Pija-ma party, la fiesta de Naty

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De madrugada, al volver del baño, Lucho ocupó mi lugar, enfilé para lo de Naty, me ubiqué entre ella y la veterana. Duermen desnudas, se notaba que se dieron con todo, Emilia, boca abajo, le acaricié el aro, del agujero prieto fluyen restos de semen, seguro son de Lucho.  La ira ciega la razón. Sin darle opción a defensa, sabía que el semen haría de lubricante anal, la ensarté de un solo envión.

Las pasadas vacaciones en la costa, fueron memorables para compartir, sin demasiados detalles, por si las moscas. Con dos parejas amigas alquilamos a la señora Emilia un departamento, contiguo al suyo. Gustavo (su relator) y Clara, mi pareja, acordamos con Eduardo y Lina vacacionar juntos.   Clarita y Lina son íntimas, invitaron a Naty y Lucho, su marido a compartir gastos y diversión. Las chicas rondan los veinte, los machitos poco más, Lucho el mayor, casi 30.

Nuestras chicas son amigas de Lina, con toda la onda y muy compinches, Lucho, su marido, más formal y algo pacato, claro, hasta que entró al juego. Lo pasamos bárbaro, compartimos casi todo, hasta… el último fin de semana: Objeto de este relato.

Ese viernes era el diluvio, después de bruta siesta y sin playa, había ganas de joda, invitamos a Emilia.   Mujer de las cuatro décadas (diría Arjona), fuerte y armoniosa, sugestiva y sensual, no era una belleza pero latía vitalidad, naturaleza pródiga ayudada con rutina aeróbica. El juego de naipes, excusa e inicio de un fin de semana especial, los juegos, al correr tiempo y bebida se hicieron más interesantes.  Naty propuso:

-¡Chicos! ¿Hagamos un pijama party? (fiesta íntima, casera y nocturna, con amigos) – Gestos de cómplice. ¿Inocencia? de las otras dos chichas.  – Emilia, quedate – la invita ante el amague de retirarse a su casa. -¿Un pija…ma party, dijiste?   – preguntó Lina, haciendo juego de palabra, otra vez juega de ¿ingenua? -¿Y?…¡Buena idea!   – terció Clarita, encendidas mejillas y ojos expresivos, conozco esa expresión cuando quiere guerra.

Nos miramos todos, sonreímos y…

-¡Avanti Roma mía!  – Habló Lucho, toda una revelación.

El licor tergiversa la compresión y favorece la osadía en los envites del juego de prendas.   En el centro de la sala se van apilando las ropas perdidas en cada turno.    Le tocó perder a Emilia, se asustó, salió rajando, me ofrecí voluntarioso

– Yo voy y la convenzo para que regrese.  – Siguieron el juego, fui en su busca.

Entré a su casa, sobre la cama, de bruces, gime la congoja le oprime el pecho, llora, a su lado lamí froto su espalda, la consuelo, me intereso por su estado de ánimo, se vuelve llora sobre mi hombro, acto irreflexivo si los hay, lamí sus lágrimas y abracé su pena.

–  Yo no estoy para eso, llorosa y moqueando. – Todos en pareja… sobro, ¿Qué voy a…? – ¿Sabés cuánto… hace… que… nada de nada? – Lloró otra vez.  – Desde… que enviudé, y van más de tres… largos años.  ¡No! – sobre el no buscó mi boca. No besamos, nos comimos la boca en un solo beso pero qué beso. – Somos sanos en todo sentido, no te hagás el “bocho”(fantasear), te enganchas cuándo y con quién tengas ganas, sino.., mirás y todo bien.  – la lengua de ella volvió a responder con fervor la invitación.

Mimos y franela (manoseo), vuelven a la vida el deseo anestesiado, los dedos en el elíxir vulvar dibujan una suave sonrisa, llevó su mano al interior de mi short, sola hizo el resto.  Alabó grosor y dureza del testimonio.

