Probando a convivir I

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Me desperté, abrí un poco los ojos y vi algo que me dejó parado; mi primo se estaba masturbando delante de mí. Su polla estaba en plena erección, le debía de medir unos 17 cm. Me quedé mirando ese hipnótico sube y baja hasta que me di cuenta de que mi polla también se había puesto firme, y al parecer no era el único que se había dado cuenta. Mi primo me estaba mirando.

Lo que comenzó siendo una historia de lo más normal, acabó siendo una aventura de lo más emocionante. Vivo en una ciudad mediterránea, el calor es algo normal, sobretodo en verano; época en la que la gente se reúne alrededor de una piscina, ya sea propia o de algún conocido, a refrescarse. Mi familia siempre había tenido la costumbre de hacer reunir a todos los sobrinos durante una semana en la casa de algún familiar con piscina. Allí nos divertíamos y jugábamos, y creamos grandes lazos de afectos entre unos y otros. Especialmente yo con mi primo Juanjo, de solo un año menos de edad.

Me llamo Roberto y tengo 19 años para 20. Tengo el pelo oscuro, corto cortado a tijera, con unas patillas delgadas que continúan hasta casi la barbilla, los ojos marrones y mido como 1.70m, soy claro de piel y apenas tengo vello corporal. Estoy delgado y algo musculado ya que salgo a correr un par de tardes por semana, siempre consigo encontrar un hueco en el día para mi sesión de footing. Sigo viviendo con mis padres, y estudio en la universidad de la ciudad donde intento sacarme una carrera de telecomunicaciones. Mi primo Juanjo y yo íbamos algún tiempo pensando en alquilar un piso al lado de la universidad (ya que él también estudiaba allí) y ser compañeros de piso. No estábamos seguros de cómo sería la convivencia, porque según se dice, no conoces a nadie al cien por cien hasta que no convives con él; así que para probar, mi primo tuvo una idea. Normalmente sus padres se iban todos los años dos semanas de vacaciones, y este año no iba a ser diferente; así que propuso que fuese a pasar ese tiempo a su casa, y viésemos que tal nos iba. A mi no me pareció mala idea y acepté.

Ya era el día de alojarme en su casa para ver como funcionábamos bajo el mismo techo. Cogí la maleta con la ropa que la noche anterior preparé, me despedí de mis padres y cogí el coche. Mi casa estaba a unos veinte minutos en coche de la de Juanjo, y ambas casa a 40 minutos de la universidad. Durante el viaje estaba un poco nervioso imaginando como acabaríamos tras estas dos semanas; y no dejé de darle vueltas al asunto hasta que entré al garaje de su chalet. Mi primo vivía en un chalet, era el único de la familia que lo hacía. Una casa de dos plantas, con jardín rodeando, una piscina propia… una casa en la que ya me gustaría a mi vivir.

Abrí la puerta del coche, salí del garaje y lo primero con lo que me encontré fue con mi primo en bañador esperándome en la terraza que daba a la puerta de entrada a la casa. Estaba moreno del sol, tomaba el color en verano muy fácil. Tenía el pelo castaño y algo corto, los ojos verdes y una boca que era la locura  de todas sus amigas. En cuanto al cuerpo era delgado, no demasiado musculado ya que no tenía tiempo de hacer ejercicio con sus estudios, medía 1.78m y no tenía demasiado pelo.

Juanjo estaba mojado, al parecer le había pillado dándose un baño en la piscina, pero no dudé en darle un abrazo. Me suelo fijar siempre demasiado de todo, y una cosa que noté es que mi primo no usaba calzoncillos bajo el bañador. Se le notaba completamente el paquete. Estaba en estado de reposo, pero aun así se le notaba la forma de la punta. Hay una cosa que no sabe nadie de mí, y es que soy bisexual. Toda mi familia piensa que soy heterosexual, pero no es así. Me gustan tanto los hombres como las mujeres, aunque solo haya experimentado con mujeres hasta el momento. Y ese primer contacto con mi primo me puso un poco a tono.

