Paula.

Cuando llegamos al pueblo aquel, nunca supuse lo que me esperaba. Nada más llegar, tras montar el circo comenzaron a llegar niños a curiosear, uno de ellos, el más osado, se colaba por todas partes hasta que una señora joven, lo detuvo y tras mandarlo a casa, se dirigió a mí:

-Señor ¿es usted el dueño?

-Sí, ¿por qué?

-Verá, es que mi hijo es muy travieso y quería pedirle disculpas. Me llamo Paula -dijo extendiéndome la mano- y soy la mujer del Alcalde.

A estas alturas de la conversación, yo había perdido ya la noción del tiempo. La tal Paula, era alta, delgada, pero perfectamente formada, su pelo hasta cubrirle el cuello, ondulado y prometedor, enmarcaba una mira que lo prometía todo, su corta falda negra, a juego con su camisa semitransparente, que dejaba traslucir un sostén escueto que prometía unos pechos turgentes, redonditos y dignos de ser mamados con la mayor fruición.

En el revuelo de inclinarse para dar la mano a su niño, no pude evitar una mirada a su culo, apenas cubierto por unas bragas semitransparentes que mostraban, más que cubrían, su sexo. Este, con el pelo recortado y afeitado en parte, revelaba su abombamiento propio de un coñito palpitante y atractivo.

-Encantado -le dije-. No se preocupe por el niño, que venga cuantas veces quiera y, por supuesto -creo que mi tono de voz dijo más que mi palabra-, será un placer mostrarle a usted todos los entresijos del circo.

Esta tarde -continué- todos los miembros del circo saldrán a dar unas vueltas por los alrededores. Tendré mucho gusto en enseñarle todo lo que aquí se oculta…

Paula, la alcaldesa, no dejaba de observar mis miradas a su escote y a su atractivo trasero. Con una sonrisa aceptó la invitación.

-De acuerdo, dejaré al niño en casa de la abuela y vendré por aquí.

Por una u otra causa, nos habíamos quedado solos en el centro de la pista. Ella al despedirse, se acercó a darme un beso de despedida y disimuladamente, como quien tropieza con algo, se dejó caer hacia mí mientras su mano se posaba en mi bulto, que había adquirido una dureza nada disimulada. Con la otra mano, se apoyó en mi hombro dejando aplastar contra mi pecho sus duritas y preciosas tetas. Tras refregarse en mí y darme un beso, que con la simulada prisa se posó en mi boca dijo con una sonrisa picarona:

-Espero que luego me muestre todo eso tan interesante que oculta… Vendré preparadísima…

La espera hasta llegar la tarde, se me hizo más larga de lo que podía suponer. Estaba deseando que todos los miembros del circo se largasen y que mi nueva amiga se dejase caer por el circo.

No bien hubo salido el último, cuando ni siquiera me había dado tiempo a darme una buena ducha, por lo que pudiese pasar, estaba afeitándome mis partes para dejarlas lo más atractivas y suaves posible.

Unos pasos se dejaron sentir por entre las caravanas y se detuvieron en la puerta de la mía. Los oí cómo ascendían por la escalerilla y antes de poder realizar cualquier movimiento de ocultación, apareció, radiante, esbelta y provocativa, con una minifalda aún más mini que la de la mañana, perfectamente arreglada, con un escote que dejaba más de la mitad de sus pequeños y bien formados senos al aire, se plantó ante mí que, desnudo y con los cojones enjabonados, no supe, o no quise, reaccionar y me quedé así, quieto, mirándola de frente.

-Ah, no sabía que aún estabas arreglándote -me dijo con la mayor naturalidad-. Sigue, no te preocupes por mí -continuó mientras su mirada se fijaba, sonriente en mi polla que, sin apenas darme tiempo a reaccionar, se puso como mástil de bandera.

No sabía que hacer, mis manos comenzaron a temblar y ella, como si nos conociésemos de siempre, se limitó a levantarse, tomar de mi temblorosa mano la cuchilla y cogió mis cojones suavemente con la otra mano mientras preguntaba.

-¿Te los afeitas a menudo, o sólo para las grandes ocasiones? Mi marido, nunca ha tenido ese detalle conmigo. Claro que, para las veces que lo hacemos y siempre lo mismo…

-Sólo para las grandes ocasiones, le respondí yo, que no acababa de aclararme.

-¿Te lo afeitas todo o sólo los cojon

es? -Siguió.

-Como a ti más te guste -respondí todo azorado.

Nunca me había visto en situación igual. Y mucho menos cuando es a mí a quien le gusta llevar la iniciativa.

-Entonces, todo -dijo.

Y puso manos a la obra. Me enjabonó desde el ombligo hasta las ingles y, decididamente, comenzó su tarea mientras entre repaso y repaso, me manejaba ya un huevo, ya otro, ya la polla masajeando lenta y sabiamente, sin dejar que me corriese pero poniéndome a mil por hora cada pasada.

