Primos muy degenerados

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Yo no quería que eso termine nunca. Rápidamente me llevaron a la posición inicial, ahora Javier chupaba toda la leche que salía de adentro y Luis ordeñaba mi pija con su boca. En pocos segundos todo mi reprimido esperma estalló en la boca de Luis, agarró del pelo a su primo y lo obligó a lamer junto, mi pija iba de boca en boca. Acabé dos veces seguidas como hace años no lo hacía.

Como les conté soy casado con más de 45 años, de 1m72cm de estatura, bien conservado, Ingeniero y Profesor de una escuela para adultos y vivo en el Chaco. Esta historia no tiene que ver con mi actividad laboral, sino con mi vecindario. Resulta que frente a mi casa se comenzó a construir una hermosa residencia. A los tres meses teníamos nuevos vecinos, una pareja mayores con dos elegantes autos, un VMW y un Clío 3 puertas negro con vidrios polarizados. Un sábado por la tarde tomando mate con mi mujer (costumbre en el interior de Argentina) cuando Don Alberto y Doña Josefina se cruzan la calle y se presentan dándonos sus nombres y avisándonos que serán residentes permanentes recién llegados del Paraguay.

Nos cuentan que tienen un solo hijo de 27 años que estudia abogacía en Corrientes a 20 kms. de la capital del Chaco, que no anda bien en los estudios y vendieron todos sus bienes para venir y  acompañar su único hijo… y bla, bla, bla. En ese momento llega el Clío y baja un joven al que llaman Luis, le piden que venga, el joven muy correctamente se presenta con su linda tonada paraguaya. Da un beso de mejilla a mi señora y aprieta con fuerza mi mano a lo que respondo igual y miro atentamente al mocoso. Llevaba puesto un pantalón vaquero muy suelto caído más debajo de la cintura, camisa ajustada por la cual se nota su torso hace en V perfecta de espalda ancha y chico cintura. No superaba 1.70 de estatura, pero en conjunto estaba muy bien. Su cara aniñada contrastaba con una espesa barba de dos días, bien oscura y un pequeño tatuaje en el cuello apenas perceptible. Todo finalizó en esa presentación formal.

Al día siguiente como a las nueve me despiertan golpes de hierro (al trabajar en escuela nocturna duermo de mañana), por la ventana de mi dormitorio que da a la calle veo a un joven golpeando las rejas del portón de los nuevos vecinos, sacó el portón de hierro y se puso a pintar con mucho cuidado y delicadeza. No era Luis se trataba de un pendejo como de 1.75 no mayor de 30 años cuya vestimenta ajustada al cuerpo marcaban un cuerpo de físico culturista.  Fui a trabajar, volví a la noche y mi cónyuge me pide el auto para el sábado que tenía una fiesta de amigas del secundario en Sáenz Peña (Chaco a 170 km de Resistencia), que volvería el domingo porque no le gusta manejar de noche. Pese a delicia de estar solo y voltearme alguien no me convenció mucho el quedarme sin auto, pero no quedaba otra que darle el auto.

Sábado casi once de la noche, solo, sin hijos (salieron y no vuelven) ni mujer… pero yo sin auto: herramienta para poder coger mina o vago.  Igual decidí caminar quince cuadras hasta el centro de la ciudad para comprar cigarrillos y tomar unas cervezas en un bar que suelo frecuentar, por ahí encontraba una loba o lobo con movilidad. Comencé a andar por una de las calles laterales de mi casa que va directo al bar, no muy iluminada pero tranquila ya que casi todos tenemos guardias de seguridad privada.