El resto fue una cascada de sensaciones placenteras, de los besos de lengua al urgente 69 sin paradas intermedias.  Pocas lamidas bastaron para volverla al goce, se tensó y aflojó varias veces hasta quedar laxa, breve, intenso, rezumó jugos nuevos, sin tregua, el segundo, prolongado y efusivo.

De espaldas, inerme, acometí entre las piernas blandiendo el choto, enjugué el glande en la vulva y recaliente me mandé adentro.

– ¡Ah!- Accedió, se movió, acomodando al tamaño y su falta de uso. -Duele, despacio, ¡Ah, ah!, seguí. ¡Empujá!, va entrando, ¿Está toda?  – Asentí, desconfiada puso la mano para comprobarlo.  – ¡Mierda! falta casi la mitad, ¡Despacio! se me cerró por falta de uso.  ¡Despa…cio! – Interrumpí enterrado el resto. –aulló al sentirla tocar fondo.

Pausa breve, del ritmo fuerte y rápido a profundo y lento, sacar hasta la puertita, volver a fondo, con todo.  Se desató en ambos la pasión incontenible, ella por abstinencia, yo por sentirme como rompiendo una argolla virgen.   Orgasmo silencioso, la vagina transmite en lenguaje muscular de latidos, el íntimo placer de la mujer en goce sexual.

Recibí el mensaje, respondí al llamado corporal, lento y profundo bombeo.   Un instante de lucidez en la locura de placer, habló entrecortado:

-¡Adentro no! ¡Adentro no!  ¡Por favor bebé!  – Urge, histérica.

Soy de tiro largo, pero en esta situación tan particular, algo más corto, me retiré justo, esparcí sobre ella toda mi corrida.   Vio, sintió, chorros gruesos y calientes, decoran el vientre, hasta la boca salpiqué en la explosión seminal, lamió un par de gotas.

– ¡Humm… qué rico gustito bebé!   – se relamió el labio inferior.  – ¡Me reventaste machito! ¡Qué falta me hacía!   – Lavó la leche, volvimos con el grupo.

La joda está a pleno, Clarita coge con Eduardo, Lucho con Lina, colocada estilo perrito balancea las tetas en cada empujón, Naty observa, tocándose con tres dedos perdidos dentro de sí, se dirige a mí:

-¡Carajo! ¡Ya lo hiciste con ella! Y vos tenés carita de satisfecha –dice a Emilia, ¿estuvo bueno no?

Naty me palpa el bulto, se arrima, trata de sacarla fuera del pantalón. – ¿quedó algo para mí?  Acá no ligo (recibo) ni un huesito. ¡Vamos a la otra habitación! – Nos llevó de la mano.

Del otro lado de la pared escuchamos a Lucho relatar como hace el culito a Lina, ¿celos o revancha?, bajó el short y se sirvió ella misma, mamó un rato hasta su límite, pidió pija, ¡urgente!

Me montó, de una, jineteó como para ganar la poya (gran premio hípico de yeguas jóvenes) de potrancas, llegó primera y rápido, en el segundo monté yo.   Hora de la “vendetta”, ofreció el marrón, delicioso, tan ajustado, para estar toda la vida.   No es “masoca”, lo entrega para vengarse de Lucho:

-¡Vení por delante!, ¡no te aguanto!, me abriste mucho.  – El gesto decía cuánto.  -¿Tenés forro?, no estoy protegida. -Chicos, voy a ver por qué aúlla Lina.  ¡Qué lo disfruten! – Emilia fue a espiar.-No… No traje, ¿Cómo hacemos?  -Edu tampoco tenía, me acabó fuera.

Era evidente que la enojó no por hacerle el orto a Lina sino por relatarlo, tenía bronca, la ira decidió por ella:

– ¡Adentro!, ¡Quiero tu lechita toda adentro! y olvidate que lo hiciste, por favor no lo repitas, por lo que puta pudiera pasar. – ¡Vení, venite! ¡Adentro quiero!, el pelotudo de mi marido no es capaz de preñarme y se cree el rey de los machos cojudos, escuchalo como se pavonea relatando en alta voz como hace el culo de Lina, seguro le hizo creerse que es el primero y se dejó por todos los tipos. ¡La puta que lo parió!, ¡Llename de esperma! ¡Coroná su paternidad!