Terminada la labor, me enjuagó y tomando un bálsamo para después del afeitado, me dio un suave masaje por todo mi sexo para, una vez terminado, pasar suavemente primero sus manos y luego su lengua para comprobar, me dijo, si estaba todo tan suave como deseaba.

Lamió la polla como quien saborea un caramelo especial, su lengua iba de arriba abajo, rodeaba la polla para luego, bajar hasta un huevo, lo chupaba, sorbía hasta metérselo entero en la boca, pasaba al otro, para ver si son iguales, me dijo…

Abriendo mi entrepierna, llegó con la lengua hasta el mismísimo agujero del culo. Empujó su linda lengüecita hasta penetrarme un par de centímetros…

Por un momento, se tomó un respiro, levantó la cabeza y me miró.

Yo le pregunté:

-¿Te gusta tomar la iniciativa? Se limitó a a responder:

-Te digo lo que tú me dijiste antes:

-Como tú quieras. Después…

No esperé más, vi que había traído una pequeña bolsa con ropa limpia: “por si me manchaba esta”, me dijo. Por lo tanto, no me preocupé de tener el más mínimo cuidado. La cogí del cabello y la arrastré hasta la litera, me arrojé sobre ella y como un desesperado comencé a besar y acariciar todo su cuerpo hasta que en un momento en que la tenía dominada, saqué unas esposas y cuerdas, la até a la cama con sus brazos y piernas abiertas, la cabeza colgando hacia atrás fuera de la litera y la dejé un momento.

Volví con un látigo y un afilado cuchillo de los que se usan en el circo.

-¿Qué vas a hacerme?

-No te preocupes, sonreí, ni te rozaré, pero…

Coloqué la punta del látigo sobre su pecho, me alejé y de un golpe seco, arranqué el único botón que quedaba cerrado de su camisa. Cuchillo en mano, llegué hasta ella, le abrí la camisa y acabé de quitársela ayudándome del cuchillo, a continuación, toqué el sostén, metí el cuchillo entre él y su tersa piel. Un escalofrió recorrió su cuerpo mientras la punta del cuchillo dibujaba curvas y rectas caprichosas siguiendo la línea de su aureola, punzaba suavemente sobre sus pezones… lo metía hacia abajo por la cinturilla de la falda…

De nuevo, coloqué el látigo sobre su pecho, entre las dos pequeñas y provocativas montañitas rectas y desafiantes… me alejé y ¡ZAS!… de nuevo un trallazo preciso que rasga la junta de las dos copas del sostén y las lanza a los lados. Su cuerpo comenzó a temblar entre el nerviosismo y la excitación… sus temblores y convulsiones me provocaron a lanzarme sobre ella, arranqué los restos del sostén y comencé a besar y succionar sus pezones como antes había hecho ella con mis huevos, mi mano, firme y dura entró en su entrepierna y comencé a acariciar sus mojadísimas bragas.

De nuevo me alejé de ella, dos trallazos, uno sobre cada pezón, provocaron una leve vibración del aire a su alrededor, los temblores aumentaban y su cuerpo estaba apunto de estallar.

-¡Sigue, por favor, acaba ya, no puedo aguantar más, necesito correrme! Imploraba con todas sus fuerzas.

Seguí, látigo en mano, un nuevo trallazo destrozó uno de los botones de su falda, otro, y la falda se abrió dejando al aire sus minibraguitas, todo mojadas hasta el punto de que ya había una pequeña manchita sobre las sábanas… Entonces, le tocó el turno al cuchillo, rompí de un golpe las braguitas y se las arranqué de un firme tirón. Su cuerpo estaba ya pidiendo el último movimiento que la liberase, que provocase su orgasmo más grande jamás sentido…

De nuevo jugué con el látigo, esta vez, fue un mechoncillo de pelo de su pubis el que se vino al aire y flotó sobre su mojadísimo coñ

ito…

-Te correrás sin que te vuelva a tocar- le dije.

Y así fue, el látigo acariciaba cada centímetro de su piel, luego el cuchillo penetraba entre sus pernas, una vez el cabo, otra la misma hoja que en su frialdad provocaba sus estertores hasta el límite. Un golpe seco del puño del cuchillo entrando en su coño provocó el último estertor que me avisó que Paola había tenido el orgasmo más grande de su vida…

-¿Me sueltas ya? -Preguntó.