Luego de 6 o 7 cuadras siento un auto que frena al lado mío y una cabeza se asoma y me grita: ¡He vecino! ¿Dónde va? ¿Lo llevo? Miro y era el hijo de mi vecino. “No gracias voy a pocas cuadras” contesté. Luis insistió: “dales subí, te llevo donde quiera” (típico de los paraguayos enseguida te tutean). Ahí nomás su acompañante abrió la puerta corrió el asiento para adelante y me senté atrás. Dentro del auto el acompañante se dio vuelta y se presentó, “soy Javier, el primo hermano de su vecino”.  Caí en la cuenta que se trataba del muchacho de la mañana que pintaba el portón. Me contó que él vivía en Asunción, que tenía 28 años y extrañaba mucho a sus tíos y a Luis por eso los vino a visitar el fin de semana.

Preguntado por mi destino les conté la de movilidad no permitía ser selectivo en lo que haría ese sábado, automáticamente Javier me invitó con ellos, ya que tampoco sabían que harían y lo único que se le ocurrió fue disfrutar del Dpto. que Luis tenía en Corrientes cuando vivía solo estudiando, ahora sus padres lo venderían ya que no se justificaba tener dos casas en ciudades tan cercanas. Intervino Javier agregando “vení a gastar tu plata con nosotros en vez de boludear por ahí… quien te dice que no la pasés mejor y sin despilfarrar mucho”. Ante tanta insistencia fui explicito con mi temor de no hacerme ver tanto, pues no quedaba bien que un tipo grande como yo anduviera de parranda con dos pibes como ellos, menos aún siendo yo profesor de muchachos de sus edades.

Sin más levantaron los vidrios y fuimos a Corrientes, primero fuimos a un súper de 24 horas, me dijeron que no baje que ellos compararían algo de beber y después iríamos al Dpto. a ver TV y escuchar música, obviamente saqué 50 pesos de mi billetera y se los dí, al rato vuelven con varios paquetes y me explican que compraron 6 sidras, tres extractos de frutilla, un vodka chico y algo de crema chantillí. El norte Argentino tiene verano permanente y esto ocurrió en diciembre, así que solo faltó pasar por una gasolinera y comprar 6 bolsas de hielo. Con todo el gasto los muchachos me devolvieron la mitad de la plata.

Ya en el Dpto., próximo a venderse, quedaban los muebles de la cocina, la TV, una mesita de living, un inmenso sillón de tres cuerpos de cuero blanco y un aire acondicionado que fue prendido inmediatamente… para completar vista al río Paraná. Todo mostraba el lujo y la elegancia de un paraguayo con plata. Abrió la alacena de la cocina y sacó una licuadora, puso una botella de sidra, media lata de frutilla y dos medidas de vodka con abundante hielo.

El calor de diciembre, pese al aire acondicionado, era notorio. Ambos se descamisaron. Javier montaba un cuerpo perfecto, dieta adecuada y gimnasia rutinaria, un cuadrado con músculos, cada cual en su lugar, dos transversales que nacían de la espalda, cerrando los del abdomen y terminaban en un pubis con pelos escasos que cerraba con su axila depilada, el hombro ancho con cada tendón marcado a la perfección. Un jeans cuya cintura se ubicaba a 10 cm del ombligo, casi al inicio de la pija, pero sobresalía por el borde superior un bóxer negro de primera marca.

Mientras Luis preparaba los tragos sobresalía la V perfecta: lomo ancho-cintura angosta, brazos delgados con músculos chicos pero delineados, el pantalón estaba ajustado al inicio de la raja del culo. Al terminar el Strauberry reforzado se dio vuelta y era notorio que no llevaba puesto calzoncillos, el ajuste del pantalón era sobre el inicio de su verga. Sirvió tres vasos de 20 cm de alto cada uno. Luis y yo ya sentado, después lo hizo Javier así que quedé en el medio de ambos. El dueño de casa tomó el control, prendió la TV y con 84 canales de cable rápidamente se detuvo en una película doble XX, las que muestran todo salvo la penetración.

