabio. Los testículos, largos como siempre, pendían simétricos entre las piernas sin tapar el culo. El pene, por su parte, estaba recargado contra su muslo derecho y, conservando sus 17 centímetros, se encontraba por mera casualidad torcido como el de Leo y mostraba la parte anterior (o trasera, o no sé en qué términos deba ponerlo) del balano y el frenillo.

-Adelante flaco -dijo y con esos ojos azules igualmente lo alentaba-.

Empujó un poco hacia abajo su pene que finalmente ensartó en el culo de Fabio.

-Pon tus manos aquí. -Fabio echó sus manos atrás y sugirió al flaco que se apoyara en su pecho. Así lo hizo un momento, pero temió estropearlo de resbalarse, de modo que encontró en las fibras de la bata una mejor opción.

Como todos los actos sexuales, este ocurrió con igual premura. Pocos minutos tal vez que, eso sí, ambos sintieron horas. Fabio le echó una mano en la nuca a Alex y se incorporó un poco hacia él. Adelantó lo suficiente su mandíbula y con ella sus labios y robó un beso un instante a su flaquito, que a la sazón estaba en trance. Y apoyó su frente en la de Alex hasta que sintió una inyección de fluidos dentro del culo. La cadencia se detuvo al poco y Fabio le pidió que lo hiciera venirse. Alex retiró su miembro y atendió el pedido. Tomó pelotas y verga con ese propósito y lo masturbó.

La sensación de haber sido penetrado aunada a la de contener en el culo una carga de semen excitó a Fabio y así lo evidenciaron sus genitales. Tras unos segundos era él quien gemía mientras los testículos desplazaban al exterior una carga jugosa de esperma.

Por algo Fabio tenía una obsesión con todo el semen que no estaba en el sitio apropiado y habló con palabras entrecortadas.

-¡Cómetelos flaco! -Y continuó con una frase algo sucia en relación con su proceder usual-: ¡Méteme el dedo!

Alex obedeció. Las gotas comenzaban a escurrir alrededor del vientre pero el aprendiz con cuidado cumplió el objetivo. Fabio estaba boca arriba aún sentado en la orilla de la mesa. Sus dos pies sobre los respaldos y sus dos manos lo soportaban. Había echado su cabeza atrás y la sacudía mientras el flaco comenzaba ahora a acicalar su verga.

Al término, cuando el miembro de Fabio se vencía cuan largo era, nuevamente lo sujetó por la nuc

a y tiró de él. Le robó nuevamente un beso -con sus labios equilibrados entre lo carnoso y lo delgado y fino- y juntando sus frentes sus miradas se encontraron. Alex sintió nuevamente una descarga al observar la mirada hipnótica de Fabio.

Acarreando bata y gel se encaminaron hacia adentro. Hicieron una escala en la cocina. El titán tenía hambre y preparó un par de emparedados. Hablaron de cosas sin importancia, intercambiaron impresiones y finalmente hablaron del examen del día siguiente. Ambos caminaban desnudos de uno a otro lado de la cocina, Fabio procurando la comida, mientras que Alex se ocupó de las bebidas.

Debido a las dimensiones del miembro de Fabio, su retracción no era tan rápida, de hecho tenía que pasar algunas horas en completo reposo para que esto ocurriera. La visión de esto, es decir de un par de testículos largos, rebasados por casi el doble de longitud del miembro pendiente de raro aspecto bi-color comenzó a despertar al del insaciable Alex.

Fabio no pasó por alto este hecho, y decidió incluir como parte de su dieta una porción de semen del tipo de su edad más brillante e ingenioso que conocía. Lo tomo por los costados y lo sentó sobre la barra que, aunque en el interior de la casa, también estaba fría y prescindiendo ahora del pomo, se abalanzó a los genitales de Alex. Engullía enteramente el miembro de Alex, que ostentaba dimensiones estándares y al cabo de alejarse para traer un pequeño plato pastelero -esos en los que se sirven los postres-, concluyo la labor vaciando por cuarta vez esa noche el semen de Alex ahora en el plato.

No daba explicaciones y Alex no necesitaba oírlas. El hombre gustaba del semen, eso estaba claro. Tomó una última rebanada de pan de caja y lo colocó sobre el esperma.

-Ya está -dijo finalmente-. Como si fuera leche condensada. -su mano, pretendía ordeñar los genitales mientras arqueaba sus cejas de un negro intenso y sus ojos, grandes y diáfanos, clavados en los de Alex, confesaban descaradamente lujuria. Tanta como lo hacía una sonrisa malévola.

Una vez en la habitación, retiró el videocasete que ya había terminado y colocó otro con el film de las últimas jugadas de la final del torneo pasado. El propósito era ver la celebración que tuvo lugar en las duchas y que debido a la desnudez en que ocurría, estaba reservada solo para los íntimos. Ambos observaron con mirada poco más andrógina y libidinosa y se rieron como nunca antes mientras intercambiaban bromas y aspavientos tan pronto terminaron su cena. Fabio sabía que todo eso complacía al flaco.

Apagaron la luz. El flaco se metió bajo las sábanas con problemas para conciliar el sueño. Fabio bajó, aseguró las puertas y apagó el televisor. Se echó boca abajo sobre las sábanas, y dándole la espalda al flaco con aplomó echó su grueso brazo derecho sobre él y colocó unos cuantos segundos los dedos sobre el rostro del flaco.

Una muy justificada necesidad de dar espacio para que sus genitales descansaran a sus anchas lo hizo girarse un poco y flexionar la rodilla izquierda para abrir las piernas. Alex finalmente estaba conciliando el sueño. Admiró por incontable ocasión la silueta que a la luz de los astros que se colaba por las ventanas se dibujaba en cada curva del cuerpo del gigante. Sus piernas, sus hombros, su torso, sus nalgas.

A la mañana siguiente nada cambió entre ellos. Se comportaron dentro de la casa con decoro, como si las horas de antes nunca hubieran ocurrido y siguieron siendo amigos.

Fabio increíblemente superó las notas del examen de Alex y ahora que se han encontrado con Leonor y América en los pasillos de la universidad han quedado celebrarlo por la tarde en el restaurante de siempre.

Aquí es dónde yo les digo adiós.

Autor: Dorian Sing

doriansing (arroba) googlemail.com

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Escrito por Marqueze

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