-No-hija, no -le dije. Tú te has corrido sin que yo te toque. Ahora me toca a mí, ¿no crees? Además, he visto que a pesar de que tomaste la iniciativa, te va lo de ser dominada…

Tras estas palabras, me acerqué a sus pechos, y mordí aquellos pezones que como cerecitas se ofrecían a mi paladar. Después, mordí su clítoris y lo chupé tirando de él como si fuese un sabroso chicle, sus jugos vaginales seguían manando de aquel hermoso chochete…

Veo que te falta una pequeña depilación…

Pero cambié de opinión. Me puse a horcajadas sobre su cabeza, inclinada hacia atrás y, sin previo aviso, abrí su boca y encajé en ella mi erecta polla hasta alcanzar la campanilla. Su nariz chocaba en mis huevos y su agitada respiración lanzaba chorros de aire tibio que acariciaban todo mi sexo. Mientras mis manos alternaban pellizcos y caricias ya en los pechos, ya en su clítoris entretanto mis movimientos suaves, eran acompasados por una lengua que, al compás de su respiración, subía y bajaba a lo largo de la polla…

Sus pezones habían adquirido una elasticidad sólo comparable a su clítoris, me incliné sobre su cuerpo hasta que mis labios rozaron sus labios vaginales y chupé de aquel sabroso néctar que salía mientras alternaban con tirones acompañados de mordiscos os cuales, a causa de mi propia excitación, se hacían cada vez más fuertes…

Le puse las esposas en los pies, para evitar cualquier intento de fuga. Y la desaté.

De un tirón de su rizado cabello, la arrodillé ante mi, me senté en una silla y dije:

-Continúa lo que te queda… obediente, tomó mis huevos entre sus manos y lamió mi polla de punta a raíz, me descapulló con sus dientes de una forma tan maravillosa que casi me corro en aquel momento. Afortunadamente, cambió de estrategia, se dedicó de lleno a mis huevos: lamidas, chupeteos, uno y otro huevo pasaron por su boca y los mamaba como si de ellos fuese a sacar hasta la última gota… la punta de mi polla tocaba su campanilla y de pronto, cambiaba, se la sacaba y con la punta de la lengua, tocaba mi glande con una sabiduría que nunca, hasta ese momento conocí. Mi sorpresa llegó cuando al sentir mi corrida en su boca, no sólo no se sacó la polla, sino que concentró todas sus fuerzas en chupar hasta conseguir extraer toda mi leche y cuando hubo terminado, levantó la cabeza, me miró y con una cara que denotaba el máximo placer, saboreó mi leche, me la mostró en la punta de su lengua y se la tragó. Para demostrarme que había sido así, me besó en la boca, metiendo su lengua hasta lo más hondo y con una excitación que pedía a voces que continuase aplicándole mis medicinas. Sólo tuve conciencia para darme cuenta de que efectivamente, no quedaba nada de leche en su boca y de que mi semen, tenía un sabor que, viniendo de sus carnosos labios, me supo a gloria…

la levanté. Me dediqué a saborear por unos momentos sus jugos para compararlos con el sabor de los míos, lamí sus ingles, introduje la punta de mi lengua en su estrecho culito, recorrí con mis manos y lengua su nuca, la parte trasera de sus lindas orejitas, de nuevo sus pechos fueron objeto de mis mordiscos y lamidas en toda su extensión… Estaba ya a punto de otro orgasmo, al igual que yo, dada la excitación que esto había provocado en mí… En ese momento, cambié de opinión.

-Ven -dije. Te voy a dejar el chocho más suave y delicado que tu marido haya visto en su vida…

-No me irás a afeitar… ¿Qué va a decir mi marido?

-Haberlo pensado antes -le dije. Si te pregunta, pues le dices que lo has hecho para él. Seguro que le encantará. Y punto.

La conduje hasta el centro de la pista del circo…

La até con los brazos y piernas en cruz en el aspa de los lanzadores de cuch

illos y tras acariciar y morder sus preciosas y firmes tetitas, la dejé sola y, al momento, aparecí con una palangana, y los arreos de afeitar.

-A ver si nos va a sorprender alguien -protestó.

-¿Y qué? Si viene alguien, será del circo. Como mucho, querrá echarte un polvo y nada más…

Aquello pareció un aviso. No bien lo hube dicho, a mis espaldas sonó una voz. la del enano, que enarbolando una polla descomunal, se limitó a decir:

-No está mal pensado…

………………

El enano salió desde su escondite exhibiendo una polla descomunal hasta para una persona de dos metros de altura… veinticinco centímetros de polla apuntaban al chocho de Paula que, impúdico y desvergonzado, palpitaba y soltaba ya unas gotitas de jugos…

-No, hijo, no -respondí-. este chocho me lo como yo primero. Lo que pasa es que a mí me gusta bien afeitadito, perfumado y jugoso.

-¡Tiene más agujeros, digo yo -saltó el enano mientras se pajeaba y rozaba ya con su pollazo la cadera de Paula.

Después de una pequeña discusión, durante la cual no perdía ocasión de pellizcar ya un pezón, ya uno de los labios de la vagina de Paula, metiéndole un par de dedos en su chorreante chochete para lamérselos después como quien lame el más sabroso de los caramelos, acordamos atarla a cuatro patas en las barras de equilibrio. De esa forma, a cuatro patas y elevada en el suelo, mientras yo me dedicaba a afeitarle su chocho, el enano podría ocuparse del resto de Paula.

