Oscar

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El mejor vecino y mejor amigo

Hola amigos, hoy quiero contaros la historia de un amigo mío, que hace tiempo se marchó a vivir a Valencia.

Mi amigo Javier, era un chico un poco más joven que yo, vivía cerca de mi casa, y aunque era menor que yo, compenetrábamos muy bien. Fue tiempo mas adelante cuando me contó la historia que os voy a relatar hoy.

Javier se marchó de Barcelona ya que su padre fue trasladado a una sucursal bancaria en dicha ciudad. El estaba muy a gusto en Barcelona, pero no le quedó más remedio que marcharse con su padre y familia. Javier era un chico muy tímido, a pesar de ser hijo único, nunca había sido mal criado ni consentido.

Se estableció en Valencia, y al principio lo pasó un poco mal. Tenía recién cumplidos los 18 años, pero no se le daba muy bien relacionarse. Así pues, después de instalarse y empezar sus estudios, su único entretenimiento era su ordenador personal.

A la semana de estar instalado, Javier iba a conocer al hombre de su vida. Sonó la puerta y su madre, se dirigió hacia la misma. Cuando abrió la puerta se presentó un chico joven, como de unos 27 años. Afirmaba llamarse Oscar, y ser el vecino de la puerta justo frente a la nuestra. Mi madre estrechó su mano.

– ¡Encantado de conoceros!-, exclamó el joven vecino.

Yo no pronuncié palabra alguna, pero noté como mi corazón empezaba a latir estrepitosamente, y mis manos empezaban a sudar sobremanera. Cuando sus ojos se fundieron con los míos supe que seria el hombre de mi vida.

Oscar mediría alrededor de 1,70 metros, y pesaría unos 80 Kg. Aun así lo que si pude constatar es que bajo esa camisa, se pronunciaban unos músculos típicos de un buen gimnasta. Su cabello era oscuro, pero con una melena que le llegaba a los hombros, con un pelo muy bien cuidado. Además presentaba una perilla con barba de unos tres días, como a mi me gustaban.

De hecho me paré a pensarlo y no era tan distinto de mí. Yo mediría un poco más quizás 1,80 metros. Y mis espaldas eran más robustas que las suyas. Yo también era moreno, pero aunque nuestros ojos eran marrones, los suyos eran más intensos.

Quedé prendado de Oscar de inmediato. Simplemente pude estrechar su mano, con la mía, haciéndome tener una erección inmediata.

Oscar se despidió de mí y de mi madre, no antes de invitarnos a su casa cuando quisiéramos visitarle. Mi madre me miró y coincidió conmigo en lo simpático que era ese muchacho.

Así pues los días pasaban, y yo no podía pensar en otra persona que en Oscar. El era la inspiración de mis pajas, y la compañía de mis sueños. Incluso en clase no podía dejar de pensar en él. Además no quería nada más que salir al rellano de la puerta con la excusa de poder verle. Finalmente un día, me revestí de valor, y me decidí a visitarle. Con el pulso un poco tembloroso, me acerqué a su puerta y la golpeé suavemente.

A los pocos minutos apareció frente a mis ojos mi adonis. Ese día vestía simplemente una camiseta de tirantes, y unos pantalones cortos, y era obvia esa vestimenta, pues estaríamos cercanos a los 40 º de temperatura. Ahí fue el momento en que pude comprobar su verdadero cuerpo. Sus muslos estaban muy bien definidos, y tenia un bello fino y muy bien proporcionado, que su camiseta de tirantes no podían esconder. Bajo sus brazos, al rascarse en la nuca, pude ver que tenía un pelo muy bien cortado.

– ¡ Pasa, Javier!-, exclamó Oscar sonriente.

Yo estaba sorprendido de que recordarse incluso mi nombre. Yo intente excusar mi presencia, pero fue innecesario, ya que Oscar se giró y pasó a lo largo del pasillo hasta una habitación, dejándome a mí frente a la puerta. En sus manos llevaba un yogurt, que estaba comiendo.

– ¡ No seas tímido, Javier, pasa y cierra la puerta!-, volvió a exclamar.

Yo no sabia que hacer, pero me volví a revestir de valor, e intentando que no notase mi vergüenza, intenté resultar mas natural.

Casi sin permiso entré y me senté en una silla que había junto al sofá donde yacía Oscar. Este estaba viendo televisión.

