Profesora madura quiere aprender

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Mis braguitas minúsculas se vieron violentadas por unos dedos que las bajaron con delicadeza. Su mano ya estaba sobre mi vello público, Estaba mojada, encharcada. Su trabajo en mi boca, mis tetas y mi coño tenía unos efectos claramente manifiestos. Me susurraba que estaba muy buena, que le gustaban las maduras cachondas y que me iba a follar allí mismo hasta hacerme desmayar.

Como ya he contado, soy una profesora de 35 años y hace unos años quedé viuda. Mis características y tal vez mi pasado han hecho de mí una mujer sexualmente activa, no es que vaya por ahí buscando a los hombres o mujeres, porque como algunos que hayan leído mis relatos saben, soy bisexual, lo hago tanto con hombres como con mujeres. Lo que busco es sentirme satisfecha y querida, y cómo no, disfrutar del sexo a plenitud.

Pues bien, el caso es que este verano, me habia convencido de la necesidad de hacer algo útil. Me iba a quedar en mi casa de Madrid, porque mi trabajo de interina se me había terminado el curso pasado. Como tengo que estudiar para los próximos exámenes, a pesar del calor me iba a quedar en Madrid, y me parecía que tal vez si me apuntara a mecanografía, eso sería util para pasar trabajos a Word y preparar clases para el curso que viene.

El caso es que acudía a una academia renombrada por su revolucionario método, que al final no ha consistido más que en practicar y practicar. El asunto es que el secretario me dio la información amablemente y noté que me miraba fijamente. Bueno, a mi me gusta ir con poca ropa y ahora en verano pues con minifaldas, no me pongo medias negras como suelo casi todo el año y ligueros pero es que con este calor, no hay quien lo soporte. Mi sujetador era minúsculo y algo apretado, creo que me ha encogido y mis pechos grandes me desbordaban un poco.

Aunque soy madurita al parecer a este joven le parecía muy apetecible, o al menos le parecía morboso hacerme una radiografía con su mirada. Total que le dije que sí, que cuando empezaba a practicar la mecanografía. Esa misma mañana comencé con el método y me di cuenta que esto es más difícil de lo que parece. Pedí al joven que me indicara algún truco para ir más rápido. Para qué quieres ir más rápido, todo lleva su tiempo –me dijo.

-Yo también iría más rápido en muchas cosas y no puede ser, me decía esto último mientras me taladraba con su miraba en mis tetas y piernas. Mi minifalda al estar sentada frente a la máquina, se había subido casi dejando ver mi tanga negro.

De todas formas se puso detrás de mí, para ver cómo lo hacía y darme algunas sugerencias, mientras lo hacía se acercaba a mi espalda y pude notar con rotundidad su paquete que me rozaba en mi columna. Tenía una fuerte erección, pero yo apenas había empezado a mostrar mis armas de seducción.

Ese día no pasó nada más, pero en la despedida había un poco de cachondeo, un guiño, un hasta pronto.

El día siguiente volví, hacía mucho calor, mi ropa no era más larga, tal vez más sugerente. Sujetador negro, camiseta trasparente, ombligo al aire, faldita tipo cinturón, braguitas gemelas a las del día anterior.

Mi joven y guapo encargado de la academia se mostraba sonriente y dejaba ver esta vez sus brazos musculosos y pantalón que marcaba paquete, todavía en reposo, pero que ya se alegraba de verme.

Yo es que estaba muy sola, mis relaciones del curso pasado había terminado y mis experiencias con profesoras y madres de alumnos me traían a la cabeza momentos llenos de placer y sexualmente plenos. Así que me propuse que no podía ir tan lenta, me parecía que estaba perdiendo facultades. Le dije que me indicara donde me tenía que sentar. Lo hizo amablemente y me dijo que cualquier cosa que necesitara, estaba a mi disposición. ¿Cualquier cosa..?-pensé. Hice mi clase, había mejorado algo, pero mi único pensamiento era como me podía tirar a aquel hombre y aliviar en parte esa tensión acumulada.

