Mi primera vez siendo la mujer…

Gay, Confesiones Gay, en parte ficticio… Me imaginaba que aquellos hombres fornidos me levantaban las piernas para ponerlas en sus hombros y me penetraban por el ano

Todo comenzó cuando termine con mi novia. Había sido mi primer amor y al terminar como era de esperar me quede destrozado. Más por la forma en que acabo. Ella era una mujer esforzada y consiguió un buen trabajo donde un hombre mucho mayor que ella intento conquistarla y lo logro. Cuando ella me dijo que las cosas habían terminado alcance a saber algunos detalles muy dolorosos como el hecho de que a esas alturas ya se había acostado con él y hasta el nombre del hotel a donde la llevo.
Las primeras semanas sucedió lo que todos se esperaban, lloré mucho. Lo siguiente que paso nadie se lo podría imaginar. Lo que hice para olvidar el dolor fue tener fantasías homosexuales. Veía mucha pornografía y no sé como pero empecé a imaginar que yo estaba en el lugar de esas mujeres. Me excitaba como se dejaban llevar por el deseo haciendo a un lado su dignidad. Me imaginaba que aquellos hombres fornidos me levantaban las piernas para ponerlas en sus hombros y me penetraban por el ano. Así pase semanas. Lo que siguió fue buscar material más fuerte. Empecé a leer relatos de chicos que se volvían la hembra de otros hombres y me masturbaba. Lo curioso es que cada que terminaba mis sesiones masturbatorias y se aliviaba mi deseo sentía una vergüenza terrible y me daban ganas de olvidar todo eso y ser un chico normal otra vez. Pero al otro día ya estaba pensando en hombres otra vez.

Lo que siguió fue entrar a salas de chat gay al mismo tiempo que empecé a experimentar metiéndome los dedos en el ano. Ahí las ofertas de volverme una nenita fueron muchas e hice muchos “amigos” que me preguntaban cuando les aflojaría y los dejaría hacerme mujer. O al menos cuando les dejaría verme por cámara. Yo seguía pensando que solo era una fantasía y que tarde o temprano las dejaría de tener. Pero siempre avanzaba un poco más.

Una vez vi en un mercado un vestidito negro sobre un maniquí, me enamore al instante. Reuní todo el valor que tenía y lo compre. Las rodillas me temblaban al llegar a mi casa y me sentía muy avergonzado. No lo toque en días intentando olvidar mis deseos. Pero al siguiente fin de semana recobre con más fuerza mi deseo oculto. Regrese corriendo a casa, me puse el vestido y unas sandalias de tacón alto de mi mama, prendí la computadora y busque a mis “amigos”.

Solo estaba uno que me agradaba bastante. Era un señor de cuarenta y tantos años y ambos nos sorprendimos al conocernos. Él era un hombre grande, muy atractivo. A mí no me gustaban los hombres por completo pero el si me resultaba atractivo. Yo no mostré mi rostro pero si mi cuerpo enfundado en un el vestidito negro y mis tacones. Él estaba sorprendido, decía que no esperaba que fuera tan hermosa. A los pocos minutos me sentía muy avergonzado. Apague todo y no volví a conectarme en varios días.

Cuando volví a conectarme todos me seguían invitando a salir excepto el señor de aquella vez. Su nombre, Ricardo. El me ofrecía más, quería que yo fuera su pareja. La idea me volvía loco de emoción, ser la novia de un señor que me doblaba la edad era una idea que extrañamente me resultaba romántica. Casi pude entender a mi exnovia. La volví a imaginar en un hotel con un extraño y me resulto excitante.

Pasaron semanas y seguía hablando con Ricardo, compartiendo fantasías, charlas y demás. Hasta que sucedió aquello. Un día pude ver a mi exnovia, habrían pasado unos seis meses desde nuestro rompimiento y ella estaba embarazada. Con minifalda y tacones pero con panza y su señor-novio o esposo. Volví a derrumbarme. Era viernes y fui a meterme a una cantina con un amigo. No pude estar mucho tiempo con él, no podía dejar de pensar en ser mujer. Me disculpe, dije que tenía algo que hacer y me retiré.

Llegue a mi casa y contacté a Ricardo.