Oscar empezó a preguntarme que qué tal me había habituado a Valencia, que si me gustaba el lugar, aunq

ue eso yo lo tenia muy claro estando en su compañía, y que si tenia ya amigos.

Confesé que aun no tenía muchos amigos, pero afirme respecto a que me gustaba mucho Valencia. Los minutos pasaron rápidamente, ya que cuando quise reaccionar, habían pasado casi 2 horas. Era prácticamente la primera vez que habíamos hablado y parecía que nos conociéramos de toda la vida. Incluso Oscar decía cualquier cosa, y terminábamos riéndonos como amigos de toda la vida.

A pesar de que estaba muy a gusto, tuve que despedirme de Oscar y marcharme a casa, no sin despedirnos hasta el día siguiente. Yo me encontraba muy feliz de lo que había pasado, tanto que incluso mi madre me vio extrañamente contento, a lo que claro esta, no pude aclararle.

Todo iba muy bien entre Oscar y yo. Así fue como un día salió la conversación de la forma física, y Oscar me invitó a que le acompañara al gimnasio. Me dijo que no tenia mala forma, pero que con un poco de ejercicio, podría mejorar mi forma física ampliamente.

Obviamente, inmediatamente que mi padre llegó a casa se lo propuse, sin que estos pusieran ninguna objeción.

A los pocos días quedé con Oscar para que nos apuntáramos al gimnasio. Oscar estaba acostumbrado a visitarlo por la simple razón de que él estaba preparando las oposiciones a profesor de Educación Física.

Cuando llegué del instituto, me duché, comí rápidamente y me tumbé en la cama un rato para descansar, y masturbarme, claro esta, pensando en mi nuevo amigo y vecino. Además, siempre antes de ir con Oscar, procuraba masturbarme, para que las erecciones que tenia cuando estaba con él, fueran menos notorias, o espontáneas.

El primer día, fue fácil, a mi parecer, aunque luego comprobaría lo equivocado que estaba, ya que al día siguiente no pude moverme por causa de las agujetas, aunque poco a poco me fui adaptando.

Hice 3 veces la tabla que me propuso el mismo Oscar.

La recompensa de tanto ejercicio llego al final de la tarde, cuando nos dirigimos a las duchas. Allí pude contemplar a esos chicos tan bien formados, algunos con un simple slip, y otros totalmente desnudos. Pero el mejor estaba apunto de llegar. Con total naturalidad, Oscar empezó a quitarse una a una las prendas que llevaba. Inicialmente se quitó las muñequeras, y guantes especiales. Poco después se sentó junto a su taquilla, y se quitó los pantalones. En esos momentos pude verlo por primera vez con slips.

Eran unos slips cortos, que mostraban a parte de lo que sin duda era una magnifica herramienta, unos pelos rizados, que salían cerca de sus piernas, mas bien por sus ingles. Yo estaba casi boquiabierto, pero al percatarme que me miraba, giré rápidamente la cara.

Había llegado el momento de mostrarle mis encantos, pensé. Me levanté muy decidido y me quité la camiseta, dejando ver mis fuertes pectorales, aunque no tan bien formados como los suyos. Después me bajé rápidamente el pantalón corto, y me quedé en slips, como él. Aunque Oscar en estos momentos parecía estar en otro lugar. Yo aproveché para coger unos slips limpios, y le dejé ver mi culo abiertamente, aunque no pude constatar si miraba o no.

Cuando me giré, Oscar me llamo: – ¡Vamos al la ducha, Javier!-. Y yo sin pensarlo me fui tras de el.

En esos momentos en las duchas no habíamos otros, sino Oscar y yo. Pero en la posición que estaba, lo único que podía ver era el trasero de mi ansiado vecino. Intenté mirarle lo que se me antojaba como un fantástico pollón, pero su posición, y el vapor de agua me impidió hacerlo.

Distraído de lo que hacia la pastilla de jabón, resbaló de mis manos, y me agazapé para recogerlo, y lo único que conseguí coger fue la mano de Oscar que la había recogido en mi lugar. Al rozarle en esa situación, tuve una subida de temperatura prematura, que me provocó incluso un leve mareo. Dudé un momento, y miré hacia su entrepierna, pero no pude ver nada, pues una toalla ocultaba el objeto de mis más recientes deseos.

Así pues me levanté y me giré para quitarme el jabón de encima, tiempo que aprovechó Oscar para salir de las duchas.