Primero se dedicó a pasar suavemente sus manos por la entrepierna de Paula, luego, pellizcaba una y otra vez, ya suavemente, ya con cierta fuerza su elevada grupa de yegua fornicadora y le metía un dedo en su culo, de allí lo llevaba a la boca de la puta guarra y la obligaba a chupárselo para, una vez engrasado con su propia saliva, volver de nuevo a su culito, pero ya con dos dedos y abriéndolos en compás para provocar una mayor dilatación…

>De esa forma, a cuatro patas y elevada en el suelo, mientras yo me dedicaba a afeitarle su chocho, el enano podría ocuparse del resto de Paula.

Primero se dedicó a pasar suavemente sus manos por la entrepierna de Paula, luego, pellizcaba una y otra vez, ya suavemente, ya con cierta fuerza su elevada grupa de yegua fornicadora y le metía un dedo en su culo, de allí lo llevaba a la boca de la puta guarra y la obligaba a chupárselo para, una vez engrasado con su propia saliva, volver de nuevo a su culito, pero ya con dos dedos y abriéndolos en compás para provocar una mayor dilatación…

Mientras, yo me dedicaba a masajear con la espuma de jabón todo su bajo vientre. Suavemente pellizcaba sus carnes turgentes, sus labios vaginales… introducía mis dedos enjabonados en su dulce cuevecita con tanta suavidad que su cuerpo de yegua en celo vibraba a cada caricia mía o del enano…

La cuchilla de afeitar rascaba suavemente la delicada piel de la puta en celo que era aquella mujer. Su cuerpo se agitaba, a cada paso de la cuchilla ofreciendo todos y cada uno de los rincones a fin de que la cuchilla cumpliese su hermosa misión de convertir aquel coño en lo más suave que polla alguna hubiese disfrutado…

El enano, por su parte, ya penetraba girando su muñeca en aquel agujero que se ofrecía como boca hambrienta succionando por la fuerza de la pasión, que se extendía por los poros de todo su cuerpo, todo cuanto se aproximaba a él.

-Mira, jefe –me dijo el enano-. Tú, que tienes las manos más pequeñas que yo, métela en su culo a ver hasta dónde te entra…

Así lo hice, con una cierta prevención, no tanto por el dolor que pudiese causarle, que no me importaba lo más mínimo –para eso era mi puta- como por poder hacerle algún daño. Lo que evitaría que pudiésemos seguir masajeando aquel cuerpo que ya era una masa gimiente por cada uno de sus agujeros…

Mi mano entró tan suavemente, que sin apenas darme cuenta, hasta mi muñeca quedó oculta en el interior de nuestra yegua compartida. Mis dedos chapoteaban en un mar de jugos que chorreaban de su coño y que, con la otra mano, empujaba hacia el culo de Paula para así mejor engrasarlo. A cada movimiento de mis dedos en su interior, la yegua se movía encelada hasta el punto de que echaba hacia atrás todo su cuerpo buscando el resto de mi antebrazo… su cuerpo era una máqu

ina de seducción y calentura…

Por encima del cuerpo, vi como el enano había enfrentado la cara de Paula y acercaba a su boca aquella tranca, toda humedecida por todos los jugos imaginables: saliva, vagina, crema… La yegua en celo intentó un primer momento de rechazo, el enano, sin contemplaciones, la agarró de las orejas y colocó en la entrada de su boca el capullo, todo engrasado, empujó hacia dentro hasta sentir las amígdalas de Paula acariciar la punta de su enorme polla.

El coño de Paula se abría y cerraba como el de una burra en celo pidiendo a gritos una polla que calmase el fuego que lo invadía…

Ante aquella invitación, dejé mi mano tranquila, la sustituí por un consolador para evitar que se contrajese su ya abierto culo y me coloqué detrás de la puta mamona aquella. Entré en su chocho con la facilidad que me daba su postura de yegua ofrecida y el mar de jugos que manaban hasta dejar ya un pequeño charco en el suelo, bombeé durante un par de minutos hasta sentir que la puta yegua estaba a punto de estallar, abandoné su coño y el enano, adivinando mis intenciones se vino hacia atrás conmigo.

Oye, jefe, ¿Cómo se moverá la puta yegua esta con dos manos metidas en sus agujeros?.

Así lo hicimos, saqué el consolador, lo introduje en su coño para empaparlo bien en sus jugos y lo volví a colocar, con una facilidad pasmosa en su culo abierto ya como boca ansiosa, deseoso de ser penetrado con toda la intensidad con que podía desearlo aquella puta ardiente…

Una vez bien engrasado el culo con los propios jugos de Paula, ambos, a un tiempo metimos nuestras manos en sus agujeros, yo en el coño, el enano en su culo, hasta las muñecas penetramos sus agujeros para que los dedos fuesen completamente libres en su interior, comenzamos a abrir y cerrar manos y dedos en su interior hasta el punto de que a través de su cuerpo, yo percibía la mano y los dedos del enano jugando en el culo de mi nueva puta…

De pronto, ésta comenzó a vibrar, gritar, removerse con tanta fuerza que, pensamos, llegaría a romper las cuerdas con que la teníamos atada. Sus gritos de placer y vicio resonaban por la grada del circo hasta hacernos temer que llegasen a oídos de la gente fuera del recinto.

