Otra vez mi amiga Beatriz

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Ella, mi amiga, posó su mano sobre mi polla, más bien el bulto que hacía mi polla bajo el pantalón.

Esta historia comienza en una tarde realizando un trabajo con unas compañeras de la carrera. Llegué a las 17 de la tarde. Fui a la biblioteca y pedí una sala de estudio para mis compañeras y para mí.
Al poco llegaron Carmen y Beatriz, mi amiga, algo aireadas con una discusión. Carmen se puso delante mía mientras que Beatriz se puso a mi lado. Sacaron sus bártulos y se prepararon para trabajar. A los veinte minutos llegaron Miriam que se incorporó al trabajo del resto diciendo que el autobús había llegado tarde y a los diez minutos llegó Elena con la excusa que su madre no había llegado con el coche y por ello no había podido venir antes, ambas se sentaron junto a Carmen enfrente de Beatriz y de mí.

Distribuimos el trabajo Elena y Miriam buscaban en la biblioteca algo sobre el tema del trabajo mientras que Carmen analizaba los apuntes de la asignatura, Beatriz y yo buscábamos por internet, bueno yo buscaba mientras que ella anotaba las páginas de donde sacábamos la información para añadirla a la web-grafía.

Llevábamos un rato trabajando en silencio cuando Beatriz posó su mano en mi pierna, inclinado su cuerpo, lo que hizo que se le viera el escote más de la cuenta y mis ojos no perdieron tiempo para posarse sobre su escote. Para lo que no han leído ninguno de mis relatos de las experiencias que he tenido con ella tengo que decirle que Beatriz es una chica morena con el pelo liso con un flequillo, su cara es totalmente angelical con unos ojos rasgados negros así un toque egipcio, era una cleopatra, su cuerpo es delgado con una talla D de pecho pero un trasero hecho a medida, pequeño y redondo más de una vez le he dejado pasar delante mía para poder admirar ese trasero y además ella es consciente de que tiene un buen trasero ya que le gusta lucir ropa ceñida para resaltarlo, esta diosa sexual con un único defecto tiene novio, para mi nunca ha sido un problema, pero quizás si la gente supiera nuestros encuentros la tomarían por lo que no era, una chica fácil por ellos únicamente sabían nuestros encuentros Carmen con la cual he y hemos tenido varios encuentros pero esas son otras historias que ya conté .

Yo miraba a Carmen enfrente mía que no quitaba la vista de un libro, Elena y Miriam también estaban ocupadas con la mirada a otros libros, por lo que me dedicaba a mirar a la pantalla y mirar el escote de Beatriz. Parece que la fortuna me sonreía ya que la calefacción estaba puesta a tope lo que hacía que en la sala de estudio la temperatura aumentará y no solo la mía. Beatriz acalorada con su camiseta de tirantes se desabrochó dos botones más lo que hacía que su escote fuera más prominente, mi polla comenzó a crecer no solo con los pechos de Beatriz sino que el resto de mis compañeras también se quitaron prendas y ninguna se podía quejar las cuatro tenían unos pechos asombrosos y más de una vez me había quedado mirándolo.
Beatriz volvió a apoyarse en mi pierna, posando su mano encima. “huy” pensé yo, ya que casi pone su mano sobre mi polla. Hubo más “huys” hasta que finalmente, no sé si por casualidad o intencionadamente ella posó su mano sobre mi polla, más bien el bulto que hacía mi polla bajo el pantalón.

Ella no se dio cuenta, y dejó la mano más tiempo. Estaba excitado así que hice que mi polla se moviese. Ella al principio se asustó pero cuando me miró la entrepierna y vio mi polla al máximo y luego me miró la cara, me miró con la boca abierta miró a nuestras compañeras las cuales seguían con la nariz en sus libros. Ella acercó su silla y volvió a poner su mano en mi polla tanteando y masajeando todo su contorno. Con su brazo izquierdo sobre la mesa tapaba que su mano derecha estaba sobre mi polla. Separé un poco mi silla de la mesa y pasé el brazo izquierdo por encima de ella poniéndolo sobre el respaldo de su silla para que su mano tuviera margen para palpar, no sé que me daba más morbo si que Beatriz me tocara la polla o que el resto de mis compañeras no se diera cuenta.
Beatriz fue algo más osada y bajo poco a poco mi cremallera, mientras que hacía que estábamos comentando una página. Mi polla estaba fuera de mis calzoncillos por la cremallera del vaquero, ella la agarró y comenzó a hacerme una paja mientras que hablamos con el resto de las compañeras sobre el trabajo.
Al momento Elena, Miriam y Carmen volvieron a meter su nariz en sus libros y Beatriz aprovechó para chupar sus dedos pulgar e índice y rápidamente los fue a pasar con sus yemas por encima de mi polla humedeciendo la. Estaba muy excitado y no solo yo ya que Beatriz se había subido la falda y podía verle las bragas con los dedos de su mano izquierda se había echado a un lado las bragas para meterse dos dedos dentro de su coño, su rosado coño. Miriam se levantó para devolver un libro y Beatriz se dejó de hacer el dedo bajándose la falda y yo cuando Beatriz soltó mi polla me eché para adelante para que no viera Miriam que mi polla estaba fuera de mi pantalón.

