Probando a convivir II

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Él seguía chupándomela y a cada vez que me metía el dedo yo me tensaba. Necesitaba sentir todo aquello que estaba mamando dentro de mí. Me quité de encima de él para sentarme encima de ella de frente. Me puse a la altura de su ombligo, tomé con mi mano derecha por detrás de mi espalda su mojada y dura verga y me senté sobre ella poco a poco.

Me despertó el sol de la mañana entrando por la ventana del dormitorio. Eran las once y media de la mañana. Me levanté, fui a mear, ordené un poco toda la ropa y la volví a meter en la maleta (no gastaría la ropa con el calor que hacía y con la opción de ir desnudo), hice la cama y salí del cuarto. Me asomé al cuarto de Juanjo para ver si se había despertado ya y de no ser así despertarlo yo; no había nadie. Bajé al primer piso, llamé de una voz a mi primo y no apareció.

Di una vuelta por la casa buscándolo, pero no lo encontré. Vi un papel en la mesita de la entrada, fui a verlo; era de Juanjo. Ponía que había salido a comprar unas cosas, que me había llamado un par de veces pero que no me levantaba. Suele pasarme que con el calor me cuesta mucho despertarme.

Tenía algo de hambre, fui a la cocina y tomé un par de galletas y un bollo. Me fui al sofá y me puse a ver la televisión un rato. Me sabía mal estar parado y él comprando comida para la casa, así que cuando hicieron las doce y media empecé a preparar algo de comer.

Mi talento culinario es limitado, pero suficiente para no morirme de hambre. Hice una salsa de tomate, tomé un paquete de espaguetis y los puse a hervir. Eran la una y cuarto. Con el plato ya cocinado fui a poner la mesa. Estaba poniendo los cubiertos cuando oigo el ruido de un coche, al parecer ya había llegado mi primo, me acerqué a la puerta a quitar el cerrojo y esperé a que entrase.

Estaba detrás de la puerta cuando empecé a oír los pasos de que subía por la escalera, la sorpresa fue al oírle a él hablando con alguien más. Se abrió la puerta, y vi aparecer a mi primo, vestido con unos vaqueros y una camiseta de manga corta roja y detrás de él a dos chicos más; y yo desnudo ahí de pié. Uno de los amigos era rubio, tenía el pelo rizado y algo largo, no media más de 1.70m de altura, tenía la piel clara y los ojos oscuros, iba vestido de chándal. El otro amigo era el más grande de todos, debía de medir 1.85 o por ahí. Tenía el pelo negro muy corto, ojos negros intenso, y muy moreno de piel. Era bastante corpulento. Iba vestido con ropa deportiva muy holgada.

No sabía que hacer, si salir corriendo, taparme, o quedarme tal cual y hacer como que no pasa nada. Opté por tomar una toalla que había extendida en la barandilla de la escalera y ponérmela alrededor de la cintura.

Los tres chicos no se habían movido de la entrada. Mi primo se reía de la situación y los otros dos intentaban disimular la risa. Después de unos segundos más de bochorno Juanjo se puso a presentarnos. El más bajito se llamaba Carlos, estudiaba con mi primo en la universidad. El otro más grande era Oscar, un amigo suyo desde hace tiempo con el que todavía se veía.

Subí a mi cuarto y me puse un pantalón, y bajé para comer; menos mal que había hecho bastante comida. Durante la comida me enteré de que Carlos y Oscar se quedarían un par de días aquí. Juanjo no me había dicho nada, pero parece que se montaban sus fiestecitas aquí cuando los padres se iban. Esa mañana, mientras yo estaba en casa solo ellos habían ido a comprar alcohol y esta noche montarían un botellón en casa (una fiesta de poca gente y mucho alcohol).

Llegó la noche. Eran más o menos las diez, pedimos unas pizzas y comenzamos a beber. Yo no era de beber mucho, no me gustaba demasiado el alcohol. Y al parecer era el único que se controlaba en esa casa, los otros tres parecían esponjas. Bebían y comían, y bebían y comían, hasta que se acabó la pizza, entonces solo bebían. No eran ni la una de la noche y ya iban los dos amigos borrachos a más no poder, el calor del aire sumado al del alcohol hizo que se hubiesen quitado la parte de arriba de la ropa. Juanjo aunque bebió lo mismo que ellos podía disimular más su estado de embriaguez y estaba algo más sereno y apenas se quitó la camisa.