-SI, SI, SI… –Gritaba entre gemidos de placer. Tuve la sensación de que aquel orgasmo duró varios minutos hasta que derrengada, aflojó todos los músculos de su cuerpo.

-¿Me vais a soltar ya? –Casi rogó con una mirada en que se confundían el placer sentido y el miedo a que siguiésemos con ella en aquella postura tan comprometida en caso de que alguien entrase atraído por sus gritos de placer. Jadeaba como una perra recién follada.

-¿Olvidas que aún no me he corrido? –Le respondió el enano.

¿Y yo? Mira como estoy otra vez –le dije poniendo ante su cara una polla enhiesta desde hacia un buen rato.

Comprensiva o humillada, extendió con la mansedad de una zorra amaestrada su lengua hasta acariciar suavemente la punta de mi polla, atrajo hacia sí la piel y cubrió con ella mi glande, con una maestría insospechada, introdujo su lengua entre el capullo y la piel, acarició el interior de mi polla con su lengua que jugueteaba prisionera entre la piel de la polla y el capullo…

El puñetero enano, que no perdía comba, se limitó a decir:

-Jefe tú ya la has probado por el coño, leche, ahora me toca a mí…

La yegua puta, como una guarra viciosa que era, apenas sintió que continuábamos dedicados a su cuerpo, comenzó de nuevo a responder jadeante, agotada y ofrecida, al mismo tiempo, con todo su cuerpo. Nunca había visto en toda mi vida una puta tan puta como Paula.

El dichoso enano estaba ya de un rebelde total ante la posibilidad de disfrutar de un chocho tan afeitadito y dulce como el de Paula.

-Oye, jefe, ¿y si nos la llevamos a tu caravana?

-Bueno, vale –le respondí.

La desatamos, con todo mi pesar, de aquella postura de yegua ofrecida al capricho de aquellos dos sementales en que nos habíamos convertido y, amarrada por el cuello, como si de una burra se tratase, la levantamos de allí. Al fin y al cabo ¿no era una burra puesta a nuestra disposición?.

Así, desnuda y tirando de ella la llevamos desde la pista del circo a mi caravana. Avergonzada, miraba a uno y otro lado esperando verse sorprendida en aquella situación.

-¿Qué pasaría s

i te sorprenden así, so puta? –Pregunte.

-Si mis amos me lleváis así, así iré -respondió humilde, domada y anhelante de que siguiésemos nuestra particular fiesta.

Llegamos al sitio elegido, allí la deposité sobre el suelo, arrodillada y me senté ante ella.

-¡Come! –Ordené tajante.

No hubo necesidad de darle más órdenes ni de explicación alguna, se aproximó reverente a mi polla, sus manos, suaves y delicadas, se posaron como mariposas sobre mis huevos y sus dedos, ágiles y delgados comenzaron su juego con cada rincón de mi entrepierna, su lengua subía y bajaba desde el mismo agujero de mi culo, en el que se introducía mientras con sus dedos abría éste para favorecer la penetración, hasta la punta de mi capullo que, enhiesto y desafiante se erguía buscando consuelo en lo más profundo de su garganta…

El enano no había perdido su tiempo, su verga ya atacaba, con toda la fuerza salvaje de una polla necesitada de consuelo urgente, sus agujeros abiertos y vibrantes, ansiosos de ser llenados con aquella descomunal polla.

-¡Oye, que el chocho es mío! –Grité, reclamando aquel límpido y atractivo agujero que, como boca hambrienta palpitaba a cada momento.

-Nada de eso –adujo-. Tú ya lo tuviste un ratito para ti, ahora me toca a mí mientras tu le follas la boca…

Bueno…. –accedí ante la experiencia que estaba suponiendo el experimentar la mamada más gloriosa de mi vida.

El enano me interrumpió un momento. Quería comerse aquel coño con todo detenimiento antes de acabar su función particular.

-Cuanto más distraigamos la cosa, más chupara hacia sus entrañas arguyó.

Y era verdad. Así que la subimos sobre la cama y la tendimos boca arriba. El enano comenzó una comida a destajo del coño que le ofrecían aquellas piernas abiertas y atadas a ambos lados de la cama, su lengua recorría su chocho, chupeteaba el clítoris mientras con sus dientes mordía la raíz de éste para extraerlo en su máxima extensión posible, hasta alargarlo un par de centímetros o más. De allí, sus dientes mordisqueaban sus labios vaginales, tiraban de ellos hacia arriba, los succionaba hasta enrojecerlos y los soltaba de golpe para meter en su chocho barba, nariz, lengua…

Hasta mis oídos llegaba el chapoteo de aquella cara del enano totalmente impregnada en los jugos de Paula, levantaba su cara y me miraba con su rostro brillando totalmente mojado. Se relamió con su lengua y se incorporó para dirigirse hacia el rostro de Paula, me apartó de allí y obligó a Paula a lamerle todo su rostro hasta eliminar todos los jugos que mojaban la cara del enano.