Beatriz y yo ante la posibilidad que Miriam volviera y nos viera manos a la obra pasamos de seguir tocándonos pero seguíamos calientes, yo le pasaba la mano por delante suya rozando sus pechos con mi codo mientras que ella a veces pegaba su pecho a mi codo o posaba su mano en mi paquete, estábamos cachondo.

– ¿Alguien tiene que ir al aseo?.- Dijo Beatriz. Nadie respondió.

– Bueno te acompaño yo así me fumo un cigarro.- dije levantándome.

Al llegar al aseo Beatriz entró y abrió todas la puertas de los cubículos mientras que yo esperaba en la puerta. No había nadie, así que se vino adonde estaba yo y dándome besos en la boca tiró de mi cinturón me hizo entrar en el aseo de las mujeres. Una vez dentro la tomé de la cintura y la coloqué encima del lavabo mientras que nos besábamos en la boca sin ningún pudor, habíamos estado toda la tarde calentándonos y ahora era la hora de dejar salir toda nuestra excitación. Le abrí el escote y le metí mi cabeza dentro, lamiendo sus pechos mientras que con mis manos acariciaba su pechos por encima de la ropa, ella con una mano sobre el lavabo para no caerse con mis empujones y con otra acariciaba mi cabeza despeinándome. Escuchamos pasos y dejamos de besarnos para meternos en un cubículo cerrando la puerta tras nosotros.

– Beatriz?, estas bien?.- Era la voz de Elena.

Beatriz y yo no contestamos nos quedamos parados sin hacer ningún movimiento, pronto se fue, luego la subía la tapa del váter y le subí la falda descubriendo sus largas y finas piernas, dejando ver sus blancas bragas, las cuales las bajé hasta que se las saqué de sus piernas, luego me incline y sentándome en la tapa del váter, comencé a comerle el coño.
Sus labios era rojizos, eso no era nuevo para mi ya que no era la primera vez que le comía el coño ni iba a ser la última. Beatriz daba pequeños gemidos ante las caricias que le daba mi lengua en su rajita.

Estaba comiéndole el coño cuando escuchamos que entraba alguien al baño. Eran dos chicas por sus pisadas y por sus voces. Beatriz dejó de gemir y de hacer ruido pero yo que seguía comiéndole el coño, comencé a meterle un dedo en su coño mientras que le seguía lamiendo el coño. Mi dedo se deslizaba en su coño como cuchillo en mantequilla, entrando seco y saliendo húmedo una y otra vez, ante la inmovilidad de Beatriz que no podía hacer ningún ruido por miedo a que nos descubrieran. Las chicas seguían hablando de cosas banales, chicos y compras, yo seguía lamiendo el coño de Beatriz mientras que le metía una y otra vez mis dedos y ella se contenía sin poder hacer ruido únicamente acariciaba mi cabello despeinándome. Las dos chicas se fueron y ella me tiró del pelo subiendo mi cabeza y me dijo “ Fóllame, Cabrón”. No me lo pensé le quité la camiseta de tirantes y el sujetador que coloqué en el suelo luego me quité el cinturón y los calzoncillos dejando libre mi polla para meterle a Beatriz en su húmedo coño. Le abrí las piernas lo máximo que podía y le metí mi polla hasta el fondo con mucha delicadeza hasta que llegó hasta el final, luego comencé a sacarla y meterla, mis manos estaban en sus pechos, los cuales pellizcaba y estrujaba ante los gemidos de su dueña. Beatriz apoyaba sus brazos sobre mis hombros rendida por la excitación que le estaba produciendo el mete y saca de mi polla en su coño.

Yo estaba apunto de correrme y quería darle más fuerte antes de ello por lo que comencé a acelerar el ritmo tomándola de su trasero y elevándola dejándola en volandas con el único apoyo de la pared y mi polla, mientras seguía golpeandole con mi polla en su coño y su cuerpo contra la pared del cubículo, sus gemidos eran fuerte y mi respiración también ella estaba apunto de correrse y yo también. En una explosión de placer se corrió ella y yo detrás. La baje y ambos quedamos rendidos apoyados en la pared de separación de entre cubículos. cogimos papel higiénico y nos limpiamos luego salimos del aseo y volvimos juntos a la sala. Cuando entramos Elena y Miriam nos miraron y bajaron la cabeza para seguir leyendo Carmen nos miró y sonrió, supongo que la cara colorada de Beatriz nos delató de lo que habíamos hecho.

Seguimos nuestra jornada de trabajo hasta terminar y luego nos marchamos.

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