Estaba feliz de verme. Le conté lo que había pasado y el me contesto con lo que me decía desde hacía semanas, que yo no era hombre, que yo era mujer, su mujer. Y esta vez acepté. Me citó en un hotel, intercambiamos números y nos despedimos. Nos veríamos esa noche. Llegue al cuarto del hotel donde me citó, me había dicho que quería encontrarme vestida cuando llegara. Yo tenía mucho miedo pero también me excitaba muchísimo lo que iba a suceder.

Me vestí, me maquille con cosméticos de mi mama y espere su llegada. Eran las nueve de la noche. En lo que llegaba tuve tiempo para pensar de todo. Quise largarme de ahí, olvidar todo pero recordaba que ya le había dado mi número. Me preguntaba cómo había llegado a eso y recordaba a mi ex novia. Y luego pensaba que si ya estaba ahí no era tiempo de echarse para atrás. La habitación tenía una pared que era en su totalidad un espejo. Al verme ahí me daba cuenta que si me veía bonita. No era una mujer, tampoco un hombre, solo alguien bonito, “cogible”.

Y entonces llegó, tocó la puerta. Me quede inmóvil. Quise escapar pero sabía que ya no había vuelta atrás. Me acerque y abrí la puerta. El pasó de largo sin mirarme al fondo de la habitación y puso una maleta en el piso. Tenía ganas de vomitar por los nervios, me sentía ridículo al estar en un hotel vestido como mujer con un hombre desconocido. Sin voltear me dijo que cerrara la puerta. Lo hice y entonces volteó. Se quedó mirándome unos instantes que me parecieron años. “Que hermosa nena” dijo finalmente. Me sentí tan avergonzado que quise llorar. Pensé en escapar, si le decía que esto era un error él lo entendería, tal vez sí, lo entendería. Si le explicaba el entendería pero tenía que recobrar mi postura así que quise aparentar que todo estaba bien.

Se quitó su abrigo, se sentó al filo de la cama y me invito a sentarme junto a él. Lo hice y al hacerlo sentí como el ya de por si cortísimo vestido se me subía más y dejaba descubiertos mis muslos. Me abrazo y me pregunto cómo estaba. Yo moría de nervios pero intenté mostrarme tranquilo. Me pregunto sobre mi ex novia y me dijo lo hermosa que me veía.

Cuando quise explicarle que no podíamos seguir con eso puso su mano sobre mis piernas y me las acaricio. Me repuso que el respetaba eso pero que debía darme la oportunidad de vivir esto. Con cada cosa que yo le decía él me respondía con otras para persuadirme y avanzaba con sus manos sobre mi cuerpo. Cuando estaba a punto de pararme y decirle que se detuviera se abalanzó sobre mí y me beso. Masajeaba sus labios sobre los míos y en cuanto abrí un poco la boca me metió la lengua muy profundo en mi boca.

La invasión había empezado y ya no pude resistirme. Me deje llevar.

Me acaricio, me lamio, me beso. Se quitó la camisa y pude ver su torso fuerte y sus gruesos brazos. Cuando me di cuenta yo estaba acostado en la cama con las piernas abiertas y él se estaba quitando el pantalón. Me quito muy lentamente mi tanga y me metió rápidamente un dedo en el ano mientras me seguía besando y acariciando. Yo tenía miedo pero en verdad estaba disfrutando todo.

En algún momento se levantó, fue a su maleta saco una botella de lubricante y unos condones. Se puso entre mis piernas y al poco tiempo empezó a penetrarme. Cuando lo sentí dentro sentí un mar de sensaciones y sentimientos, pensé en mis papas, en mis amigos. Me preguntaba cómo había llegado ahí. Cuando recordé a mi exnovia quise llorar pero ya no hubo tiempo, Ricardo comenzó a cogerme. Lo abrace con brazos y piernas y le pedí “cógeme”.

No sé cuánto duramos así. Luego me empino y me dio a cuatro patas. Pude ver en el reflejo del espejo como me bombeaba y me tomaba fotos con su teléfono. Después de un rato él tuvo su orgasmo.

Se acostó y se quedó dormido. Yo me quedé inmóvil pensando en todo lo que había pasado pero estaba cansado y me quede dormido pensando en que tal vez eso había sido un grave error.

A la mañana siguiente cuando desperté estaba solo. Mi teléfono tenía mensajes de Ricardo.

“Eres mío maricón, eres mi perra”.

Espero les guste.

Y espero sus comentarios.

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5 Comentarios

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  1. Me pasa algo similar a mi, tengo cierto temor, y por eso aun soy virgen anal pero yo preferiría hacerlo con alguien jovencito

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