Carlos tenía un buen cuerpo, jugaba al futbol en un equipo local, cuando se quitó la que ya era una ceñida camiseta pude apreciar su pecho. No tenía demasiados pectorales, pero tenía bien definidos los abdominales, tenía algunos pelos alrededor de los pezones y por el ombligo. No podía dejar de mirarle; me ponía a cien, y comenzaba a tener una erección, la fui conteniendo un poco bebiéndome y procurando no fijarme en ese precioso cuerpo. Oscar se quitó su camiseta un par de minutos después cuando el calor también lo sofocó. Él no tenía un cuerpo tan atlético como ningún otro en la casa, pero tenía una espalda grande y los brazos anchos, algo de barriga y pecho. Era de complexión fuerte. Era muy moreno de piel, tenía algo de pelo en el pecho.

Estuvimos un rato más ahí en el salón escuchando música y charlando hasta que el sueño empezó a vencer a los más bebidos. Esta noche éramos cuatro para dormir y tendríamos que compartir cama. Yo dormiría con mi primo en el cuarto de sus padres y Oscar y Carlos en la de Juanjo. Les ayudé a subir por las escaleras y entre balbuceos oí como decían “buenas noches”. Yo acompañe a mi primo al dormitorio. Juanjo había aguantado toda la noche más o menos activo, pero al llegar a la cama estaba agotado.

Se dejó caer sobre ella boca arriba con los brazos estirados. No iba a acostarlo con ropa, así que le empecé a quitar las zapatillas, los calcetines, el cinturón, le desabroché la bragueta, y le quité el pantalón. Tenía unos calzoncillos blancos bastante ajustados que definían completamente la forma de la polla, se notaba hasta la forma del glande.

Desde el medio día de ayer (en el primer relato) hasta ahora no había podido quitarme de la cabeza la imagen de mi primo desnudo masturbándose. Y ahora tenía ahí a mi primo semidesnudo, a solo un metro de mí. No podía aguantar más. Me acerqué a la cama y me puse al lado de Juanjo sentado, le bajé un poco los calzoncillos. El miembro estaba completamente relajado, lo tomé con mi mano derecha y muy lentamente comencé a acariciarlo; se notaba caliente. Con cada caricia que daba notaba como le palpitaba y se le ponía un poco más dura. A cada tanto giraba la cabeza para verle la cara a Juanjo. Estaba profundamente dormido y no se daba cuenta de nada.

Cuando ya tenía la polla algo empalmada la rodeé entre mis dedos y empecé a masturbarlo lentamente, como solía hacer yo. Ya había alcanzado su tamaño de unos 17 centímetros. Con la otra mano comencé a acariciarle las piernas, los huevos… estaba eyaculando unas gotas de líquido pre seminal, y de vez en cuando notaba como daba un pequeño empuje con las caderas. Estaba ya más de cinco minutos y cada vez los empujes eran más continuados. Yo cada vez iba más rápido y más fuerte. Notaba como se le ponía tensa la polla y seguido como tensaba los músculos de sus piernas y brazos. Soltó un chorro de leche caliente que le llegó hasta el pecho junto con una pequeña convulsión, las siguientes fueron siendo cada vez más flojas hasta que comenzó a escurrirse por mi mano. Con la leche de Juanjo en mi mano me metí un dedo en la boca y saboreé, estaba bueno, era algo amargo, comparada con la mía que era más salada. Al segundo oí una voz.

-Robert, ¿Por qué no la pruebas directamente?-dijo Juanjo, medio susurrando- llevo todo el rato despierto.

Me giré y le miré a la cara a mi primo un segundo y me acerqué a la polla ya medio relajada y mojada de Juanjo. Olía a semen, una olor que me ponía a mil. Me quité la ropa, me puse más cómodo arrodillado sobre la cama y acerqué mi boca al pecho de Juanjo, donde habían algunas gotas de leche que aún estaban calientes. Fui lamiéndole el pecho, limpiándole del semen que tenía seguí por sus pezones y después comencé a bajar poco a poco, de mientras con la mano izquierda, que era la que quedaba más cerca empecé a masajearle las bolas. Continué bajando dando lametones, pasé el ombligo y al llegar  a la polla me detuve, la miré un instante y me la metí en la boca.