Me quedé unos minutos bajo la dicha, intentado que bajara la erección, y pensando lo que había pasado, o mejor dicho, lo que

podía haber pasado.

Cuando salí de la ducha, Oscar casi estaba vestido, y dándome la espalda, me dijo que me vistiese que me esperaba junto al bar de al lado.

Cuando me vestí salí del gimnasio, nos reunimos y tras tomar unos zumos, nos marchamos a casa.

Durante el camino, Oscar estaba muy callado, y me extrañó. Pero no se me ocurría nada que decir.

– Oye, Javier, ¿te gustaría ver una película esta noche en mi casa?-, preguntó Oscar tímidamente.

– ¡Si, por supuesto!- Afirmé.

Quedamos para las 10 de la noche. Pero lo que esa noche pasó me iba ha hacer perder todas mis ilusiones.

Cuando llegué a casa de Oscar, todo cambió, ya que al tocar la puerta, la persona que abrió, no fue mi vecino, como de costumbre, sino una chica típica de las series como “Los vigilantes de la playa”.

– ¡Hola, tu debes de ser Javier!, ¿no?,- preguntó la extraña chica.

– Esto…. Si… yo soy Javier-, exclame un poco sorprendido.

– ¿Y tu eres?-, volví a preguntar.

– Ahh…,¿a caso Oscar no te habló de mi?, soy Patricia, su novia.

En esos momentos no supe, si darle un beso, si darle una guantada, o que hacer, pero afortunadamente el sentido común hizo acto de presencia y le estreché la mano.

Pasamos y vi que Jorge salía del baño, pero estaba un poco como cortado, avergonzado, en definitiva; estaba raro.

Nos sentamos y empezó a preguntarme cosas sobre mi, y como nos habíamos conocido. Tras la aclaración típica, ella afirmó que había regresado de un viaje al extranjero, con una beca de estudios.

Oscar en esos momentos interrumpió, y dijo que la película estaba a punto de empezar.

Se unió que junto a la película que era un autentico pastelazo, y la presencia de Patricia, la tarde se me hizo muy larga.

Inmediatamente que la película terminó, me despedí alegando que tenia que estudiar, y me marche.

Cuando llegué a mi habitación, y tras asegurar que la puerta estaba cerrada, rompí a llorar amargamente, ya que todas mis ilusiones y deseos, se habían esfumado en unos minutos.

Tras una noche de meditarlo, decidí que el método para dejar de sufrir, era apartándome de Oscar, aunque todo lo que deseaba era abrazarle. Pero me venia a la cabeza imágenes de ellos en esos momentos, quizás follando como bestias, tras pasar un año sin verse, provocándome una tristeza mayor.

Al día siguiente, procuré salir de casa lo antes posible, y volver lo mas tarde que pudiese a fin de no encontrarme con Oscar.

Y así pasaron unos pocos días, que unido a mi tristeza, se unió una leve torcedura de brazo tras una caída, por lo que el doctor, me había pedido que guardase reposo.

Le indiqué a mi madre que no deseaba ver a nadie, y que me dejasen tranquilamente.

Mi madre me dijo que Oscar había preguntado por mí, y aunque lo había olvidado un poco, no podía sino desearle aun más. A pesar de todo mi madre le explicó la situación, y no nos vimos en algunos días.

La excusa era siempre la misma, y habían pasado unos días, cuando Oscar insistió en verme. Yo estaba tumbado en mi cama, pues había despertado de dormir un poco. La puerta se abrió y alguien entro.

– Mama, dije que no me molestaran-, exclame con un poco de enfado.

– ¡Hola Javier, soy yo!-, dijo Oscar que estaba junto a la puerta.

Yo giré mi cabeza lentamente, para disimular que en realidad no tenía ningún dolor.

– Ahh, hola Oscar, ¿Cómo estas?-.

– Bien, gracias. ¿Qué tal te encuentras?-, volvió a preguntar Oscar.

– Mejor, gracias-, respondí.

En esos momentos Oscar pidió permiso para sentarse junto a la cama, y yo sin ninguna excusa que lo impidiera me eché un poco hacia el lado.

– Esto… Javier, ¿te pasó algo conmigo?-, pregunto Oscar.

– No, ¿Por qué?, pregunte.

– Te noto algo raro conmigo, y me da la sensación de que ya no quieres verme-, volvió a declarar Oscar.