Agarré la maleta, y me invitó a pasar a la casa. Dentro se estaba fresquito, tenía las ventanas abiertas y había una brisa muy agradable en el interior. Le pregunté en que dormitorio iba a dormir y me acompañó a él. Iba a dormir en su habitación, mientras que el dormiría en la de sus padres. No eran más que las 12 del medio día, y haciendo calor como hacía no dudé en darme un chapuzón en esa piscina tan maja que tenían en la parte de atrás de la parcela. Juanjo me dijo que se adelantaba a darse el baño, que me esperaba abajo. Estar en una casa sin padres, ni mujeres me daba la libertad de poder desnudarme y cambiarme de ropa sin tener que cerrar la puerta, me puse mi bañador de color azul decorado con unas manchas amarillas y mientras colgaba la ropa de calle que llevaba puesta antes en la percha, me di cuenta de que el cuarto de Juanjo daba a la piscina. Me asomé a ver que hacia mi primo; desde hacía unos años que me había resultado atractivo, jamás ha habido pudor entre nosotros dos, nos cambiábamos en la misma habitación, y no ha habido problema en vernos desnudos, pero a mucho pesar mío, nunca llegamos a más. No sabía las preferencias sexuales de Juanjo y tenia miedo de si me lanzaba yo perder nuestra relación.

Continué mirándole un minuto más por la ventana y bajé. Al parecer no tenia intención de meterse de nuevo al agua, estaba dándose crema por el cuerpo y pretendía tomar el sol. Me pidió que le repartiese protección solar por la espalda, lo hice, y acto seguido me levanté y me tiré al agua de cabeza. Mientras había estado dándole crema en la espalda yo empecé a tener una erección, que empezó siendo discreta, pero que al final terminó siendo más que evidente; tenía que bajarla de alguna manera. Yo desde el agua y el tumbado en una tumbona cerca de la piscina nos pusimos a hablar un rato de cómo nos iban nos estudios, de anécdotas con amigos, de cómo íbamos a organizarnos en casa, vamos, de todo…

Llegó un momento que los temas de conversación se acabaron, debido posiblemente al cansancio que daba ese sofocante calor y Juanjo me dijo que le gustaría dormir una pequeña siesta al sol antes de comer, yo asentí con la cabeza dándole a entender que sin problema, pero la cosa no acababa ahí; también me preguntó que se le importaba que lo hiciese desnudo, que normalmente lo hacía así y que preguntaba por si a mi me molestaba. Yo le contesté que sin problema, no vería nada que no hubiese visto ya (y era cierto, como ya dije, más de una vez nos hemos cambiado en la misma habitación). Mi primo sonrió y se bajó el bañador, como ya sospeché hace unas horas, no llevaba calzoncillos.

Se tumbó boca arriba, se puso las gafas de sol y ahí me dejó: metido en el agua con una maravillosa perspectiva de todo su miembro. Para estar en reposo era bastante grande, estaba del mismo tono que el resto del cuerpo, depilado y sin circuncidar. Yo no sabia que hacer, si quedarme en el agua contemplando,  o salir e imitar a mi primo y tomar el sol un rato. Opté por la segunda opción, me concentré para bajar la pequeña erección que volvía a tener y salí del agua. Me senté en la tumbona que estaba al lado de la de Juanjo y me puse un poco de crema protectora hasta donde yo solo podía y me tumbé boca arriba también. Jamás había probado eso de tomar el sol desnudo. Si que es verdad que delante de mi primo no me daba vergüenza desnudarme, pero me daba algo de pudor hacerlo en un espacio abierto, aunque este estuviese vallado, sea propiedad privada y esté lejos de mirones. Hice un acto de valentía y me despojé del bañador de una vez, incluidos los calzoncillos. Mi primo que hasta entonces no había dado señales de vida dijo con ánimo “¡ese es mi primo!” sonrió y volvió a quedarse callado. Me volví a tumbar boca arriba y entrecerré los ojos hasta que me quedé dormido.

Cuando me desperté no habría pasado más de medía hora. Abrí un poco los ojos y vi algo que me dejó parado; mi primo se estaba masturbando delante de mí. Al parecer había esperado a que me quedase dormido para él empezar. Su polla estaba en plena erección, le debía de medir unos 17 cm. Me quedé mirando ese hipnótico sube y baja hasta que me di cuenta de que mi polla también se había puesto firme, y al parecer no era el único que se había dado cuenta. Mi primo me estaba mirando. Se rió y me dijo que me uniese, que las pajas al aire libre y al sol sientan mucho mejor. Ya que estábamos puestos comencé yo también.

