Padre enfermo

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Dejó de chupar y agarró mi verga, la embadurnó por completo y la pajeaba como un experto. Diego se fue sentado sobre mi encremada verga hasta que estuvo todo en su interior. Ensartado hasta el fondo tiró sus dos manos hacia atrás me obligó a pararme, él separó sus piernas y apenas se inclinó y toda mi verga seguía adentro, contraía y relajaba su esfínter anal como un puto desesperado.

Como les conté tengo más de 45 años, de 1m72cm de estatura, bien conservado, soy ingeniero y profesor de una escuela para adultos, mayores de 22 años. Vivo en una provincia al norte de argentina donde los docentes somos, además, consejeros familiares. Tengo un alumno de 18 años, el más chico de la escuela que fue aceptado por ser excelente y dada su condición de extrema necesidad trabaja todo el día para ayudar a sus padres. Tiene 2 hermanitos, su mamá está embarazada y su padre lo engendró a los 18 años; tiene actualmente 37 años y trabaja en una verdulería.

El niño vive muy lejos de mi casa. Una noche a la una de la mañana llegó desesperado que vaya a ver a su padre, pues estaba enfermo y su mamá con la panza no podía hacer nada. Fui y me encontré con el padre revolcándose de dolor de estómago y vomitando.  Sin saber un carajo de medicina le pregunté sobre su dolencia, me comentó que el dolor comenzó del lado derecho y después se desparramó por todo el abdomen. El papá estaba tirado en la cama con un short sin camisa, de 1,75 de altura, ojos claros y piel bronce (típico descendiente de europeos en Argentina) de rasgos faciales muy lindos, pese a la palidez a causa del dolor, sin pelo en pecho pero con enrulados pelos en el bajo vientre, pelos rubios muy cortos en las piernas y en los brazos. Sus musculosos brazos hablaban de cargar cajones pesados permanentemente. Su abdomen delgado muy bien formado, seguramente de jugar al futbol todos los domingos. Recordé como habían examinado a mi hijo cuando fue operado de apendicitis, no se si por las ganas de tocarlo o por ayudarlo. Quizás por las dos cosa. Le pedí permiso para revisarlo. Toqué todo su abdomen y sus partes bajas, me llamó la atención porque parecía una tabla de duro y cuando le tocaba a la derecha le dolía mucho más; igual al cuadro de mi hijo; lo llevé al hospital en mi auto y allí lo dejé.

Tres días después mi alumno me agradeció infinitamente. Su padre tenía una peritonitis. Si no lo llevaba se hubiera muerto (le dijeron los médicos del hospital). Al mes de lo ocurrido también vino Diego (el padre) a agradecerme toda la atención y me trajo de regalo una botella de vino ¾ de muy buena marca a lo que agradecí mucho y recriminé su molestia y gasto. Solamente me contestó que me merecía pues “lo había palpado muy bien”, me dijo con una sonrisa bastante picaresca, a lo que agregó que si no podía tomar solo el vino le avisara que me acompañaría a hacerlo.

Sin más, estrujó mi mano y se despidió. Ese comentario sobre la “palpada” me dejó pensando y muy caliente, ya que el tipo portaba un cuerpo fenomenal, piernas bien formadas,  pómulos muy rosados que se destacaban sobre su cobriza piel, con vaqueros ajustados un bulto interesante y la pija parecía estar parada y ubicada a un costado.

Todo hubiera quedado en una calentura pasajera. Casi al mes, un viernes a las 22.00hs, saliendo de la escuela, con mi mujer fuera de la provincia; veo a Diego esperando a su hijo. Se acercó, me saludó y me contó que venía a darle la bicicleta al hijo pues tenía una fiesta y no quería que el joven vuelva caminando ya que viven muy retirados de la ciudad. El hijo se acercó, entregó sus pertenencias escolares y se fue. Diego preguntó como fue el vino, contestándole que todavía no lo había abierto. Tras eso se despidió, argumentando con énfasis que tenía que caminar mucho para llegar a su casa y por eso se iba. Eso me sonó como un desafío y me cayó como anillo al dedo: mujer ausente, solo y vino sin abrir. Ahí mismo ofrecí llevarlo, lo que aceptó con “demasiado gusto”.

Luego de hacer unas pocas cuadras me dí cuenta de su buen nivel intelectual. Al ser interrogado sobre ello me contó que llegó a 5to. año y abandonó ya que su novia (actual esposa) se embarazó y debió salir a trabajar. Me comentó que le hubiera gustado se arquitecto. Pensé: “ni tan macho para ser ingeniero, ni tan puto para ser decorador de interiores”, aunque no se lo dije, era profesor de su hijo y la primera vez que conversaba con él. Nuevamente, y sin reparos y me preguntó que diría mi mujer al volver tarde, eso me dio pie a contarle de mi soledad ese fin de semana. ¡Que coincidencia! Exclamó “yo también, mi señora hace una semana tuvo nuestro cuarto hijo y fue por un mes a la casa de los padres al interior para que la ayudaran con el recién nacido y los otros hijos chicos”.

Con tantas aclaraciones no me quedó que invitarlo a tomar el vino a casa, respondió con los hombros, como si fuera igual ir o no. Insistí sobre si quería ir o no. Tocando y apretando mi rodilla me dijo “por supuesto que si”, “pasa que me da vergüenza por tu nivel y tampoco puedo llevar nada” (ya me tuteaba). Me reí y le contesté que su presencia era más que suficiente, que yo tenía más de un vino y algo para picar. No terminé la oración cuando volvió a palmear mis rodillas y aceptó con cara de mucha alegría.

