PLACER PROHIBIDO

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Habían pasado ocho años desde que había llevado mi hermana a un hotel y disfrutado del placer prohibido de tenerla. Desde entonces una mezcla de miedo y de pudor había hecho que nos viéramos con miradas cómplices pero que continuáramos deseándonos.

Cuando ella se casó dos años atrás, recuerdo que con el vapor del alcohol y después de haber bailado con ella, la bese disimuladamente en el cuello y le desee la mayor felicidad. En ese día sentí que se estremeció y lo hizo aun más cuando le pedí que fuera por un momento a un lugar apartado entre el salón y los baños donde la bese en la boca con pasión.

El día siguiente después de nacer su primer hijo fui a la clínica, estaba mi madre con ella y yo entré a saludarla, la vi en un bata transparente y trate de disimular cuando vi que su hijo succionaba de la enorme teta en que se habían convertido aquellos pechos rosados y duros que había besado con locura en un hotel de las afueras de la ciudad.

Yo casi había olvidado ese día cuando ocurrió la realización de un sueño que todo aquel que ha gozado del amor filial sabe que es repetitivo: Es un placer único que marca la vida y que no tiene paralelo, por lo que siempre regresa en forma cíclica sin que uno lo pueda detener.

Ella vino un día feriado a mi casa, como muchas veces lo había hecho, pero yo estaba solo con mis dos hijos pequeños de tres y cuatro años ya que mi esposa estaba de viaje por un asunto profesional.

Su esposo la dejó en mi casa y juntos estuvimos hablando de los niños, y luego de darles comida tanto los dos nenes como su bebé se quedaron dormidos. Nos sentamos en la sala y como una cosa natural hablamos de la lactancia así como de la importancia que ella le daba a este aspecto.

No había podido evitar sentirme incómodo cuando ella le estaba dando el pecho al niño, me había incluso parado a buscarle un refresco en ese momento al mismo tiempo que viví una extraña excitación que me recordaba el momento de la clínica.

Estando así sentados, la miré más detenidamente, tenia una falda azul de algodón que le dejaba ver sus piernas blancas, recordé entonces cuanto me había gustado esa visión cuando años atrás había motivado que le dijera que mi carro doblaba solo hacia los hoteles y la felicidad que me dio cuando me dijo que no le importaría.

Repentinamente me dijo, estando los niños dormidos y los dos solos en la sala: "¿Nunca has probado la leche materna?", yo titubeé y maquinalmente le dije "no", me quedé entonces callado, ella bajó los ojos y dijo: ""deberías, es dulce"… me quedé de una pieza, pero le contesté: "me gustaría".

Con una audacia que desconocía me dijo: "si quieres te doy a probar". La quedé mirando a sus hermosos ojos café y le dije con dulzura "si tú quieres"… Ella contestó: "¿aquí?…", ahí comenzó mi ciclo, se me enfriaron las manos y sentí que la sangre me venía al rostro pero reponiéndome le dije: "Ven al cuarto", nos seguimos mirando, entré al cuarto y encendí la TV.

Ella estaba afuera, transcurrieron diez minutos y yo pensé que ya no vendría, sentí vergüenza de mis sentimientos, pero en esa confusión mental tocó la puerta y al abrirla entró ella. Me parecía un sueño, la tomé de una mano y la besé en la boca, primero románticamente y después con locura sintiendo mi lengua entrar a su boca como también su suave lengua tocando el cielo de mi boca y dejándose chupar.

La acosté en la cama y levanté su falda, ella se tapó y me dijo que no podía hacerlo por razones médicas, entonces me dirigí a la blusa y comencé a desabrocharla, para encontrarme con un sostén inmenso que encerraba sus tetas hinchadas por la lactancia.

Me quité la ropa frente

a ella y puse mi miembro en su mano mientras le halaba el sujetador, ella hizo alguna resistencia pero al fin pude soltarlo y ella emitió un suspiro diciendo que "era una locura".

Al tener delante de mi esas enormes tetas con venas y contraídas, se las mamé con locura pasándomelas por la cara y pasándole la lengua de un pezón a otro. Le dije: "déjame al menos probar tu leche".

Ella apretó su seno y yo succioné locamente su líquido dulce regándomelo por la cara. Yo apreté la otra teta y seguí mamando su leche con enorme excitación mientras ella me pajeaba. Subí entonces y froté mi cabeza hinchada en sus enormes pechos mientras sentía como me hacía gritar el roce de las tetas de mi hermana, luego ella bajó y se lo metió en la boca, me lo mamó con sed, mientras yo veía el contraste de mi miembro moreno con sus tetas y boquita rosada.

Me habría encantado metérselo, pero no podía, así que le pedía que se apretara los pechos y le regué estas con mi líquido preseminal sobre los dos pezones. Seguidamente le dije que me iba a hacer acabar, ella pidió "acaba, acaba, dámela". Yo la senté en la cama y me deleité metiéndoselo en la boca, frotándoselo en los labios, la cara y sus tetas hinchadas.

Cuando sentí que mi leche venía, le pedí que se juntara sus dos tetas y empecé a moverme como loco, "toma mi leche mi amor, toma mi leche en tus tetaaaaas asiiiiii" y solté un chorro de leche espesa que le bañó los pezones, los labios y la cara de mi hermana.

Ahora ella y yo sabíamos que nos deseábamos.

Autor: Luis

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Escrito por Marqueze

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