Yo me dirigí a su chocho y con una suavidad nunca experimentada, metí mi polla en su vagina con una facilidad pasmosa, tal era la cantidad de jugos que chorreaban de la vagina de mi puta esclava, que en eso se había convertido Paula. Aquel chocho se había convertido en una máquina de chupar sin lengua, pues era tal la excitación que sentía aquella mujer que cuando entraba mi miembro en su interior, éste se abría y cerraba en un movimiento de succión que hacía innecesario mi movimiento de bombeo en su interior. Entre el movimiento de sus caderas y el de su chochito, que había adquirido vida propia, yo sólo tenía que permanecer inmóvil para sentir como aquella puta se autofollaba ya en movimientos involuntarios.

El enanito de los cojones, nunca mejor dicho, decidió cambiar de postura y, de nuevo, interrumpió la genial follada de que estaba siendo objeto.

-Oye, jefe, que no se corra tan pronto, leche. Saca la polla de ahí y vamos a ver cómo su coño y su culo son capaces de chuparnos las manos ellos solitos…

Efectivamente, saqué mi polla con todo el dolor de mi corazón y los dos nos pusimos a trabajar al mismo tiempo su coño y su culo. Lentamente, fui introduciendo mi mano en aquel coño que más parecía el desagüe de un lavabo, pues casi tiraba hacia dentro de mi mano al tiempo que yo iba introduciendo mis dedos en su interior. En un momento, al llegar a los nudillos, noté cómo una fuerza salía del interior del chocho más tragón que jamás había visto y tiraba hacia dentro de mi mano hasta introducir mi antebrazo hasta la muñeca.

El enano no había estado quieto. Su mano también había penetrado hasta la muñeca en el culo de la puta Paula. Una vez de

ntro, comenzamos un movimiento simultáneo de nuestros dedos mientras girábamos las manos en uno y otro sentido en sus agujeros. Al sentirse follada por los dos agujeros al mismo tiempo y por cinco pequeñas pollas que se movían abriéndose y cerrándose en su interior hasta sentir muchas veces mis dedos chocar con los del enano dentro de aquel precioso cuerpo, Paula comenzó a gemir y a gritar de una forma desaforada, sus movimientos se hacían cada vez más violentos hasta estallar en un orgasmo que no fuimos capaces de parar.

Ya decididos a terminar y dado que nuestras pollas estaban ya más levantadas que nunca, nos volcamos sin ningún tipo de miramientos sobre ella, yo cogí primero el coño y me metí dentro de ella con la fuerza de un toro bravo, el enano, viendo que era más fácil para el la boca de Paula que su culo, no se lo pensó dos veces y allí se coló hasta la misma raíz de los huevos. La puta de Paula, ni porque acababa de sentir el orgasmo más grande de su vida se quedó quieta, su lengua, sus labios y sus dientes trabajaron de tal manera la polla del enano que ésta se vació dentro de la boca de Paula que, como si estuviese bebiendo el más dulce de los licores, chupó con tanta fuerza que en apenas unos segundos vació la botella del enano y se tragó hasta la última gota de su leche.

Yo mientras todo esto sucedía ni fui menos que el enano y me corrí en su coño sintiendo el orgasmo de mi vida. Sin un momento de interrupción, coloqué en su boca mi polla, toda mojada de mi leche y del jugo del coño más hermoso que jamás había visto. Inmediatamente, la puta mordió mi capullo y succionó por si aún quedaba algo de leche en su interior, después, su lengua y sus labios recorrieron todo mi miembro viril rebuscando la última gota de líquido que quedase en ella hasta dejármela limpia y reluciente…

-Jefe, ¿tú crees que la trapecista se comería este coño con la misma satisfacción que nosotros…? En premio por el magnífico rato que nos había hecho pasar. Le dijimos que si no quería que su marido se enterase de aquello, debería venir al día siguiente por la noche, aprovechando que su esposo tenía una reunión política. Lo que no le dijimos era que la trapecista tenía una polla como una estaca…

El día siguiente, lo pasamos sin mayores problemas. A la hora de comer, y sin darle mayores explicaciones, le dijimos a la trapecista, patricia, que la invitábamos a tomar un café después de la cena…

Lo primero que se le ocurrió fue decir que si queríamos comerle la polla mientras otro le daba por el culo, que bueno, pero que también quería algo más…

