Quicky en la escalera

Hola a todos, soy Arturo y vengo a contarles algunas de las aventuras que tuvimos junto a mi novia Cata. Ambos ya rondamos los 30 años, pero tenemos varias historias que contar. Esta va escrita por ella, de cuando teníamos más o menos 20 e íbamos a visitar unos amigos:

  • Pero no tenemos condones –susurró Arturo.
  • ¿Para qué tomo pastillas si vamos a estar usando condón? –susurré de vuelta–. Quiero que me lo metas así. Quiero saber qué se siente natural.
  • ¿Estás seguro? ¿Y me corro adentro?
  • ¡Obvio que te corres adentro! –sonreí con picardía, besándolo con lengua–. Quiero que me llenes a mí, no a un condón –continué, levantándome la mini falda, bajando mi tanga y dándome vuelta para ofrecerle el culo.

Arturo me besó el cuello y me tomó de la cadera con una mano, usando la otra para guiar su verga hasta la entrada de mi vagina. Estaba empapada y abierta; habíamos ido al departamento de uno de sus amigos, que vivía en un tercer piso. Como siempre, subimos por la poca transitada escalera de emergencia, que estaba en penumbra y de golpe me encontré contra una pared, siendo devorada por mi novio, que me manoseaba las tetas y los labios australes por sobre la tanga. La calentura por estar haciéndolo en un lugar público, antes de llegar a un evento social y con posibilidades de ser atrapados, me tenía loca, por eso no podía permitir que su obsesión con los anticonceptivos nos detuviera.

Me apoyé en la pared y moví el culo para darle un mejor ángulo de penetración. Sentí la cabeza de su pene apoyarse contra mis labios, que se abrieron por voluntad propia para recibirlo. Sin ningún esfuerzo, sentí cómo Arturo se deslizaba a mi interior, y ahogué un gemido al sentirlo al natural por primera vez.

  • Esto es increíble –susurré, reprimiendo los gemidos que se me escapaban.
  • Es demasiado –contestó él, comenzando el mete y saca más delicioso que había sentido jamás–. Debimos hacerlo antes.
  • Sí –me temblaban las piernas–. Por favor no te vuelvas a poner un condón nunca.
  • Nunca… –lo escuché jadear con esfuerzo.

No debíamos llevar ni un minuto cuando bajó la velocidad, quedándose casi quieto. Podía sentirlo completamente en mi interior, estimulándome como nunca, apenas podía estar de pie por el placer. Tenía los ojos cerrados y todo mi mundo era su verga clavada en mi interior.

  • Dame más –supliqué–. Métemela hasta el fondo.
  • Es demasiado intenso –se quejó, obedeciendo de todas formas–. No estaba preparado para esto, estoy por correrme.
  • ¿Te gusta mi vagina? –pregunté–. Dime que te gusta darme así, que no lo soportas. Que te gusta darle a tu hembra al natural, como corresponde. Dime que te quieres correr dentro mío.
  • No lo soporto, Cata –admitió, penetrándome lentamente–. Es demasiado, tu vagina es increíble. Me está matando –susurró entre jadeos–. Quiero cogerte así siempre. Como mi hembra. Natural. Ah… Necesito correrme –gimió, casi con dolor.

Su verga había crecido aún más dentro de mí, si se podía. Su mete y saca lento y lo que nos decíamos me tenía chorreando fluidos. Yo tampoco podía más de placer y calentura. Mi clítoris gritaba por atención, pero no quería dársela. Era la primera vez que me lo metía así y no quería distraerme ni con mi propio orgasmo, quería sentirlo todo. Quería sentir cómo por primera vez eyaculaba en mí.

  • Córrete mi amor. Ah… –gemí despacio, temblando–. Córrete dentro mío por favor. Lléname –dije con un hilo de voz–. Dame… Tu leche.

Arturo lo metió y sacó un par de veces más.

  • ¡Ay amor! –exclamó en mi oído–. ¡Ay! ¡Me corro! Toma toda mi leche.

Una de sus manos me aferró con fuerza de la cadera y la otra se apoyó sobre mi útero, empujándome hacia él y, en un movimiento, me la metió lo más profundo que podía. El gesto me hizo aún mas consciente de que estaba por recibir todo su semen en mi interior, lo que hizo que le ofreciera mi culo lo mejor que podía, para que me atravesara.

Arturo gemía en mi oído y temblaba de placer. Sentí su verga crecer aún más y comenzar a contraerse y palpitar en mi interior, para explotar lo más adentro que podía, con una fuerza que me hizo sentir cómo me llenaba de leche. Y además de sentirlo, podía imaginar cómo él se iba vaciando en mi interior, cómo la leche subía por sus huevos, pasaba a su verga y llenaba mi vagina y útero. Me sorprendí pensando con excitación en todos sus espermios nadando en mi interior, recorriéndome entera.

Eso fue demasiado y, aunque no me había tocado el clítoris, me corrí yo también. Las olas de placer explotaron desde mi concha y mis contracciones le sacaron un gemido a Arturo, que me tuvo que afirmar para no caer cuando mis piernas perdieron su fuerza.

  • Eso estuvo increíble –susurró jadeando.
  • Increíble –repetí recuperando el aliento.

Arturo se separó, con intención de salir. Yo junté las piernas y apreté.

  • ¿No quieres que salga? –me besó el cuello.
  • No quiero que se me salga tu leche.
  • Siempre te puedo dar más después.
  • ¿Lo prometes?
  • Lo prometo –me besó en los labios.
  • Igual sal con cuidado, quiero tenerte adentro todo lo que pueda. Y no me refiero a tu verga.

El río y lentamente sacó su pene, con cuidado y con mis piernas apretadas. Mi plan no fue particularmente fructífero y apenas estuvo fuera de mí, me subí la tanga para no mancharme las piernas o el piso. Ajusté mi mini falda, mi sostén y polera. Estaba completamente empapada, lo que me excitaba aún más. El se metió la verga en el pantalón y se acomodó.

  • ¿Vamos? –preguntó.
  • Vamos –respondí–. Estoy empapada y recién empecé a chorrear lo tuyo. Esto es demasiado excitante.
  • Que digas eso me calentó de nuevo. Más tarde te toca otra vez.
  • Más te vale –sonreí–. Porque voy a necesitar más lechita.

Arturo sonrió, agarrándome el culo. Comenzamos a subir la escalera nuevamente y justo en ese momento, más abajo oímos voces de otros amigos que subían, con quienes nos encontramos en la puerta del departamento y saludamos, sin que sospecharan lo que acabábamos de hacer.

¡Valoralo! ¿Qué te ha parecido?

27 votos
Votaciones Votación negativa

Un comentario

Dejar un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *