Orgía en la taberna

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Se sentó en el sofá y me obligó a que se la chupara. Así lo hice. Mientras tanto el dueño hablaba por teléfono con alguien. Continúe mamándole la verga al amigo del dueño durante un buen rato. El tipo me hablaba como si yo fuera una puta. Hizo que me levantara, me sentó sobre su pene. Comencé a disfrutar esa verga. No duré casi nada y tuve un orgasmo enorme, era delicioso ser penetrada así.

Hola soy Juanita, creo que ya me conocen. Hace un buen rato que no escribía pero ahora vuelvo de nuevo:

Hace unas semanas andaba un poco deprimida. Hace un buen tiempo que no tengo novio, ni siquiera amigos de esos con los que una comparte más que \”diálogos amenos\” (las chicas me entienden!), la cosa es que estaba sola y con unas ganas inmensas de dejarme llevar por el momento y si era a la cama mejor!

Tenía varios amigos, compañeros de la universidad, con los que salía a cine o a tomar algo por ahí. Con ninguno de ellos tenía algo de ninguna clase. Son muy buenas personas y me cuidan bastante. Ya varias veces me han librado de tipos abusones que quieren aprovecharse de una, solo porque creen que una se viste para que ellos se propasen.

Cuando salgo me gusta mucho vestirme de minis o jeans ajustados, de blusas cortas y el cabello suelto… bueno, sin rodeos. Estábamos tres de mis amigos y yo (cada uno de ellos llevaba su novia, yo estaba sola), en una taberna moderna en mi ciudad. Ellos estaban bebiendo cerveza mientras yo bebía vino. Ya estaba bastante tomada. Había un hombre un poquitín mayor que no dejaba de mirarme durante un buen rato.

Era un moreno de unos 38 o 40 años. Alto, acuerpado, estaba vestido de camiseta de polo y un pantalón ancho. De cabello corto y una barba algo crecida. Estaba como quería. Se le marcaba un bronceado espectacular, el tipo no dejaba de mirarme y ya me había mandado un par de tragos a su nombre. Mis amigos no les gustaban nada el tipo pero nada que hacer, yo estaba embobada con él. Resultó ser el dueño del local. En una de mis tantas salidas a bailar. El hombre me abordó y me invitó a un trago en la barra.
Yo accedí, pues no podía negarme a semejante ricura de hombre. Tomamos un par de tragos. Me invitó a bailar y me la pasé genial con él. Mis amigos comenzaron a preguntarme si el tipo se estaba propasando o algo, y yo les dije que estuvieran tranquilos que no pasaba nada. Aquella noche, llevaba un traje enterizo bastante corto, sandalias de taco alto, y el cabello en dos colitas. El hombre no paraba de mirarme por todas partes. Estaba segura que le encantaba a más no poder. Llegó la hora para que mis amigos fueran a llevar a sus novias a casa o algún otro lugar. Les dije que me dejaran en la taberna, que yo regresaría sola. Los tres decidieron que llevaban a las chicas y volvían por mí.

Accedí. Aunque a mi hombre no le gustó la idea. La cosa fue que se marcharon y de inmediato el hombre me invitó a la oficina de la taberna. Fui con él, seguimos bebiendo vino. De pronto me besó. Yo le respondí. Rápidamente me tocaba por todas partes. El tipo era todo un sabelotodo en estas labores. Sus dedos ya habían penetrado mi ser, sin yo siquiera haber cerrado los ojos. Estaba atrapada por el dueño de la taberna. De pronto se detuvo y me dijo: \”quiero que me la chupes un rato\”. Yo estaba de una sola pieza. Apenas si lo conocía y el tipo ya me hablaba como si yo fuera una puta. A pesar de estar muerta de la rabia, no dije nada.