Quizás había algo más entre ellos y este era su momento para pegarle donde más le duele, en el ego.  No preguntar es mejor en estos casos.  Piernas sobre los hombros, volqué y chupé las tetas, sabían a venganza.

-¡Apurate, me voy!  – Quería, juntos.  – ¡Ah, ah…  estoy…!  – Entrecortada por el empuje. -¡Yo, yo…! Te la doy.  ¡Sentí, sentí cómo!  – A morir, ¡adentro!

Enchufados, mover solo para desagotar, me retuvo así, hasta que se ablandó.   Durmió enlechada.

De madrugada, al volver del baño, Lucho ocupó mi lugar, enfilé para lo de Naty, me ubiqué entre ella y la veterana.   Duermen desnudas, se notaba que se dieron con todo, Emilia, boca abajo, le acaricié el aro, del agujero prieto fluyen restos de semen, seguro son de Lucho.   La ira ciega la razón.   Sin darle opción a defensa, sabía que el semen haría de lubricante anal, ¡la violé!, de un solo envión, impiadoso y buscando doble castigo a él por su esposa y a Emilia por dejárselo.

-¡Ay! ¡Duele!  ¡Cómo duele!  – Giró, sabiendo quien era, expresa dolor.  No teme, se aguanta y calla, sufre la afrenta del maltrecho orgullo.
-Bebé, despacio, por favor.  ¿Estás celoso?

En voz baja, entre el bombeo trató de explicarse:

-Fue accidental, zafó y me la entró por la cola, no quiso sacarla, para no armar quilombo (zafarrancho) me dejé.  Se puso loquito, habló en voz alta todo, ¿Escuchaste No?, no dolía mucho, la tiene larga pero fina, la mujer te lo puede decir mejor que yo.

Respondí empujando más y más, se revolvía y sacudía, pensé que para zafar, apreté más.

-¡Despacio! ¡Despacio bebé! ¡Soy tuya!  – Tiene lágrimas, gira la cabeza me ofrece su boca para el beso.

El choto recorre el ajustado canal, besé y mordí su cuello, en la nuca, gocé la acabada, ella también, cesaba el dolor, la toalla húmeda amainó el dolor.  Nos dormimos.

El sol nos encontró solos y abrazados, al palo, como siempre después de una noche de polvos. Después de un orgasmo mañanero, rápido, hecho a lengua y mano, Emilia se llenó la boca de mi tibia leche como desayuno. De a poco llegamos al comedor con huellas de la juerga, Edu y Clarita, Lucho entre Lina y Naty, Emilia y quien relata los hechos.    Parecía armado el nuevo status de afinidades, Lina dejó que su marido hiciera los mimos a Lina y vino a mí.  Todo volvía a la vida después de la tormenta de sexo, pero aún no habían terminado las vacaciones.

La siesta y el resto del tiempo predominó de este modo, claro hubo tríos como variantes lógicas cuando hay promiscuidad.   Clarita inició el juego de tres, después Emilia pasó por la misma experiencia, menos aguante que mi pareja. Clarita deliraba por sentir de a dos. Resumí cuanto pude, sin perder la esencia de los hechos.   Las afinidades de la fiesta se prolongaron, hasta ahora no tuvimos otro entrevero general, pero seguro los hubo furtivos.

Con Naty tuvimos varias encamadas más, días pasados me dijo que estaba embarazada, feliz, esa misma tarde daría la nueva al marido, Clarita se está encamando con Edu y Lucho visita a Lina cuando Edu está con Clarita.  Por mi está todo bien. Por el momento dejamos el relato en este punto.

Antes de terminar este relato quiero dejarle un mensaje a la Naty del relato o la mujer que se sienta en la piel de ella que se comunique, si se encontró sabrá que me dirijo a ella, le mando un besito para que se lo ponga donde más le guste.

Autor: Nazareno Cruz

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Escrito por Marqueze

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