Luego de casi media hora y los tres vasos llenos por tercera vez, mirábamos atentamente dos tipos cogiendo una mina que a su vez se tocaban entre ellos. Luis hacía infructuosos intentos de ocultar su verga dura metiendo la mano en el bolsillo. Javier más caradura hacía círculos en la parte superior de su bóxer (acariciando su glande) y disimulando dejaba una estela brillosa sobre sus músculos del jugo que sacaba de la cabeza de su chota. Mi posición en el medio de los dos me permitía observar a cada uno sin que se percataran. Yo solamente me desprendí la camisa, me incliné hacia atrás separando mis piernas donde mi picho y mis bolas marcaban en el vaquero un bulto impresionante que empujaba por salir.

Repentinamente quedamos a oscuras, se cortó la energía eléctrica. Cuando ocurre esto, la luz vuelve en escasos 2 minutos o tarda más de 1 hora. Pasado el tiempo mínimo, el calor era insoportable, en plena oscuridad Luis se levantó a buscar velas – la energía no volvería hasta las 3 o 4 de la mañana-, casi al unísono me pongo de pie para sacarme la camisa y desbrocharme el cinto del pantalón. Javier que estaba sentado del otro lado también se levanta e intenta cruzar entre el espacio del sillón y la mesa donde teníamos apoyados los vasos; para no empujar y caer las bebidas se arrimó tanto al borde del sofá que al estar yo parado y el cruzando quedamos pegados de frente.

En forma refleja intentó ocultar su trozo de carne envergada y al hacerlo rozó con el dorso de su mano mi abultada bragueta, yo intentaba desprenderme el cinto y también sentí un palo de amasar ubicado hacia arriba que humedeció mi mano. Nos quedamos muy quietos, el destello del encendedor de Luis prendiendo la vela nos devolvió a la realidad.

Atónito gritó “he primo soltá el paquete o al menos invitame”, Javier colorado como un tomate a manera de broma respondió “Luisito, quedate tranquilo, sabés que nunca te dejo afuera” y terminó de cruzar. Muertos de calor abrimos las ventanas, salimos al balcón del Dpto., Javier se quitó el pantalón y la luz de la vela embellecía más su musculado cuerpo, ya con tres copas reforzadas me animé a quitarme el pantalón – ya estaba jugado – y me atreví a cargarlo a Luis diciendo “… ¿y que pasa? las putitas que andan sin calzón, no se pueden sacar los pantalones”.

Mi vecino esbozó una picara sonrisa y sin más fue adentro y volvió con unos cuantos trozos de hielo en la mano, adivinando su intención de ponerme el hielo en el culo le dí la espalda como distraído mirando el río Paraná pero muy atento cuando lo sentí cerca, me dí vuelta de golpe, atrapé sus manos con hielo, aunque intentó sacarse no podía, lentamente las ubiqué dentro de mi bóxer obligándolo a acariciar mi endurecida pija con el hielo, rápidamente con el calor y mi calentura el hielo se derritió. Luis al principio forcejeaba por sacar las manos pero abandonó el intento y sus caricias a mi verga se hicieron evidentes.

Javier comenzó riendo pero al ver a su primo entusiasmado y sacando un poco de hielo y chupando inició un manoseo rabioso de su propio miembro. Como estaba, prendido del trozo tironeé a Luis hacia adentro, tomé más hielo se lo puse en sus manos y boca, me recosté contra una pared y con la luz de la vela podía ver su cara excitada, levanté mis manos, las puse detrás de mi cabeza, separé mis piernas y Luis ya seguía solo, se agregó a la escena Javier con un vaso tirándome el Strauberry en las tetillas y en el pecho mientras empujaba la cabeza de su primo en dirección a mis mojados genitales, sin ninguna resistencia mi vecino abrió ampliamente su boca y se tragó mis 17 cm. de endurecida pija hasta el tronco. No dejó nada afuera.

Yo enloquecía cuando su lengua horadaba mi prepucio internamente y la punta se clavaba en la cabeza de mi guasca. Entre calentura, mojado de transpiración y bebida me fui deslizando hasta sentarme en el piso. Todo el trayecto de descenso Javier lamía mis tetas y tiraba más y más bebida. No se cuanto tiempo pasó y Javier estaba con mi bóxer en la mano estrujando y tomando todo el jugo que salía. Luis separó mis piernas y ya incluía mis bolas y mi culo en sus sabrosas lamidas.