Ya no pude disimular, y cayeron unas lágrimas de mis ojos, pero aun así no contesté a Oscar. Esté se levantó de la cama y salio de mi habitación.

En esos momentos rompí a llorar amargamente de nuevo, y me hice la promesa de decirle la verdad.

Al

día siguiente, tras salir del instituto, me dirigí hacia casa, y después me fui para la de mi vecino. Me puse frente a la puerta y toqué levemente.

En esos momentos temía que apareciese de nuevo Patricia, pero no fue así. Oscar abrió la puerta con la cara muy triste, y cuando me vio, su cara se iluminó de alegría.

– ¡Que alegría que viniste!, dijo Oscar. Te echaba de menos.

– Gracias-, fue lo único que pude responder.

– ¿Esta Patricia en casa?-, fue mi siguiente pregunta.

– No, Patricia y yo rompimos la noche que la conociste-, respondió Oscar.

En esos momentos mis ojos se iluminaron nuevamente, al ver un poco de esperanza en nuestra relación.

Me acerqué y le dije: – Oscar, la verdad es que yo estaba mucho mejor desde hace varios días, pero sino vine fue….-, dije perdiendo tono de voz.

– ¿Qué pasó entonces?-, pregunto Oscar.

– Oscar yo tengo que confesarte algo-, dije con voz casi apagada.

– ¿Qué?-, pregunto nuevamente.

– Que yo …., yo…. que yo soy gay-, dije del tirón.

En esos momentos Oscar se acercó a mí, y levantando mi cara, que ya había empezado a dejar caer las primeras lagrimas, me dijo:

– Eso ya lo sabia, desde el día que fuimos por primera vez al gimnasio-.

– ¿Sabes tu otra cosa, Javier?-, preguntó Oscar.

– ¿Qué?-, pregunte con voz casi temblorosa por el llanto.

Y se acerco a mí, y levantando mi cara y dirigiéndola hacia la suya, me depositó un beso en mis labios, y dijo: – Yo también lo soy-.

En esos momentos, mi corazón empezó a latir rápidamente, y mi estado de ánimo dio un cambio de 180 º. Hacia unos minutos era el hombre más triste del mundo, y en esos momentos era el más feliz de todos.

En esos momentos juntó nuevamente su cara a la mía, y me dio otro beso, pero esta vez más extenso en los labios. Sus manos se depositaron en mis hombros, y lentamente me atrajo hacia su habitación, mezclando aun nuestros besos.

Cuando llegamos a la habitación, me giró y me tumbó en la cama. Se tumbó sobre mi, y cogiéndome por la nuca, me levantó la cara y me beso, aunque esta vez, con furia.

Yo perdí toda la vergüenza, y con mis manos lo rodeé, por las espaldas, y luego, cogiéndole por la nuca, le atraje hacia mí, para besarlo aun mejor. Sus labios estaban húmedos, y su lengua hizo aparición en mi boca. Era el momento más feliz de mi vida, pues mi amor prohibido, era mi amante primero.

Poco después, noté como sus manos bajaban por mi pecho, y tirando levemente sacó mi camiseta por mi cuello. Retiró rápidamente su cara de la mía, y se quedó mirando mis pezones. En ese momento bajo por mi cuerpo, y introdujo uno de ellos en su boca. Mi cuerpo estaba experimentando algo nuevo y sin precedentes.

Mis manos bajaron por sus espaldas y tirando igual que lo había hecho el, saqué su camiseta también, para seguir un poco mas abajo y una vez que le había desabrochado el cinturón, pasé mi mano por primera vez por su paquete.

En ese momento pude comprobar que era mucho más pronunciado de lo que yo jamás había pensado u observado.

En esos momentos me levanté de la cama, y volviéndole a tumbar sobre su cama, le bajé la cremallera de los pantalones y se los saque.

Puede ver que bajo sus slips, su polla quería salir salvajemente, y podía ver que bajo la tela se ocultaba una polla de al menos 25 cm., mucho mayor de lo que yo nunca hubiese imaginado.

Cuando me dispuse a bajárselos, este me detuvo, y girándome sobre su cuerpo, me tumbó el a mi.

Se agachó frente a mí, y con su boca, se dirigió a por mi cinturón. Con un poco de dificultad, consiguió desabrocharlo con los dientes, mientras tanto, con una de sus manos, me frotaba los pectorales, y con la otra, la introducía por mis pantalones cortos, hasta llegar a mi paquete.