Nos limitamos a sonreír y ella comenzó a sospechar que algo de eso iba a haber. así que puntual, en cuanto terminamos de cenar nos fuimos a mi caravana los tres a esperar a Paula, nuestra puta, pues ya se había quedado con el mote de “nuestra puta”. El enano comenzó por sobarle las tetas a Alicia, que, por cierto, las tenía pequeñitas e incipientes pero con unas formas tan provocativas que era un placer acariciar aquellos pechitos. La respuesta de patricia no se hizo esperar, ni corta ni perezosa, me metió mano en mi bragueta y agarró mi polla con la sabiduría de un experto, mientras se la metía en la boca, el enano había comenzado ya a desnudar a Alicia y, como tampoco el puñetero es muy delicado a la hora del sexo, agarró los huevos de Patricia y mientras con su boca se dedicaba a la boca y las tetas de Patricia, sus manos masajeaban los huevos y la polla de Patricia que estaba ya adquiriendo un tamaño que en nada envidiaba a la del enano.

A mí, casi me daba vergüenza mostrar una vulgar polla de diecisiete centímetros frente a aquellos dos bisexuales que casi me doblaban en atributos viriles…

Estábamos ya los tres mordiendo cada uno por su lado. Y he de reconocer que en algún momento me tragué la polla de Patricia, suave y depilada hasta el ombligo y que se movía tibia y nerviosa en mi boca despertando sensaciones que nunca antes había sentido.

Fue en ese momento cuando sin pedir permiso, pues sabía que la esperábamos, entró Paula, más provocativa que nunca, con una minifalda negra y su camisa casi transparente. sus braguitas, también transparentes dejaban ver aquel chochito recién depilado de la tarde anterior…

Nos quedamos quietos, sorprendidos por la repenti

na entrada de nuestra visitante…

Ella, puta entre las putas, nos miró con una cara que evidenciaba a todas luces su deseo. Lentamente se fue aproximando al grupo y, sin decir palabra, comenzó a desnudarse: su camisa dejó al aire un sujetador pequeñito que apenas servía para resaltara dureza de unos pezones que, provocativos salían por la parte superior de la copa. después se despojó de su minifalda y las braguitas, transparentes comenzaron a prometer una noche de fuego y pasión…

Patricia se quedó mirando aquellas tetitas que competían con las suyas en dureza y tersura, alargó su mano y la atrajo hacia sí mordiendo, sin más preámbulos sus pezoncitos mientras procedía a desabrochar el sujetador y el enano, sin más contemplaciones, se fue derecho a las bragas bajándolas de un tirón…

-Quietos -dije-. ¿Os pensáis que esta puta de mierda tiene derecho a disfrutar y gozar con nuestras pollas así, sin más? Primero, se cuela sin permiso, olvidando que es una simple esclava de nuestro placer, segundo, se integra en el grupo sin pedir permiso.

-Ven aquí -le ordené.

Se acercó a mí, lentamente, casi temiendo mi autoridad… Besé su boca acompañando mi beso de un mordisco en su labio superior que atraje hacia el interior de mi boca apretando conscientemente hasta hacerla gemir… Luego, pellizque su clítoris tirando con todas mis fuerzas hacia abajo hasta dilatárselo y o solté de golpe.

-Debes saber que te mereces un castigo. Y te lo voy a proporcionar – dije.

El enano salió un momento y entró con un collar de uno de los perros, se lo puso en la garganta y la atrajo hacia su polla obligándola a lamerla mientras le metía la punta de su pie en el coño hasta introducirle todos sus dedos…

Patricia, viendo aquel dulce coñito, se apiadó de él, se agachó, retiró el pie del enano y lo acarició unos momentos para, sin previo aviso, levantar a la puta de Paula casi en vilo y sentarla sobre su polla de un golpe seco entando en su interior hasta los mismísimos huevos.

Luego, se a desenfundó, y manteniéndola en vilo, me pidió que a atase de un gancho que colgaba del techo, así lo hice utilizando unas correas y sujetando sus manos al gancho, la puta quedó colgada, piernas al aire y a nuestra disposición sin posibilidades de defensa alguna.

El enano, que no perdía comba, se presentó con un palo atando los pies de la puta a sus extremos con lo que sus piernas quedaron abiertas y su sexo, libre y abierto esperando nuestras decisiones.

Patricia se aproximó a él, lo lamió de nuevo y simulando un gesto de asco, cogió una manguera, la conectó al grifo del lavabo y abrió éste hasta que el agua comenzó a brotar por el otro extremo, lo dejó y acercó una palangana colocándola bajo las piernas de Paula.

-Hay que lavar este agujero -dijo. Introdujo la manguera en el coño de Paula mientras esta gritaba dolorida por aquella penetración inesperada. El agua comenzó a brotar hasta casi llenar la palangana.

-Oye -dije a Patricia- ¿No crees que el agua sale como entra de su agujero? La levanté por los pies y le sujeté éstos a otro gancho del techo, con lo que el agua que penetrase, quedaría dentro de su cuerpo hasta llenarle por completo su vagina.