Le dije que tenía mucho calor y que si tenía algún refresco. Me dijo que sí, que descansara un poco y me invitaba a una coca cola. La academia tenía un cuarto cerrado, tal vez para guardar materiales, papel, máquinas. Cogió la llave, me indicó que pasara, allí había una nevera pequeña, y un fregadero con unos vasos. Me sirvió un refresco y él otro. Estuvimos hablando el calor. De por qué me apunté a la academia. Yo estaba sentada en una silla, con mis piernas cruzadas, porque de lo contrario me vería las bragas, estaba frente a mí mirándome fijamente. De nuevo se paraba en mis pechos grandes, apretados y turgentes.

Miraba con deseo mis piernas y mi culo. Las mujeres notamos eso muy bien. Yo también miré su paquete creciente. Sus piernas largas y sus brazos fuertes. Debía tener como 22 años pero a mí me daba igual, después de mis experiencias del instituto, mis alumnos y alumnas que habían calmado mi calentura hacía solo unos meses, lo que todos, jóvenes y mayores buscamos es apaciguar nuestra lujuria y nuestros fuertes deseos de sexo.

El caso es que comentó que una mujer tan guapa como yo debería tener cuidado de ir sola por ahí, y con tanto calor, los bombones se derriten. Sonreí, y descrucé las piernas coqueta. Le dije que él no estaba nada mal y se notaba que se alegraba de tenerme cerca porque su pantalón se iba a romper. Se sentó más cerca de mí, me dijo que mis manos que podían dañar si escribía tanto a máquina al día. Me cogió la mano, para ver si las tenía doloridas, estábamos haciendo manitas. Luego me puso su mano en mi rodilla. Y de ahí, es un segundo pasó a acercarse a mi boca y besarme en los labios. Yo ya no daba crédito, no podía comprender que le pudiera poner cachondo a un joven de 22 pero no me importaba, yo lo que quería era gozar, así que mientras nos besábamos, le llevé mi mano a su paquete, le acaricié por la bragueta, acerté a bajarle la cremallera y le toqué sobre el calzoncillo.

Sus manos ya avanzaban sobre mis pechos, mis pezones crecían por momentos. Siempre he sido una mujer muy caliente y mis pezones aumentan casi un centímetro cuando me excito. Sus manos se metían hábilmente bajo mi suje y me apretaban los pezones, que ya explotaban sin necesidad de darles más atención. La otra mano, bajaba a mi cintura, mi ombligo era acariciado. Mis braguitas minúsculas se vieron violentadas por unos dedos juguetones que las bajaron con delicadeza. Su mano ya estaba sobre mi vello público, Estaba mojada, encharcada. Su trabajo en mi boca, mis tetas y mi coño tenía unos efectos claramente manifiestos. Me susurraba que estaba muy buena, que le gustaban las maduras cachondas y que me iba a follar allí mismo hasta hacerme desmayar.

Había una mesa larga y me llevó hasta ella, me fue tumbando poco a poco mientras no dejábamos de magrearnos. Mis bragas estaban casi en mis tobillos, mi sujetador dejaba libres mis pechos por arriba y mi pelo largo estaba a estas alturas completamente suelto y despeinado. Nuestras respiraciones eran aceleradas con tanto esfuerzo. Mis manos jugaban con su pene que ya estaba libre y logró un buen tamaño, era largo y delgado con la cabeza roja y más grande que el tronco.

Me levantó las piernas y mientras seguía chupando y succionando con su lengua mis pezones que a estas alturas se salían de las órbitas, creo que pocas veces los he tenido tan excitados. Intentó la penetración, apuntó con su dedo a mi coño que ya estaba chorreando, decidió meter un dedo primero, luego dos, entrando y saliendo, me acariciaba el clítoris y eso me vuelve loca, que movía en la mesa histérica. Le dije que me penetrara que no podía más.

-Tranquila puta, poco a poco, aquí el maestro soy yo.

No podía más, levanté mi culo para acercarlo a su pene. Ante esto me lo introdujo violentamente y estuvo mucho rato metiendo y sacándolo salvajemente.

Quedamos exhaustos, tumbados uno junto a otro, sudorosos, cansados, relajados. Se levantó, se vistió y salió a atender a una cliente que reclamaba su ayuda con un programa informático que no funcionaba.

Ese día se repetiría con algunas variantes, pero lo contaré otro día.

Lean mis anteriores relatos por doloresxxx.

Espero comentarios de mujeres maduras que se sientan vivas como yo.

Autor: doloresxxx

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Escrito por Marqueze

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