REALIZANDO FANTASIAS

Conocí a Maite en un Chat de Internet. Me llamo Carlos y vivo en una ciudad del norte bañada por el Cantábrico, ella en una capital castellana. Nuestros primeros meses de contacto sirvieron para conocernos a través de muchas horas de conversaciones que, posteriormente, acompañamos de Web-Cam.

Encontré en ella una mujer con falta de cariño, que había soportado una relación matrimonial desafortunada y que era esquiva a abrir sus sentimientos; durante este tiempo fuimos avanzando poco a poco hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos enamorado. Decidimos conocernos personalmente y organizamos un encuentro en su ciudad; fue un día para verificar físicamente mucho de lo que habíamos hablado y, a partir de ese día nuestra relación inició un bonito camino hasta el día de hoy.

Teníamos encuentros de fines de semana en su ciudad y disfrutábamos de cada momento del día y de la noche. Nos encerrábamos en la habitación del hotel y, en ocasiones, pasábamos el día en la cama, entregándonos mucho amor, mucho sexo e imaginando algunas fantasías. Un día, descubrió el sexo anal y a partir de ese momento se dispararon los deseos de hacer cosas nuevas. Durante la semana, por motivos laborales, cada uno vivía en su ciudad y a diario comentábamos e imaginábamos por el chat situaciones morbosas y de sexo.

Maite tenía dos deseos que valoraba por encima de los demás: Hacer el amor mientras la observaba otra persona y ser penetrada por dos hombres a la vez.; las mías eran otras dos: Hacer un intercambio de parejas y verla con otra mujer. Poco a poco, superamos los miedos de llevar a cabo cualquiera de ellas y, finalmente, un día, decidimos dar el paso; para hacerlo de forma suave y con la única intención de ver como era, decidimos acudir a un club de parejas; buscamos por Internet y nos decidimos por uno.

Los vuelos procedentes de nuestras ciudades nos reunieron en el Prat, en Barcelona; yo llegué el primero y esperé su desembarco en la terminal. El corazón me latía con fuerza, por fin volvíamos a vernos, teníamos por delante varías horas y una noche para realizar uno de nuestros deseos: disfrutar en un club de parejas.

Le veo llegar por el largo pasillo del aeropuerto, con su maletita de ruedas, moviendo su precioso cuerpo, con una deliciosa sonrisa y con la felicidad reflejada en los ojos. Mientras se acerca, un hombre trajeado y con su cartera de ejecutivo le sigue con la mira, yo, pienso que la imagina desnuda. Tiene buen gusto, digo para mí, y eso me excita. Nos damos un prolongado abrazo, pegando nuestros cuerpos, para fundirnos en un beso apasionado y sensual; cuando nos separamos, observo que nuestro mirón permanece atento y, de nuevo, imagino que le habría gustado poseer esa boca y ese cuerpo de mujer.

Nos encaminamos en un taxi al centro de Barcelona para buscar nuestro hotel y poder estar solos, las ganas se reflejan en nuestras caras y en nuestras manos, que durante el trayecto no han cesado de apretarse unas a otras. Las miradas, las caricias, las sensaciones y sentimientos nos han aislado del resto del mundo. Llegamos al hotel y nos instalamos en la habitación; tras un rápido y breve reconocimiento de la misma, nos fundimos en un apasionado beso; eso mismo ha ocurrido siempre que nos hemos encontrado en un hotel, y ahora no podía ser menos.

En un instante ambos percibimos nuestras sensaciones, ella, al igual que yo, siente mi erección en su vientre, y yo, sentí su estremecimiento y sensibilidad; mi lengua penetró en su boca mientras notaba sus pechos en el mío, en unos segundos, nuestras manos se perdían por nuestros ya excitados cuerpos, mi boca paso a su cuello, a sus hombros y mis manos se fueron a sus pechos, uno primero, otro después, para sentir sus pezones. Mi excitación provoca un fluido líquido en mi pene que atraviesa mi pantalón; mi mano se mueve bajando por su vientre, alcanza su entrepierna y acaricia sobre sus blancas braguitas ese excitado coñito, cuya humedad ha mojado totalmente. Mi mano aparta su prenda y la acaricia interiormente; sus flujos hacen que se deslice plá

cidamente y eso provoca los primeros gemidos.