Así lo hicimos, le llenamos la vagina de agua y la dejamos de esta manera. Patricia, en su deseo de asear aquel coño hasta el último rincón, metió su mano en él sin contemplaciones de ningún tipo y comenzó a chapotear en el coño de la puta hasta que sin poderlo evitar, pues no nos dimos cuenta del asunto, la puta mamona de Paula se corrió en un orgasmo tan fuerte que las contracciones nos salpicaron a todos la cara con el agua que salía expulsada violentamente de su coño palpitante…

Patricia, con su mano aún dentro del precioso y depilado coñito de la puta, fue la primera sorprendida.

-A ver si por el culo también te corres, puta zorra –le dijo.

Y dicho y hecho, colocó la manguera en el culito de Paula y soltó un chorro de agua dentro hasta que, visiblemente, se hinchó el vientre de la puta mamona. Entonces, la obligó a hacer fuerza hasta expulsar el agua como si de un manantial se tratase…

-No te quejarás de como le hemos dejado su culo para que lo poseas… –me dijo.

Casi sin pensarlo, tal y como estaba, en aquella postura en que se

ofrecía todo su cuerpo y sus agujeros abiertos, nos dedicamos los tres por un momento a nuestra querida putona.

Efectivamente, yo me dediqué a su culito, lo penetré de forma rápida y hasta el fondo mientras Patricia colocaba su polla en la boca de Paula.

-Vamos, lame como tú sabes… –le dijo.

Paula comenzó, una mamada genial y apresurada esperando de esa forma terminar lo antes posible y conseguir, así, que la liberásemos de su incómoda posición.

Yo, aunque no tenía prisa, sentía las paredes de su culito tan apretaditas en mi polla que la corrida se presentaba de forma rápida y con una fuerza que pocas veces había sentido…

El enano, el pobre, se comía el coño húmedo de Paula a mordiscos que hacían que sus quejas, con la boca llena por la polla de Patricia fuesen aún más excitantes para ésta…

En un momento, Patricia y yo llenamos su boca y su culo al mismo tiempo de nuestra leche… mientras Paula se quedaba a un punto de una nueva corrida…

Cuando Paula hubo terminado de tragarse toda la leche de Patricia, la soltamos y la pusimos de rodillas ante nosotros…

Patricia, todo malicia, no quería que la puta mamona se corriese sin antes pedirnos a gritos que lo hiciésemos lo antes posible. Así que con la puta postrada ante nosotros, se dedicó a besarme con una pasión y una maestría inigualables, lamía mis labios, mi lengua, su lengua entraba en mi boca suavemente y en movimientos delicados mientras sus manos jugaban con mi polla hasta volverla a poner en plena forma…

En un momento, mis manos se dirigieron hacia los huevos y la polla de Patricia y, con la misma pasión con que jugarían con un hermoso coño, casi sin poderlo evitar se entretuvieron con el sexo suave y maravilloso de aquella chiquilla: sus huevos y su polla recién afeitaditos, suaves y delicados se crecían ante mis caricias y nuestros besos se hacían más violentos por momentos…

Las manos del enano iban de un lado a otro del cuerpo de Paula aunque sin tocarle el vibrante coño que se abría y cerraba pidiendo ser penetrado aunque la puta no se atrevía a pedirlo…

Mientras, las manos de Patricia acariciaban con la delicadeza femenina que poseía cada rincón de mi cuerpo. Despacito pero sin pausa se dirigieron a mi culo y allí colocó primero un dedito, luego dos… jugando con mi agujero, me lo fue dilatando hasta que la Puta mamona comenzó a pedir a gritos que quería correrse, que ya no aguantaba más al vernos a los tres cada vez más excitados y con las tres pollas al cielo… Entonces, Patricia (o Jorge, como queráis decirle) se colocó ante mí y me ofreció aquella preciosa pollita que en mi inexperiencia salía y entraba en mi boca sin saberla mamar como se merecía… y cómo ella estaba haciendo con la mía… luego la sacó y se colocó detrás de mí, por primera vez en mi vida, sentí cómo una polla entraba por mi culo… fue maravilloso. Sobre todo porque a dos dedos de mi cara, se movía el dulce coñito de mi puta Paula y… su boca, ya había legado hasta mis huevos y los lamía mientras su culo era invadido por la enorme polla del enano…

Mis lamidas al coño de Paula eran acompañadas por el bombeo dela polla de Patricia Dentro de mí, ese movimiento, lógicamente, se acompasaba con el de mi polla en la boca de mi puta y el de la del enano en su culo…

De pronto, los cuatro estallamos en un orgasmo único… Justo cuando por culpa de algún chivato asqueroso, entró quien menos esperábamos…

Autor: NARCISO OSICRAN

narciso1944 ( arroba ) yahoo.es

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Escrito por Marqueze

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