Por no hacer caso

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OK, mi nombre es Verónica, pero me llaman Vero. Un conocido mío, me convenció después de que le conté lo que me había sucedido hace unos cuantos años a tras, para que él lo publicase en esta página de la Internet.

Para ese tiempo yo tenía unos 19 años, comenzaba a estudiar en la Universidad, pero aún vivía con mis padres, o mejor dicho con mi madre, ya que el viejo se la pasaba viajando por asuntos de su trabajo. A pesar de mi edad, mi madre me cuidaba mucho, en esa época yo pensaba que demasiado, y me sentía mal que me tratase como a una niña pequeña, como si yo no supiera diferenciar lo bueno de lo malo. Para colmo de males, mi madre no pasaba a mi novio Ricardo. Pero un buen día él me invitó a un concierto de música Rock Heavy Metal. Por no peder la costumbre, mi madre no tan solo me dio el sermón de siempre, sino que finalmente cuando se enteró que pensaba ir con mi novio y que el concierto comenzaba a las once de la noche, no lo pensó dos veces y me prohibió asistir. Yo bien molesta, después de que hice una rabieta me encerré en mi habitación, pero cuando sentí que ella se estaba acostando, esperé como menos de media hora, y me escurrí por la puerta de la cocina.

Mi novio estaba a punto de marcharse, cuando llegué. Después de explicarle lo sucedido, nos dirigimos al concierto. Esa noche yo vestía una mini bien mini, una blusa y más nada aparte de mi ropa íntima. En el camino, mi novio sin decirme nada recogió, a cuatro de sus amigos, que no hicieron nada más que montarse en el auto, y encender un pitillo. Tres de ellos iban en el asiento trasero, mientras que el cuarto tomó asiento a mi lado. Haciendo que yo casi me sentase sobre la palanca de los cambios del auto de mi novio. Al principio, me negué a fumar, pero tras la insistencia de Ricardo mi novio, accedí. Aunque no era la primera vez que fumaba de eso, las veces que lo había hecho había sido únicamente con mis amigas. Jamás ni nunca con mi novio, y menos con sus amigos. Pero mientras me daba un jalón, me di cuenta que mi novio a cada momento cambiaba las velocidades, y de inmediato me di cuenta que también me estaba tocando entre mis piernas, casi por encima de mi braga, al verlo me sonrió y yo lo tomé como una travesura nada más, hasta que cuando levanté la vista, me doy cuenta que el gordo que se encontraba a mi lado se relamía los labios, y no apartaba la vista de mis entrepiernas.

Procuré jalar un poco la mini para que me cubriese, y coloqué mis manos encima para que dejase de verme. Pero cuando Ricardo me volvió a pasar el cigarrillo, como que me concentré más en disfrutar del cigarrillo y me olvidé de estar tapándome, has decía a Ricardo, de seguro se pondría a pelear, así que procuré pegarme más a su cuerpo. Cuando comenzó el concierto, Ricardo y yo comenzamos a bailar, pero en lugar de hacerlo como de costumbre, Ricardo no dejaba rincón de mi cuerpo sin tocarme. Pero como nos estábamos divirtiendo, lo dejé que siguiera, ya que me agradaba mucho sentir sus dedos por sobre mi piel. Casi toda la noche la pasamos así, y de cuando en cuando él o alguno de sus amigotes, me traían una cerveza, la que me tomaba como si fuera agua. Así estuvimos, bailando y bebiendo hasta que terminó el concierto.

En lugar de dirigirnos a su auto, Ricardo me llevó tras una de las casetas donde vendían cerveza, y en la oscuridad, comenzó a besarme toda, al tiempo que con sus ágiles dedos, me fue soltando todos los broches de la mini falda, y los botones de la pequeña blusa, que estaba usando en esos momentos. Él y yo en otras ocasiones habíamos tenido sexo, pero nunca de esa manera, siempre en mi casa, y con mucha calma, a solas. Pero en esos momentos, podía sentir la gente, pasando a pocos pasos de donde nos encontrábamos, tirados en el piso, ocultos por la oscuridad del lugar. Ricardo me hizo abrir las piernas, pero cuando se dio cuenta de que aún tenía las pantys puestas, prácticamente me las rompió de un solo jalón. Tras lo cual, al tiempo que me daba un sabroso beso de lengua, comenzó a penetrarme. La verdad es que en ese momento me olvidé de todo, realmente no me

importaba si alguien nos estaba mirando, lo que deseaba era que mi novio, me hiciera disfrutar de un sabroso orgasmo. Yo me encontraba acostada boca arriba sobre la grama mojada, con mis piernas bien abiertas, disfrutando de lo que mi novio me estaba haciendo con tanto gusto, que cuando levanté la mirada y vi que sus cuatro amigos nos observaban, y mientras lo hacían realizaban comentarios lujuriosos sobre mi cuerpo. No me importó mucho de verdad. Hasta que para sorpresa mía, Ricardo se vino casi de inmediato, sacando su verga de mi coño en un dos por tres.

Yo me acuerdo que estaba tan excitada en ese momento, que continué dándome dedo yo misma, con las piernas bien abiertas y frente a lo cuatro amigos de él. Uno de ellos le preguntó algo a Ricardo, y tras su respuesta, casi de inmediato se me tiró encima. Sacando su miembro del pantalón, buscó penetrarme, yo recuerdo que vi como Ricardo se retiraba, mientras que su amigo me decía, no te preocupes que me dio permiso. Puede ser que en otro momento y en otras circunstancias, me hubiera negado. Pero como ya les dije, estaba tan excitada, borracha y drogada, que lo que hice fue dejar que me metiera su verga sin esfuerzo alguno. A diferencia de Ricardo su amigo. Me hizo alcanzar un sabroso orgasmo, lo que más me excitaba en ese instante, era que los demás me vieran. Apenas acabó, yo quedé bien satisfecha, pero cuando se levantó, escuché al gordo decir, ahora me toca a mí. En ese instante vi en el rostro de mi novio, como que eso no le importaba. Así que me quedé tendida sobre la grama mojada y el barro que se había formado. Al levantar la mirada, vi el miembro del gordo, que le hacía honor a su apodo. Y a medida que me penetraba disfruté otro orgasmo, quizás por lo morbosa de la situación, o no se por que realmente.

A medida que el gordo me la metía y sacaba, me dio de beber de la botella que tenía en una de sus manos, ya no era cerveza, era otra cosa, mucho más fuerte, que me calentó todo el cuerpo en esos momentos. Ricardo y el resto de sus amigos veían como el gordo me la estaba metiendo. Los escuché decir lo puta que yo era, y otras tantas cosas, como que tenía un buen culo, como para d sodomizado, luego me enteré que fui una de cinco que registraron por la misma razón esa madrugada.

Ricardo desapareció de mi vida, hasta que me di cuenta que estaba embarazada, cuando se lo comenté, el muy desgraciado, me dijo que lo más probable era que no fuera de él. Hoy en día mi hijo tiene cinco años, a los tres finalmente pude hacer que Ricardo se realizara una prueba de ADN, que por suerte salió con un 99 % de probabilidades de que el fuera el padre de Ricardito, mi hijo. Pero si le hubiera hecho caso a mi madre, de seguro que no me pasa todo lo que me pasó esa noche, y la fama de puta que me quedó, en el barrio y eso que posteriormente me mudé.

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Escrito por Marqueze

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