Él me tomó del cabello y me hizo arrodillarme. Sus ojos azules me penetraban toda y casi no podía hacer nada. Estaba como hipnotizada, además mis pantaletas estaban tan húmedas como el río más caudaloso. Estando yo arrodillada, el dueño de la taberna bajó su cremallera y sacó su pene: era un trozo de carne bien puesto. Era bastante ancho. No tan largo, pero grueso. Él mismo lo tomó de su base y me lo ofreció. Abrí la boca y él mismo alojó su miembro en mi boquita. Me tomaba de la cabeza mientras comenzó a follarme en la boca. Yo mientras le intentaba bajar los pantalones agarrándome de sus piernas fuertes. No me decía nada. Solo me miraba impaciente como si sólo le importara que yo se la chupara bien. Cosa que estaba haciendo a las mil maravillas.

Dejó de mover su pene dentro de mí y yo comencé a mover mi cabeza para darle total satisfacción. El hombre puso sus dos manos en su cintura mientras cerraba los ojos y disfrutaba. Yo le apretaba su pene con mis labios y movía rítmicamente mi cabeza. De pronto sonó el teléfono. Contestó sin dejar de mirarme meter y sacar su pene de mi boca. Alguien lo estaba buscando. Le dijo que pasara. Rápidamente sacó su miembro de mi boca. Me dijo que me escondiera bajo su escritorio, pues lo buscaba alguien y no era buena idea que lo encontrara allí con una chica y menos en esas. Yo lo entendí y accedía a esconderme bajo su escritorio.

Yo estaba como en otro mundo, ni siquiera sabía quien era este tipo, pero me gustaba demasiado y esa noche quería complacerlo a él o a quien me lo hubiese pedido. El se sentó. Alguien entró. Comencé a escuchar la voz de un hombre que le decía que tenía que atender a una chica que lo esperaba afuera. Yo estaba bastante caliente, metida bajo el escritorio. Le miraba el pene desnudo y erecto mientras hablaba con aquel hombre, así que no lo dudé y comencé a chuparle de nuevo la verga. Me lo metía hasta el tope de la garganta. Apenas si escuchaba al dueño de la taberna que hacía un gran esfuerzo por no gemir. Yo se lo mamaba a un ritmo infernal. Quería tomarme su semen con rapidez. Los hombres continuaban hablando de una cita pendiente o algo así. El hombre que entró insistía en que el dueño debía seguirlo. Yo lo odiaba porque sólo quería que se marchara para que por fin el dueño del pene delicioso que me estaba tragando me penetrara.

De pronto no escuché más la voz de los hombres. Sólo vi que el dueño de la taberna se movió un poco y pude ver al otro hombre que abría la boca aterrado mientras me miraba con la verga de su amigo en la totalidad de mi boca. Pronto el dueño se apartó.

“Por esto es que no puedo atender a nadie todavía\” le dijo a su amigo. El otro hombre le contestó \”entiendo. ¿Pero te demoras o que?\”. \”No sé. ¿Porque no me ayudas?\”, le respondió.

Su amigo le sonrió. Comenzó a quitarse la ropa, mientras el dueño de la taberna me sacaba de debajo del escritorio. Me llevó hasta un pequeño sofá de la oficina, me puso en cuatro y comenzó a penetrarme por detrás. En ningún momento me había dicho una sola palabra. Simplemente me llevó hasta allí y me penetró. En otras circunstancia yo hubiese algo pero esa noche no.

Apenas sentí esa verga gruesa dentro de mí casi estuve a punto de correrme. Mientras el tipo me tomaba de la cintura y me jalaba hacía él, el otro hombre se puso delante mío y me ofreció su pene, que era inmensamente monstruoso. Apenas si podía alojarlo en mi boca. Era una verga de sueños: largo y grueso. ¡El glande parecía reventar!

Ambos se gozaban mi cuerpo. El dueño se apoyaba en mis caderas y me enterraba su verga con toda la fuerza. Yo casi me ahogaba con el otro pene dentro de mi boca intentando chillar. Ambos pararon y cambiaron de posición. Esta vez el de la verga más grande se acostó y me hizo sentarme sobre él. Mientras el dueño me la hundía de nuevo en el culo.