Llegamos a mi casa, prendí luces interiores pero no las del patio. Al principio parecía intimidado, pero después de ayudarme a sacar una mesita, dos silletas, hielo y abrir el vino se relajó un poco. Comenzamos a tomar en un solo vaso grande así el vino se mantenía frío. Hablamos de su familia, sus hijos, me contó que la verdulería sería de su propiedad y así pasamos como 45 minutos y terminamos la botella. Traje otro vino, pero rosado. Ya más desinhibido me cargó por el color “rosa” del vino, aduciendo que como un ingeniero “macho” toma vino “rosa”. La cargada me dio pie a contar lo que pensé cuando dijo que quería ser arquitecto.

Siguiendo el tren pregunté si gustaba del salame, tenía uno casero bueno, ni lerdo contestó que le gustaba el tipo “picado grueso”. Le mandé un buen trago de vino, me levanté de la silleta tocándome alevosamente el bulto, diciéndole que iba a buscar. El también se levantó acariciando su entrepierna y preguntó por el baño. Le indiqué, fui a la cocina saqué el salame y volví al patio con una tablita y un cuchillo para cortar. Pasados 5 minutos Diego estaba de vuelta.

Mis ojos lujuriosos miraron su entrepierna y vi semejante caño acomodado hacia el costado y su camisa desprendida. Se sentó bebiendo un largo trago de vino y abriendo sus piernas como un exhibicionista consumado.

Lo invité a sacar la camisa si tenía calor, lo hizo en forma inmediata. Ante tanta demostración de lascivia también me descamisé y acaricié mis abdominales llevando mis manos desde arriba hacia la cara interna de mis muslos. Inclinándome hacia delante abrí mis piernas y pregunté “¿corto el salame? o ¿lo comés entero y a bocado? Me contestó amarrándose la pija “lo como entero o de la forma que prefieras”. Sin darnos cuenta estábamos en mi cama matrimonial los dos en bolas.

Me sentó a los pies de la cama, frente a una cómoda con espejo, se arrodilló y de un solo movimiento se tragó mis 17 cm. de verga, yo miraba mi cara y me excitaba más y más. Diego llenaba de saliva todo el largo de mi endurecida carne, mientras que él se pajeaba, lo tiré del pelo hacia atrás y pude ver su aparato lleno de jugo, muy grueso y por lo menos uno o dos cm. más largo que el mío. Se desesperaba por volver su cabeza hacia delante y yo con maldad solo dejaba que lamiera la cabeza de mi trozo. Se abalanzó sobre la pija cuando solté sus pelos, lamía con fruición huevos, culo y carne. Le pedí por favor que parara, que me hiciera acabar. Le imploré y él se reía.

Dejó un poco de chupar y agarró mi pene con la mano. Vio sobre la cómoda un frasco de crema, embadurnó por completo mi chota y la pajeaba como un experto. Yo seguía sentado al pie de la cama, Diego se dio vuelta mirando al espejo y se fue sentado sobre mi encremada verga hasta que estuvo todo en su interior.

Ensartado hasta el fondo tiró sus dos manos hacia atrás y aferrándose a mis muslos me obligó a pararme, él separó sus piernas y apenas se inclinó y toda mi verga seguía adentro, contraía y relajaba su esfínter anal como un puto desesperado.

Llevé mis dos manos hacia delante y sentí que hervían de fiebre sus huevos y esa impresionante pija de casi 20 cm. estaba completamente mojada. Diego gemía en forma permanente y se sentía sus orgasmos, con cada uno de ellos salía una gota más de jugo. Su carnoso caño estaba totalmente mojado y más se mojaba con cada embestida mía. Llevó mis manos a sus tetillas, a su boca y chupaba los dedos. Parecía un toro enojado, bufaba. Empujaba su agujero hacia atrás y bramaba.

Después de 30 minutos no aguanté más y como en 5 chicotazos fui descargando mi leche en su culo, con el último latigazo se dio vuelta se arrodilló y me succionó hasta dejar seca la carne fláccida que me colgaba.

Diego continuaba muy caliente, con toda la fuerza de su atlético cuerpo me dio vuelta, me recostó en cuatro contra el borde de la cama, separó mis piernas a lo bruto y deslizaba la cabeza súper mojada de su trozo por mi culo. No conforme, tomó el frasco de crema, metió el pico en mi ojete y apretó con fuerza el plástico.

Sentí como una enema de gelatina y el aroma a la crema me salía por la nariz. Inundado todo mi intestino metió, dos tres, cuatro. No se cuantos dedos hasta que perdí la noción del tiempo y algo monstruoso se deslizaba sin dolor dentro mío, mi pija fláccida comenzó a eyacular de nuevo, casi 15 minutos que salía jugo sin parar, aunque no estaba dura. De repente Diego quedó inmóvil y toda la crema de mi culo comenzó a entibiarse. Yo solo sentía que algo muy grande entraba y salía mientras por mis dos piernas corría un tibio líquido. No puedo imaginarme cuanta leche soltó.

Esa noche me dormí con una pija dentro de mi culo. Solo me despertaba cada hora cuando sentía que algo se agrandaba adentro.

Autor: Eduardo

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Escrito por Marqueze

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