Todavía estaba blanda, pero a cada segundo notaba como crecía más y más. Sin sacármela, como aun no estaba erecta, la hacía moverse en mi boca con la lengua hasta que ya se había puesto dura; entonces tomé con la mano izquierda la base de la polla y comencé a mamarla. Me la metía entera hasta el fondo y me la sacaba hasta llegar a la cabeza donde me detenía un instante para darle lametones con la lengua dentro de mi boca; y luego volvía a bajar. Yo por entonces ya había tenido una erección. Liberé la mano izquierda que tenía en la base del miembro de mi primo, ya no la necesitaba, me apoyé con ella en la cama, y con la mano derecha comencé a masturbarme yo a la vez que le daba una rica mamada a mi congénere.

En silencio noté como Juanjo se incorporaba un poco y se giraba de forma que quedase más cerca de mí, me dijo que levantase la pierna derecha, lo hice, y él se puso bajo de mí. Yo retomé la marcha y Juanjo empezó a mamarme la mía. Ya estaba completamente parada, de vez en cuando se la sacaba de la boca y me daba un lametón a todo lo largo de mi calentísima hasta llegar a los huevos y seguía. Yo me concentraba en su frenillo, gozaba mucho con ello por que notaba que se tensaba cuando lo hacía.

Que momento más bueno. Llevamos unos maravillosos minutos gozando de lo lindo cuando noté como mi primo me acariciaba el culo. Pasó su mano un par de veces por los glúteos y entonces acercó uno de sus dedos a mi ano. Me lo pasó por encima y me lo metió un poco, di un pequeño suspiro. Dejó de mamármela por un momento y se chupo los dedos. Entonces volvió a meterme el dedo en el culo, pero esta vez estaba más lubricado.

Él seguía chupándomela y a cada vez que me metía el dedo yo me tensaba. Necesitaba sentir todo aquello que estaba mamando dentro de mí. Le dí toque al pecho de mi primo con una mano para darle a entender que parase. Me quité de encima de él para sentarme encima de ella de frente. Me puse a la altura de su ombligo, tomé con mi mano derecha por detrás de mi espalda su mojada y dura verga y me senté sobre ella poco a poco. Con mi ano ya estimulado no costó demasiado meter ese rollo de carne en mi interior.

Me eché un poco hacia delante hasta llegar a apoyar las manos sobre la cama y comencé a mover la cadera, hacia delante y hacia atrás, lentamente. El goce que sentía con mi primo dentro de mi era más que suficientemente excitante, no necesitaba masturbarme. A cada vaivén echaba la cabeza hacia atrás, jamás había practicado sexo con otro hombre, y mucho menos había practicado sexo anal.

Cuando me masturbaba me estimulaba el ano con un dedo, pero eso no tenía ni punto de comparación. De vez en cuando miraba a la cara a Juanjo y veía su cara de disfrute y me ponía aún más cachondo.

Después de unos pocos minutos dejé el movimiento de caderas para pasar a sentarme sobre él y empezar a botar. Se comenzaron a acelerar nuestras respiraciones  y empezamos a sudar, con las manos le apretaba la barriga y él me tomó del culo para acompañarme con el movimiento. Oía el golpe de mi cuerpo contra el suyo, no podía evitar dar unos pequeños gritos ahogados.

Cada vez hacía más calor, no podía más, sin siquiera tocarme solté un gran chorro de semen que le llegó al cuello a mi primo, y seguido el resto que cayeron sobre su vientre. Dos segundos después mi primo se corrió dentro de mí. Me sentía pleno y exhausto, notaba su leche caliente en lo más profundo de mí. Solo se oía nuestra respiración. Eché el cuerpo hacia delante y apoyé mi cabeza sobre su pecho sin todavía sacar su miembro de mi culo, me encantaba sentirlo dentro. Estuve así hasta que perdió la rigidez.

Esa noche dormimos abrazados, yo de espaldas a él.

Continuará…

Autor: Kevin

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Escrito por Marqueze

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