La desnudo apresuradamente mientras ella me imita; sin tomar medida alguna y con el sofoco de la calentura pintado en nuestras caras, la penetro, con toda el alma, con un deseo incontenible, quedándonos unos instantes así, de pié, unidos por nuestros sexos y sintiendo. La tumbo sobre la cama, me pongo un preservativo y la penetro de nuevo; al cabo de unos minutos siento que se viene, que gime, que se arquea y comienza a clavarme sus uñas en mi culo.

Acelero mis movimientos, levanto sus piernas y empujo con fuerza y deseo tratando de llegarle al fondo, siento que se me cierran los ojos, estamos a punto y, nos corremos juntos, bajo un conjunto de jadeos y suspiros. Nos quedamos un rato pagados uno a otro, empapados en sudor y en placer, saco mi pene de su interior y nos abrazamos intercambiando mil besos; tumbados en la cama recostados uno sobre el otro, enciende un cigarrillo. Habíamos quitado nuestra ansia inicial, pero nos quedaba mucho por vivir ese día.

Tras la comida, regresamos al hotel, nos desnudamos y nos metemos en la cama; se acerca a mí, apoya su cabeza en mi pecho y comenzamos a acariciarnos, muy despacito, con mucha delicadeza, mientras hablamoscomentamos la experiencia que deseamos vivir esta noche; ella se muestra nerviosa y excitada, yo trato de animarla mientras me calienta la idea.

Hablamos de cómo sucederá y que ocurrirá, si seremos capaces de llevarlo a efecto y como terminará la aventura. Acordamos que, en caso de resultar desagradable, nos retiraríamos del lugar y finalizaríamos esa experiencia. El hablar y pensar en ello, unido al contacto de nuestros cuerpos desnudos y las caricias que nos proporcionábamos, nos llevó de nuevo a una tarde de placer, relajado, disfrutado y sentido. Dormimos abrazados durante un rato. A las 8 nos fuimos a la ducha para comenzar a prepararnos, nuestra excitación ante la aventura era evidente; ella se puso un conjunto de ropa interior blanco muy sexy, sus pechos lucían y se mostraban deliciosos, su braguita incitaba a devorarla, sobre ello una camisa blanca, ceñida y escotada y una falda negra ajustada y corta que marcaba una figura envidiable y un culo provocador. Estaba radiante y atractiva, muy atractiva. Unas sandalias dejaban al descubierto sus pies, sensuales y morenos, al igual que toda su piel.

Un taxi nos acercó al lugar, una masía muy bien decorada y privada, cerca del aeropuerto. Nos recibe una mujer, elegante y muy amable que nos da la bienvenida y pregunta por nuestra reserva; una vez dentro, nos acerca a un bonito salón donde nos ofrecen una copa para entrar en ambiente. La casa está muy bien decorada, luces indirectas y salas confortables, nos informa de las instalaciones y nos indica como funciona el local, al ser nuestra primera visita a la casa.

La noto nerviosa, yo también lo estoy, cogidos de la mano nos miramos y, con una sonrisa cómplice, nos sentamos en un sofá, comenzamos a tomar nuestra copa y a fijarnos en la gente que hay. Numerosos hombres y mujeres, charlan, fuman, beben o se ríen. Otros bailan en la sala contigua y otros ven por televisión una película de las que ponen en ambiente. Al cabo de unos minutos, ya mas serenos y después de fijarnos y comentar cosas sobre las personas que vemos, se nos acerca una pareja y, amablemente, se presentan y nos saludan.

Comenzamos a hablar con ellos, nos dicen que son clientes asiduos del local y sus nombres son Carles y Marta, viven el Casteldefells, cerca de donde nos encontramos; nos parecen muy agradables y empezamos a intercambiar nuestras impresiones sobre el local, confesándoles que es nuestra primera vez. Ante esta manifestación, Marta se ríe y dice:

-Huuy, hay que romper el hielo, ¿os apetece ir a la pista de baile?

Nos miramos y aceptamos su propuesta, dirigiéndonos hacia la sala que se destinaba para ese uso, un lugar poco iluminado donde había un buen número de personas bailando. Comenzamos ella y yo, algo nerviosos pero expectantes y excitados, muy pegaditos, y besándonos para darnos ánimos; mis labios buscan su cuello y mis manos acarician sus nalgas, algo que, seguramente no pasa inadvertido para algunos de los presentes. Algunas parejas se acercan bailando y el roce de cuerpos se hizo inevitable; Maite me comenta que sentía unas manos acariciarle el culo, las mismas que yo había encontrado junto a las mías.