Mi polla no medía tanto como la de mi primo, la última medida hace unas semanas decía 16,4 cm. pero parecía más gruesa. La mía estaba circuncidada y no estaba depilada, aunque no tenia demasiado pelo (como ya dije antes, no soy muy velludo). No pensaba que una paja en esa situación sería tan gratificante. El sol y el calor, y sobretodo el hecho de que Juanjo estuviese haciendo lo mismo que yo a unos centímetros me ponía a cien. Tanto me puso que no tardé demasiado en correrme, aunque me habría gustado aguantar más. Me corrí sobre la mano y me limpié con una caja de pañuelos de papel que había puesta estratégicamente en una mesa cercana. Cuando volví de limpiarme Juanjo todavía seguía allí. Concentrado, con cara de placer, moviendo ligeramente la cintura con cada bajada de la mano alrededor de su polla. Debía de estar gozando mucho. Yo mientras tanto me había vuelto a sentar y había comenzado a pajearme de nuevo.

A los pocos segundos de que comenzase con mi nueva paja, mi primo, sin dejar de masturbarse me propuso que algo.

-Primo ¿Por qué no nos masturbamos mutuamente?, he leído que da mucho gusto eso de que una mano ajena te haga una paja –dijo mirándome a la cara y luego bajando ligeramente la mirada a mi ardiente polla- pero no te apures, ¡sin mariconadas! -… Vale –dije poniendo cara de que no me hacía demasiada ilusión, aunque en realidad era lo que estaba esperando.

Agarré la tumbona en la que estaba yo, la acerqué a la de Juanjo, y me tumbé. Fui el primero en tomar el miembro del otro. Empecé a hacerle una paja de la mejor forma que sabía hacer. De manera relajada y recorriendo de arriba abajo toda la longitud de la polla acariciando con la punta de los dedos los testículos cuando bajaba. Mi primo ya comenzó también con su parte y empezó a masturbarme a mí. A diferencia que yo, él me masturbaba a su modo, rápido e intenso, chocando su borde de la mano contra mi pelvis con cada bajada. Estaba excitadísimo, disfrutaba teniendo ese rollo de carne caliente y palpitante en mi mano y sabiendo que con ello estaba haciendo disfrutar a otra persona; un goce mutuo. Subía con mi mano por su miembro apretando ligeramente hasta el final, y calmadamente volvía a bajar haciendo que su capullo se descubriese al máximo.

Notaba que con cada movimiento mío, el movía la cadera hacia delante debido al gusto. Por otro lado yo otro lado también estaba disfrutando enormemente de la paja que él me hacía a mi. Yo acostumbraba a masturbarme lentamente, pero la manera brusca con la que lo hacía Juanjo no estaba mal del todo, notaba como mis bolas con cada golpe se tambaleaban de un lado a otro, y daba mucho gusto.

Estuvimos largo rato haciéndonos gozar hasta que empecé a notar que mi primo estaba empezando a sudar más, que ponía tensa la polla y que el movimiento de cadera era cada vez más evidente. Estaba llegando al clímax.

-Ahhhh, ahh!! ¡Me corro! –dijo con la voz ligeramente temblorosa.

Y acto seguido soltó su leche caliente. Las primeras gotas de semen le cayeron sobre el pecho, y el resto se fueron escurriendo sobre mi mano, entre mis dedos. Tras eso, yo estaba que no podía más, y sin apenas tiempo para avisar yo también me corrí. Mi corrida no llegó tan lejos, y no eyaculé gran cantidad de semen puesto que yo ya había eyaculado antes; pero aun así creo que fue el mejor orgasmo que había tenido en mi vida. Y ahí estábamos mi primo y yo; yo con su leche en mi mano y él con la mía en la suya. Ambos estábamos con la respiración acelerada, mirándonos y con la mirada relajada.

-¿Ves como sientan muy bien las pajas al aire libre?

Asentí con la cabeza de manera cansada, nos levantamos de las tumbonas, nos lavamos las manos y nos fuimos a preparar la comida.

Como ya comenté antes, el estar en una casa solo de hombres daba cierta libertad, como la de poder ir desnudo todo el día por la casa sin poner incomodo a nadie. Hacía un calor horrible, y el estar sin ropa ayudaba bastante a combatirlo.

Estuvimos todo el resto del día tranquilos, en casa, sin visitas. Jugando a la videoconsola, viendo la tele… llegó la hora de dormir y cada uno nos fuimos a nuestras respectivas camas. Juanjo a la de sus padres y yo a la de Juanjo. Juanjo parece que dormía como un tronco, no oía ningún ruido de allí; yo por otro lado no podía pegar ojo pensando en lo de la mañana en la piscina. Me hice una gran paja recordando la muy buena experiencia de esta mañana y me dormí.

Aun quedan muchos días en esta casa.

Continuará…

Autor: Kevin

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Escrito por Marqueze

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