Estuvimos así durante un buen rato. El dueño de la taberna dijo que quería venirse pronto así que me acostó y me folló por mi coñito a un ritmo endiablado. Me tomaba del cabello mientras me la metía hasta la matriz. Se detuvo. Sacó su pene y me echó toda su descarga sobre mi estómago y piernas. El tipo se levantó y fue al baño. De inmediato su amigo, el vergón, se me fue encima.

Primero me hizo quitar todo el vestido y me hizo limpiarme el semen del otro. Se sentó tranquilamente en el sofá y me obligó a que se la chupara con suavidad. Así lo hice. Mientras tanto el dueño hablaba por teléfono con alguien. Continúe mamándole la verga inmensa al amigo del dueño durante un buen rato. El tipo me hablaba como si yo fuera una puta. Me acariciaba el cabello y me trataba de \”chupadora de vergas\” y \”puta deliciosa\”.

Hizo que me levantara, me sentó sobre su pene. Comencé a disfrutar la largura de esa verga. No duré casi nada y tuve un orgasmo enorme, del cual él se dio cuenta y me sonrió. Me levantó sin sacarme la verga. Me acostó y comenzó a follarme con fuerza, era delicioso ser penetrada así.

Después, me puso en cuatro y me penetró por el trasero. Me estaba dando una tunda de verga enorme por mi culo cuando tocaron a la puerta. El dueño de la taberna abrió y vi a un chico delgado que entraba y no paraba de mirar como el amigo me penetraba a su dicha. El dueño saludó de manos al chico. Ambos se sentaron a ver el espectáculo. Mientras el que tenía dentro me la metía sin compasión, el dueño de la taberna le hablaba al chico: \”esta es tu oportunidad, te dije que iba a tener una putita para vos. Acá la tenés. A ella no le va a importar que te la comas, dale cuando quieras\”.
Al tiempo que escuchaba el otro hombre sacaba su pene de mi trasero y me jalaba para que me diera vuelta y me tragara su semen. Todo me cayó en el rostro y cabello. Me obligó a limpiarlo, lo que hice sin remilgar. Hasta ese momento no había abierto la boca más que para chupar vergas o para gemir.

Los dos hombres que me habían sodomizado, comenzaron a vestirse. El chico me dijo que si quería más por esa noche. Yo le dije que estaba cansada. Él aceptó. El dueño de la taberna me dijo: \”has estado muy linda esta noche, niña. Vuelve cuando quieras\”.

Nos dejó solos al chico y a mí. Yo me vestí, mientras charlé un poco con el muchacho. Salimos y tomamos vino de cuenta de la casa. Mis amigos llegaron y conocieron al chico. Entre los cinco bebimos un par de tragos más y luego nos fuimos cada uno para sus casas.

Con el chico me vi dos días después y dejó de ser virgen para siempre. Lo hice como un favor por no obligarme a nada con aquella noche. A la taberna vuelvo cada rato y por más que el dueño me pida que vaya a su oficina no lo he vuelto a hacer. Aunque hace dos días, logró colarse al baño de las chicas mientras yo estaba orinando. Solo me dijo \”chupámela un momento, nada más\”. Yo le sonreí y le di una chupada exageradamente buena. Ese hombre me gusta cantidades.

Precisamente no he vuelto a tener sexo con nadie más. No sé. Continúo deprimida. Quiero volver a tener un novio que me quiera y me de todo lo que desee, pero mientras llega el hombre adecuado, dejo que sucedan estas cosas, que me excitan a más no poder.

Diablos. Quiero ir en este mismo momento a la maldita taberna y dejar que el dueño haga lo que quiera con mi cuerpecito… ya les contaré más…

Autora: Juanita Wais

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Escrito por Marqueze

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