Mi polla respondió inmediatamente a sus peticiones, y consiguió erguirse hasta sus 19 cm.

Fue entonces cuando bajó la cremallera con la boca, y con su mano tiró de mis pantalones hacia abajo.

Yo para ayudarle, levanté mi cuerpo, y mi culo para que salieran sin problemas.

En ese momento me bajó los slips, y me sentí un poco avergonzado, pero no dudo ni un minuto e introdujo mi p

olla en su boca de un solo bocado.

Como si de un helado se tratase, absorbió la misma con frenesí, dándome uno de los placeres más intensos que he sentido en mi vida, y haciéndome casi correrme en su boca.

Reaccioné rápidamente y me levanté, y ahora de un modo autoritario, lo tumbé sobre la cama.

Haciendo gala de la misma seducción que Oscar me había demostrado, me abalancé a por su polla, que salio erecta de su slips, y la chupe con todas mis ganas reprimidas.

Oscar abrió la boca ampliamente, y dejo salir un lamento de placer. Mi boca recorría su polla erecta, haciéndome casi atragantarme.

Pasado unos minutos, Oscar me agarró con sus fuertes manos, y me colocó sobre su cara, introduciéndose mi polla en su boca y proporcionándome el mejor 69 de toda mi vida.

Mientras tanto que nos chapábamos las pollas mutuamente, Oscar metió uno de sus dedos en mi boca, y después de lubricarlo con mi saliva, lo introdujo en mi culo.

Yo di un pequeño suspiro, que le aclaraba a mi nuevo amante que me producía placer. Poco después de ese dedo, otro de su misma mano hizo aparición en mi culo, y poco después, el tercero.

Cuando Oscar creyó que estaba preparado, me cogió de la cintura, y me tumbó a su lado. Después estiró su mano, y sacó de la mesita de noche un bote con lubricante.

Yo cerré los ojos, y le deje hacer. Oscar volvió a introducir sus dedos en mi culo, pero esta vez lubricados con ese liquido frío, y húmedo que me inundaba.

Oscar se tumbó en la cama y me dijo que abriese los ojos. Pude ver que se había lubricado su polla, y que me estaba haciendo señas para que me sentase en ella. Aclaró que yo debía de llevar el ritmo que yo estimase oportuno.

Con un poco de miedo me senté sobre su enorme polla, y su glande entró en mi culo sin ningún problema, produciéndome un tanto un leve dolor, como extraño placer.

Ahora con un poco menos de miedo, deje caer mi cuerpo sobre su extraordinaria polla, que a los 10 segundos había conquistado totalmente mi cavidad.

Empecé a subir y bajar lentamente, para que mi recto se adaptase a tan increíble herramienta, pero a los 3 minutos subía y bajaba rápidamente.

Pasado otros 2 minutos mas, Oscar se levantó quedando en posición sentado, y abrazándome con sus fuertes y masculinos brazos, me tumbó en la cama. Estiró poco después su cuerpo y puso su boca frente a la mía, y me besó, mientras seguía penetrándome, ahora a su propio ritmo.

Poco después volvimos a cambiar de posición, y tras tumbarme bocabajo en la cama, Oscar me penetro nuevamente, hasta descargar toda su leche en mi culo.

Era como si la mejor miel, penetrará en mí, dándome una sensación de plenitud y alegría desconocida para mí.

Después, Oscar se tumbó sobre la cama nuevamente, y tras sentarme de nuevo en su polla, empecé a cabalgar, y gozar nuevamente. Pasados unos minutos mi polla comenzó a desprender la mejor corrida de toda mi vida.

Poco después Oscar volvió a correrse, pero esta vez, y a petición mía, dentro de mi boca. El sabor de su leche era muy agradable, y se me antojo riquísima.

Un beso tierno y un abrazo firme, acabo con nuestra primera experiencia.

Así fue como me contó la historia este amigo mío, que volví a ver hace poco tiempo y tras pasar unos años. Javier me ha dicho que al poco tiempo, les dijo a sus padres que era gay, y aunque inicialmente no lo tomaron muy bien, ahora ya lo aceptan, así como que Oscar sea su pareja. Viven juntos desde hace tiempo, y son muy muy felices.

Si quieren hacerme algún comentario del relato, puede hacerlo a través de la dirección . Un saludo y hasta pronto.

Autor: JUANITO

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Escrito por Marqueze

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