Un grueso y húmedo lápiz de rouge rozaba mis labios, era semejante garcha de Javier, con la cabeza recontra mojada. Debía haber 19 cm, achatado con prominente vena dorsal que con delicadeza empujo y me llegó al fondo de la garganta. El placer que me daba Luis en el circuito culo-bola-pija me hizo perder el control y mamé desesperadamente esa gran proporción de pene. En un momento no dí más y empujé a Luis para no acabar. El trajo más hielo y volcó desde mi abdomen hacia abajo.

Tanto frío alivianaron mi fiebre, sobre el hielo desparramó abundante cantidad de la crema chantillí y nuevamente comenzó a chupar. La acción fue tan rápida y maravillosa que de repente tenía un juguete en la puerta del culo que Luis metía y sacaba mientras me chupaba. Creo que mi esfínter anal desapareció, se borró, quedó un inmenso hueco en el cual el dildo fue reemplazado por la pija de Javier. No podía creer los 19 cm. bailaban en mi agujero.

Luis se había movido a un costado y continuaba su faena de chupar mientras que con sus manos desparramaba la crema por mis bolas y acariciaba el chicote de su primo cuando este salía de mi culo. Yo con una mano me apretaba los pezones y con la otra hundía dedos en el hoyo de Luis.

Tampoco me di cuenta en que momento mi culo no solamente se comía tamaña pija sino también dos dedos de mi vecino. Lentamente Javier se fue tirando hacia atrás sin sacar su hierro de mi ano y Luis me empujaba por la espalda hasta quedarme sentado sobre la tranca, Javier me hundió hasta el fondo, me abrazo y me empujó hacia él.

Bombeaba como un loco y yo solo sentía que entraba aire de tan agrandado que tenía el culo. Me sostuvo apoyado contra su pecho cuando sentí algo de dolor. No podía ser de otra manera unos 16 cm. de mi vecino peleaba por hacerse un lugar junto a la pija de Javier.

No podía ser, la primera vez en mi vida que tenía dos palotes juntos adentro y encima de pendejos con dureza de piedra.

Me entregué y contraje fuertemente las paredes de mi ano para gozar, sentía como las dos pijas se rozaban adentro, como los primos lloraban y gemían de calentura. Luis dijo “primito no aguanto más, el roce con tu pija y el culo de este puto me están ordeñando. Hundió hasta el fondo y sentí un lechada que embadurnó mis entrañas y la otra pija que estaba adentro. Javier comenzó a llorar y clavó despacito todo el pedazo, sentía como se deslizaba hacia arriba embadurnado en la leche de su primo.

Cuando estuvo totalmente ensartada hasta los huevos se quedó muy quieto e inició en espasmos a chicotearme adentro con su leche, fueron como un minuto y medio de chicotazos, Luis me abrazaba por el abdomen y me empujaba hacia abajo, cuando su primo terminó volvió a escupir.

Yo no quería que eso termine nunca. Rápidamente me llevaron a la posición inicial, ahora Javier chupaba toda la leche que salía de adentro y Luis ordeñaba mi pija con su boca. En pocos segundos todo mi reprimido esperma estalló en la boca de Luis, agarró del pelo a su primo y lo obligó a lamer junto, mi pija iba de boca en boca. Acabé dos veces seguidas como hace años no lo hacía.

Después de recuperar el aliento media hora tendidos en el piso, nos bañamos y seguimos tomando. A las 6 de la mañana salimos del Departamento no sin antes haber acabado nuevamente en cada una de nuestras bocas.

Autor: Eduardo

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Escrito por Marqueze

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3 Comentarios

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  1. me gustaria contactarme con vos, estes es el segundo comentario que dejo y no aparece publicado… [correos NO permitidos en comentarios – eliminado por la administración R.M.] facundo de jujuy

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