Esa acción hizo que mi dureza aumentara y ella la percibió entre sus piernas. El roce de mi pene abultado, unido a las manos extrañas en su culo, motivaron que comenzara a excitarse, poco a poco iba rompiendo el hielo y la timidez, cosa que aumento cuan

do una mano mía comenzó a acariciarte el pecho sobre su camisa.

-¿Te excitas?, pregunté -Si, además ya estoy menos tensa.

En ese instante se acerca Carles y me dice: -¿Puedo bailar con Maite?, Marta espera tu presencia.

La toma de la mano y se pega a ella; Marta hace lo mismo conmigo. Al contacto de su cuerpo con él, siente que su pene se va endureciendo y el contacto de aquellas manos en su espalda y el juego de su legua sobre la oreja de Maite, hace que cierre los ojos. La presencia de Marta, que se ciñe a mi como una lapa, me hace sentir sus duros pezones y comenta.

-Noto que estas poniéndote duro, ¿te gusta sentirme cerca? -Si, desde luego, es una excitante sensación -¿Crees que María estará igual?, espero que Carles la ponga en marcha.

– Nos aproximaremos para ver como van.

Nos acercamos y veo el brillo de sus ojos, presiento que empieza a gustarle la situación. Ahora él esta besando su escote, mientras tienen totalmente pegados sus sexos; detrás Marta toma mi mano bajo la suya y la conduce al culo de Maite; juntos acariciamos toda la zona, deslizándola por entre sus nalgas para llegar a la entrada de tu ano. Maite, con la cabeza apoyada en el cuello de Carles, se deja hacer; él, facilita nuestra labor, sacándote la camisa de la falda e introduciéndole su mano por la espalda, que la recorre entera.

Con astucia, nuestras parejas de baile nos van desplazando hacia un lateral del salón, hacia una zona totalmente oscura, allí nos apoyan contra la pared y nos juntamos las cuatro; los botones de la camisa de Maite están desabrochados casi todos, facilitando el acceso de nuestras manos a sus pechos. En ellos nos encontramos las manos de los tres, que de forma inmediata se mueven por su vientre hasta perderse entre sus piernas; Marta, con habilidad, cuela sus dedos bajo la braguita de mi novia y acaricia sus labios vaginales, haciendo mención en lo húmedos que están, y con ellos mojados de sus flujos, se los introduce en su boca, en la de Carles y en la mía, invitándome a hacer lo propio con los suyos.

Carles conduce la mano de Maite hacia su pantalón y le hace palpar su pene totalmente duro, para proceder a desabrocharse su cremallera e introducir aquella mano hasta alcanzar su polla, la cual extrae del pantalón, quedando libre y a merced de sus manos; el contacto con ellas, produce un gemido de placer en Carles, mientras sus dedos juegan abiertamente ya dentro de Maite; los gemidos empiezan a ser continuos y me busca con la mira, extiende su mano y nos fundimos en una profundo beso en la boca. Marta, que tenía sus pechos fuera de su camiseta, se acerca a nuestro beso e introduce su lengua entre las nuestras, mientras acerca sus pechos a mi cara y desvía su boca a los pezones de mi novia.

Las manos que teníamos unidas las desplazo al coñito de ella, quien, al sentir el contacto de los labios en sus pezones y el de nuestras manos en su clítoris jadea abiertamente. Subo la falda de Maite facilitando el juego con su sexo, Carles le desplaza las bragas por las piernas donde Marta se introduce rápidamente para, con su boca, hacerla vibrar. Me sitúo a sus espaldas y comienzo a rozar mi pene, durísimo ya, por sus nalgas; Marta juega con los pezones y comienza a inclinarle la cabeza dirigiéndola en busca del pene de Carles.

Así, agachada me facilita la penetración en el culo el cual, al tener la falda tan subida, sirve a Marta de botín y se afana en ayudar mi penetración anal mientras juega con ese coñito sin piedad. Siento que no puedo más, estoy a punto de reventar y sin remedio, vacío todo mi semen dentro de Maite, lo que motiva su orgasmo inmediato. Ellos, mucho más expertos en estos juegos, han aguantado el envite sin problemas, aunque el trabajo de la boca sobre el pene de Carles, da resultado y este se viene salpicándole el pelo, parte de su cara y sus pechos.

Marta, entera todavía, se dedica a limpiarla toda con su lengua. Metidos como estábamos en tal faena, no éramos conscientes de que otras parejas nos habían ido rodeando y distintas manos se paseaban por todos nuestros cuerpos. Marta, que no había alcanzado el orgasmo nos propuso algo:

-Podemos subir a un apartado, donde deberemos compartir habitación y cama, seguramente, con otras personas o irnos a nuestro chalet, que está a poca distancia y disfrutar del resto de la noche mucho más cómodos y sin que nadie nos moleste.

Decidimos irnos a su casa. Recompusimos nuestras formas y salimos del local ante la mirada de mujeres y hombres. Mi excitación volvía a estar en prime

ra línea; subimos a su coche y mientras Carles conducía, Marta de sentó detrás, dejando a mi chica en medio de los dos.

-No dejaremos que esta preciosidad se enfríe

Y sin mas, comenzó a acariciarla a ella y a mí. Sus manos pasaban de sus pechos a mi pene o al coñito de Maite que seguía al aire, ya que sus bragas las había guardado Marta. Carles, desde su puesto de conductor, extendía su brazo hacia atrás para acariciar lo que podía, tanto a una como a la otra. Hasta en una ocasión alcanzó a tocar mi pene, cosa que me sorprendió y dijo:

-Sólo quería comprobar que estabas animado.

Llegamos en muy poco al chalet, una casa de dos plantas con una jardín amplio. Entramos directamente por el garaje y salimos a un amplio salón, Estaba en el paseo marítimo de Casteldefells, bien amueblada y confortable. Maite fue directamente al baño, a donde le condujo Marta, y de camino le dijo:

-Tengo tus braguitas, aún están mojadas y me encanta olerlas. Creo que vas a disfrutar como nunca, déjate llevar y siente el placer al completo.

Marta apareció en el salón con una camisa de su marido, muy desabrochada y con un minúsculo tanga de color rojo; se apreciaban sus buenos pechos, y sus pezones marcaban la camisa, fruto de su excitación. Puso la luz en penumbra, conectó la mini-cadena y se dispuso a servir unas copas de cava muy frío, paso su lengua por los labios y me dijo:

¿Te apetece bailar?. Se apretó contra mi, poniendo su boca sobre mi cuello; sentía sus pezones clavarse en mi pecho mientras su mano se introducía por mi parte trasera del pantalón para recorrerlo interiormente a través de mi cintura y llegar a la hebilla del cinturón y comenzar a aflojarla. Una vez suelta, comenzó bajar la cremallera y soltar mis pantalones que, poco a poco comenzaban a descender por mis piernas, lo que me impedía, casi, moverme del sitio; su mano se fue directa a mi slip y comenzó a acariciarme el pene sobre él, lo que provoco con su dureza un suspiro de aprobación y un movimiento de boca por mi cuello, para seguir, ahora, con los botones de mi camisa.

Mis manos, se habían dedicado a soltar los dos únicos botones que ella llevaba abrochados, dejando sus pechos con total libertad a disposición de mi boca, bajando rápidamente a su entrepierna y comenzando a acariciar su casi depilado coñito. Esto provocó el inicio de gemidos, lo que, ante la tardanza de Maite en volver al salón, permitió que Carles se hubiese despojado de su ropa y, colocándose detrás de Marta, formase conmigo un bocadillo humano. Bajó su tanga, quitó su camisa y metió sus manos en su coño, donde se encontró con mi dedos jugando con su clítoris. Ella, sacó mi pene de su escondite y lo acarició para, colocarlo a la entrada de su sexo y, con la ayuda de la mano de Carles, introducirlo de un golpe, entero, todo, dentro de si. El, la penetraba analmente mientras se escuchaban continuos gemidos de placer y Marta, totalmente excitada perdía su boca y sus manos repartidos por nuestros cuerpos.

Se disponía a ponerme un preservativo cuando apareció Maite; eso hizo que las cosas cambiaran ligeramente; con una amplia sonrisa extendió sus manos y se acercó a ella, le ofreció una copa y la metió en medio de los tres, la rodeamos y nuestras manos iniciaron un recorrido minucioso por todo su cuerpo; sin apenas darse cuenta, su camisa había desaparecido y su falda descendía piernas abajo, dejando a la vista un preciosa mujer en sujetador y con su pubis totalmente blanco, frente al bonito color moreno de su cuerpo. Las manos de Carles, más rápidas que las mías, le soltaban el sujetador liberando así sus deliciosos pechos que, inmediatamente fueron presa de manos y bocas.

Me acerqué a ella y la metí entre mis brazos, sintió mi pene excitado y duro rozar los labios de su vagina y, debido a su humedad, entrar con total fluidez; eso le arrancó varios gemidos. Carles, se situó detrás y trató de penetrarla analmente, primero, con cuidado, luego con más fuerza y al final, introdujo su dura verga dentro de su culito. Estaba siendo penetrada por dos penes y acariciada por las sabias manos de una mujer, quien, con su boca, jugaba con aquellos duros pezones y los chupaba como un dulce caramelo.

Poco tardó en pronunciar un largo y excitante gemido, seguido de cortas palabras poco audibles que denotaban su inminente orgasmo. Eso me llevó al borde de mi

aguante, lo que provocó que sacase mi pene de su coño para pasar a boca de Marta, quien bien situada, ahora entre nuestras piernas, desplazaba su boca y lengua entre el coño y mi pene, tragándose los flujos y mi semen. Carles, también llegaba a su límite, y acariciando su polla, se desplazaba desde el culo de Maite a la posición de Marta y una vez frente a ella, disparó su leche sobre su pecho que, arrolló despacio a lo largo de su vientre e incitó a Marta a agarrar la cabeza de Maite y hacerle lamer sus vertidos con la lengua.

Sólo Marta no había tenido su final, por eso se dispuso a disfrutar de nosotros y se dedico a motivar nuestros miembros, primero de forma física, y luego de forma provocativa. Cómodamente sentados en un gran sofá se colocó de rodillas sobre la alfombra en medio de nosotros dos, se dirigió a mi novia y tomándola de la mano, la acercó a mi pene, juntaron sus cabezas y sus bocas y con su mano, alternaba mi miembro, que ya empezaba a ponerse duro de nuevo, de una boca a otra. Carles se sentó a mi lado y reclamó a mi novia, condujo su cabeza a la polla y le ayudo a hacer una exquisita felación; mientras lo hacía, me miró excitada y deduje que estaba disfrutando, acerque mi boca a la suya y nos besamos, descubriendo en ella un sabor extraño, tal vez al pene y los fluidos de Carles.

Marta, se colocó sobre mis piernas, de espaldas a mi, buscando que penetrara su culo, se ajustó el miembro en su entrada y se dejó caer suavemente, notando como penetraba en ella milímetro a milímetro, agarró la cabeza de Maite y se la colocó delante, entre sus piernas mientras le suplicaba que lamieras su clítoris; Carles se puso de pie y acercó su miembro, ya muy duro, a la boca de ella quien, de inmediato se la tragó entera. Cuando estaba en pleno éxtasis y a punto de correrse, le pidió que comiera sus pezones y que Carles la penetrara por delante.

Así, en una maraña de cuerpos, manos, bocas y gemidos, descargó con unas ganas inmensas, toda la calentura que llevaba dentro, al tiempo que nos arrastraba a nosotros a una segunda eyaculación inmediata. Así, juntos y agotados, permanecimos un rato; nuestros cuerpos pegados y sudorosos, empapados de nuestros propios jugos y comenzando a relajarnos de la excitación y actividad vivida. Nos separamos y, desnudos como estabamos, Maite y yo nos fundimos sobre un sofá en un dulce beso y un prolongado abrazo; así permanecimos un buen rato, casi dormidos, pero me despertó su agitada respiración; con cuidado trate de ver que la provocaba y en esto vi a Marta, acariciándole el coñito y metiendo su lengua en el. Tal como estaba, agarrada a mi, condujo su boca a la mía y se corrió dulcemente, mordiendo mis labios y clavándome las uñas. Marta, nos miró y dijo: Le debíamos una.

Pasado un tiempo, nos desperezamos, buscamos nuestras ropas, un ligero aseo y nos preparamos para abandonar la casa. Marta dormía sobre el sofá, mientras Carles nos llamaba un taxi. Nos dimos los teléfonos, las direcciones y nos despedimos con un beso sensual. Nos fuimos al hotel, cansados pero satisfechos, nos duchamos y nos metimos en la cama. La excitación y las situaciones vividas, nos impedían dormir; desnudos y abrazados, hicimos el amor, a nuestro modo, delicado, tierno, suave, con mimo; nos corrimos juntos y nos dormimos.

Al día siguiente, con aspecto muy cansado, regresamos a nuestras casas. La experiencia había sido realizada y habíamos disfrutado. Acordamos hacer otras cosas.. y así lo haremos.

Autor: Raitán calonso63 (arroba) hotmail.com

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Escrito por Marqueze

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